La teoría de la correlación de Orión es aquella que afirma la existencia de una correlación entre la ubicación de las tres célebres pirámides de Egipto y la localización de las estrellas centrales del cinturón de Orión. Lo que se hipotetiza es una correspondencia o relación recíproca entre dos particulares series de objetos, a saber: la orientación de las tres pirámides de Guiza (las de Keops, Kefrén y Micerino) y la constelación Orión.

Orión es una de las constelaciones más prominentes y una de las más reconocibles. Cabe recordar que una constelación es un conjunto de estrellas cuya agrupación convencional mantienen una aparente invariabilidad en el cielo. En muchas civilizaciones se les ha dado forma trazando siluetas imaginarias en la bóveda celeste. Las tres estrellas principales de Orión son α Orionis o ​ Betelgeuse, que es una supergigante roja; β Orionis o Rigel, que es un sistema estelar compuesto por tres estrellas de las cuales la más destacada es una supergigante blanco-azulada; y γ Orionis o Bellatrix. Además de las tres más brillantes, existen otras tres que conforman el asterismo: ε Orionis o Alnilam, ζ Orionis o Alnitak y δ Orionis o Mintaka.

Carta celeste de la constelación de Orión en la que aparecen sus principales estrellas.

Lo relevante del asunto, y donde reside la audacia de la hipótesis, es que esto supondría un cambio drástico en la datación de la fecha en la que tales pirámides fueron construidas, ya que si se trata de una correspondencia deliberada, entonces la concordancia exacta se tuvo que dar aproximadamente en el año 10.500 a. C. según los cálculos confeccionados por Robert Bauval.

Esta sugerente idea fue elaborada por el mencionado Robert Bauval y publicada en la revista Discussions in Egyptology en el año 1.989. Posteriormente, en 1.990 se expuso esta hipótesis de la egiptología alternativa con mayor profusión en el libro El misterio de Orión, descubriendo los secretos de las pirámides. No obstante, la repercusión de esta arriesgada conjetura llegó a su cota más alta tras la emisión por parte de la BBC del documental The Great Pyramid: Gateway to the Stars.

Cinturón de Orión

Lo que se defiende es que la estructura y la orientación de las pirámides de Guiza constituyen una imagen de estas estrellas en la tierra, dado que la alineación es de gran exactitud. Actualmente, el ángulo formado por las tres centrales estrellas del cinturón de Orión se distingue del constituido por las pirámides sólo por escasos grados. La hipótesis sugiere que alrededor del 10.500 a. C. las tres principales estrellas del cinturón de Orión mantuvieron una alineación respecto a la Vía Láctea idéntica a la que tienen las pirámides de Guiza respecto al río Nilo.

De ser cierto, esto no tiene por qué comprometer la fecha de construcción de las pirámides, pero sí al menos la de la planificación de las mismas. La elaboración del proyecto pudo haber sido anterior a su efectiva realización. Lo que esto supone es la creencia de que se trata de un proyecto conjunto y la existencia de cierta continuidad o recuperación tanto de las intenciones y como de lo planificado a pesar de los años transcurridos, que fácilmente pudieron ser 8.000. También se ha barajado la posibilidad de que con esta disposición se pretendiera marcar un momento histórico de especial relevancia en relación a la mitología egipcia, lo cual supondría una capacidad de cálculo y de conocimientos astronómicos de elevada precisión.

The last way of Pharaoh. Ilustración de Yaroslav Lotsmanov.

Para llegar a la concordancia entre la constelación de Orión y las pirámides de Guiza es necesario tener en consideración el movimiento de precesión de la Tierra. La precesión se produce por el cambio de dirección del eje instantáneo de rotación en el espacio. Esto quiere decir que la recta en torno a la que el cuerpo está rotando va cambiando de orientación. Este es el movimiento que se puede observar en el “tambaleo” de una peonza en rotación. Dicho cambio de la dirección del eje de rotación de la Tierra hace que el mismo eje se mueva alrededor del polo de la eclíptica completando un movimiento circunferencial en el transcurso de 25.776 años. Tal recorrido se conoce como “año platónico”. La precesión hace que a lo largo de los años las posiciones de los cuerpos celestes vayan cambiando. Se trata de un elemento importante para observar el movimiento aparente de los objetos astronómicos vistos desde la Tierra.

