Ya sea por experimentación, por curiosidad o por encontrarse en una situación de vida o muerte, a lo largo de la historia ha habido numerosos casos de personas que se han sometido a una autocirugía. Estas personas han demostrado que las cosas más impensables son posibles.

Dr. Evan O’Neill Kane

Fue un cirujano estadounidense que dedicó parte de su carrera a la experimentación médica. Experimentó, entre otras cosas, con música terapéutica y con la utilización de nuevos materiales como los vendajes de amianto (hoy prohibidos). También fue conocido por realizar tatuajes en sus pacientes y en los recién nacidos y sus madres, práctica que justificaba como una forma de evitar sustracciones o cambios en los bebes, pero también como sistema de ordenación de pacientes.

Así, en 1919 se autoamputó un dedo para evitar una infección. Pero esto no es todo: en febrero de 1921, a sus 60 años, se realizó una apendicectomía para demostrar que ésta se podía realizar con anestesia local; una operación que tuvo gran alcance mediático.

En 1932 se embarcó en una intervención todavía más arriesgada: se operó a sí mismo una hernia inguinal. Una operación de alto riesgo dada su elevada edad, además de que tenía que evitar a toda costa tocar su femoral bajo riesgo de morir desangrado. Tras dos horas de operación, el cirujano y a la vez paciente salió airoso. Esta vez la repercusión mediática fue inferior, pues el doctor se había visto salpicado por el supuesto encubrimiento del asesinato de su nuera (por parte de su propio hijo).

Evan O’Neill Kane

Leonid Rogózov

El doctor Leonid Rogózov fue muy conocido, hasta se convirtió en héroe nacional, por extraerse su propio apéndice en una estación soviética en la Antártida.

En 1960, con 27 años, el doctor se encontraba en la base Novolazarevskaya, en la Antártida, y formaba parte de un equipo de trece investigadores que realizaban allí experimentos a una temperatura media de -11.0 grados. Mala fue su suerte cuando el 29 de abril de 1961 cayó enfermo. Sentía debilidad, náuseas, su temperatura se elevó y sentía un dolor muy agudo en la región del abdomen. Ante semejante cuadro médico, no había ninguna duda: el doctor tenía apendicitis. Para su desgracia, era el único médico en la base y dadas las condiciones meteorológicas no había posibilidad de obtener ayuda de la ciudad más próxima, Mirny, ni de volar a ninguna estación cercana.

La única solución: operarse a sí mismo para evitar una peritonitis. El 30 de abril de 1961 a las 22.00 comenzó la cirugía. Como ayudantes, Leonid contó con el meteorólogo Alexander Artémiev, que sujetaba los retractores y ayudaba con la instrumentación, y el ingeniero mecánico Zinovi Teplinski, que sostuvo el espejo y la iluminación durante el proceso. Rogózov, además, les enseñó lo que debían hacer en caso de parada, cómo introducir las medicinas y administrar la respiración artificial.

Así, Leonid se colocó de tal manera que pudiera realizar la operación con el mínimo uso del espejo. Se inyectó una anestesia local de novocaína, hizo una incisión de 12 cm y comenzó a buscar su apéndice. Tras diferentes complicaciones tales como que los propios ayudantes casi se desmayan ante lo violento de la situación, así como el mismo Rogózov, que necesitó hacer breves descansos para mantenerse despierto, la operación terminó exitosamente. La intervención había durado 1 hora y 45 minutos y en una semana se encontraba completamente recuperado. Había conseguido salir de aquella pesadilla que pudo costarle la vida.

“¡Finalmente ahí estaba, el maldito apéndice! Con horror note una mancha oscura en su base. Eso significaba que sólo un día más y habría estallado… Mi corazón se agarrotó y se ralentizó notablemente, mis manos se sintieron como de goma. Bueno, pensé, va a terminar mal y todo lo que quedaba era extirpar el apéndice”, recordó.

