C. Castro. Palacio Nacional de México, en México y sus alrededores.

Para la segunda mitad del siglo XIX México era un país independiente en desarrollo. A pesar de todos los problemas por los que atravesaba, al ser una joven nación el deseo de ser conocidos y reconocidos más allá de sus fronteras hizo del arte una importante herramienta para darse a conocer al mundo. A la par, la divulgación que artistas viajeros y científicos hicieron de la fauna, la flora, la geografía y la arqueología mexicana, los álbumes de trajes y tipos se convirtieron en una manera de mostrarse en el extranjero.

En 1826 el pintor italiano Claudio Linati estableció el primer taller de litografía en México y con la colaboración de Fiorenzo Galli y el poeta cubano José María Heredia fundó El Iris, un periódico de interés general, que fue el primero ilustrado con litografías del país.

Sin embargo, la estancia de Linati en México fue corta, ya para marzo de 1827 se encontraba de regreso en Europa y aunque El Iris fue un elemento importante para el desarrollo de la litografía en México es una obra que produjo en Bruselas –donde se estableció como autor y litógrafo– la que más influyó en el tema y el imaginario de los tipos mexicanos.

Publicado en fascículos en 1828, Costumes civils, militaires et religieux du Mexique, se convirtió casi de inmediato en el canon que siguieron las ilustraciones de la vida mexicana y contribuyó a la concepción exótica que se tenía de México en el imaginario europeo. El estilo seguía el modelo de publicaciones como las Colecciones de trajes y los llamados Gritos de la ciudad que tenían gran circulación en Europa y cuya finalidad era mostrar una selección de los tipos más interesantes y pintorescos de las ciudades.

Aguador en Trajes civiles, militares y religiosos de México de Claudio Linati.

Ya en la década de 1830 la litografía había alcanzado su auge en México, se abrieron muchos talleres que impulsaron el trabajo de litógrafos nacionales de calidad y al ser un medio barato aumentaron el número de publicaciones de circulación masiva. Revistas y periódicos como El Gallo Pitagórico, El Mosaico Mexicano, El Almacén Universal, El recreo de la familia, el Diario de los niños, el Semanario de las Señoritas Mexicanas, El Museo Mexicano –por mencionar algunos– gozaron de muy buena recepción y por sus páginas pasaron algunos de los artistas más importantes de la época.

H. Irirarte. La China, en Los mexicanos pintados por si mismos.

En 1854 se publicó Los mexicanos pintados por sí mismos, conformado por 33 tipos mexicanos, fue el primer y más ambicioso intento de mostrar la sociedad del México independiente. Al hablar de tipos se refiere a personajes que destacaban por sus maneras particulares de ser, de vestir, de hablar o por el trabajo que realizaban. En este caso se seleccionaron varias profesiones y distintas clases sociales que reflejaran la cotidianidad de la sociedad mexicana, aquellas que más representaran lo mexicano, ya fuera por actividad o por su indumentaria.

“Heredera de la tradición y de los lineamientos establecidos por sus antecesoras, la versión mexicana tomó de aquéllas los elementos distintivos, en su mayor parte formales, y los adecuó a las características propias del país”.

Realizada en la imprenta de M. Murguía y Compañía, la parte gráfica corrió por parte de Hesiquio Iriarte y Andrés Campillo, mientras que la literaria fue obra entre otros, de Hilarión Frías y Soto, Ignacio Ramírez y José María Rivera. Los 33 tipos elegidos fueron: el Aguador, la Chiera, el Pulquero, el Barbero, el Cochero, el Cómico de la Lengua, la Costurera, el Cajero, el Evangelista, el Sereno, el Alacenero, la China, la Recamarera, el Músico de Cuerda, el Poetastro, el Vendutero, la Coqueta, el Abogado, el Arriero, el Jugador de Ajedrez, el Cajista, la Estanquillera, el Escribiente, el Ranchero, el Maestro de Escuela, la Casera, el Criado, el Mercero, la Partera, el Ministro, el Cargador, el Tocinero y el Ministro Ejecutor. Es importante mencionar que muchos de los tipos no eran exclusivos de México sino que se les eligió para mostrarlos ante sus equivalentes en otros países.

El tratamiento de la imagen es similar al europeo, cada uno de los tipos estaba representado a página entera acompañado por su respectivo texto. Sin embargo a diferencia de aquéllos álbumes, en Los mexicanos pintados por sí mismos se incluyeron en una escala más pequeña figuras que hacían compañía al tipo representado, recreando escenas de la vida diaria y ubicando las vistas en sitios específicos, mostrando así puntos importantes de la ciudad de México del siglo XIX.

C. Castro. y J. Campillo. Plazuela de Guardiola. Esquina del Convento de San Francisco, en México y sus alrededores.

En 1856 se publicó México y sus alrededores colección de monumentos, trajes y paisajes, un álbum con 42 estampas de la Ciudad de México y sus alrededores. En su mayoría obras de Casimiro Castro incluía vistas aéreas realizadas desde azoteas y globos aerostáticos. Retrataba tanto las fachadas de los principales edificios de la ciudad, como los barrios pobres, las actividades diarias y al igual que Los mexicanos pintados por sí mismos a los tipos de pobladores más llamativos y característicos de la ciudad del siglo XIX.

El detalle permitido por la litografía hizo posible que las estampas hablaran por si solas. Imágenes que circularon dentro y fuera del país y dieron a conocer a México más allá de sus fronteras. Los tipos representados en Los mexicanos pintados por sí mismos y las vistas de México y sus alrededores formaron parte de esa exoticidad que atraía al europeo y al mismo tiempo fueron familiares a los ojos del mexicano. Las estampas como autodefiniciones, imágenes en las que el espectador se identificaba y se sentía reflejado, como pueblo y como sociedad. Una forma de identificación ante la mirada extranjera y de auto identificación consigo mismos.

 

Bibliografía

Aguilar Ochoa, Arturo (2000). La influencia de los artistas viajeros en la litografía mexicana (1837-1849). Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, vol. XXII, núm. 76.

Barros, Cristina y Marco Buenrostro (1994). ¡Las once y sereno! Tipos mexicanos. Siglo XIX. México: Fondo de Cultura Económica. CONACULTA.

Nación de imágenes. La litografía mexicana del siglo XIX (1994). México: CONACULTA.

Pérez Salas, María Esther (2005). Costumbrismo y litografía en México: un nuevo modo de ver, México: UNAM.

[1] Pérez Salas, María Esther. Costumbrismo y litografía en México: un nuevo modo de ver, México: UNAM. IIE, 2005, p. 278.

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