Son muchas las teorías que han surgido en torno a la pregunta, ¿por qué pintaban los primeros humanos?, ¿por qué están muchas de las cuevas que fueron habitadas por estos humanos llenas de dibujos? En este artículo se quieren presentar algunas de las hipótesis más destacadas sobre el origen de este arte.

Cueva de Altamira

Ritual para propiciar la caza

La primera de la que se va a hablar fue la dada en 1903 por el arqueólogo de origen francés, Salomón Reinach. Salomón afirmó que las pinturas de animales eran una especie de ritual con el que se pretendía propiciar la caza. Esta idea estuvo presente durante décadas pero ya no tiene tanta importancia.

Magia Premonitoria

Abbé Breuil (arqueólogo y prehistoriador francés) y Henri Begouën (licenciado en derecho y doctor honoris causa) afirmaron que, con sus dibujos, los prehistóricos pretendían influir en el resultado de la caza. A esto lo llamaron “magia premonitoria”. Según Breuil, habría que hablar de esta teoría relacionándola con la magia y no con la espiritualidad, ya que este segundo concepto haría referencia a la religión. Esta hipótesis también se ha descartado debido a que las imágenes de animales atravesados por flechas no son lo suficientemente abundantes y, además, no coinciden con los restos arqueológicos que se han hallado en estas zonas y que nos mostrarían los animales que realmente cazaban.

Igualmente, García Díez (arqueólogo de la Universidad Complutense) advierte que en la cueva de Ekain (Guipúzcoa) se pueden observar decenas de caballos pintados en las paredes mientras que en el suelo no se encontró ningún hueso de este animal, sino de ciervos y de cabras.

Caballo pintado

Cosmogonía

El arqueólogo Roberto Ontañón defiende, además, que lo que los prehistóricos pintaban no era lo que veían. Argumenta esta hipótesis diciendo que los animales pintados corresponden, en un 90 % del total, a 6 o 7 especies por lo que podrían no representar a animales en sí, sino ser símbolos, una especie de Dioses. “Los principios estructurantes de una cosmogonía”.

Estructuralista

Una de las teorías más inquietantes y atrevidas sobre lo que pueden significar las pinturas paleolíticas es la denominada “estructuralista”. Esta teoría se defendió a finales del siglo XX por el prehistoriador francés André Leroi-Gourhan. Así, él opinaba que las pinturas rupestres no estaban distribuidas de forma aleatoria y que tenían una razón. Formaban estructuras binarias. Por ejemplo, la pareja caballo/bisonte podría mostrar la dualidad masculino/femenino.

Sus trabajos animan a la interpretación de las pinturas como narraciones mitológicas que se repiten en distintas cuevas. Sin embargo, este planteamiento nunca llegó a demostrarse de forma científica, aunque sí tuvo cierta influencia dentro del ámbito universitario.

Tótem

Otra hipótesis es la denominada “totemismo” según la cual cada grupo o clan estaría representado por un animal al cual consideraban sagrado (su tótem). Este animal sería venerado por su protección y la herencia que representa. Sin embargo, esto no encaja con el hecho de que el arte paleolítico en Europa muestra una gran homogeneidad en lo que se refiere a las especies dibujadas. En miles de años y en zonas geográficas muy diferentes se observan los mismos animales, especialmente, renos, bisontes y caballos. Además, los animales pintados aparecían, en algunas ocasiones, atravesados por flechas, algo que no coincidiría con la veneración que supuestamente deberían darles según esta teoría.

Períodos de Trance: chamanismo

Jean Clottes y David Lewis-Williams hablaron de la hipótesis del “chamanismo” que, anteriormente, había promovido Mircea Eliade (historiador rumano). Según este supuesto, los dibujos de las cuevas serían el resultado de visiones percibidas durante períodos de trance o en situaciones próximas a éste. A pesar de no tener una gran aceptación, numerosos espeleólogos (personas encargadas del estudio de la morfología y de las formaciones geológicas de las cuevas) afirman que la humedad, la oscuridad y la falta de percepciones sensoriales pueden conducir a alucinaciones ópticas y auditivas. Así, las cavernas podrían haber tenido una doble función: facilitar visiones y entrar en contacto con espíritus a través de las paredes. Jean llegó a aclarar que esta hipótesis solo la ve viable para aquellas pinturas situadas en las profundidades de una zona estrecha y no las realizadas en espacios más amplios a las que les atribuye un papel didáctico.

