Finalizamos nuestra serie de artículos sobre el universo político de Star Wars. En este último vamos a abordar la idea de Imperio según el punto de vista del materialismo filosófico.

Primera Orden
Propaganda de la Primera Orden, por Marko Manev

Idea de Imperio en La guerra de las galaxias

Imperios hay de sobra en los cómics, novelas y libros pero en las películas, la sociedad política más conocida es ese Imperio que se erige sobre los restos de la República, en una especie de alegoría «space opera» a Julio César y la transición de la República a Imperio en Roma. En Star Wars, en cambio, más que aludir a una categoría superior a la de Imperio universal —entendiendo que la República era un Imperio y ejercía también un imperialismo depredador— implica la sustitución de una sociedad política por otra, y no la destrucción misma de la sociedad política, así como la transformación de toda la capa conjuntiva de la sociedad, lo que se traduciría a una mutación dentro del poder operativo, estructurativo y determinativo sobre la capa conjuntiva, por tanto hablaríamos del efímero Senado Imperial sobre el Senado de la República, luego la figura misma del Emperador Galáctico, o el círculo de gobierno imperial subordinado a esta figura, y el establecimiento de todo el marco jurídico: las leyes imperiales. La transformación de una forma republicana a una monárquica.

Pero, como hemos afirmado más arriba, ¿no era acaso la República un Imperio? Si tomamos la idea de Imperio desde el materialismo filosófico, la República ejercía como un Imperio en razón de mantener su eutaxia y por tanto, era efectivamente un gran Imperio de proporciones galácticas pero desde una sociedad política republicana, más no monárquica. Si consideramos que la República duró al menos mil años, pudiendo ejercer su soberanía a lo largo de sectores galácticos y su poder militar sin precedentes, quiere decir que fue eutáxica. Pero la eutaxia, por lógica, no es eterna ni inmutable, pues eventualmente significará distaxia. La transformación de la República al Imperio de Palpatine y su repentina caída respalda que, en realidad, esta transición de una sociedad política a otra fue, de hecho, una mala constitución, un mal orden. Las Guerras Clon, con el fin de sofocar el secesionismo, son un claro ejemplo de que no existía la «adhesión voluntaria» y que abandonar la República era lo mismo que fragmentar al Imperio, de modo que el actuar de la República fue análogo al del Imperio galáctico cuando empezó la guerra civil.

El problema que se presenta desde el materialismo filosófico es que la complejidad de estas sociedades políticas —planetas, sistemas, la galaxia— es que, por ejemplo, si utilizamos el concepto categorial de Imperio diapolítico o diamérico, tercera acepción de Imperio, tendríamos que rebasar los límites de lo que implica el Imperio máximo o universal porque en términos reales, no hemos visto ni siquiera Imperios máximos. No hay soberanía sobre todo el orbe pero en el caso de La guerra de las galaxias es así y rebasa incluso el orbe, pues hablamos de megasociedades políticas como la República Galáctica, o el Imperio Galáctico, que ya no serían sin más Imperios universales —tampoco máximos desde la perspectiva del orbe— sino que habría que adoptar un cuarto término en la clasificación diamérica.

Queda claro que la motivación de Palpatine, o al menos para lo que se formó bajo la tutela de su maestro, era destruir la hegemonía de la Orden Jedi y establecer la de los Sith. Otra cosa es que Palpatine luego hiciera girar el Imperio sobre objetivos particulares pero si consideramos que un conflicto religioso, metafísico y oscuro, es la motivación de Palpatine, y de su séquito, cabe la posibilidad de que haya similitudes o se toque la idea del Imperio metapolítico o transpolítico como cuarta acepción y como una idea exterior —el Imperio Sith y luego la Orden Sith—, frente a lo diapolítico que surge del interior. No obstante, lo que sucede es que esta idea no adquiere ningún grado de importancia en el sentido de que la afiliación de Palpatine a los Sith, y la existencia de la Orden, no es revelada a los súbditos del Imperio. Diríamos que no existe idea teológica, iglesia oficial, ni culto instituido en torno a los Sith.

