Santa Elena es una remota isla de origen volcánico situada en mitad del Atlántico Sur, famosa por ser el lugar dónde Napoleón Bonaparte pasó sus últimos años de vida como prisionero redactando sus memorias.

Isla de Santa Elena

La isla del fin del mundo

Santa Elena es una isla del Atlántico Sur de 121 km2 de superficie, situada a más de 1800 kilómetros de la costa occidental de Angola (África). Actualmente pertenece al territorio británico de ultramar de Santa Elena, Ascensión y Tristán de Acuña. Esta isla es ampliamente conocida por ser la prisión militar de Napoleón Bonaparte desde su derrota definitiva en la batalla de Waterloo de 1815 hasta su muerte en 1821. Debido a su extraordinaria ubicación, dicha isla está considerada como uno de los lugares más remotos del mundo. No obstante, es el territorio de Tristán de Acuña situado a más de 2100 km de la isla de Santa Elena, el lugar habitado más lejano del planeta.

Historia

El 21 de mayo de 1502, la isla de Santa Elena fue descubierta por Juan de Nova, navegante español al servicio del rey de Portugal. El primer nombre que recibió fue Helena de Constantinopla. Aunque deshabitada, esta isla poseía bosques y fuentes de agua dulce. En plena era de los descubrimientos, los portugueses trataron de mantener la isla en secreto debido a su posición geográfica. El primer residente permanente de la isla fue Fernando López, un portugués de la India exiliado en Santa Elena en 1513, tras haber sido acusado de traición. Los primeros ingleses que visitaron Santa Elena fueron Thomas Cavendish en 1588, el capitán Abraham Kendall en 1591 y James Lancaster en 1593. En 1645 se produjeron unos asentamientos de colonos neerlandeses. No obstante, en 1651 Santa Elena fue transferida a la Compañía Británica de las Indias Orientales. Dicha compañía construyó un fuerte en 1659 llamado Jamestown (actual capital), en honor al duque de York, Jacobo II. En 1673, hubo un intento holandés de tomar la isla por la fuerza que acabó en fracaso. Durante el mandato de la Compañía Británica de las Indias Orientales la isla prosperó, si bien la posterior apertura del Canal de Suez en 1869 propició que se acortaran las distancias entre Europa y Asia, por lo que ya no era necesario circunnavegar el continente africano. Por esta razón, Santa Elena perdió su importancia como punto estratégico. Sin embargo, debido a su remota ubicación en mitad del Atlántico Sur, la isla era perfecta como prisión para personalidades especialmente ‘problemáticas’.

Vista actual de Jamestown

Cautiverio de Napoleón Bonaparte

Tras su derrota final en la batalla de Waterloo contra el ejército de la Séptima Coalición el 18 de junio de 1815 y el fin del Imperio de los Cien Días, fueron muchas las opiniones acerca de cómo proceder con la figura de Napoleón Bonaparte. Su anterior exilio en la isla de Elba en el Mediterráneo en 1814 había resultado un fiasco, pues contra todo pronóstico y a pesar de la estrecha vigilancia de la que fue objeto, logró escapar y restablecer su autoridad en Francia. Una ejecución resultada del todo contraproducente pues se quería evitar a toda costa convertirlo en una especie de mártir de la Revolución. Una estancia en Inglaterra tampoco era muy buena idea. El corso gozaba de gran popularidad entre ciertos sectores de la población que estaban en contra del gobierno británico. Otro destino que barajó el propio Napoleón fueron los incipientes Estados Unidos de América, nación dónde se había marchado su hermano mayor José Bonaparte tras su destitución como rey de España (1808-1813) y de la que Napoleón guardaba un gran respeto. Ello se debía a los ideales revolucionarios que habían inspirado su independencia de los británicos y que tanto se diferenciaban de la mentalidad europea del Antiguo Régimen. Pero después de haber cambiado radicalmente Europa a través de sus cruentas campañas militares, se hacía necesario elegir otro destino mucho más ‘adaptado’ para él: la inhóspita isla de Santa Elena.

