Engañados y decapitados

El rey Ramiro II de Aragón es conocido como el “Monje” o el “Rey Campana”. Nació en 1086 y su padre fue el rey Sancho Ramírez de Aragón. Fue el menor de cuatro hermanos, por lo que se dedicó a la vida eclesiástica, dejando el legado político y militar a sus hermanos. Ramiro fue monje en Saint Pons de Thomières, una abadía de Languedoc, Francia. Posteriormente obtuvo el cargo de abad en San Pedro el Viejo, Huesca, para después ser obispo de Roda.

Tras la muerte de su padre, Pedro I de Aragón heredó el trono, pues era el primogénito, vástago de Sancho Ramírez con su primera esposa. Cuando éste murió, el sucesor fue Alfonso I Sánchez el “Batallador”, el segundo de los hijos del segundo matrimonio del rey Sancho, ya que el mayor, Fernando Sánchez, falleció antes que su progenitor. Finalmente, la muerte alcanzó a Alfonso I en 1134 tras la batalla de Fraga, lo cual llevó al benjamín, el monje Ramiro, a adquirir el trono de Aragón y los condados de Sobrarbe y Ribagorza unidos al reino.

La cuestión sucesoria no aconteció sin polémica, ya que el cargo de Ramiro como rey de Aragón fue rechazado por los reyes de Navarra y Castilla, por el papado y por parte de la propia nobleza aragonesa. La situación llegó a ser verdaderamente adversa para el nuevo rey Ramiro II, hasta el punto de que algunos de sus partidarios tuvieron que refugiarse en Ribagorza.

Monk. Ilustración de Arb Paninken.

Es en el marco histórico del mencionado conflicto sucesorio donde se ubica la leyenda de la campana de Huesca. Este célebre episodio es relatado en la Crónica de San Juan de la Peña o Crónica pinatense, cuya primera versión fue escrita alrededor del año 42 del siglo XIV por Tomás de Canellas (existen dos manuscritos más de los siglos XV y XVI cada uno de ellos). Dicha narración es una historia del reino de Aragón promovida por el rey Pedro IV, que cuenta lo sucedido desde sus orígenes hasta la muerte de Alfonso IV. Como suele suceder con este tipo de textos, la veracidad de los sucesos se encuentra marcada por aspectos legendarios y elementos dispuestos para la legitimación política que hoy incluso podríamos calificar de propagandísticos.

Ante la situación de inestabilidad, el rey monje pidió consejo a personas en las que confiaba entre las que destacaba el abad Frotardo, quien fuera su preceptor durante su larga estancia en Saint Pons de Thomières. El rey Ramiro II le envió un mensaje en el que explicaba su complicada tesitura, ya que en un principio intentó apaciguar la difícil circunstancia beneficiando con favores y concesiones a los nobles. Sin embargo, los beneficiados no respondían con la correspondiente simpatía, sino que se insubordinaban, desacataban la autoridad regia, robaban a los súbditos, mataban, hacían guerras y cometían toda clase de abusos. La respuesta de Frotardo no la realizó con palabras, pero fue clara: talló con su cuchillo las coles mayores del huerto del monasterio y ordenó al emisario que contara al rey lo que había presenciado.

Cuando el rey escuchó lo que el emisario expuso, tuvo claro que tenía que hacer lo mismo con su huerto: pasar a cuchillo todas las cabezas más prominentes de los nobles hostiles. Según cuenta la leyenda, para recuperar el control de su reino, Ramiro II convocó a los nobles y caballeros subversivos a unas Cortes en Huesca que tenían la finalidad, según el engaño del rey monje, la construcción de una campana que sea capaz sonar y ser escuchada allende sus propios territorios. Los nobles entendieron dicho propósito como una muestra del desvarío de Ramiro II y acudieron para probar su incapacidad de gobierno. Sin embargo, lo que se encontraron los nobles fue una pérfida y planificada celada, puesto que el monje los llamó uno a uno a su cámara del palacio real de Huesca y les fue cortando la cabeza a través de sus secuaces armados. Llegó a decapitar a trece personas y el resto huyó con la mortal advertencia a la que habían asistido. Se cuenta que ordenó los restos de los muertos en círculo y colocó la cabeza del más sedicioso, el obispo de Jaca, en el centro para representar el badajo de la campana.

La campana de Huesca. Pintado por José Casado del Alisal.

El violento suceso relatado en la Crónica de San Juan de la Peña puede tener una base histórica, ya que es mencionado en otras fuentes como la Primera Crónica general de España de finales del siglo XIII impulsada por Alfonso X, en los Anales toledanos primeros, y en la crónica Al-Bayan al-Mugrib escrita por Ibn Idari al comienzo del siglo XIV. No obstante, se ha demostrado que tan sólo uno de las personas que aparecen en el relato fue realmente contemporáneo de Ramiro II, además de haberse detectado alteraciones injustificadas en lo que respecta a las personas de confianza del rey. En 1623 Lope de Vega recreó literariamente el mito en su obra La campana de Aragón.

 

 

Bibliografía

Alagón, A. “Ramiro el Monje y la leyenda de la campana de Huesca”. National Geographic. N. 164.

Lapeña, A. I. Ramiro II de Aragón el rey monje (1134-1137). Ed. Trea. 2008: Gijón.

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