Un ángel es un tipo de ser sobrenatural que desempeña funciones de especial relevancia en las cosmovisiones de determinadas religiones, siendo un espíritu creado por Dios para su ministerio (según la definición de la RAE). Su representación iconográfica está presente y ha sido muy recurrente en el desarrollo de diferentes culturas, especialmente en las ligadas a las tres grandes religiones monoteístas, aunque no de forma exclusiva.

Existe gran variedad de doctrinas “angeológicas” dentro de diferentes concepciones religiosas y cosmogónicas. Sin embargo, es dentro del marco del judaísmo y, principalmente, del cristianismo donde la doctrina de los ángeles se ha construido a partir de precisiones teológicas eficaces que provocan cierto interés filosófico racional por los mecanismos conceptuales que emplea. A continuación hacemos mención de algunos de los núcleos temáticos más representativos dentro de la trayectoria de la teología cristiana. No pretende ser un estudio exhaustivo sobre los desarrollos teológicos de la noción de ángel, ni una discusión o pronunciamiento sobre la realidad de la cuestión.

Lo primero que destaca es su etimología, la cual alude a la noción de mensajero: el término actual procede del griego ἄγγελος cuya forma latina es angelus. El vocablo hebreo מֵלְאָךְ (mal’akh) es la palabra estándar para mensajero y es una de las que se usa para designar a un ángel.

Angel. Ilustración de KeCa Studio.

En el Antiguo Testamento un ángel es un enviado de Dios que en alguna ocasión, como el caso del “Ángel de Jehová”, se puede entender como una anticipación del Verbo de Dios. La intervención de los ángeles descrita en el Nuevo Testamento está relacionada con aspectos como la Anunciación o el consuelo de Jesús en el transcurso de la Pasión, entre otros. En cualquier caso, la consideración de los ángeles es la de seres creados por Dios. No obstante, tanto su naturaleza precisa como su destino y función han sido objeto de numerosos debates.

Todos los Padres de la Iglesia y teólogos cristianos concuerdan en admitir su naturaleza espiritual. Un primer desacuerdo estriba en la mera espiritualidad de los mismos, pues hay quien les atribuye un “sutilísimo” cuerpo etéreo o luminoso. En cuanto a su destino, parece haber una coincidencia en la aceptación del relato sobre la rebelión de algunos ángeles contra Dios, pero se discrepa sobre su salvación: pensadores como Orígenes (en De principiis) consideran que se salvarán en la apocatástasis final como todos los espíritus creados por Dios, mientras que otros, la mayoría y particularmente San Agustín (en De civitate Dei), asumen la eterna condena y la eterna beatitud de los ángeles rebeldes y de los buenos, respectivamente.

Fractal, alas de ángel

Ahora bien, el desarrollo de una doctrina teológica angeológica con carácter sistemático y fundamentado en las Escrituras lo confecciona por primera vez (pseudo) Dionisio Areopagita. La sistematicidad de su estudio concierne tanto a la naturaleza de los ángeles como su a organización tipológica en nueve coros y tres jerarquías. Sin embargo, la doctrina más completa la encontramos en la obra de Santo Tomás (particularmente en Summa Theologiae I, qq. L-LVI y Summa contra Gentiles II, 72 y 98), cuyo uso del sistema aristotélico le sirve para la construcción de su concepción angeológica. En este marco de sentido, es notable la interpretación de la realidad de los ángeles como substancias separadas e intelectuales. Tales substancias serían individuos y a la vez especies, por lo que cada uno de los ángeles es él mismo una realidad inmensamente amplia y completa siendo, además, inmortales e inmutables. Se trata de inteligencias puras que auxilian a Dios en su gobierno divino. Son espíritus puros creados por Dios cuya posición correspondiente en la jerarquía del ser se sitúa entre Dios y los hombres. Por este motivo el saber del que son poseedores es superior al de los humanos e inferior al de Dios, ya que no serían capaces de acceder por sí mismos a los designios del “corazón del hombre” o las eventualidades del futuro.

Y se entabló un combate en el cielo: Miguel y sus ángeles luchando con el Dragón. Y el Dragón luchó y sus ángeles, pero no tuvieron fuerza, no volvió a encontrarse su sitio en el cielo. Fue expulsado el gran Dragón, la Serpiente antigua que se llama Diablo y el Adversario, que engaña al orbe entero. Fue expulsado a la tierra, y sus ángeles fueron expulsados con él.(Apocalipsis 12, 7-9)

Ligada al tema de los ángeles se encuentra la cuestión demoníaca. El término “demonio” procede del latín tardío daemonĭum, y éste del griego bizantino δαιμόνιον (daimónion). Según la Summa Daemoniaca (obra escrita en el siglo XXI) de José Antonio Fortea un demonio no sería más que un ser espiritual de naturaleza angelical que ha sido condenado para la eternidad. Este sacerdote adopta la concepción angélica general, por la que estos seres no tendrían ningún tipo de materia. El carácter definitorio de este particular tipo de ángeles no es otro más que la voluntaria desobediencia de la Ley divina. Esto quiere decir que no fueron creados con una naturaleza “malvada”, sino que su transformación en demonios se debe a un acto de voluntad orientado a la rebeldía.

En definitiva, la cuestión de los ángeles ha estado relacionada con las ciertas formas religiosas y teológicas de entender el mundo y la propia existencia humana, presentes en manifestaciones culturales que han vertebrado civilizaciones sobre las que se asientan muchas sociedades actuales. Por lo tanto, es imprescindible tener en cuenta estas ideas para comprender nuestro propio desarrollo cultural, y hacerlo sin prejuicios o intenciones que vayan más allá de la aclaración conceptual.

 

 

Bibliografía

Agustín, Santo, Obispo de Hipona (2013). La ciudad de Dios. Madrid: Tecnos.

Fortea, J. A. (2012). Summa Daemoniaca. Tratado de demonología y manual de exorcistas. Zaragoza: Dos Latidos.

Orígenes (2015). Sobre los principios. Madrid: Ciudad Nueva.

Pseudo-Dionisio Areopagita (2008). La jerarquía celestial; La jerarquía eclesiástica; La teología mística; Epístolas. Buenos Aires: Losada.

Tomás de Aquino (2007). Suma contra los gentiles. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

Tomás de Aquino (2010). Suma teológica. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos.

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