El 30 de marzo de 1867, los Estados Unidos de América compraron al entonces imperio ruso el territorio de Alaska por un valor de 7.200.000 de dólares. Aunque esta adquisición fue vista con cierto escepticismo por algunos críticos, con el paso de los años Alaska se convirtió en un territorio estratégico con grandes reservas de recursos naturales. En 1959, fue admitida como el estado número 49 de la Unión.

Firma del tratado de cesión de Alaska, 1867. De izquierda a derecha: Robert S. Chew, William H. Seward, William Hunter, Vladímir Bodisco, Eduard de Stoeckl, Charles Summer y Frederick W. Seward.

Antecedentes

Habitaba por diversas tribus esquimales desde tiempos inmemoriales, el territorio de Alaska fue objeto de exploración por parte de los europeos a partir de las primeras décadas del siglo XVIII. El primer documento fiable corresponde al navegante danés Vitus Bering, quien descubrió las islas Aleutianas y la costa noroccidental de América durante sus expediciones a la península de Kamchatka. Posteriormente, el marino británico James Cook exploró la zona en su tercer y último viaje (1776-1779) en un intento por alcanzar el ansiado paso del Noroeste. Por otro lado, debido a la rivalidad con Gran Bretaña y Rusia, los reyes Carlos III y Carlos IV de España enviaron diversas expediciones a este territorio con el objetivo de tomar posesión de él y colonizarlo. Aunque los asentamientos tuvieron que ser abandonados décadas después, muchos lugares conservaron desde entonces la toponimia española (Valdez, Malaspina, Cordova,…).

Los primeros asentamientos firmes de Rusia en Alaska datan de finales del siglo XVIII. El principal atractivo económico de la zona consistía en la caza de nutrias, cuyas valoradas pieles eran de gran calidad. A mediados del siglo XIX, la situación financiera de Rusia no pasaba precisamente por su mejor momento. La guerra de Crimea (1853-1856) había supuesto un serio varapalo para el gigante del este a manos de otras potencias más modernizadas como Francia y Reino Unido. En un intento por no quedarse atrás en el panorama internacional y equipararse a Occidente, el zar Alejandro II decidió abolir la servidumbre en 1861. Esta medida, aunque rompedora en lo que concernía a la antigua configuración del imperio ruso, no sirvió para mejorar demasiado la situación de extrema pobreza del campesinado ruso. Aún así, Alejandro II es visto como uno de los grandes reformadores de su país en la actualidad.

A pesar de la enorme amplitud de sus dominios extendidos desde el mar Báltico hasta el océano Pacífico, Alejandro II veía con peligro las intromisiones de otro imperio, el británico, el cual acabaría convirtiéndose en el más extenso de la historia, para infortunio de los intereses rusos. Es de destacar que la presencia rusa en Alaska no había sido especialmente numerosa y debido a las enormes distancias presentes con el resto del imperio, este territorio no resultaba nada fácil de defender. Ante la posibilidad de perder Alaska (por otro lado su territorio más distal) a manos de los británicos sin obtener a cambio una contraprestación económica, el gobierno ruso inició las oportunas negociaciones con Estados Unidos para hacer efectiva su venta. Así, al menos se podría sacar algún tipo de beneficio desde este punto de vista. Al gobierno del presidente estadounidense Andrew Johnson le pareció interesante la oferta.

Mapa de Alaska en 1895

El Imperio ruso vende Alaska a Estados Unidos

Con el fin de agilizar el proceso de compra-venta de Alaska con Estados Unidos, Alejandro II decidió enviar a su ministro Eduard de Stoeckl. Dentro de la nación norteamericana, los principales defensores de la expansión hacia el norte fueron el secretario de Estado estadounidense William H. Seward y el presidente del Comité para Relaciones Exteriores del Senado, Charles Summer. Entre los argumentos a favor de la compra, se encontraban intereses geoestratégicos para Estados Unidos además de evitar que esta extensa región pudiese caer algún día en manos de los británicos, que ya disponían del territorio adyacente de Canadá. A principios de marzo, empezaron las negociaciones entre los gobiernos ruso y estadounidense. Después de haber sufrido los devastadores efectos de la Guerra de Secesión (1861-1865), nuevas posibilidades se abrían en el horizonte para la renovada nación norteamericana.

