El 11 de diciembre de 1941, el III Reich alemán le declaraba la guerra a los Estados Unidos de América, tras el ataque llevado a cabo por sus aliados japoneses en la base aeronaval de Pearl Harbor el 7 de diciembre y la posterior declaración de guerra del gigante americano al estado nipón al día siguiente.

A finales de 1941 y principios de 1942, Hitler se encontraba en la cúspide de su poder y confiaba erróneamente en una victoria rápida contra el Reino Unido y la Unión Soviética que le permitiera centrarse posteriormente en los Estados Unidos. El alto mando alemán comenzó a barajar la posibilidad atacar directamente a los Estados Unidos en su propio territorio y llevar a cabo una invasión terrestre. Uno de los objetivos más perversos de Hitler era llevar a cabo una limpieza étnica masiva de judíos en dicho territorio una vez concluida la conquista, para lo que había encargado en años anteriores un censo pormenorizado.

7 de diciembre de 1941. Una pequeña embarcación se acerca al USS West Virginia en labores de rescate por el ataque de Pearl Harbor.

Ejecución del plan:

Los planes de Hitler para trazar una hipotética invasión de los Estados Unidos pasaban por aumentar de forma considerable el tamaño y la fuerza de la maquinaria de guerra alemana, la Kriegsmarine, hasta llegar a 25 acorazados, 8 portaaviones, 50 cruceros, 400 submarinos y 150 destructores, mucho más de lo proyectado inicialmente para el año 1939. Así mismo, se contemplaba una ocupación militar de las Islas Azores, Cabo Verde y de las Canarias para que sirvieran como bases navales en el océano Atlántico para llevar a cabo ataques contra los Estados Unidos.

Hitler había supuesto que la entrada de Estados Unidos en el escenario bélico no reportaba una grave amenaza para el III Reich, pues este país no tenía pureza racial. Sin embargo, otros altos mandos alemanes no eran tan optimistas como Hitler, como Albert Speer, quien consideró que la capacidad productiva de sus fábricas suponían un gran contratiempo para sus intereses. Para otros militares expertos en este tipo de operaciones, aquella misión acarreaba demasiadas dificultades debido a la enorme extensión del territorio estadounidense y por las dificultades logísticas que entrañaría una invasión terrestre a gran escala atravesando el océano Atlántico, para la cual Alemania no estaba ni por asomo preparada, teniendo en cuenta el anterior abandono de la Operación Marino de una invasión anfibia a Reino Unido, un territorio de mucha menor extensión y población, además de ser mucho más cercano geográficamente al III Reich y en teoría mucho más accesible. A pesar de ello, Hitler confiaba en la pronta rendición de los británicos, para que éstos ayudaran posteriormente a Alemania con su potente maquinaria de guerra para una operación anfibia a los Estados Unidos.

Proyecto AmerikaBomber.

Se llevó a cabo el diseño de los bombarderos transatlánticos apodados como ‘AmerikaBomber’, capaces de atravesar el océano y alcanzar territorio estadounidense, a propuesta del Ministerio del Aire, cuyo plan fue enviado al comandante de la Luffwaffe, Hermann Göring en mayo de 1942. El objetivo consistía en atacar la costa este de los Estados Unidos, sembrando el caos entre la población estadounidense mediante el bombardeo de ciudades clave como la isla de Manhattan.

Dificultades y abandono definitivo del plan:

A pesar de las expectativas iniciales y el diseño de 5 prototipos de bombarderos, dicho plan tuvo que ser desestimado por el alto mando alemán debido a la escasez de bases en el océano Atlántico desde las cuales poder llevar a cabo el ataque y por las dificultades y sucesivas derrotas por las que iría atravesando las Potencias del Eje a medida que iba cambiando el transcurso de la guerra. Estos contratiempos no le impedirían a Alemania centrarse en una guerra submarina contra Estados Unidos en el Atlántico mediante el ataque a buques estadounidenses a través de sus potentes submarinos U-boot.

El alto mando alemán seguía confiando en una contundente victoria japonesa en el Pacífico para posteriormente dejar el camino libre para atacar a los Estados Unidos desde el Atlántico, pero los reveses militares tanto para las tropas nazis en el Frente Oriental, como para las japonesas en el frente del Pacífico provocaron que nunca se intentara llevar a cabo un plan para atacar directamente a los Estados Unidos en su territorio. Una derrota de Alemania se hacía inminente sobre todo tras el desembarco aliado de Normandía el 6 de junio de 1944, conocido como el ‘Día D’ y el avance imparable de las tropas soviéticas por el este.

