La palabra “imperio” debe ser una de las más complejas que se utilizan en historia o en las ciencias sociales en general. Es uno de esos términos que todo el mundo usa y que se da por entendido, pero cuando preguntas qué es un imperio y te detienes a pensar una definición clara, se llega a la conclusión de que no está tan claro el significado del término.

Estatua de Octavio Augusto, fundador del Imperio romano

            A lo largo de la historia ha habido muchas realidades que han ostentado un poder superior frente a otras potencias e incluso han llegado a dominar pueblos diversos. Normalmente se suele decir que en el transcurso del tiempo humano ha habido “muchos imperios”. Cuando se alude a este término a la gente medianamente instruida le vienen a la cabeza rápidamente conceptos como Imperio romano, Imperio chino, Imperialismo, Sacro Imperio… Algunos de estos conceptos han sido asignados recientemente en el siglo XX (el concepto de imperialismo, por ejemplo) y otros vienen de más atrás como el Imperio romano.

            Imperio proviene del latín imperium. El experto en historia antigua Arnold Hug Martin abordó una definición del término latino afirmando que imperium era “el poder dado por el estado a una persona para que haga lo que considere mejor para el estado”[1]. Así pues, encontramos que un imperio es una solución que se le plantea al estado para abordar una situación concreta y, para ello, otorga poderes especiales a una persona determinada. Esta concepción no está lejos del término contemporáneo de dictadura, puesto que a lo largo de la historia la democracia, en su decadencia, ha otorgado poderes especiales o absolutos a diferentes hombres como Hitler en Alemania, Mussolini en Italia o Primo de Rivera en España[2].

            El término imperium ya se utilizaba en época arcaica insertado en lo que se conocía como lex cuariata de imperio. El origen de esta ley era una anterior que se utilizaba para que el pueblo romano ratificara a los monarcas. Ésta se le atribuyó a Numa Pompilio, segundo rey de Roma, pero parece ser que su atribución fue posterior, cuando hubo necesidad de rescatarla para restaurar la ceremonia que otorgaba el imperium. Así, durante la República se aprobó la lex cuariata de imperio. El órgano encargado de su aprobación fue el de las Comitia curiata, una asamblea que reunía a las treinta divisiones que aplicó Rómulo a la ciudad de Roma. Ya en el 218 a.C. esta asamblea fue reemplazada por los lictores, representantes de cada división. La lex curiata de imperio confirmaba el derecho de los magistrados a ostentar el poder público o imperium. Sin embargo, la utilidad real de la ley no está todavía clara y como afirma Oakley[3]: “El origen, la naturaleza y la importancia de la lex curiata de imperio ha sido objeto de un amplio e inconcluso debate”. La ley era fundamentalmente ceremonial, pues muchas veces el imperium no era otorgado en el ámbito político, como indica, sino que se manifestaba a través de las cualidades de la persona en cuestión, fundamentalmente en la guerra, y se ratificaba esta autoridad mediante una ceremonia. La ley, sin embargo, se mostró efectiva en el ámbito político cuando algún magistrado la evocaba.

            Como hemos indicado, los lictores representaban al pueblo de Roma y acompañaban a los magistrados como una especie de escolta, pero el papel fundamental era el de portar simbólicamente el imperium que se le había otorgado a un magistrado. Entre sus atributos destacan la toga escarlata y un haz de varas (fasces) en el que se encontraban insertas una o dos hachas y que simbolizaban el poder del magistrado para juzgar y castigar. Sin embargo, estos símbolos solo podían portarlo fuera de la ciudad de Roma, pues dentro de ella (el pomerium, la frontera sagrada de Roma) llevaban toga blanca y los fascessin las hachas, pues el poder del magistrado dentro de la ciudad estaba limitado y solo podía azotar, pero no ejecutar a ningún ciudadano. El número de lictores que acompañaban a un magistrado indicaban su grado de imperium, los dictadores llevaban doce (a partir de Sila veinticuatro) y la potestad de llevar hachas dentro del pomerium; cónsules y procónsules doce y pretores y propretores seis.

Lictor portando un fasces

El imperium, por tanto, es el poder político que poseía un magistrado, existían varios grados de poder y estos estaban establecidos por la ley. En Roma su significado es un significado legal que hace referencia a un poder establecido por ley. Sin embargo, de aquel significado al que tenemos hoy en día el término ha sufrido una notable evolución.


[1] Martin Jones, A. H., Studies in Roman Government and Law, Blackwell Publishers, 1968

[2] Es curioso este último caso porque no fueron las Cortes quienes eligieron a Primo de Rivera como dictador, sino el propio monarca, Alfonso XIII. En todas estas situaciones se cumple la definición de Hug Martín: el estado, sea democracia o monarquía, otorga poderes especiales a un hombre por el propio bien del Estado.

[3] Oakley, S. P., A Commentary on Livy, Books VI-X. Oxford University Press, 2005, p. 494