Además, Bauval refuerza su tesis con la dirección de los canales de ventilación de la pirámide de Keops hallados por Howard Vyse y Dixon. Bauval asegura que dichos canales apuntan intencionadamente a determinadas estrellas: los del sur a la constelación de Orión y a la estrella Sirio, y los del norte a Alfa Draconis y a la Osa Menor. Bauval atisba un “propósito superior” en tales conductos más allá de la ventilación, ya que el conducto que miraba a Orión, identificado con el dios Osiris, era el del rey, mientras que el de la cámara de la reina apuntaba a Sirio, identificada con la diosa Isis.

Por otro lado, la Gran Esfinge de Guiza también ha sido objeto de discusión en relación a temas arqueoastronómicos. En esta ocasión, John Anthony West asegura que la Esfinge se construyó hace doce mil años con la forma completa de un león, la cual se fue erosionando y se recompuso con una cabeza humana (presumiblemente la del faraón Kefrén). Un indicio en el que se basa John Anthony West es la evidente desproporción de la mencionada cabeza en relación con el resto de la figura. Robert M. Schoch y John Anthony West se centran en una argumentación geológica y apelan al tipo de erosión de la escultura para hacerlo concordar con las condiciones climatológicas de la zona propia de miles de años antes.

Sin embargo, el argumento de mayor importancia al que se alude para apoyar su hipótesis es que en el “mapa del cielo” del momento (teniendo en cuenta la precesión de los equinoccios) el punto Aries se encontraba en la constelación de Leo. De ahí que la Esfinge se construyera con una forma inicial de león. Esto requiere cierta aclaración: la bóveda celeste es una esfera ideal concéntrica a la de la Tierra en la que se representan los movimientos aparentes de los objetos astronómicos. El denominado Eje del mundo es el eje de rotación de la bóveda celeste, el cual es una extensión imaginaria del eje de rotación de la Tierra. La eclíptica es una línea curva que el Sol recorre alrededor de la Tierra, es decir, que se trata de un movimiento aparente desde la perspectiva de esta última. El mencionado punto Aries no es más que el punto de la eclíptica en el que el Sol entra en el hemisferio norte celeste, lo cual se da en el equinoccio de marzo.

La hipótesis oficial actualmente aceptada es que la Gran Esfinge es una escultura construida alrededor del año 2.500 a. C. siendo parte del conjunto de edificaciones de la pirámide de Kefrén. Del mismo modo, la estimación aproximada de la fecha de la construcción de las pirámides de la meseta de Guiza se encuentra también entorno al 2.500 a. C. Cabe señalar que muchos egiptólogos y astrónomos han mostrado su rechazo ante las hipótesis planteadas por Bauval, West, Schoch y Hancock, al considerar tales reivindicaciones de reescritura de la historia del Antiguo Egipto como productos de trabajos pseudocientíficos[1].

Esta teoría ejercido influencia en diversos ámbitos culturales como el periodismo de investigación, la literatura o el cine. Un ejemplo particular lo podemos encontrar en la película 10.000 B.C. estrenada en 2.008 y dirigida por Roland Emmerich, la cual fundamenta en la teoría de la correlación de Orión los hechos relatados relacionados con la construcción de las pirámides de Guiza.

Fuente

Bauval, R. (2007). El misterio de Orión. Descubriendo el secreto de las pirámides. Madrid: Edaf.

 

[1] Belmonte Avilés, J. A. (1999).Las leyes del cielo. Astronomía y civilizaciones antiguas. España: Temas de hoy.