Abril de 1493. En algún lugar de Barcelona. Máxima expectación en la Corte de los Reyes Católicos. Acaba de regresar el almirante Cristóbal Colón de las Indias. Al menos, eso creen. Frente a los reyes, haciendo un pasillo, se agolpan los ojos curiosos de unos cuantos súbditos castellanos y aragoneses que van a ser testigos de algo excepcional, la gran noticia del año, del siglo, de la Historia.

Castilla ha descubierto nuevas tierras navegando hacia el oeste y acaba de llegar el protagonista de tal hazaña. Comienza el desfile: oro, papagayos de hermosos colores, conejos con orejas y cola de ratón, pavos que no son pavos y gallinas que no son gallinas, y más, mucho más. Todo desconocido, como los seis indígenas de color indeterminado con zarcillos de oro en las orejas y las narices, los piercings de la época. Pedro Mártir de Anglería escucha, observa, no pierde detalle. Lo apunta todo para después contarlo. Es lo que este humanista italiano había venido a hacer a España en 1487, escribir todos los acontecimientos que tuviera oportunidad de conocer al lado de los Reyes Católicos, a quienes admiraba. Pero aquel día, lo visto y escuchado en aquella sala superaba todo lo vivido hasta entonces, nada igual había ocurrido nunca. Había que narrarlo, pero a su estilo, que era diferente al de otros cronistas e historiadores de su tiempo. Decidió que el descubrimiento de las Indias, y todo lo que aconteciera después, debía difundirse por toda Europa. Pedro Mártir de Anglería se convertía así en el primer reportero de aquel suceso, y de todas y cuantas noticias le llegaban de aquellas tierras a las que no dudó en llamar, desde entonces, Nuevo Mundo.

Cristobal Colón
Cristobal Colón siendo recibido por los Reyes Católicos en Barcelona

Un periodista de la Edad Moderna

Pedro Mártir de Anglería convertía en crónica periodística todos los relatos, historias y anécdotas que recababa de sus entrevistas personales con los testigos directos de las hazañas americanas. A diferencia de los demás cronistas, que se basaron en sus propias observaciones y en informes oficiales de las expediciones, Anglería entrevistó a descubridores, funcionarios de la Corona, clérigos, soldados, marineros, capitanes, maestres, artesanos, centenares de personajes. Conoció y recogió relatos de Cristóbal Colón, Diego Colón, Américo Vespucio, Fernando de Magallanes, Vasco Núñez de Balboa, Alfonso Fernández Portocarrero…  de todos aquellos que se aventuraban por distinta razón a ir a aquellas tierras desconocidas. Nuestro protagonista nunca pisó suelo americano. Se dedicó a acribillar a preguntas a todos ellos. De trato afable y conversación chispeante, se ganaba la simpatía y confianza de sus fuentes que le contaban, a modo de primicia, noticias del Nuevo Mundo. No solo les entrevistaba, sino que era testigo directo de todo lo que traían de aquellas tierras: plantas, joyas, vestidos, alimentos y algún que otro indígena llegado a la Península.

Pedro Mártir de Anglería
Pedro Mártir de Anglería. Henry Hoppner Meyer, siglo XIX.

Quienes no pasaban por su casa, le enviaban misivas y documentos de lo que descubrían y hacían en América. Es el caso de Hernán Cortés, cuyas cartas originales pasaron por sus manos. Y así, Pedro Mártir de Anglería describió, con técnicas y estilo diferentes, ciudades, templos, costumbres, tradiciones y creencias religiosas de los pueblos americanos conquistados por los españoles. Con todo ello enriquecía sus informaciones, agregaba nuevas referencias, rectificaba errores, recogía palabras indígenas, y las dotaba de estilo propio, único hasta entonces.

