Se conoce como Primavera de Praga al período de liberalización política y protestas masivas ocurrido en Checoslovaquia desde el 5 de enero hasta el 21 de agosto de 1968. Como consecuencia de este desafío contra el poder de la Unión Soviética en Europa del Este, las tropas del Pacto de Varsovia irrumpieron en el país para sofocar las ansias reformistas. Sin embargo, al igual que ocurrió con otras revueltas similares, se había encendido la llama de la esperanza en la población checoslovaca.

Ciudadanos checos subidos a tanques soviéticos en Praga el 21 de agosto de 1968. Fuente: Elpaís

Antecedentes: tímido aperturismo

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial en 1945, Checoslovaquia quedó en un frágil equilibrio entre las potencias vencedoras (Estados Unidos y la URSS). Todos los territorios que le habían sido usurpados fueron restituidos a excepción de Rutenia, que pasó a formar parte de la República Socialista Soviética de Ucrania. Sin embargo, en febrero de 1948 un golpe de Estado acabó con su sistema democrático quedando definitivamente bajo la órbita de la Unión Soviética. En 1956 Nikita Kruschov presentó su Informe Secreto al XX Congreso del PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética) con el fin de denunciar las atrocidades cometidas durante la época de Stalin (1924-1953). El 14 de marzo de 1957, Antonin Novotny fue elegido secretario general del partido comunista checo y en el mes de noviembre, presidente de Checoslovaquia. En el contexto de la desestalinización de la Unión Soviética, Novotny inició una cierta apertura aunque algo más lenta que sus aliados del Bloque del Este. En 1960, sacó de prisión al comunista Gustav Husak (futuro presidente de Checoslovaquia), que había sido condenado a cadena perpetua acusado de nacionalismo burgués eslovaco.

A principios de los 60, Checoslovaquia entró en recesión económica. Novotny trató de restructurar la economía a través del Nuevo Modelo Económico de 1965, cuyo teórico era Ota Sik. Este modelo pretendía dar mayor capacidad de acción a los mecanismo del mercado y reducir la planificación estatal. En 1966 se creó una comisión estatal de gestión y organización con el objetivo de aumentar la participación de los trabajadores. A su vez, estas medidas de carácter económico motivaron una mayor demanda de reformas políticas. La Unión de Escritores Checoslovacos comenzó a sugerir que la literatura se mantuviera independiente de la doctrina oficial del partido. Sin embargo, esta muestra de rebeldía no fue bien recibida por el aparato burocrático, que meditó en emplear sanciones. Uno de aquellos miembros del partido que defendió estas acciones fue Alexander Dubcek, que más tarde se convirtió paradójicamente en uno de los principales defensores de reformar el sistema. El presidente Novotny fue criticado por Dubcek así como por otros compañeros del partido. Esta oposición hacia Novotny, fue aprovechada por Dubcek para ser elegido secretario general del partido comunista de Checoslovaquia el 5 de enero de 1968.

Alexander Dubcek

Nada más asumir su cargo, Dubcek puso en marcha un programa de reformas conocido como la Primavera de Praga. Su objetivo era una política de ‘socialismo con rostro humano‘. Dubcek trató de democratizar al estado checoslovaco para iniciar su apertura orientada hacia los países occidentales. El 4 de febrero el presidente de la Unión de Escritores Checoslovacos se posicionó abiertamente en contra de Novotny por sus políticas inmovilistas. Ante el clima que se estaba generando, Dubcek optó por dar cabida a la crítica dentro de los medios de comunicación de acuerdo con el espíritu de construir un socialismo que respondiera a las tradiciones democráticas de Checoslovaquia. Una de las acciones más importantes fue la reducción de la censura de prensa, efectuada formalmente el 4 de marzo. Dieciocho días más tarde, Novotny fue sustituido por Ludvik Svoboda como presidente de Checoslovaquia. Este nuevo líder dio su consentimiento al proceso reformista. El 8 de abril de 1968, Oldrich Cerník ocupó el cargo de primer ministro. Desde su puesto no se obstaculizaron las reformas.

