Los orcos (orcs), como una raza de monstruos en literatura de fantasía, tiene origen en el legendarium del célebre escritor británico J.R.R. Tolkien.

En Mordor. John Howe.

Orcos y trasgos, su origen y etimología

Es cierto que el término se utilizó en El Hobbit escasas veces, donde normalmente Tolkien escribió trasgo (goblin) pero fue en El Señor de los Anillos donde orco (orc) adquirió popularidad y terminó imponiéndose por encima de la palabra trasgo. Por esta razón en una de sus tantas cartas, ésta a Naomi Mitchison del 25 de abril de 1954, Tolkien diría en un paréntesis «goblin [trasgo] se utiliza como traducción en El Hobbit, mientras que orc [orco] aparece sólo una vez, me parece». El debate suscitado en torno a ambos términos fue amplio, pues se creía que el trasgo era una especie de orco de menores proporciones gracias a que en la primera versión de El Hobbit se daba uso al término hobgoblin que se refería a orcos más grandes y más crueles. En El Señor de los Anillos surgiría el concepto uruk-hai, proveniente de la ficticia lengua negra y que se podía traducir literalmente como «pueblo orco».

Pero, en realidad, el término trasgo o goblin implicaba la generalidad de orcos solo que el concepto de orco, en el legendarium, surgiría luego y es el que acabaría prefiriendo el prolífico escritor. En El Señor de los Anillos se evidenciaría su uso como sinónimo, pues se intercalaba entre trasgo y orco constantemente con el mismo propósito.

J.R.R. Tolkien declara en la carta anteriormente mencionada que «…En ningún sitio se dice nunca claramente que los Orcos (la palabra, en cuanto a mi concierne, deriva del inglés antiguo orc, “demonio“, pero sólo por su adecuación fonética) tengan un origen particular». Sin embargo, hay que considerar unos cuantos puntos. Es cierto que en el sentido actual de la palabra, gracias al legendarium, hoy día orco se traduce dentro del ámbito de la fantasía a una criatura maloliente perteneciente a una raza humanoide (según el diccionario de Oxford) pero en el inglés antiguo la palabra orc se desprendía en «feroz criatura de mar» (de orca) y, por otro lado, como una olla o jarra quizás descendiendo del latín urceus. Pero, por otro lado, está la palabra orcus del latín que se refiere a infierno o inframundo y específicamente a una deidad. La palabra del inglés antiguo que sí se refiere a un monstruo, y que es vista en la obra Beowulf, es orcné pero esta aparentemente no tiene conexión con orc, ni ork porque estas últimas se refieren a unas copas de metal precioso en la misma narración.

El italiano orco también desciende del latín orcus pero tiene un significado mucho más concreto que puede traducirse a «gigante devorahombres». Este significado, a nuestro juicio, puede ser similar a la idea de orco que desarrolla Tolkien a lo largo de su legendarium.

Aunque no se podría saber si Tolkien tuvo alguna influencia en la mitología etrusca o griega, y posiblemente no haya sido así, Orcus y Orkos (u Horco) representan a deidades dentro de la mitología de ambas civilizaciones. A saber, Orcus es un dios etrusco del inframundo y de los muertos que seguramente haya servido de inspiración para el romano Dis Pater mientras que también es análogo a otros dioses como Hades o Pluto. Por otro lado, Orkos u Horco es una deidad de origen griego cuyo nombre al español puede traducirse como «juramento» porque es el guardián de los juramentos y su función divina es castigar a los perjuros. Esto responde a la moral griega del momento, y a la concepción de justicia, donde el falso juramento, o el falso testimonio, eran comportamientos o acciones duramente repudiadas. Orkos ha sido, pues, inmortalizado en las fábulas de Esopo. Aunque hay que considerar que el recurso de los Hombres muertos de Dunharrow, o el Sagrario, tiene una conexión con el guardián de los juramentos en la mitología griega y es que estos dunledinos, se ahondará en esto más adelante, fallaron a su juramento de servir a Gondor llegado el momento. Isildur los maldijo y fueron condenados a vagar como espíritus en las Montañas Blancas. Puede ser una conjetura o una relación circunstancial pero hay similitudes impresionantes al mito.

Lo más probable, rigiéndonos por Christopher Tolkien (hijo de JRR Tolkien), es que se haya usado el significado de orcus. Pero en general, no hay relación alguna entre esos elementos mitológicos y el legendarium.