Finalmente, el 30 de marzo de 1867 el secretario William H. Seward llevó a cabo la compra de Alaska por un valor de 7.200.000 de dólares de la época (menos de 2 centavos por acre). Esta fecha se conmemoró con el nombre del “Día de Seward“, celebrándose el último lunes del mes de marzo. Curiosamente, pese a esta inédita ganancia territorial, en el momento de los hechos esta adquisición fue recibida con cierto escepticismo por algunos críticos catalogándola como “la locura de Seward“, “la nevera de Seward” o “el parque de osos polares de Andrew Johnson“. Estas apreciaciones eran debidas a los enormes costes que había supuesto la compra de un territorio teóricamente tan poco rentable y cubierto de hielo. La ratificación rusa del tratado se llevó a cabo el 20 de junio y la ceremonia de entrega el 18 de octubre (posteriormente conocido como el “Día de Alaska“, actualmente cuestionado) en la localidad de Sitka.

Cheque usado para la compra de Alaska, valorado en 7.200.000 millones de dólares

Acontecimientos posteriores

Poco después de la adquisición de Alaska, en la década de 1890 tuvo lugar la llamada “fiebre del oro” en el valle del río Yukón (concretamente en su afluente Klondike), que atrajo a miles de colonos a esta remota región con el fin de hacerse con el ansiado metal precioso. Las novelas La llamada de lo salvaje (1903) y Colmillo Blanco (1906) del escritor Jack London, posteriormente llevadas a la gran pantalla, están ambientabas en este período. A su vez, la mítica película La quimera del oro (1925) protagonizada por Charles Chaplin también ambientada en la fiebre del oro, es considerada una de las obras cumbres de la historia del séptimo arte. Más adelante, en 1942 tuvo lugar la conquista de dos islas Aleutianas (Attu y Kiska), pertenecientes al territorio de Alaska, por parte del Imperio japonés en plena Segunda Guerra Mundial. La recuperación de estas islas se convirtió en una cuestión de orgullo nacional para el gobierno de Estados Unidos. El 3 de enero de 1959, Alaska se convirtió en el estado 49º en ser admitido en la Unión, siendo el penúltimo en conseguirlo solo unos meses antes que Hawái.

A finales de los años 60, se produjo el descubrimiento de petróleo en Prudhoe Bay lo que conllevó el despegue económico de la región. Sin embargo, el posterior encallamiento del petrolero Exxon Valdez en marzo de 1989 ocasionó el mayor desastre medioambiental de la historia de Alaska. En la actualidad Alaska es el estado de mayor superficie con unos 1.717.856 km² y también el menos densamente poblado de todo el país. Su capital es Juneau y su ciudad más poblada, Anchorage. A pesar de los recelos iniciales en aquel lejano 1867, el progresivo deshielo del océano Ártico a consecuencia del cambio climático está provocando el auge de nuevas rutas comerciales y la posible explotación de potenciales recursos naturales, lo que ha convertido Alaska en un territorio sumamente estratégico para Estados Unidos. Parece ser que el paso del tiempo ha acabado demostrando que la compra de Seward fue de lo más acertada, a pesar de haber sido en algún momento objeto de mofa por parte de los más escépticos.

Vista actual de Anchorage, Alaska

Bibliografía

Cardelús, B. (2017). ‘Cuando Alaska fue territorio soberano de España’. ABC Cultura. https://www.abc.es/cultura/abci-cuando-alaska-territorio-soberano-espana-201706180051_noticia.html

G.M., Abel (2021). ‘La fiebre del oro de Klondike’. Historia National Geographic. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/fiebre-oro-klondike_16710

Lillian Goldman Law Library. Treaty concerning the Cession of the Russian Possessions in North America by his Majesty the Emperor of all the Russias to the United States of America: June 20, 1867. https://avalon.law.yale.edu/19th_century/treatywi.asp

Villamor R. (2021). Eso no estaba en mi libro de la Guerra del Pacífico. Editorial Almuzara, S.L.