Nota aclarativa: Tras la enorme controversia generada a través de si se puede determinar que España tuvo colonias o no, me veo obligado a explicar ciertas cuestiones. La utilización de la palabra “colonia” en el anterior artículo y en éste, no busca generar ninguna controversia ni ningún tipo de debate.  Su uso se debe a que es un término ampliamente conocido por el público general, lo cual permite una fácil lectura para todo el mundo, tanto conocedores de la materia como aquellos que nunca han oído hablar de esta cuestión. La utilización de un vocabulario excesivamente historicista generaría dificultades de lectura en el público más profano y daría como resultado un artículo apto solo para aquellos que son conocedores de la materia. La cuestión principal de este artículo no es si fueron colonias o no, sino entender el dilatado y complejo proceso que supusieron las Independencias. Espero que disfruten de la segunda parte.

Los factores exógenos

Muchas y muy diversas fueron las causas que condujeron a las independencias de los territorios hispanos en el continente americano. Por un lado el fuerte apoyo del la élites dominantes, encarnadas en el Antiguo Régimen, supusieron un enorme avance para la consecución de una América independiente, ya visto en la primera parte de este artículo. Por otro lado, el impulso de las grandes figuras de las independencias, de entre las que destacan Simón Bolívar, O´Higgins, José María Morelos, Sucre, o San Martín, entre otros.  Y por último los factores externos, el apoyo a los movimientos nacionalistas e independentistas de potencias extranjeras que coadyuvaron a la caída del imperio español. En este caso nos vamos a centrar en los factores exógenos, y cómo el impulso de diferentes naciones desmantelaría el Imperio español.

Antonio José de Sucre

Entre los tradicionales enemigos españoles en la cuestión americana destaca Gran Bretaña. La lucha por el dominio tanto territorial como comercial de América entre las monarquías española e inglesa se inicia prácticamente desde la llegada de los europeos a esas tierras. Los dominios de ultramar americanos eran codiciados por la corona británica.  Durante siglos, los ingleses habían tratado de introducirse en el área de dominio española, con relativo éxito. Durante los primeros siglos de las colonias, los españoles lograron mantener a raya las aspiraciones británicas sobre sus posesiones americanas. Con el inicio del declive del Imperio, España comienza a perder áreas de influencia. Una de ellas será el lucrativo negocio de la esclavitud, denominado como “Asiento de Negros” que pasará a manos inglesas tras el Tratado de Utrecht a principios del siglo XVIII. Otro caso de esto sería el intento de toma de Cartagena de Indias, heroicamente defendida por Blas de Lezo. Vemos así cómo la Monarquía Inglesa tenía un enorme interés por controlar tanto las cuestiones comerciales como el dominio territorial efectivo.

Con el inicial apoyo a Napoleón por parte de la dinastía de los Borbón, con Carlos IV a la cabeza de ella, la península Ibérica sufre un enorme bloqueo continental realizado por Gran Bretaña. Esta acción buscaba un doble efecto, por una parte bloquear cualquier posible suministro a Napoleón desde las colonias americanas y por otro lado cortar el canal comercial y comunicativo entre España y sus dominios. Con esto, los ingleses lograban un doble objetivo, secar Europa y el Imperio Napoleónico de cualquier suministro y, por encima de todo, acercarse más a la ansiada América española. Pese al posterior viraje de España, la cual se sumó a la alianza contra Bonaparte, y al desbloqueo inglés, el cual permitió la vuelta a la normalidad entre la península y sus dominios de ultramar, la situación no cambió.

El último combate del Glorioso, pintado por Augusto Ferrer-Dalmau. Durante la guerra del Asiento (1739-1748), en la que se enfrentaron el Reino de Gran Bretaña y el Reino de España, el emblemático navío español Glorioso libró cinco batallas navales contra barcos ingleses que intentaban capturarlo en 1747. Este episodio se conoce como la “Carrera del Glorioso”.

Comienza así una política de desprestigio a todo lo español  en América, avalada por los británicos. Esta situación comienza a permear en toda la sociedad americana, y todas las capas sociales se verán afectadas. Con la fragmentación del Imperio en América, Gran Bretaña obtenía su tan ansiado deseo: dominar el continente. Con la proliferación de diferentes naciones enfrentadas entre sí,  y debilitadas por las guerras internas de poder, los ingleses lograban que toda Hispanoamérica se debilitase. Introducía así sus tentáculos comerciales y políticos Inglaterra en América, en las décadas de 1810 y 1820. Tal fue la ayuda de Gran Bretaña a las naciones americanas que les prestó tanto ayuda militar como logística.

Por otro lado, una nueva nación había posado sus ojos al sur de su frontera. Los nuevos Estados Unidos de Norte América también tenían aspiraciones coloniales y comerciales. Obviamente, el rango de acción de este nuevo país era mucho menor que el de las potencias europeas, pero esto no quiere decir que no realizase acciones para que se produjesen las independencias. No fue una ayuda tan directa como la de Inglaterra. La ayuda estadounidense tuvo un carácter moral e inspirador, ya que esta nación era el vivo ejemplo de que era posible independizarse de un país europeo. Tras el nacimiento de los nuevos países americanos y las claras muestras de debilidad de éstos, a causa de las guerras internas y externas anteriormente citadas, los Estados Unidos ven su oportunidad. Paulatinamente irán introduciéndose económica y territorialmente. Una buena manera de comprender esta situación es fijarse en la Doctrina Monroe y su emblemática “América para los americanos”. Esta famosa frase, la cual se puede interpretar de diferentes maneras, mostraba las pretensiones imperialistas de los estadounidenses en la década de 1820.

James Monroe, quinto presidente de los Estados Unidos. En su sexto discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión presentó la doctrina que lleva su nombre, elaborada por John Quincy Adams.

En consecuencia, no se puede apartar la idea de las ayudas extranjeras como una de las principales causas de la emancipación de las colonias españolas americanas. Esta ayuda era por supuesto interesada, ya que buscaba fragmentar Latinoamérica para debilitarla y así exprimir y expoliar sus recursos con mayor facilidad. No se debe entender la ayuda norteamericana como una ayuda fraternal,  como una ayuda desinteresada a sus países vecinos, sino como el inicio de la carrera imperialista y colonial de los Estados Unidos.

 

Bibliografía
Amores Carredano, JB. Las independencias iberoamericanas: ¿un proceso imaginado?. UPV Servicio Editorial. 2009: Vizcaya.

Chust, M. Doceañismos, constituciones e independencias: la Constitución de 1812 y América. Fundación Maphre. 2006: Madrid.

Chust, M y Frasquet, I. Tiempos de revolución: comprender las independencias iberoamericanas. Fundación Maphre, D.L. 2013:Madrid.

 

 

 

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