Christopher Tolkien en La guerra de las joyas, el octavo ensayo donde desentraña los borradores de El Silmarillion, reconocería «La palabra usada en la traducción de Q urko, S orch, es Orc. Pero eso se debe a la similitud de la antigua palabra inglesa orc, “espíritu maligno o fantasma”, con las palabras élficas. Posiblemente no hay conexión entre ellos. En general, se supone que la palabra en inglés deriva de latín Orcus».

orco
El Bosque Negro en un boceto de J.R.R. Tolkien.

Los orcos, naturaleza y reflexiones

¿Por qué los orcos frente a los trasgos? En el legendarium ha quedado evidenciado que son sinónimos pero dentro de lo semántico, e incluso filosófico, hay varios aspectos que Tolkien toma en cuenta para preferir utilizar el término orco. Parte de ello se evidencia en la carta a Hugh Brogan, con fecha 18 de septiembre de 1945, en la que declara «El hecho de que prefiera usted a los goblins [trasgos] por sobre los orcos implica una cuestión muy amplia y un asunto de gustos; también quizás una pedantería histórica de mi parte. Personalmente, prefiero a los Orcos (pues estas criaturas no son «goblins», ni siquiera los goblins de George MacDonald, a los que en cierto grado se parecen)».

En primer lugar, los goblins suelen verse como duendes y, de hecho, los goblins de MacDonald, ver La Princesa y los Trasgos, son pequeños seres que desean venganza de los humanos por haber sido previamente expulsados del reino donde se desarrolla la historia, su punto débil según se relata son sus suaves pies que constantemente la Princesa Curdie pisa con sus zapatos de piedra por lo que es lógico que el haber acuñado el término orco (en el sentido que quiso darle) haya sido, digamos, un revés y que haya roto con lo que implicaba un trasgo. Es cierto que no es lo mismo un trasgo de MacDonald que un trasgo de Tolkien pero cuando acuña orco u orc termina por hacer referencia a seres envilecidos, corrompidos y despreciables que sirvieron tanto a Melkor como al Señor Oscuro Sauron. Un orco es un ser inclemente, deforme y sanguinario con un odio irracional tanto a los elfos como a los hombres.

Tolkien sostiene que en cierto grado se parecen porque hay que considerar que tienen en común su enemigo (los hombres), el encierro y la intolerancia a la luz. Pero narrativamente es otra historia, pues los orcos aunque no tienen un origen claro en el legendarium suponen la raza antagónica y el enemigo constante de los hombres, la raza que precede al mismo Señor Oscuro.

Uruk-hai. John Howe.

¿El mal por naturaleza?

Respecto al mal inherente, ¿los orcos representaban el mal por naturaleza? Ya se ha recalcado la dificultad de concretar un origen para los orcos, pues las hipótesis son variadas pero lo que está claro es que son seres corrompidos y que su mera existencia presupone una mofa a los elfos y a los hombres. Mientras los elfos representan una especie de belleza idílica, y por qué no los hombres, los orcos representan todo lo contrario. Tolkien añadía lo siguiente: «Con respecto de El Señor de los Anillos, no puedo pretender tener conocimientos teológicos suficientes como para decir si la idea que tengo de los Orcos es herética o no. No me siento obligado a que mi historia se ajuste a la teología cristiana formalizada, aunque en realidad mi intención era que resultara conforme al pensamiento y la creencia cristianas, lo cual se explica en cierto sitio, Libro Sexto, pág. 249, 529 donde Frodo afirma que los Orcos no son originalmente malvados. Supongo que creemos que en todas las clases, especies y razas humanas hay los que nos parecen, tanto individual como colectivamente, irredimibles, por nosotros, al menos…» Así, pues, reafirma su creencia de que ningún ser es inherentemente malvado. Los ejemplos más claros del legendarium son Morgoth, también conocido como Melkor, y Sauron quien en otra época fue llamado Tar-Mairon. Ambos eran seres estéticamente hermosos y buenos por naturaleza, de origen divino pues mientras el primero era vala el segundo era maia. Los balrogs, demonios por excelencia tras haber sido corrompidos, eran también maiar.

Los describía de una manera que incluso en la actualidad es polémica pero que es más bien concisa, manifestando «Se dice claramente que son la corrupción de la forma “humana” que se ve en los Elfos y los Hombres. Son (o eran) bajos, anchos, de nariz aplastada, piel amarillenta, con la boca grande y los ojos oblicuos: de hecho, versiones degradadas y repulsivas (para los europeos) del tipo mongoloide menos agradable». En esa carta a Robert Murray, teólogo y profundo amigo de Tolkien que como es sabido contribuyó a su conversión al catolicismo, de mayo de 1958 aclara un sinfín de puntos sobre El Señor de Los Anillos y da una descripción de los orcos donde son exhibidos como versiones «degradadas» y «repulsivas».