“Un verdadero periodista anticipado, cuya curiosidad se extiende a todo lo que ocurre, a las cosas más dispares. Su posición independiente y el carácter de escritos íntimos que da a su labor, le permiten enjuiciar con toda despreocupación los temas más serios y alternan con éstos los chismes y minucias que corrían entre la gente ociosa”
(B. Sánchez Alonso, Historia de la historiografía española)

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El primer periódico sobre América

Pedro Mártir de Anglería llegó a acumular una ingente cantidad de información. Había que darle forma y sacarla a la luz. De Orbe Novo Decades (Décadas del Nuevo Mundo) fue su medio de comunicación. Ocho partes divididas en décadas y cada una de ellas en diez libros. Treinta y tres años de noticias sobre la historia de América (1493-1526). Las crónicas de Anglería estaban escritas con estilo llano, fresco, novedoso, sabedor de que no siempre quien las leyera sería hombre ilustrado. No escribía todo lo que anotaba, sino aquello que, según su criterio, podía interesar al destinatario. Y no todo era bueno. Las Décadas llamaban la atención por la variedad de hechos que narraban. Buscaba sobre todo lo más ameno, lo exótico, lo pintoresco, lo divertido, deteniéndose, apunta Menéndez y Pelayo, en las rarezas de historia natural, ritos, costumbres y supersticiones de los indígenas, “aquello que más contraste presentaba con los hábitos del Viejo Mundo”, añade.

De Orbe novo
De orbe nouo Petri Martyris ab Angleria Mediolanensis protonotarij C[a]esaris senatoris decades
Todos querían acceder a sus crónicas. El papa León X se las leía a su sobrina y a los cardenales en medio de la sobremesa.

“Son gente algo morena; ambos sexos tienen perforada la parte inferior de las orejas, y llevan dijes de perlas y oro. Los varones taladran todo lo que media entre la margen extrema del labio inferior y la raíz de los dientes de abajo, como nosotros engastamos en oro las piedras preciosas que llevamos al dedo. En el agujero mayor de los labios fijan una lámina sutil de plata que por dentro sujeta la parte que sale afuera; … no recuerdo haber visto jamás cosa más fea, y a ellos les parece que no hay debajo de la luna nada más elegante: ejemplo que nos enseña de cuántas maneras el humano linaje se abisma en su ceguedad, y cuánto nos equivocamos”

¿Se imaginan la cara de la sobrina y de los cardenales?

Su éxito fue tal que de las Décadas del Nuevo Mundo se hicieron veintidós ediciones en latín y varias en lenguas vulgares. Por toda Europa circularon originales y copias. En 1555 se tradujeron al inglés.

España, fuente de noticias

La conquista de Granada, la expulsión de los moriscos, la muerte de Felipe el Hermoso, el deterioro posterior de la reina Juana, el tétrico cortejo fúnebre de los restos de su marido por tierras de Castilla, la llegada de Carlos I, la revuelta comunera. ¿Más? Durante treinta y siete años “lo he examinado todo”, escribió Anglería poco antes de fallecer en Granada en 1526. Lo examinó, lo escribió y lo divulgó a través de cartas que enviaba, a medida que se desarrollaban los acontecimientos, a personas con las que mantenía correspondencia. Aquellas cartas fueron recogidas en su otra obra, Opus epistolarum, un periódico de noticias en forma epistolar, como apunta Menéndez y Pelayo, que contienen 812 cartas, algunas referidas a los asuntos del Nuevo Mundo y que pasaron a formar parte de las Décadas.

Sabía que el destino le había llevado a la corte itinerante de los Reyes Católicos para ser testigo de grandes gestas que él convertiría en noticias y difundiría a todo el orbe. No se equivocó. Se encargó de anotar todo lo que aconteció en el reino de Aragón cuando Fernando el Católico enviudó. Los primeros nueve años de Carlos I en España fueron recogidos en sus escritos al ser oficialmente Cronista Real de Castilla. Por sus conocimientos sobre el Nuevo Mundo, tuvo voz y voto en el Consejo de Indias.

Una crónica periodística varía en función de quién la escribe y la forma en que lo hace. Las historias narradas por Pedro Mártir de Anglería tenían sello propio. Él tuvo alma de reportero. Su Nuevo Mundo fue narrado con visión periodística. Su historia bien merece una crónica.

Referencias