El empleo moderno del término “agnosticismo” procede del biólogo británico Thomas Henry Huxley (abuelo del escritor Aldous Huxley), el cual lo usó en 1869 para referirse a cierta “renuncia del saber”. En este sentido el agnosticismo alude a una renuncia de un saber de cosas que no están comprendidas dentro de las posibilidades propias del conocimiento científico.

Esta actitud se aleja de la mera ignorancia, puesto que fomenta el desarrollo del entendimiento y la experiencia hasta sus límites posibles. No se trata de una doctrina positiva. Particularmente, Huxley lo concibió como un método que propugnaba el uso de la razón en el conocimiento tanto como sea posible, pero esta consideración se completa con la exhortación a no aceptar como ciertas las creencias no demostradas e indemostrables.

El agnóstico afirmaría que el conocimiento humano no es capaz de acceder a la naturaleza de ciertas cosas, respecto de las cuales no es posible pronunciarse. Huxley reconocía la inexorable existencia de límites del saber. Esto quiere decir que, en un primer momento, el agnosticismo tiene un carácter general y se refiere al conocimiento de la realidad, la cual sólo se podría conocer parcialmente. Se trata, por tanto, de una forma de escepticismo moderado.

GOD!? Ilustración de Luka Ivaniadze.

Etimológicamente el término “agnosticismo” proceden de los componentes léxicos griegos “a-” y “gnōsis”: la primera es una partícula de negación y el segundo quiere decir “conocimiento”.

Ignoramus et ignorabimus

Ahora bien, el agnosticismo no se reduce meramente a constatar la limitación cognoscitiva, sino que reconoce los límites determinados y precisos en virtud de los cuales adquiere su sentido como actitud racional. En esta línea, respecto a la conceptuación científico-natural, el fisiólogo alemán Emil du Bois-Reymond expresó el célebre apotegma Ignoramus et ignorabimus (ignoramos e ignoraremos) que se ha convertido en una consigna del agnosticismo contemporáneo. Du Bois-Reymond expuso una serie de enigmas irresueltos, algunos de los cuales no eran posibles explicar según él, como la naturaleza última de la materia. La sentencia no sólo refleja el estadio actual de ignorancia, sino que manifiesta la existencia de aspectos incognoscibles de la realidad. La expresión latina la proclamó en su obra de 1872 cuyo título es sintomático de la actitud agnóstica: Über die Grenzen des Naturerkennens (Sobre los límites del descubrimiento de la naturaleza).

El naturalista, sociólogo y filósofo inglés Herbert Spencer rechazó la religión tradicional y adoptó una posición agnóstica de conocimiento relativo. Lo Absoluto de la realidad sería inescrutable. Dentro de la generalidad del agnosticismo sobre la incognoscibilidad radical de ciertas materias, destaca el problema de lo trascendente. Si es radicalmente incognoscible, entonces también lo es su existencia. De este modo, el agnosticismo se ha ido restringiendo a un tipo de actitud espiritual que se caracteriza por la abstinencia de pronunciamiento puesto que no hay (y no puede haber) pruebas al respecto. Actualmente el concepto agnóstico no es más que una postura relativa a lo religiosos, particularmente centrado en la existencia de Dios, la cual no se niega pero tampoco se afirma. El agnóstico no realiza juicios sobre proposiciones religiosas por considerarlas incognoscibles para la razón humana.

En la cuestión religiosa, la postura agnóstica sigue siendo muy general, por lo que es frecuente distinguir diversos tipos de agnosticismo cuyos matices les dotan de especificidad. Así pues, la posición central es la del agnosticismo en sentido estricto o fuerte, según el cual tanto la existencia como la inexistencia de deidades no se puede determinar con arreglo a prueba racional o evidencia empírica alguna. Dios es algo que escapa a las capacidades humanas y no es un objeto que concierne a régimen categorial de las ciencias fácticas. Sólo cabe abstenerse estrictamente de emitir juicios sobre este tema. Por el contrario, también existe la posición del agnosticismo en sentido laxo o débil, según el cual Dios es incognoscible de facto, actualmente, con las herramientas científico-intelectuales del presente, pero no es incognoscible de forma necesaria.

Otra forma matizada de agnosticismo es el teísmo agnóstico, que admite la ausencia de conocimiento sobre la existencia de Dios, sin embargo asume la creencia en Él. Esta posición se acerca al fideísmo en tanto que renunciando a las capacidades racionales para averiguar y entender las verdades religiosas, admite “facultades” espirituales que conectan al hombre con la trascendencia. La postura opuesta es el ateísmo agnóstico, que acepta no poder probar la inexistencia de una deidad pero se decanta por no creer en ella. Sólo con reservas se pueden denominar a estas visiones como agnosticismo.

Asimismo, existen otras posturas cercanas al agnosticismo como cierta posición pragmática por la que se entiende que existan o no dioses, éstos son indiferentes respecto a la realidad, o al menos a la realidad que nos concierne a los humanos. Esto quiere decir que por sus efectos (la ausencia de ellos más bien) no repercuten en la vida social o individual, por lo tanto no tiene sentido siquiera plantearse el problema. Esto se acerca al argumento de Epicuro contra el miedo a los dioses, puesto que Ellos no atienden a las vicisitudes humanas.

Otra forma de aproximarse a la cuestión es considerar que la misma pregunta por lo trascendente carece de sentido, no es una pregunta real, es un pseudo-problema. Desde esta posición el agnosticismo normal no se puede mantener con pretensiones de legitimidad racional, pues no niega la metafísica, simplemente no se pronuncia. No se trata de que no nos sea posible preguntarnos por algo tan ajeno, sino que la pregunta carece de contenido significativo.

En definitiva, el carácter originario del agnosticismo no es más que una tendencia depuradora de la racionalidad y la experiencia para progresar en el conocimiento y no encallar en temáticas infructuosas. Se trata de un método, no de un fin, que en la contemporaneidad se ha focalizado en la cuestión de lo trascendente hasta convertirse en una tercera posición religiosa que difiere del ateísmo y del teísmo o el deísmo.

 

 

Bibliografía

Draper, P. “Atheism and Agnosticism”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Fall 2017 Edition), Edward N. Zalta (ed.).

Huxley, Th. H. (1884). “Agnosticism: A Symposium”, The Agnostic Annual, Charles Watts (ed.), pp. 5–6.

Le Poidevin, R. (2010). Agnosticism: A Very Short Introduction. Oxford: Oxford University Press.

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