La idea metapolítica, tal como se presenta en España frente a Europa, no podría proceder por su misma condición metafísica —en tanto es inmaterial— y tal idea deberá de manifestarse a partir de realidades corpóreas operatorias metapolíticas y que la definición que esté a su alcance sea capaz de engranar. Si se toman en cuenta los ejemplos históricos, también propuestos por Bueno, donde por ejemplo el estoicismo penetra en el funcionariado de la República romana, y por tanto en sus estructuras, o cómo el cristianismo recogerá influencia estoica y judía infiltrándose en las legiones romanas, y en las clases bajas, hasta que finalmente llega al Emperador Constantino —quien firmaría el Edicto de Milán en 313— desembocando en el monoteísmo trinitario que supone el sustento del régimen imperial. Por lógica, la influencia de los Sith es nula en las capas del Imperio, ni hay reconocimiento alguno de esto salvo que hablemos de sectas —Inquisición Imperial— y grupúsculos que más bien suponen una parte de la capa conjuntiva —en tanto policía—.

Vader
Darth Vader, dibujo de Marko Manev

Ahora bien, no todas las ideas o fuentes metapolíticas tienen que girar en torno a Dios o a la teología; pues la «conciencia» —que aquí no podría ser humana— consiste en elevarse a la condición de Cosmópolis o Imperio Universal —galáctico concretamente— y justamente el Imperio, más allá de las pretensiones particulares de Palpatine, se erige bajo la idea del «Nuevo Orden» y de llevar la paz, la prosperidad y el orden a nada más y nada menos que toda la galaxia. Con fuentes metapolíticas y diapolíticas nace la idea filosófica de Imperio, idea que para el materialismo filosófico tiene límite —pero los Imperios querrán constituirse como universales, únicos— porque al desbordarse, es decir, al aglutinar a toda la «humanidad» como Imperio universal único ya no se podría hablar de esta idea filosófica pero en el caso de La guerra de las galaxias, el Imperio Galáctico no es el único Imperio ni tampoco, difícilmente podría, tiene el dominio absoluto de la galaxia. El Imperio encontraría poderosos rivales en las Regiones Desconocidas, desde Grysk hasta la Ascendencia Chiss (ver las novelas de Thrawn). Cabe a destacar que el Imperio, sin embargo, cayó en pocos años y posteriormente, gracias a intrigas políticas y a la Contingencia, «refundarse». Pero la realidad es que la Primera Orden no es el Imperio Galáctico, aunque sea ya un Imperio. La analogía es clara: El Sacro Imperio Romano Germánico no es, pues, el Imperio Romano de Occidente.

Imperios depredadores y generadores

El imperialismo depredador (ver Principios de una teoría filosófico política materialista) supone a una sociedad política de referencia al que habrán de plegarse el resto de las sociedades políticas y que buscará ya sea anexar o tutelar por medio del colonialismo.  Las sociedades políticas anexadas sólo existirán, para la sociedad política que funge ya de Imperio, a modo de colonias que podrán ser explotadas de acuerdo a las necesidades de esa sociedad política de referencia. susceptibles de ser explotadas. La norma es poner a las demás sociedades al servicio de la sociedad imperialista. El Imperio de Darío, el Imperio colonial británico, el holandés, el francés, el belga o el propio III Reich alemán.

Mientras que el imperialismo generador implica, tomado de referencia más o menos las palabras de Bueno, la «intervención» de una sociedad política en otras ya constituidas —o también prepolíticas— y de elevarlas, a fin de que adquieran desarrollo, a la condición de Estados adultos, soberanos que cesará tras el cumplimiento de su propósito, u objetivo, o con el establecimiento de ese Imperio universal. Ejemplos son el Imperio de Alejandro, el Imperio Romano dentro de la medida que no depredó y que fue influido por el estoicismo del que hablamos, y el Imperio Español así como la Unión Soviética —con sus debidas reservas—.

Ambas categorías, tanto como la teoría de la sociedad política ya presentada, son aplicables al contexto de La guerra de las galaxias desde una perspectiva analítica. La República universal, o galáctica, fue generadora en tanto logró por mil años aglutinar mundos y despojarlos de sus ataduras políticas y económicas tradicionales, alterando tanto su base económica como sus instituciones; sería la transformación de la capa basal y de la capa conjuntiva a partir de los lineamientos de la República, de ese Estado galáctico pero sería depredador a medida de que va haciendo que algunos de los planetas, o Estados, integrantes se vuelvan Estados tributarios y queden ya sea asfixiados económicamente o subdesarrollados en contraposición a los planetas desarrollados del Mundo de los Núcleos. Muchos planetas se relegaron a ser planetas tributarios, dadores de mano de obra y sujetos de explotación colonial. Otros simplemente se dejaron al margen, siendo sometidos por gobiernos despóticos o incluso por bandas criminales —uno de los motivos que haría al Conde Dooku dejar de ser Jedi, y recobrar su título de Conde, fue el estado de su mundo natal y la inoperancia tanto de los Jedi como de la República— en tanto puede considerarse también un «imperialismo depredador».