Napoleón en Santa Elena

El navío Northumberland al mando del almirante Cockburn, se encargó de trasladar a Napoleón hasta la que sería su última estancia. El 17 de octubre de 1815 desembarcó en Santa Elena. Al principio, se quedó en una casa de campo llamada Briars propiedad de la acogedora familia Balcombe. Allí entabló amistad con la pequeña Betsy de 13 años de edad, la única de la familia que sabía hablar francés. Más tarde fue alojado en Longwood House, la cual fue adaptada a propósito para albergar al antiguo emperador y a su reducido séquito. El antipático gobernador de la isla, Sir Hudson Lowe, se encargó personalmente de que su reclusión fuera lo menos placentera posible. La vida en Santa Elena era de lo más aburrida, quedando las actividades ociosas restringidas a dar pequeños paseos cuando las autoridades se lo permitían y a la redacción de sus memorias. En dichas memorias, quedó reflejado entre otros pensamientos, su profundo pesar al recordar la Guerra de Independencia española (1808-1814) como una de las causas que desbarató su poder en Europa. Hubo varias propuestas de planes de fuga para que Napoleón escapara de Santa Elena por parte de algunos de sus seguidores en la isla. Alguno de estos planes eran de lo más inverosímiles, como intentar ser embarcado escondido dentro de un barril de cerveza. A pesar de que Napoleón llegaría a sopesar varias veces su huida, nunca hubo un plan lo suficientemente serio que se adaptara a su ‘honorable’ persona. Además, su insoportable cautiverio en Santa Elena ayudaría a engrandecer todavía más su leyenda. Meses antes de su muerte, la salud del irredento emperador empezó a empeorar. Entre sus síntomas se encontraban frecuentes dolores abdominales, náuseas, pérdida de peso, sudores nocturnos y fiebre. El clima insalubre de la isla no hizo sino acelerar lo que ya era irremediable.

Finalmente después de una lenta agonía, el 5 de mayo de 1821 el legendario hombre que había puesto en jaque a toda Europa gracias a sus extraordinarias dotes de mando, dejó este mundo a los 51 años de edad. Hay múltiples teorías acerca de la muerte de Napoleón. La versión oficial dictaminó que su fallecimiento se produjo por un cáncer de estómago (al igual que su padre). No obstante, existen otras hipótesis más enrevesadas que afirman que fue envenenado lentamente con arsénico. Esto se decía al hecho de que había ciertas personas interesadas en su muerte prematura por los altos costes que suponía su manutención para las arcas de la corona británica. Sea como fuere, su figura ya era toda una leyenda. Los restos mortales del mítico emperador fueron trasladados a Francia en 1840 donde reposan bajo la cúpula de Los Inválidos. Otras personalidades que también se hallan en este simbólico lugar son su hermano mayor José Bonaparte, su hermano menor Jerónimo Bonaparte, su hijo Napoleón II, además de los mariscales Lyautey y Foch, entre otros. Posteriormente, el emperador Napoleón III (sobrino de Napoleón) negoció con el gobierno británico la cesión de Longwood House y el Valle de la Tumba de Santa Elena. En 1858, pasaron a ser propiedad de Francia bajo el nombre de ‘dominios franceses de Santa Elena‘, gestionados por el Ministerio de Asuntos Exteriores francés. A estos dominios se añadió en 1959 el pabellón Briars, la que fuera la primera residencia de Napoleón en la isla antes de Longwood House. Santa Elena permanecerá por siempre en la memoria de la historia por haber sido el lugar donde el hombre más poderoso de su época pasó sus últimos años, muy lejos de sus días de grandeza.

Bibliografía

National Geographic. ‘Napoleón y su destierro y muerte en Santa Elena’. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/napoleon-y-su-destierro-y-muerte-santa-elena_7243

Price, M. (2014). The end of glory. Oxford University Express, UK.

Rees, S. (2021). ‘Napoleón Bonaparte: de que murió realmente (y otras 3 cosas que quizás no sabías sobre su vida). BBC Historia. https://www.bbc.com/mundo/noticias-56780696.

Villanueva, D. F. (2018). ‘La isla del fin del mundo’. La Contra Crónica Historia. https://diazvillanueva.com/la-isla-del-fin-del-mundo/.