Cuauhtémoc fue un extraordinario personaje conocido por ser el último tlatoani mexica de Tenochtitlán. Este excepcional jefe indígena lideró la resistencia final de la ciudad que acabó cayendo el 13 de agosto de 1521. Cuauhtémoc se ha convertido en un símbolo nacional mexicano y es recordada su fortaleza ante su célebre tormento.

Lejos de ser un tema agotado, la figura de Cuauhtémoc es susceptible de trabajos de investigación histórica fidedignos y objetivos. Se trata de un tema difícil, puesto que las fuentes historiográficas son disímiles y de distinta procedencia. Existe bibliografía indígena, criolla y española presente en el los siglos XVI, XVII, XVIII y XIX. Las fuentes presentan incógnitas difíciles de solventar. Además, como es normal e irreprochable, el envoltorio de un heroísmo cuasi mitológico de exaltación de una tradición política lleva, en cierto modo, a empañar la imagen del personaje en cuestión. El presente texto no pretende zanjar el asunto con una reconstrucción exhaustiva, sino presentar de forma sucinta el célebre momento de su tortura y no tanto el largo proceso de conquista de Tenochtitlán.

El suplicio de Cuauhtémoc. Pintura de Leandro Izaguirre.

El propio nombre aparece con variantes en los distintos documentos. El nombre correcto transcrito al español es Cuauhtémoc, en su forma simple. Los indígenas podían añadir una partícula reverencial (-tzin) para indicar su categoría social. De este modo, el nombre quedaría así: Cuauhtemotzin o Cuauhtemoctzin. No sólo los indígenas los exponen de esta manera, sino que los mestizos y españoles que manejaban el náhualt lo escribieron con propiedad. No obstante, en el Códice Ramírez aparece escrito Quauhtémoc, Fray Francisco de Aguilar lo escribe Quatémuz, Clavijero Quauhtemotzin, en la Historia de los mexicanos por sus pinturas aparece Guatemuza y Joseph de Acosta escribe Quicuxtémoc. Existen muchas más versiones. El mismo Hernán Cortés lo llamó Guatemucin. El nombre se podría traducir como “águila que descendió”.

En el contexto de la conquista de Tenochtitlán, Cuauhtémoc sucedió a Cuitlahuác, quien había muerto por la viruela. Es importante recordar que la viruela fue el arma más mortífera que llevaron consigo los conquistadores. Sobre Cuauhtémoc recayó el peso de resistir el asedio de la ciudad que los españoles junto con pueblos indígenas aliados empezaron en mayo de 1521. El sitio no se prolongó demasiado, pues en octubre del mismo año Tenochtitlán cayó.

Cuitláhuac había organizado un ejército para combatir, al ser elegido como Tlatoani tras la muerte del emperador Moctezuma Xocoyotzin. La muerte de este último también es controvertida y existen diversas versiones. Se suele aceptar que los propios mexicas le dieron muerte al causarle graves heridas en un apedreamiento al salir a apaciguar a su pueblo en rebelión. Hay relatos que aseguran que los españoles lo mataron y que la revuelta surgió tras una matanza de indígenas dirigida por Pedro de Alvarado cuando se encontraban celebrando una festividad religiosa. En cualquier caso, Moctezuma había cedido ante Cortés y adoptó la posición de súbdito de España.

Prisión de Guatimocín, último emperador de Méjico. Pintura de Carlos Esquivel y Rivas.

Un dato que no parece tan controvertido es la animadversión de Cuauhtémoc hacia los españoles. Quiso echarlos y los enfrentó con tesón. Estaba dispuesto a luchar hasta triunfar y se enfrentó al bando mexica que prefería rendir tributo a los españoles para sobrevivir. En muchos relatos aparece como el gran organizador de la aguerrida defensa. Cortés y sus hombres fueron conquistando las ciudades de alrededor, para luego tomar Tenochtitlán. El imperio mexica tuvo que rendirse y Cuauhtémoc fue capturado.

En este punto, según los historiadores españoles (los indígenas no lo mencionan), Cuauhtémoc pide valientemente a Cortés que lo mate. El encuentro entre Cortés y Cuauhtémoc se dio al siguiente día de ser prendido el emperador. Cortés lo esperaba bajo un toldo junto a la Malinche. También se encontraban dirigentes de otras ciudades y nobles de Tenochtitlán. Fray Bernardino de Sahagún en su Historia General de las Cosas de Nueva España explica que Cortés preguntó por el oro guardado. Quería recuperar lo que perdió en la Noche Triste y conseguir lo que vio en el palacio de Axayácatl.

De este modo, los españoles empezaron lo que se conoce como la búsqueda del “tesoro de Moctezuma” o el “tesoro de Cuauhtémoc”. Fue en esta búsqueda cuando torturaron al ya ex-emperador. El tormento principal consistió en quemarle los pies para que confesara el escondite. Cuauhtémoc soportó con heroico valor. Sin embargo, en otros relatos como la Historia Pontifical de Gonzalo de Illescas se afirma que el tormento se llevó a cabo por un intento de rebelión. El médico encargado de curar las heridas del torturado aseguró que también las manos fueron quemadas. Los españoles no obtuvieron resultados del emperador para encontrar el tesoro. Francisco Gómara dice en su Historia de la Conquista de México que Cuauhtémoc le dijo a Cortés que echó en la laguna las joyas y las armas quitadas a los españoles. También se cuenta que otro indígena que también estaba siendo torturado quiso confesar o pidió al emperador que confesase, ante lo cual Cuauhtémoc le reprendió diciendo “¿Estoy en un deleite o baño?”, y prosiguió resistiendo el sufrimiento.

Es difícil aceptar la verosimilitud de las declaraciones bajo tortura. Es posible que lo de arrojar el “tesoro” a la laguna fuera un engaño. También hay que tener en cuenta que Cuauhtémoc usó buena parte del tesoro de Tenochtitlán para comprar la ayuda de las ciudades vecinas y que la carestía sufrida durante el asedio hizo que se cambiasen objetos de gran valor por bienes básicos. El tesoro nunca se encontró…

 

 

Bibliografía

Díaz del Castillo, B. (2012). Historia verdadera de la conquista de la Nueva España. Libro electrónico: Red Ediciones.

Gómara, F. L. (1979). Historia de la conquista de México. Caracas: Biblioteca Ayacucho.

Illescas, G. (1940). Un capítulo de su historia pontifical sobre la conquista de Nueva España. México: Editorial Pedro Robredo.

Muriel, J. (1966). Divergencias en la biografía de Cuauhtémoc. Estudios de historia novohispana. N.1, pp. 53-119.

Sahagún, B. (1981). Historia general de las cosas de Nueva España. México: Porrúa.