La posibilidad de mostrar ambas tendencias, o mayoritariamente una, está presente en casos históricos como el hecho de que el imperialismo británico fuese depredador con sus colonias, reduciéndolas a la explotación pero de no ser por la intervención británica en India, no se habría hecho transición de lo artesanal a lo industrial. Los tejedores de Dacca fueron reemplazados por las hilanderías industriales. Es cierto que, sin embargo, India fue uno de las colonias más afectadas por la metrópolis en situaciones tan depredadoras como la hambruna de Bengala. Marx, en Futuros resultados de la dominación británica de la India, señalaba que la presencia británica tenía «una función destructora y que tendría que tener otra regeneradora» por lo que tampoco es posible olvidar que en la medida que la Unión Soviética manifestó un imperialismo generador, también lo hizo de forma depredadora en el Extremo Oriente o que el Imperio español, que por su universalismo es la estructura de referencia, tuvo sus prácticas depredadoras pero no como práctica fundamental ni como política.

El Imperio Galáctico en La guerra de las galaxias tiene como regla la depredación porque su único interés es la extracción de recursos y la explotación económica aunque se escude bajo la retórica de la estabilidad y la paz social. Eriadu, el mundo natal del Moff Tarkin, es un ejemplo claro del mismo modo que lo es Lothal en la serie Rebeldes y en el caso de planetas como Ryloth sometidos a un duro régimen de explotación de productos derivados de la especia —un componente que se mina y se refina para crear narcóticos con obvia inspiración en Dune— o el propio Tatooine, que está bajo su esfera, pero que dejan bajo la sombra de los Hutt —un clan criminal— y los esclavistas locales. Este mismo Imperio, por ejemplo, no escatima en consecuencias y es capaz, como queda claro en las películas, de destruir mundos enteros con su arma de destrucción masiva predilecta. Jedha, Scarif y Alderaan fueron los mundos represaliados por una serie de motivos que por su propio revestimiento implican un alto grado de distaxia.

La idea de la conservación de las vidas de sus ciudadanos, y por tanto de la sociedad, no parece una de las premisas del Imperio en tanto no ve problema alguno en someterlos a regímenes laborales excesivos, e incluso inhumanos. Cuando no los ve como medios, los considera desechables y reemplazables. El soldado de asalto es el símbolo del Imperio pero al mismo tiempo es su producto más desechable, pues acciones como la de Scarif —destruir a sus propios hombres con la Estrella de la Muerte— llegan a demostrar el carácter irracional del Imperio.

Tarkin ríe ante la confesión de Leia en Una nueva esperanza.

Conclusiones finales

Da a pensar la complejidad del universo en el que se desarrolla La guerra de las galaxias por el sinfín de sociedades políticas que hay en los diversos planetas, por sus propias características, por los planetas y las relaciones entre todas estas sociedades. Por supuesto que el formato de este medio no contribuye a darle análisis a todo, y esto exigiría desde un ensayo hasta un libro, pero desde una perspectiva general es impresionante todo lo que se puede extraer en el ámbito de la filosofía política. La proliferación de material —series, novelas, libros, cómics, spin offs— ha extendido, sin duda alguna, todo el medio que tanta vida le da a la marca concebida por George Lucas.

¿A donde llegarán las sociedades políticas de la Tierra? ¿Podrían alcanzar un grado de desarrollo postestatal que las una en una sociedad política única? ¿Podría darse este proceso de desestructuración del curso secundario y de la fase estatal? A estas pregunta sumándole una muy importante, ¿cuándo podremos hablar de los viajes espaciales a otros sectores y la colonización de los mismos? La guerra de las galaxias, como Viaje a las estrellas en su momento, es una de las fuentes de inspiración para pensar e ir más allá.

Bibliografía:

  • Bueno, G. (1999). España frente a Europa. Barcelona: Alba Editorial.
  • Bueno, G. (1991). Primer ensayo sobre las categorías de las ‘ciencias políticas’. Logroño: Ed. Biblioteca Riojana, nº 1. Cultural Rioja.
  • Bueno, G. (1995). Principios de una teoría filosófico política materialista. Recuperado de http://www.fgbueno.es/gbm/gb91ccp.htm
  • Marx, K y Engels, F.  (1974). Futuros resultados de la dominación británica de la India en Obras Escogidas. Moscú: Editorial Progreso.