Moscú, la capital de la Federación de Rusia, se alza imponente sobre Europa del este. Sin embargo, aunque a algunos les parezca un tanto inverosímil, los orígenes remotos de Rusia, no se hallan en esta ciudad tan emblemática sino en la Rus de Kiev, compartiendo un pasado común con otro país vecino, Ucrania.

Principados de la Rus de Kiev, siglos XI-XII

Orígenes y apogeo

Para poder entender los orígenes comunes de Rusia y Ucrania, debemos remontarnos más de 1000 años atrás en el tiempo. Los escritos más antiguos los encontramos en la Crónica de Néstor del siglo XII. Según parece, en torno al año 860 diversas tribus bálticas, finesas y eslavas eligieron a un caudillo varego llamado Riúrik como su líder estableciéndose en la ciudad de Nóvgorod. Estas tribus bajo el control de la dinastía Rurikida conformaron el germen de lo que se conoció posteriormente como Rus de Kiev. Fue en el reinado del príncipe Oleg (879-912) cuando se trasladó la capital desde la norteña Nóvgorod hasta la estratégica Kiev en el 882, con el objetivo de controlar las rutas del valle del río Dniéper, amenazadas por las incursiones de los jázaros. Más tarde, el gobernante Sviatoslav I inició la expansión territorial hacia el valle del Volga, la estepa del Caspio y los Balcanes luchando contra los jázaros y el Primer Imperio búlgaro. A su muerte en el año 972, la Rus de Kiev ya era un poderoso estado.

Esta confederación de tribus orientales se acabó convirtiendo en una gran potencia comercial al establecer contacto con Constantinopla, la capital del Imperio bizantino. Primero en condiciones poco amistosas y posteriormente mediante lazos comerciales a través de la exportación de pieles, cera de abeja y miel. Este intenso intercambio cultural llegó hasta tal punto que terminaron adoptando su religión oficial: el cristianismo ortodoxo, a través del hijo de Sviastoslav I, Vladimiro I, en el año 988. Entre los diferentes motivos para tal acción se encontraba el aunar bajo su cetro tanto el poder político como el religioso. Por otro lado, para afianzar esta unión con Bizancio, Vladimiro I se casó con Ana, la hermana del emperador bizantino Basilio II. La cristianización tuvo grandes consecuencias para la Rus de Kiev a todos los niveles, pues permitió acercar la ancestral cultura griega a los pueblos eslavos.

Algunas décadas después, tuvo lugar el Cisma de Oriente en 1054, mediante el cual quedaron separadas definitivamente las Iglesias de Roma y Constantinopla para gran desdicha de la cristiandad. Fue precisamente durante esta época, bajo el reinado de Yarislav I el Sabio (1019-1054) cuando la Rus de Kiev alcanzó su máximo expansión, extendida desde el Báltico hasta el mar Negro. Este mandatario se encargó de casar a sus hijas con diversas casas europeas: Dobroniega con Casimiro I de Polonia, Isabel con Harald III de Noruega, Anastasia con el futuro Andrés I de Hungría, Ana con Enrique I de Francia y posiblemente Ágata (sus orígenes son motivo de debate) con Eduardo el Exiliado de Inglaterra. No obstante, nuevos desafíos para la Rus de Kiev estaban todavía por llegar. El declive empezaría a palparse a partir del siglo XII debido a sus luchas internas y al declive comercial con el Imperio bizantino.

Dinastía Rurikida

Desmembración y colapso

A pesar del esplendor alcanzado por la Rus de Kiev tiempo atrás, sus días de grandeza pronto se terminaron. Las interminables guerras civiles entre los diferentes príncipes se fueron sucediendo sin remedio. Como resultado, surgieron múltiples principados autónomos gobernados por la dinastía Rurikida. Algunos de estos estados fueron los siguientes: el de Vladimir, el de Galitzia-Volynia, la República de Nóvgorod o el de Polotsk (antecesor de Bielorrusia), entre otros. No obstante, pese a esta desmembración, todos estas entidades seguían compartiendo una lengua, una cultura y una religión comunes. Además, por si fuera poco, en 1204 se produjo el saqueo de Constantinopla por un ejército cruzado supuestamente amigo. Este acontecimiento tan dramático desencadenó una severa crisis en su aliado comercial más cercano. Tras este suceso, el Imperio bizantino ya no volvería a levantar cabeza.