A pesar de que el plan de Hitler nunca vio la luz, la amenaza nazi sobre Estados Unidos se tomó en serio por parte de la población, como prueba de ello se publicó un artículo en la revista LIFE en marzo de 1942 donde se pormenorizaban los detalles para una hipotética invasión del territorio estadounidense por parte de las Potencias del Eje. El título del citado artículo se llamaba: ‘Ahora los EE.UU. deben combatir por su vida’. En dicho artículo se exponían los seis escenarios más probables donde se producirían los ataques, y una posterior invasión de las tropas nazis por la costa este mientras que tropas japonesas atacarían la costa oeste a través del océano Pacífico.

Los estadounidenses tenían motivos para preocuparse puesto que la práctica totalidad de Europa se encontraba en manos de las Potencias del Eje, a excepción del Reino Unido y los países neutrales, y Japón había conseguido extender su imperio por vastos territorios de Asia. Además en este mismo año se produciría el abandono de las Islas Filipinas por parte de Estados Unidos y el desastre de Manila. Se llegaron a estudiar varios planes posibles por donde podrían llevarse ataques desde diversas zonas hasta alcanzar alguna de las costas estadounidenses.

El plan Dos contemplaba un ataque frontal a la costa oeste desde Pearl Harbor, los japoneses establecerían una base aérea en las islas Háwai y desde allí llevarían ataques a la ciudad de San Francisco.

El plan Tres consistía en un ataque de la flota japonesa reforzada por la alemana a través de la zona sur del Pacífico que conllevaba un ataque sorpresa al canal de Panamá y un posterior aterrizaje en Ecuador.

El plan Cuatro, que seguía el eje Gibraltar-Dakar-Natal-Trinidad, fue analizado en profundidad por el presidente Roosevelt. En este plan se llevaría a cabo un ataque a las bases estadounidenses por parte de una acción combinada de las flotas alemana, italiana y de la Francia de Vichy, después de hacerse con el control del canal de Suez y del estrecho de Gibraltar (lo que había sido ideado anteriormente en la Operación Félix) y una posterior invasión a través del valle del río Mississippi.

El plan Cinco vislumbraba una conquista de las islas atlánticas, desde las Azores hasta las islas Bermudas hasta llegar a Norfolk (Virginia), 25 buques alemanes se encargarían de la operación llegando a transportar hasta 4 divisiones.

El plan Seis consistía en una invasión del valle de San Lorenzo y del valle del Hudson. En este plan se añadirían bombardeos sobre las poblaciones de Detroit, Akron y Chicago y después una marcha sobre el Medio Oeste americano.

Ninguno de estos planes llegaría a materializarse para alivio de la población y del gobierno estadounidense, ya que Alemania se encontraría demasiado ocupada en su Frente Oriental contra la Unión Soviética.

La llamada Operación Pastorius:

Aunque la operación ‘AmerikaBomber’ nunca tuvo visos reales de hacerse realidad, un pequeño desembarco alemán sí tendría lugar en territorio estadounidense. En junio de 1942, tuvo lugar la que sería llamada Operación Pastorius, una operación secreta del alto mando alemán que consistía en infiltrar a agentes secretos alemanes que habían vivido en Estados Unidos, con el fin de sembrar el caos en la ciudad de Nueva York mediante acciones de sabotaje a fábricas, embalses, estaciones de ferrocarril, cortes de carreteras o negocios regentados por judíos, entre otros. Ocho agentes alemanes fueron reclutados y embarcados a Estados Unidos, una parte con destino a Nueva York y la otra parte fue destinada a Florida.

Sin embargo, al poco rato del desembarque, fueron interceptados y capturados para posteriormente ser acusados y juzgados por acciones de espionaje. Seis de ellos fueron ejecutados en la silla eléctrica en la cárcel de Washington D.C. mientras que los otros dos recibieron condenas menores ya que colaboraron con el FBI explicando los detalles de su operación secreta. En 1948, tres años después de finalizar la guerra, estos dos agentes consiguieron ser liberados y llevados de vuelta a Alemania.

Una historia de Alberto Menéndez para el #RetoNormandía.