Así mismo Dubcek, lanzó su ‘Programa de Acción‘ que apoyaba la libertad de prensa, de expresión y de movimiento. Además se barajó la posibilidad de un gobierno multipartidista en un futuro cercano. Hay que destacar que dentro del ‘Programa de Acción‘ se evitó a toda costa criticar las acciones represivas que tuvieron lugar por parte del aparato soviético después de la Segunda Guerra Mundial. Tan solo se reconsideraron algunas medidas que se habían puesto en marcha para combatir a los restos de la burguesía. Por otro lado, se enfatizó la necesidad de modernizar a la economía checoslovaca para adherirse a la revolución científica-técnica del mundo. Hasta entonces el sector predominante había sido la industria pesada. Dentro de este programa reformista, se sugirió la posibilidad de que los puestos de cierta responsabilidad fuesen ocupados por cuadros de expertos socialistas para poder competir con los países capitalistas. Dubcek pretendía combinar la economía planificada y el libre mercado, aunque esto provocó ciertas tensiones dentro y fuera de Checoslovaquia. El sucesor de Kruschov como líder de la Unión Soviética, Leonid Breznev, se inquietaba por las consecuencias que estas reformas pudieran desencadenar en el Bloque comunista del Este.

Respuesta del Pacto de Varsovia

El 23 de marzo de 1968, los líderes de los ‘Cinco de Varsovia‘ (Unión Soviética, Hungría, Polonia, Bulgaria y Alemania Oriental) se reunieron en Dresde (RDA) para discutir sobre la cuestión de las reformas de Checoslovaquia. A principios del mes de mayo, Breznev planteó la propuesta de realizar ejercicios militares en la nación checoslovaca como medida de presión sobre los políticos reformistas. Poco después, tuvo lugar otra reunión en Moscú en la que se emplazó a utilizar a los ejércitos de los países del Pacto de Varsovia. El líder de Bulgaria, Todor Zivkov, fue el primero en proponer el uso de la fuerza militar para contrarrestar la Primavera de Praga. El gobierno checoslovaco no tuvo más remedio que autorizar los ejercicios militares de sus ‘aliados’ en su territorio, denominados ‘Sumava’. Dichas maniobras militares que dieron comienzo el 20 de junio, sirvieron como un ensayo para la futura invasión. Todavía recientes los sucesos del Mayo del 68 francés, el resto de países europeos empezaron a prestar atención a Checoslovaquia. A pesar de las promesas iniciales, las tropas del Pacto de Varsovia permanecieron en el país una vez terminados los ejercicios. La decisión para la intervención militar fue tomada por el politburó el 22 de julio. No obstante, se mantuvieron reuniones bilaterales con los representantes checoslovacos, los cuales presentaban posturas muy enfrentadas.

Finalmente, el 3 de agosto de 1968 se firmó la Declaración de Bratislava por parte de los ‘Cinco de Varsovia‘ con el objetivo de expresar la inquebrantable fidelidad al marxismo-leninismo y al internacionalismo proletario además de combatir a la ideología burguesa y a las ‘fuerzas antisocialistas’. La Unión Soviética acordó retirar sus tropas aunque se mantuvieron cerca de las fronteras checoslovacas. En los días siguientes, la URSS se fue reafirmando en la necesidad de efectuar una invasión. La razón última fue la elección de los delegados para el próximo congreso del partido comunista de Checoslovaquia, en los que un 75% eran reformistas. Yuri Andropov, embajador de Checoslovaquia y futuro líder de la URSS, fue el principal impulsor de la invasión de las tropas del Pacto de Varsovia al territorio checoslovaco. Para ello, se fabricaron noticias falsas de que Checoslovaquia podía ser víctima de un ataque inminente de la OTAN o de un golpe de Estado. En la noche del 20 al 21 de agosto, 200.000 soldados acompañados de 2.000 tanques irrumpieron en la República Socialista Checoslovaca. La primera acción fue la ocupación del aeropuerto internacional de Praga. En la mañana del día 21, Checoslovaquia estaba bajo el control de la Unión Soviética y sus aliados. No obstante, a pesar de su pertenencia al Pacto de Varsovia, tanto Rumania, Bulgaria como Alemania Oriental no participaron en la invasión.