Leonid Rogózov

Jerri Nielsen

Jerri Nielsen fue una doctora estadounidense que en 1998 viajó a una base del Polo Sur llamada Amundsen-Scot. Durante el invierno de este año, Jerri se detectó un bulto en el pecho. Dadas las bajas temperaturas, que podían alcanzar más de 38 grados bajo cero, no había posibilidad inmediata de recibir ayuda médica. Por ello, ella misma se realizó dos biopsias con ayuda del soldador de la estación. Un patólogo al que enviaron las imágenes confirmó que tenía un tumor maligno. Tras ello, la doctora se sometió a quimioterapia gracias al envío de un avión que lanzó con paracaídas instrumental y medicamentos, hasta que pudieron rescatarla. Jerri Nielsen relató su historia en La prisión de hielo.

Jerri NielsenAmanda Feilding

Amanda Feilding fue una artista y científica que, en vida, defendió activamente el uso de las drogas con fines recreativos. Dado que siempre se mostró muy interesada en los estados de consciencia alterados, quiso investigar sobre las posibilidades de expansión de la misma. Para ello no sólo tomaba sustancias psicoactivas: con tan solo 27 años, decidió experimentar con una autotrepanación, proceso que grabó para utilizar el material posteriormente en su corto “Heartbeat in the brain”. También escribió un libro sobre la influencia de la presión sanguínea en la consciencia y creó la Fundación Beckley, que aboga por el uso saludable de las drogas y la promoción de leyes menos restrictivas.

Amanda FeildingJan de Doot

Pero estas prácticas no son exclusivas del siglo XX. En el siglo XVII, un herrero procedente de Amsterdam y llamado Jan de Doot sufría de continuos y agudos dolores debido a un cálculo en la vejiga. Dado que en aquel momento no se había aun desarrollado la cirugía de próstata, el herrero decidió poner solución a su situación con sus propias manos. Así, con un cuchillo de cocina, se abrió el perineo y extrajo el cálculo que le atormentaba. Lo hizo “con la ayuda de Dios”, según celebró después en unos versos. La historia de Jan de Doot nos ha llegado a través del relato de Nicolaes Tulp en Observationes Medicae de 1672.

Carel van Savoyen, Jan de Doot
Jan de Doot. Carel van Savoyen, 1655. Muestra a Jan de Doot después de la intervención mostrando en su mano derecha el cálculo extraído y con su mano izquierda sostiene el cuchillo con el que se operó. Este cuadro se conserva en la colección de pintura del Servicio de Patología de la Universidad de Leiden.

Graham Smith

No menos sorprendente es el caso de Graham Smith, un ingeniero inglés que se intervino a sí mismo para retirarse unos puntos internos. Le habían operado el intestino quince años antes de este momento y le habían dejado un hilo de nailon de ocho centímetros que le provocaba muchas molestias. Como no conseguía cita en el hospital, decidió que lo mejor era solucionar su problema por sí mismo. Con el instrumental de titanio que le dejó un amigo dentista se abrió hasta encontrar la vieja sutura y se retiró el hilo. Smith admite ahora que su iniciativa fue imprudente, pero el dolor le hizo estar desesperado y tomó esa solución drástica después de que sus citas para ser operado fuesen canceladas en dos ocasiones.

graham smith

Inés Ramírez

El caso de Inés Ramírez es realmente sorprendente. Los hechos ocurrieron en México, en Río Talea, Municipio de San Lorenzo Texmelucan. En el año 2000, Inés se puso de parto. Ya tenía siete hijos, el último de los cuales murió al dar a luz. El 6 de marzo, tras sentir intensos dolores, con casi diez meses de embarazo, decidió evitar una posible tragedia. Bebió unos tragos de alcohol casi puro, cogió un cuchillo y se abrió el útero. Consiguió la abertura necesaria para que el niño pudiera salir sano y salvo. Unas horas después se desplazada a un centro de salud donde la trataron, pues obviamente había perdido mucha sangre y se encontraba muy debilitada. Inés fue intervenida quirúrgicamente durante tres horas para restaurarle los daños sufridos en el vientre. Los médicos le solicitaron al marido que regresara a Río Talea en busca del recién nacido para ser revisado y comprobar que no había sufrido ningún daño.

Ines Ramírez

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