Cruzando Gorgoroth. Ted Nasmith.

La lucha de contrarios. El bien y el mal enfrentados

Cuando Christopher Tolkien estaba en Sudáfrica en el año 1944, sirviendo a la Real Fuerza Aérea, Tolkien y él mantenían una correspondencia frecuente pero de estas cartas llama especialmente la atención este fragmento: «Espero que antes de no mucho puedas disponer de más tiempo libre en el África genuina. Lejos de los “sirvientes menores de Mordor“. Sí, creo que los orcos son una creación tan real como la que más en la literatura “realista”: tus vigorosas palabras describen bien la tribu; sólo en la vida real están en ambos bandos, claro está. Pues lo “novelesco” se desarrolla a partir de la “alegoría”, y sus guerras derivan aún de la “batalla interior” de la alegoría en la que el bien está en un bando y varios modos de maldad en el otro. En la vida real (exterior) los hombres están en ambos bandos: lo cual significa una colorida alianza de orcos, bestias, demonios, hombres sencillos naturalmente honestos y ángeles». 

El Señor de los Anillos, y en general el legendarium, es un obvio maniqueísmo; una lucha de contrarios entre el bien y el mal. Pero Tolkien menciona a su hijo, además de lamentar que su presencia en África no le permita conocerla del todo, que la realidad dista de esa lucha entre contrarios de la Tierra Media. Es decir, en ese mundo de fantasía los orcos son servidores del Señor Oscuro, quien personifica la maldad, pero en la realidad hay varios «modos de maldad» y los orcos, o lo que perciben como orcos por darle un sinónimo al mal, no están alineados ya en un solo bando, sino que están en todos los bandos porque maldad hay de un lado y del otro. De ahí su curiosa mención sobre la colorida alianza entre orcos, bestias, demonios, hombres y ángeles.

Tiempo después negaría que su obra tuviera un revestimiento alegórico (al menos conscientemente), sobre todo en coordenadas políticas. Por ejemplo, en noviembre de 1957 escribía a Herbert Schiro diciéndole, y contestándole a su pregunta de que si los orcos eran comunistas o representaban a los comunistas, lo siguiente «No hay “simbolismo” alguno o alegoría consciente en mi historia. Las alegorías de la especie “cinco magos = cinco sentidos” son del todo ajenas a mi modo de pensar (…) Que no haya alegoría no quiere decir, por supuesto, que no haya aplicabilidad. Siempre la hay. Y como no he construido la lucha de manera por entero inequívoca: pereza y estupidez entre los hobbits, orgullo y [palabra ilegible] entre los Elfos, rencor y codicia en el corazón de los Enanos y locura y maldad entre los “Reyes de los Hombres”, y traición y sed de poder aun entre los “Magos”, supongo que en mi historia hay aplicabilidad a los tiempos actuales».

Lo zanjaría, en la misma carta, de esta manera: «Pero si se me pregunta, diría que el cuento no trata realmente del Poder y el Dominio: eso es sólo lo que pone las ruedas en marcha; trata de la Muerte y el deseo de inmortalidad. ¡Lo que apenas es más que decir que se trata de un cuento escrito por un Hombre!». Lo cual es visible, puesto que el legendarium poco ahonda en temas políticos, dinásticos y cuando se tocan, se revisten de la fantasía de la Tierra Media. La única vez que Sauron decide ejercer su diplomacia como beligerante es cuando, en la Guerra del Anillo, decide enviar a su emisario de nombre Boca de Sauron para exigir la rendición incondicional de los hombres. Si bien Sauron desea el poder, el de dominar la Tierra Media, con todo su ser, es cierto que finalmente recae en la posibilidad que él tiene de manifestarse. Sauron es un ser inmortal, es un maia y no puede sufrir de ningún tipo de muerte por más redundante que sea decirlo.

Durante la Guerra de la Última Alianza, Sauron se enfrenta a Elendil y Gil-Galad, es finalmente derrotado pero se cobra la vida de ambos y el hijo de Elendil, Isildur, corta el dedo de Sauron y se queda con el Anillo Único. El Señor Oscuro pierde su forma física por mucho tiempo pero no muere sino al contrario, su deseo de volver a la Tierra Media se acrecienta y comienza a mover hilos entre las sombras. Isildur muere masacrado por un grupo de orcos tras descubrirlo en el río, puesto que el anillo se le zafó del dedo traicionándolo y quitándole la invisibilidad que tenía. Sauron vuelve a ser derrotado cuando el Anillo Único es destruido con Gollum en el Monte del Destino pero J.R.R Tolkien en ningún momento da a entender que Sauron ha sido destruido porque simplemente no es posible, es inmortal. Sauron no muere pero desea materializarse otra vez, desea estar entre los vivos y alzarse como el máximo poder de la Tierra Media. Es, pues, un ser etéreo que anhela el plano material.

