Diez mil mujeres viajaron a América en el siglo XVI, otras lo hicieron antes y muchas más después. Los primeros datos históricos hablan de treinta mujeres a bordo del tercer viaje de Colón en 1498. Otros apuntan a españolas en los navíos del segundo viaje del almirante en 1493, e incluso la presencia de alguna mujer en las tres carabelas que descubrieron América en 1492.

Pero se trata de cifras que no se pueden conocer con exactitud pues la mayoría de sus nombres no aparecen en los registros oficiales de la Casa de Contratación de Sevilla antes de embarcarse al Nuevo Mundo, y muchas lo hicieron de manera ilegal. Por tanto, ni rastro de la mayoría de ellas. Ni nombre, ni apellido, ni lugar de nacimiento, ni tumba oficial. Eso sí, sin su semilla, América sería diferente.

Fotograma de la serie ‘El corazón del océano’, en la que representan la expedición de Mencía Calderón.

Se marcharon a América para vivir experiencias nuevas, deseosas de emprender una vida distinta a la que el destino les tenía reservado en España: buenas esposas y madres supeditadas a la vida cristiana. Algunas viajaron junto a sus maridos en el proceso de la conquista y colonización de aquellas tierras lejanas (en 1515 por orden de la Corona de Castilla se obligó a todos los cargos y empleados públicos a embarcarse con sus esposas para propiciar el arraigo de las mujeres y favorecer la colonización), otras viajaron junto a sus padres, hermanos o amantes. Y más de una, se habla de un sesenta por ciento de mujeres solteras, se atrevió sola a subir a bordo, durante tres o cuatro meses que duraba la travesía, en aquellos barcos insalubres con viaje incierto y repleto de hombres. “América fue una fantasía, un sueño que no siempre se cumplió” asegura Eloisa Gómez-Lucena, autora de un ensayo biográfico sobre 38 mujeres con nombres y apellidos que partieron rumbo al Nuevo Mundo. “América supuso para las mujeres mostrar su verdadera  naturaleza que en España no hubiera sido posible. En circunstancias difíciles surgieron heroínas”. Poco se sabe del destino de la mayoría de las mujeres que cruzaron el Atlántico, no aparecen en los libros de Historia. Y cuesta creerlo, porque sin la presencia de las mujeres españolas no hubiese sido posible la colonización de América.

Escarbando en la intrahistoria, viajaron a América, religiosas, empresarias, maestras, prostitutas, costureras, enfermeras, expedicionarias… Pero también virreinas, gobernadoras, marineras y una almirante. La tercera parte de los pasajeros de los barcos rumbo a América en la segunda mitad del siglo XVI fueron mujeres andaluzas, castellanas y extremeñas. Participaron en la conquista, algunas de manera cruenta, levantaron poblados y ciudades, cultivaron las tierras, fundaron escuelas, conventos y contribuyeron al mestizaje del Nuevo Mundo, convirtiéndose en madres y abuelas de criollos. E incluso, encomenderas y mujeres con cargos públicos cuya gestión realizaron con eficacia. Y aún así, la Historia se ha olvidado del nombre de la mayoría de ellas, de aquellas españolas que contribuyeron a la consolidación económica y cultural de América.

María de Escobar, la semilla española en América

Una mujer con nombre y apellido que contribuyó a la consolidación económica de América fue María de Escobar. Nació en Extremadura, Trujillo, entre 1500 y 1520. Casada con el capitán Diego de Chaves, viajó al Nuevo Mundo junto a su marido a las órdenes de Francisco Pizarro. El pan que se come a diario hoy en día en América del Sur es gracias a ella. Fue la primera mujer que llevó al Perú semillas de trigo y cebada, y quien las repartió entre agricultores de Lima y Cañete. Tras estudiar la calidad de las tierras que Francisco Pizarro les entregó a ella y a su marido en agradecimiento por su labor en Perú, sembró durante dos años  todos los granos que cosechaba, además de solicitar más y mejores granos de trigo y cebada a la Corona. Durante tres años prohibió el uso del trigo para propiciar la propagación de la gramínea. Pasado este tiempo, consideró que había suficiente para moler una parte, dando lugar así a la aparición de la harina de trigo en Perú.

Catalina Bustamante, la educadora de las niñas en América

Además de saberse su nombre y apellido, a Catalina se la conoce por ser la primera maestra de Nueva España, y quizás la primera mujer que defendió los derechos de las niñas indias. Nació en el seno de una familia de hidalgos en torno a 1490 en un pueblo de la provincia de Badajoz. Junto a su marido y sus dos hijas embarcó rumbo a América el 25 de mayo de 1514. Tras enviudar, se ganó la vida educando a las hijas de los capitanes de Hernán Cortés y de hidalgos acomodados. Muy vinculada a la orden franciscana, gracias a ellos comienza a dar clases a niñas indígenas y mestizas en un palacio cedido por los religiosos. Allí, Catalina enseña a leer, escribir, contar, y oficios domésticos como costura para que les fuera útil como trabajo posterior. Su labor fue más allá de la docencia al implicarse en la vida personal de sus alumnas. Denunció los abusos que éstas sufrían por parte de su propios padres, caciques que usaban a sus hijas como moneda de cambio, pero también puso en conocimiento de los reyes españoles los abusos que cometían los españoles. Gracias a sus cartas de denuncia enviadas a la Corona, la emperatriz Isabel de Portugal conoce su labor y se implica enviándole ayuda de todo tipo, desde material escolar hasta más profesoras para que le ayudase a educar a la gran cantidad de niñas desamparadas que había en América. Bajo su supervisión se fundan diez colegios con capacidad para 300 niñas de toda condición social, incluidas huérfanas.

Estatua en memoria de Catalina de Bustamante.

Murió en 1545 en Texcoco, México, por un brote de viruela. De ella apenas hay rastro en su Extremadura natal. Sin embargo, está considerada la primera maestra en América y su labor se le ha reconocido allí con un monumento a su memoria.

Por sus nombres las conoceréis

Francisca Ponce de León, armadora; Beatriz de la Cueva, gobernadora; Mencía Ortiz, fundadora de una compañía que envió mercancías a las Indias; Inés Suárez, conquistadora y capitana de Santiago de Chile; Mencía Calderón, expedicionaria; Isabel Barreto, primera y única almirante de la Armada; María de Estrada, enfermera; Francisca Suárez, panadera y hostelera; Ana López, costurera; Isabel de Guevara, fundadora de Asunción y Buenos Aires; Catalina de Erauso, se alistó como soldado para combatir en Chile y alcanzó el grado de alférez… continuará. Basta que se desentierre del olvido a otras cientos y miles de mujeres que protagonizaron historias de la Historia de América dignas de ser contadas.

Hablan de leyenda negra para justificar su olvido, de que la conquista y colonización de América es fruto de la barbarie de hombres sin escrúpulos, de conquistadores y abusadores de los indígenas. Una leyenda negra que oscurece la labor de las mujeres y que las silencia. Pero su leyenda tiene luz, lástima que brille más allí donde murieron que aquí donde nacieron.

 

Referencias

  • Españolas en el Nuevo Mundo. Eloisa Gómez-Lucena. Ediciones Cátedra.
  • Las mujeres en la conquista de América. www.arquehistoria.com
  • Las mujeres en la conquista. Mujeres de armas tomar. www.artehistoria.com
  • Ellas también hicieron las américas. www.elpais.es
  • María de Escobar, la trujillana que llevó el trigo a América. Cadena Ser Extremadura
  • Catalina de Bustamante, primera maestra de América. www.canalextremadura.es