Por otro lado, años después estos príncipes se toparon con un enemigo inesperado procedente de lejanas tierras. Al igual que había ocurrido con otros estados en Asia, la llegada de las hordas mongolas al continente europeo en el siglo XIII en busca de nuevos territorios desestabilizó por completo a las naciones afectadas, incluida la Rus de Kiev. En el año 1223 tuvo lugar la batalla del río Kalka entre los mongoles y la Rus de Kiev junto con los principados de Galitzia-Volynia y de Chernígov y el pueblo cumano. Pese a este gran conglomerado de fuerzas, el resultado fue una contunde victoria de los invasores. Una nueva derrota se produjo en el río Sit en 1238, donde quedaron destruidas las restantes fuerzas de los principados rusos. Como consecuencia de estos reveses, los mongoles se hicieron con el control del territorio. La conquista mongola provocó el definitivo colapso de la Rus de Kiev y el posterior surgimiento de nuevos estados eslavos.

Tropas mongolas de la Horda de Oro. Fuente: arrecaballo

El avance de los mongoles sobre la desconcertada Europa parecía inexorable. Las sendas victorias en Liegnitz contra una gran coalición cristiana formada por el Sacro Imperio Romano Germánico, estados polacos, caballeros teutónicos, templarios y hospitalarios, y en Mohi contra el reino de Hungría, ambas ocurridas en abril de 1241, presagiaron lo peor. Toda la cristiandad temblaba ante el poder de los vástagos de Gengis Kan. Sin embargo, la temprana muerte de Ogodei Kan a finales de 1241 provocó que las tribus asiáticas se retiraran a sus posesiones en Asia con el fin de elegir a un nuevo sucesor. Por esta razón, sus conquistas en Europa se ralentizaron para alivio de su población. No obstante, la dominación mongola en la región duró cerca de 300 años con el posterior sometimiento por parte de la Horda de Oro, con capital en Sarái Batú. Este estado surgió tras la desintegración del extensísimo Imperio mongol en numerosos kanatos.

A la población dominada se le impuso un sistema burocrático y de recaudación de impuestos. Pero no todas las regiones sufrieron las mismas consecuencias como resultado de este vasallaje. Mientras que las tierras que conforman la actual Ucrania sufrieron una severa despoblación, los territorios más al norte pudieron sobreponerse mejor gracias al pago de tributos y a la oportuna actitud de príncipes como Alexander Nevsky. Habría que esperar hasta la llegada del Príncipe de Moscú Dmitri Donskói en el siglo XIV para desafiar a los asiáticos, cuyo poder se iría debilitando paulatinamente a partir de entonces. Un siglo después, Nóvgorod y Moscú se erigieron como nuevas potencias de la región. Incluso décadas después de la caída de Constantinopla por los otomanos en 1453, a Moscú se la llegaría a apodar como la ‘Tercera Roma‘ durante el reinado de Iván III el Grande, casado con Sofía Paleóloga (sobrina del último emperador bizantino Constantino XI). Como hemos podido observar, los estados actuales de Bielorrusia, Rusia y Ucrania tuvieron su origen común en la Rus de Kiev, uno de los estados medievales más importantes de Europa del este.

Bibliografía:

Plokhy, S (2006). The Origins of the Slavic Nations. Premodern identities Russia, Ukraine and Belarus. New York: Cambridge University Press.

Villatoro, P. M. (2021). ‘La verdad que estremece a Putin: el origen común de Ucrania y Rusia hace más de mil años’. ABC Internacional. https://www.abc.es/internacional/abci-verdad-estremece-putin-origen-comun-ucrania-y-rusia-hace-milenios-202201211617_noticia.html