Está más que claro que El Señor de los Anillos, y al menos gran parte del legendarium, está erigido sobre la vida y la muerte. Sauron logra corromper a los númeróneanos negros porque les promete vida eterna si sirven a Morgoth y les crean recelo con los elfos, quienes si bien no son inmortales no sufren de desgaste ni envejecimiento en términos biológicos. Su concepción de la vida, la muerte y la inmortalidad vuelve en un borrador de carta a Peter Hastings que, por varios motivos, nunca envió: «Puede que la “reencarnación” sea mala teología (eso ciertamente, mas bien que metafísica) aplicada a la Humanidad; y mi legendarium, especialmente la “Caída de Númenor“, que corresponde inmediatamente antes que El Señor de los Anillos, se basa en mi concepción de que los Hombres son esencialmente mortales y no deben tratar de volverse “inmortales” carnalmente».

Lo mismo intentó Morgoth, en El Silmarillion, con los elfos colocándolos en contra de los valar y difundiendo mentiras sobre el advenimiento de los hombres, quienes supuestamente iban a reemplazarlos. Los hombres muertos de Dunharrow son, en el legendarium, dunledinos que sirvieron a Sauron y que en su cobardía se negaron a auxiliar a Gondor. Isildur los maldijo hasta el más allá, de modo que jamás descansarían en paz hasta que cumplieran el juramento de asistir a Gondor como una vez prometieron y no cumplieron. Los hombres muertos, sin embargo, duraron cientos de años sin descanso alguno y en La Guerra del Anillo finalmente encontraron descanso asistiendo a Aragorn, heredero de Isildur, en Pelargir.

Conclusiones finales

El legendarium representa una genialidad literaria, el producto de muchos años de dedicación y de vivencias de un hombre que, además, ha contado con el genio de uno de sus hijos, Christopher Tolkien. Filosofar, y profundizar, en torno a su obra da para material adicional porque bastaría ver toda la literatura que hay en torno a Tolkien. Queda claro que son muchos los detalles que habría que analizar en la Tierra Media y que por lo tanto estos artículos tienen fines más concretos, en los que delimitar es una necesidad en términos de formato y análisis. Los orcos en el legendarium pueden suponer la gran incógnita. Es decir, los orcos no hablan lo suficiente en las novelas como para que se pueda entender lo que piensan o sus propósitos, pues se reducen a ser la mofa viviente de las otras razas y a representar la vileza, la corrupción y lo peor del hombre. Tolkien, en cartas y en diálogos de El Señor de los Anillosse reduce a indicar que los orcos son seres corrompidos porque realmente no son una creación, Morgoth ni Sauron pueden crear. Un ya experimentado, y agotado, Frodo le dice a su servidor Sam«La Sombra que los engendró sólo puede remedar, no crear: no seres verdaderos, con vida propia. No creo que haya dado vida a los Orcos, pero los malogró y los pervirtió».

El orco no es el único ser corrompido en la Tierra Mediapues ya se sabe de valar caídos como Morgoth, maiar corruptos como Sauron, Ungoliant, Saruman y los balrogs. Hombres también fueron corrompidos como los Númenor, específicamente los númeróneanos negros y los haradrim, dunledinos, los corsarios de Umbar, entre otros. Todos tienen en común ser un receptáculo de corrupción, son un espejo en el que el resto de los hombres y razas no corrompidas pueden verse. Otros temas morales salen a flote, pero no necesariamente implican vileza o corrupción, como la ambición de los enanos por recuperar Khazad-dûm o Minas Moria o en el caso de los hombres, la disgregación de Arnor en varios reinos incluso enfrentados territorialmente. Las lecciones, aunque ya haya dicho Tolkien que no buscaba la alegoría consciente, son frecuentes y atienden, en gran medida, a la moral cristiana de la que, por supuesto, no podía escaparse.

 

Bibliografía:

  • Carpenter, H. (1993). Las cartas de J.R.R. Tolkien. Barcelona: Minotauro.
  • Carpenter, H. (1990). J.R.R. Tolkien, una biografía. Barcelona: Minotauro.
  • Nock, A. D. (1958). Studies in Roman Literature, Culture and Religion. H. Wagenvoort. Classical Philology, 53(2), 140–141.
  • Orc. (2019). En Oxford Online Dictionary.
  • Tolkien C. (2002). La Guerra de las Joyas. Barcelona: Minotauro.