Tanques soviéticos en las calles de Praga

Consecuencias y legado

La represión llevada a cabo por las tropas del Pacto de Varsovia fue dramática. Durante la invasión, 72 ciudadanos checos fueron asesinados, 260 fueron heridos de gravedad y otros 436 leves. Alexander Dubcek pidió a la población checa que no se resistiese, pese a lo cual hubo multitud de enfrentamientos. Por otro lado, ante la imposibilidad de llevar a cabo las pertinentes reformas democráticas, tuvo lugar una intensísima emigración como nunca antes se había visto. Se estimó un total de 300.000 ciudadanos que se marcharon de Checoslovaquia tras el fracaso de la Primavera de Praga. Además 800.000 personas fueron perjudicadas en sus empleos y formas de vida.

La resistencia mostrada por la población checoslovaca hizo que la Unión Soviética estimase oportuno no cesar a Dubcek. En vez de eso, fue llevado a Moscú para iniciar las negociaciones. En la capital soviética, Dubcek junto con el presidente Svoboda, el primer ministro Cerník y el presidente de la Asamblea Nacional Smrkovsky se vieron obligados a firmar el Protocolo de Moscú bajo presión de las autoridades soviéticas. Dubcek permaneció en su cargo seis meses más comprometiéndose con un programa de reformas moderada, aunque su papel ya era meramente simbólico. El primer ministro Cerník se distanció públicamente del programa reformista aunque esto no impidió ser cesado el 28 de enero de 1970.

Al otro lado del Telón de Acero, las críticas a la invasión fueron más bien tibias. Canadá, Dinamarca, Reino Unido, Francia, Paraguay y Estados Unidos solicitaron una reunión del Consejo de Seguridad de la ONU. El embajador checo Jan Muzik denunció la invasión mientras que su homólogo soviético Jacob Malik aseguró que la intervención en Checoslovaquia se trataba tan sólo de una asistencia fraternal contra fuerzas antisociales. Curiosamente, uno de los países que más criticó esta acción fue la República Popular China que se opuso tajantemente a la ‘doctrina Breznev‘. Según esta doctrina, el régimen soviético se arrogaba el derecho a intervenir en cualquier nación que no contara con el visto bueno del Kremlin. En la propia Unión Soviética hubo algunas protestas el 25 de agosto que fueron reprimidas con dureza.

El 9 de septiembre de 1968, durante el Congreso del partido comunista de Checoslovaquia se aprobó una nueva ley de censura: ‘La prensa, la radio y la televisión son, ante todo, los instrumentos para llevar a la práctica las políticas del Partido y el Estado‘. Seis meses más tarde, se instaló una censura total en todos los medios de comunicación. El 17 de abril de 1969, Dubcek fue cesado como secretario general del partido en favor de Gustav Husak. Posteriormente fue enviado como embajador a Turquía hasta que fue expulsado definitivamente del partido. Se le concedió un honorable puesto de oficial forestal en la empresa Bosques del Estado de Eslovaquia Occidental hasta su jubilación en 1985. A lo largo de este período siempre fue objeto de una intensa vigilancia.

A pesar del aparente triunfo de la Unión Soviética sobre la rebelde Checoslovaquia, la trascendencia posterior de este evento contribuyó a erosionar su imagen en el exterior. Muchos intelectuales de izquierdas se desilusionaron con el proyecto comunista de la Unión Soviética, aumentando el crecimiento de las ideas eurocomunistas en Occidente sin por ello renunciar al marxismo. Por otro lado, la influencia del Mayo francés del 68 seguía estando muy presente en muchos países. Es de destacar que al contrario de anteriores revueltas como las ocurridas en Alemania del Este (1953), Polonia y Hungría (ambas de 1956), la respuesta soviética fue mucho más suave en el caso de Checoslovaquia pese a los números anteriormente expuestos. No sería hasta finales de 1989, cuando la Revolución de Terciopelo acabó con la dimisión de Gustav Husak como presidente de Checoslovaquia para iniciar el camino hacia la plena democracia.

Revolución de Terciopelo, 1989. Fuente: analisislibre.org

Bibliografía:

Cardona, P. (2021). Osos, átomos y espías. Principal de los Libros, Barcelona.

León M. I. J. (2018). ‘La Primavera de Praga.’50 años de un reprimido intento libertario’. http://www.analisislibre.org/la-primavera-de-praga-50-anos-de-un-reprimido-intento-libertario/

Motos S., E. M. (2021). Historia del comunismo. Editorial Sekotia, S. L.

Williams, K. (1997). The Prague Spring and its Aftermath: Czechoslovak Politics, 1968–1970. Cambridge University Press.

Foto de portada procedente de Elpaís