Serie: Érase una vez España

Capítulo 01: en el principio…

Hace mucho tiempo, cuando Dios se dispuso a descansar después del esfuerzo de la creación, sus últimas creaciones, aquellas más semejantes a Él, se aprestaban a descubrir el mundo que les había sido dado. Dejando su tierra natal y en un viaje cargado de peligros, quién sabe en qué primigenias pateras vendrían nuestros primeros antepasados desde el corazón de África.

Antes que nada, el lector debería saber que la prehistoria es todavía un terreno algo controvertido cuyos estudiosos cargan con el encomiable esfuerzo de explicar la evolución de la humanidad a partir de escasos, muchas veces dudosos, fósiles y restos. Estudiando estos viejos restos, tratan de describir, mediante hipótesis y conjeturas, el devenir de la humanidad y sus comienzos, por lo que ésta “prehistoria oficial” siempre está sujeta a posibles cambios tras el hallazgo de un nuevo fragmento de hueso o porción de cualquier tipo de utensilio. Sabiendo eso, a día de hoy, el rastro más antiguo de nuestros primeros ascendientes se remontan 900.000 años; en Atapuerca (Burgos) se asentó una comunidad de exploradores Homo antecessor (considerada la especie homínida más antigua de Europa). Los huesos humanos de Orce de 1,6 millones de años en Orce (Granada) más bien parecen de origen animal.

Esquema de los yacimientos dentro del Complejo de Atapuerca. Imagen de Historia y Arqueología

Brutos y no tan listos, estos individuos aún no habían descubierto el fuego y vivían de la recolección de plantas y frutos comestibles aunque, sobre todo, de las sobras que otros carroñeros más escrupulosos que ellos dejaban atrás. Viviendo alrededor de ciervos, caballos y leones no dudaban, en pos del ahorro alimenticio, darse un banquete con sus propios difuntos. Debía ser éste el primer antecedente de los actuales refrigerios que se sirven en algunos entierros.

Uno de los primeros pobladores de Europa, y de los más conocidos, fue el hombre de Neandertal hace ya unos 150.000 años. Su origen no está bien claro pero lo que sí se sabe con certeza es que coincidió en el tiempo y en el espacio con nuestro ascendiente más directo, el Homo sapiens hasta que el Neandertal, acabó por extinguirse 40.000 años ha. Nuestra denominación científica antes duplicaba el adjetivo final, Homo sapiens sapiens, que bien parece  bastante redundante e inmerecida. Hoy en día se usa exclusivamente el nombre binomial.

Cráneo reconstruido encontrado en la Sima de los Huesos.

El homo sapiens (hombre de Cromañón), mucho más espabilado que sus mayores, se encargó de inventar las primeras y primitivas lanzas, anzuelos, arcos y flechas, erigiéndose en los verdaderos reyes de la creación al perfeccionar su destreza en la caza y conseguir una defensa efectiva contra las fieras. Así, el listo débil no dejó de prosperar mientras el torpón fuerte decaía y desaparecía. ¿Mestizaje? ¿El primer genocidio humano? Hasta nueva orden y dejando atrás todo rastro de teorías conspiranóicas ustedes pueden quedarse con la tranquilizadora idea de que el Neandertal se extinguió por culpa de la darwiniana selección natural. Aunque hay estudios que señalan que los neandertales no eran menos inteligentes que los homo sapiens. De hecho la caja craneana del Neandertal era mayor que la del Sapiens.

El hombre podía entonces dedicarse a cazar, pescar y recolectar sin más oposición que las de las fieras que de tanto en tanto intentaban revertir la situación y tomar su lugar. Durante decenas de miles de años el tiempo y las costumbres permanecieron casi inalterables, eso sí que era conservadurismo. Pero un buen día, hace unos 10.000 años, todo cambió.

En un calentamiento global del que poco tiene que envidiar el actual, los hielos que cubrían casi todo el mundo comenzaron a derretirse y el clima se suavizó. La fauna que más alimentos proporcionaba (sobre todo bisontes y renos aunque algún lanudo mamut teníamos por aquí) comenzaron una constante migración hacia el norte. Así, sin prisa pero sin pausa, las tribus de cazadores tuvieron que amoldarse a los nuevos tiempos. Algunas persiguieron a los animales y organizaron las primeras migraciones de parados hacia Alemania, pero otras tantas optaron por quedarse en una tierra a la que habían empezado a cogerle cariño. La falta de alimento creó una competencia hasta entonces desconocida y los primeros hombres, tan amistosos y dialogantes como ahora, hicieron uso de las viejas armas de caza para dedicarlas a una nueva actividad que acabaría convirtiéndose prácticamente en un deporte nacional: la guerra.

Ñus en la Gran Migración del Serengeti. Fotografía de tanzaniatouristboard.com.

Poco a poco, superando todas las dificultades y acuciados por el hambre y los conflictos, la humanidad, como siempre ha ocurrido en los momentos de mayor necesidad, dio un gigantesco paso hacia adelante. Este gran paso en esta ocasión consistió en, nada más y nada menos, domesticar determinados animales y plantas. El hombre acababa de inventar la ganadería y la agricultura.