Imágenes como expresión

El antropólogo Philippe Descola habla de la llamada “ausencia de palabras”. Según él, los prehistóricos pudieron sentirse más cómodos al expresarse mediante imágenes ya que es posible que ni siquiera fueran capaces de poner nombre a lo que pintaban. Se piensa, incluso, que podrían tener ciertos conceptos tabú que no expresaban con palabras.

El arte por el arte

En 1915, el arqueólogo Juan Cabré se preguntó:”¿Qué harían allí tales gentes y por multiplicados días? Pues vivían de la caza, pensaban en ella, en los medios de conseguir alimentos y en cómo prepararlos”. La idea de decoración por aburrimiento o del arte por el arte fue una de las primeras respuestas ante este interrogante, pero actualmente se rechaza. Según esta teoría los prehistóricos pintaban o grababan por razones exclusivamente estéticas. Esto, sin embargo, no cuadra con el hecho de que las figuras llevadas a cabo durante 30.000 años en Europa no cuentan con la misma calidad estética. Además, toda la pintura se encuentra en espacios interiores (las cuevas). Ante esto, surge la pregunta ¿Para qué representaban la belleza si luego no la compartían?

Artistas prehistóricos

Por su parte, Pedro Saura (Catedrático de fotografía en la facultad de bellas artes de la Universidad Complutense de Madrid) fue el encargado, junto a su mujer Matilde Múzquiz (ya fallecida), de pintar con óxido de hierro y carbón la réplica de la cueva de Altamira que se encuentra junto a la cueva original. Saura afirma que los autores de estas pinturas fueron artistas, como pueden serlo para nosotros Velázquez o Picasso, eran personajes relevantes y profesionales.

Las pinturas como diferenciación territorial

García Díaz asegura que no hay solo una Altamira, sino que hay muchas. Así, se ha demostrado que las pinturas de esta cueva tienen miles de años de diferencia por lo que en ellas se puede ver una evolución en la forma de pintar. El arqueólogo explica que hubo una primera Altamira de signos, posteriormente, otra etapa de caballos rojos. La tercera fase se basaba en pinturas de ciervos y, finalmente, la última lo sería de bisontes pintados hace unos 15.000 años. Por lo tanto, lo que se verían son todas estas etapas solapadas. García Díaz acabaría, por tanto, decantándose por estas pinturas como una especie de diferenciación de unos grupos con otros, de marca de territorio. Esta misma hipótesis la defiende, también, Beatriz Sánchez Chillón (Conservadora del Museo Nacional de Ciencias Naturales).

Imagen de las cuevas de Altamira

Imposibilidad de conocer el arte sin el autor

La arqueóloga Inés Domingo y su equipo trabajan, desde el año 2001, junto a dos comunidades de la zona norte de Australia (los Kunwinjku y los Jawoyn). Estas aún mantienen conexiones con las pinturas rupestres que pintaron sus propios antepasados. Así, en estas comunidades, el arte se utiliza como una forma de comunicación en diferentes contextos. También, tiene un carácter sagrado o es usado para que los clanes se identifiquen con los animales. Por otra parte, las zonas que consideraban peligrosas eran marcadas con pinturas de espíritus malignos.

Arte de los Kunwinjku

Sin embargo, Domingo afirma que, a pesar de este estudio, no es posible descifrar el arte de una cultura sin conocer quiénes fueron sus autores. Por lo tanto, su conclusión es que nunca se va a poder entender el arte del paleolítico.

En general, son muchas las teorías que se han estudiado, pero aún no tenemos ninguna forma de responder a la pregunta “¿por qué pintaban los primeros humanos?”.  El arte paleolítico de las cuevas se puede entender como una representación simbólica surgida a raíz del pensamiento de los prehistóricos. Simboliza la unión entre los mundos humano y animal.

Bibliografía

Manuel Ansede. (2019). ¿Para qué pintaban los primeros humanos? EL PAÍS

Rafael Montes Gutiérrez. (2012). Teorías interpretativas del arte rupestre . Tiempo y Sociedad , 9, 5-22.

¿Por qué los prehistóricos dibujaban en cuevas?. 18/12/2020, de UNESCO Sitio web: https://artsandculture.google.com/exhibit/lQJiKr1gnrB2LQ?hl=es