Pirrón y sus secuaces

El atractivo de las argumentaciones escépticas es innegable. El interés que producen sus razonamientos llega a seducir incluso a quienes se oponen al escepticismo. En esta ocasión destacamos una de las formas escépticas de pensamiento de la Antigüedad clásica: el pirronismo.

El término “pirronismo” hace referencia a la corriente filosófica griega escéptica impulsada por Enesidemo en el siglo I a.C. Este eximio pensador abandonó la Academia platónica, a la cual pertenecía, para desarrollar un escepticismo radical alejado de la orientación de dicha institución. En su obra Discursos pirrónicos, Enesidemo se remonta a Pirrón para establecerlo como iniciador e instaurador de la posición que él impele.

Los antecedentes más claros son Pirrón, naturalmente, y Timón, por el cual tenemos testimonio de su maestro, pues el primero no escribió nada. Sin embargo, la presentación más sistemática y copiosa del pirronismo se la debemos a Sexto Empírico, quien en su escrito Esbozos pirrónicos declara que “Pirrón se dedicó al escepticismo con más empeño y de modo más notable que cuantos le precedieron”, por lo cual los seguidores de esta peculiar escuela son denominados pirrónicos. No obstante, esta corriente escéptica se desarrolla y sofistica especialmente con Enesidemo.

A philosopher doing philosopher stuff. Ilustración de Rob Joseph.

Lo primero que cabe señalar es que el escepticismo es más una actividad que una doctrina. De hecho, la etimología del término así lo indica: skeptikoi quiere decir mirar con cuidado, examinar, investigar. Skeptikós alude al que busca o investiga. De modo que escéptico es quien tiene una actitud precavida antes de enjuiciar o tomar decisiones. Este sentido se trasladó a la postura de quien no considera que pueda haber una creencia justificada o que sea más razonable y gnoseológicamente más válida que su contraria.

El escepticismo pirrónico no se sostiene sobre ninguna afirmación. Es más, se opone a las posiciones dogmáticas de pensamiento, las cuales enuncian proposiciones sobre la verdad de las cosas. El escéptico se encuentra en investigación permanente debido a la carencia de conocimiento y a la duda constante. Normalmente el escepticismo intenta impugnar los criterios de validez.

Consiguientemente, la actividad del pirronismo sigue una trayectoria, no una doctrina, en la que se suceden cuatro categorías fundamentales, que son[1]: (i) la oposición de razones, (ii) la equipolencia de fuerzas entre las razones opuestas, (iii) la suspensión del juicio y (iv) la imperturbabilidad.

El concepto que marca el primer momento es la antitética (antithetike). La antitética es una capacidad por cuyo ejercicio se muestra la contraposición entre las distintas creencias y percepciones que existen ante un problema de orden cognoscitivo. Según Sexto Empírico, se oponen “apariencias” y “pensamientos” para buscar contradicciones. La oposición de razones se llevaba a cabo mediante tropos, los cuales eran modos de argumentación codificados que Enesidemo empezó a ingeniar.

El pensador, de Auguste Rodin.

El resultado de la antitética es la exhibición de la equipolencia (isosthéneia) de las distintas argumentaciones y percepciones. Lo que se muestra es que las distintas razones contrarias tienen la misma fuerza. Consecuentemente, nos encontramos en una situación de indecidibilidad, pues la igualdad del valor de los diversos criterios de verdad imposibilita que uno de ellos tenga un carácter definitivo.

La indecisión conduce a la suspensión del juicio (epoche). En este estado de prudencia, el escéptico no enuncia juicios (ni afirmativos ni negativos) sobre cómo es la realidad en sí. A lo sumo declara cómo le parecen las cosas o cómo se le aparecen.

El último paso de la trayectoria escéptica es el relacionado con la noción de imperturbabilidad (ataraxía). La ataraxia es el estado de serenidad del ánimo por la ausencia de agitación. Etimológicamente, ataraxia procede de la negación “a” y “tarásso” que significa turbar o agitar. Éste es el estado conveniente para llegar a la felicidad. En este punto se conectan las consideraciones sobre el conocimiento con un ideal moral. La suspensión del juicio en el ámbito de las opiniones y creencias se opone al estado de perturbación constante del dogmatismo. Respecto a las condiciones fisiológicas básicas no puede haber ataraxia, sino moderación. La ataraxia concierne a la búsqueda del conocimiento, más bien a su abandono, lo cual tiene una dimensión manifiestamente ética (para el pirronismo). Sexto Empírico califica de descubrimiento la existencia de los efectos atarácticos de la epoche. La ataraxia es la meta de la actividad intelectual de los pirrónicos.

“La ataraxia sigue a la suspensión del juicio como la sombra sigue al cuerpo”. Sexto Empírico

El escepticismo en general ha sido y sigue siendo (teniendo en cuenta los desarrollos y las distintas formas del escepticismo) una de las posturas intelectuales más combatidas. Entre las críticas más recurrentes se encuentra la acusación de inconsistencia de los resultados del escepticismo. Esto se entiende en tanto que sus pruebas para rechazar las pruebas y la postura de la imposibilidad del conocimiento, son tesis cuya validez admiten. Por tanto, los escépticos serían, en realidad, también dogmáticos. Además, la tesis de la imposibilidad de establecer algo como cierto anula sus propias condiciones de posibilidad, por lo que sería un contrasentido.

La respuesta, al menos la pirrónica, podría orientarse a decir que, en su suspensión del juicio, no tiene problema en aceptar las inconsistencias y el carácter autodestructivo de sus propios argumentos. Sus argumentos podrían funcionar como instrumentos desechables una vez alcanzada la imperturbabilidad. Asimismo, los pirrónicos no afirman ninguna tesis, por lo que no pueden incurrir en contrasentidos lógicos. Se podría replicar que todo esto supone el abandono de la racionalidad.

En definitiva, los pirrónicos no contraen compromiso con ninguna verdad, pero sí ajustan su comportamiento a las apariencias que las asumen como criterios prácticos. De este modo, Sexto Empírico nos dice que adapta su hábito “a las indicaciones de la naturaleza, a la necesidad de las pasiones, a las leyes y costumbres tradicionales y a lo que las artes enseñan”[2]. Además, declara que “sin dogmatismo, vivimos adaptándonos a las apariencias, acomodándonos a las reglas normales de vida, puesto que nos es imposible permanecer totalmente inactivos[3].

 

 

Bibliografía

Calvo, T. “El pirronismo y la hermenéutica escéptica del pensamiento anterior a Pirrón”. En Mirar con cuidado: filosofía y escepticismo. Coord. por Marrades Millet, M. y Sánchez Durá, N. Ed. Pretextos-Universidad de Valencia. 1994: Valencia.

Klein, Peter, “Skepticism”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Summer 2015 Edition), Edward N. Zalta (ed.).

Pajón Leyva, I. Categorías y supuesto del escepticismo pirrónico. Tesis doctoral, UCM, dirigida por Tomás Calvo. 2011: Madrid.

Sexto Empírico. Esbozos pirrónicos. Ed. Gredos. 1993: Madrid.

Vogt, Katja, “Ancient Skepticism”, The Stanford Encyclopedia of Philosophy (Winter 2016 Edition), Edward N. Zalta (ed.).

 

 

[1] Cf. Categorías y supuestos del escepticismo pirrónico de Ignacio Pajón Leyva pág. 155.

[2] Véase Esbozos pirrónicos.

[3] Ibíd.

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