Siempre me resulta curioso poder comparar el pasado histórico con el presente, extrapolando conceptos, hechos o ideas de los antiquis temporibus y aplicarlos en el contexto social de nuestro día a día. Además, poder explicar la Historia sirviéndome de ejemplos cotidianos y adecuarla así a un lenguaje y entendimiento más cercano al de cualquier persona es algo que me agrada y satisface. Es, simplemente, una forma amena y divertida de acercar la Historia a todas esas gentes que no son historiadores ni se mueven por la apabullante jungla de conceptos y cronologías por la que andamos los que nos dedicamos a esto de ser historiadores.

Imaginaros qué pasaría si en un momento dado se decidiera eliminar a cualquier futbolista de todas las fotos en las que apareciera; o eliminar el perfil de Instagram de algún actor o actriz famosos en cuestión de días; incluso hacer desaparecer la cuenta oficial de todas las redes sociales de algún político. Pues eso es lo que les sucedió en la antigua Romamutatis mutandis, a personajes como Calígula, Cómodo o Geta, quienes sufrieron tras su muerte la denigrante damnatio memoriae.

Condenar a alguien a la damnatio memoriae consistía en aplicar una pena judicial que se ejercía sobre personalidades indeseables a ojos del Senado romano, quien decidía aplicarla tras la defunción del indeseado en cuestión; incluso en época imperial, estando el poder del Senado mucho más mermado que en épocas anteriores, se siguió aplicando esta medida. Básicamente, consistía en hacer desaparecer cualquier evidencia de la existencia de la persona condenada: efigies, estatuas, mosaicos, pinturas, monedas, grabados, escritos, etc., llegándose incluso a la prohibición de pronunciar el praenomen (lo que equivaldría a nuestro nombre de pila) del difamado.

Hasta aquí todo podría parecer como algo curioso, incluso normal y comprensible si lo analizamos desde el punto de vista de la mentalidad romana de la época. Pero, ¿qué hay de la labor del historiador cuando tenemos que reconstruir el pasado de la antigua Roma? En muchas ocasiones la damnatio memoriae ha desfigurado los hechos de carácter histórico que conformaron la vida del condenado, enturbiando y alterando su vida, dificultando así el estudio y las investigaciones sobre cualquier personaje histórico al que se le hubiera aplicado esta condena de la damnatio memoriae.

Pero no solo se ha aplicado la damnatio memoriae en época romana. Hay algunos casos en épocas posteriores de personas que fueron condenadas a esta pena. Entre ellos destacan la damnatio memoriae que aplicó Stalin durante su gobierno, llegando a modificar fotografías para eliminar a sus enemigos políticos; y la prohibición de pronunciar el nombre de Juan Perón tras el golpe de Estado en Argentina de 1955. Como dato curioso, la literatura también bebe de estos hechos históricos para enriquecer sus novelas, seguro que todo el que haya leído la novela 1984 de George Orwell encuentra una clara relación entre la damnatio memoriae y la vaporización.

Estoy convencido de que después de haber leído esto, la mayoría de vosotros haya condenado a su particular damnatio memoriae a esa persona indeseable que parece no haber sido del agrado de uno por vete tú a saber qué cosas, acribillando a dislikes, eliminando fotos y desetiquetando a diestro y siniestro.

BIBLIOGRAFÍA:

-Castro Sáenz, A.: “Damnatio memoriae: el modelo de Domiciano un recorrido histórico-jurídico entre Tiberio y Trajano”. En e-SLegal History Review, nº 14, 2012.

-Varner, E. R.: Mutulation and transformation: Damnatio Memoriae and Roman Imperial Portraiture. Brill – Monumenta Graeca et Romana, 2004.