Tras el fatídico ataque a la base naval estadounidense de Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941, fueron muchas las voces que exigían un bombardeo de las mismas características al archipiélago japonés. A pesar de las enormes dificultades logísticas, dicho ataque fue llevado a cabo con éxito durante el mes de abril de 1942 en la llamada ‘Operación Doolittle’.

Antecedentes: expansión japonesa por el Pacífico

Tras sufrir una profunda industrialización en la segunda mitad del siglo XIX, la expansión japonesa por el continente asiático no se hizo esperar. En 1895, el Imperio del Sol Naciente se adjudicó la isla de Taiwán después de su victoria en la primera guerra sino-japonesa (1894-1895). Diez años más tarde, Japón venció al débil Imperio ruso en la guerra ruso-japonesa (1904-1905). La derrota del gigante del este causó un gran impacto en la esfera internacional. Era la primera vez que un país asiático considerado racialmente inferior se proclamaba vencedor frente a una gran potencia europea. Poco después, Japón estableció un protectorado en Corea que siguió a una anexión formal en 1910. Dispuesto a despuntar todavía más alto, el Imperio nipón participó en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) del lado de los vencedores. Esto le permitió aumentar su influencia sobre el Pacífico y China a costa del derrotado Segundo Imperio alemán. Para entonces, Japón ya se había convertido en un digno adversario para Occidente.

Las ansias de conquista parecían no tener fin. El inmenso territorio chino suponía un suculento bocado para los gobernantes japoneses. Por ello, establecieron un estado títere en la región norteña de Manchuria apodado Manchukuo en 1931, tras un incidente en un tramo de ferrocarril (incidente de Mukden) gestionado por una empresa japonesa. Para intentar tapar sus planes expansionistas pusieron a Puyi, último emperador de China, como jefe de Estado aunque en la práctica se trataba de una mera figura simbólica. En 1937 se reanudaron las hostilidades entre los dos países asiáticos, dando lugar a la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945). Un episodio especialmente cruel fue la ‘Masacre de Nankín’, donde se produjeron cientos de miles de asesinatos y violaciones en masa de la población civil china por parte del ejército japonés solo por pura diversión. Otra práctica atroz contra la población civil fueron las llamadas ‘mujeres de consuelo’. Este término era un eufemismo para referirse a las esclavas sexuales procedentes de todos los países ocupados empleadas de forma reiterada para el uso y disfrute de la clase militar japonesa.

Imperio japonés en 1939

En septiembre de 1940, Japón invadió la Indochina francesa ya que la metrópoli (Francia) había caído bajo el poder del III Reich alemán. Además en esas mismas fechas, el Imperio nipón firmó el Pacto Tripartito con Alemania e Italia, con el fin de ofrecerse apoyo mutuo. Estas acciones no eran del gusto de la otra gran potencia del Pacífico: Estados Unidos. Como medida disuasoria, el gabinete del presidente Roosevelt paralizó las exportaciones de petróleo a Japón en verano de 1941. Sin el ansiado oro negro, el Imperio del Sol Naciente tuvo que buscar otras alternativas. Por ello, se planeó invadir las Indias Orientales Neerlandesas (actual Indonesia) las cuales eran ricas en esta materia prima. Pero antes había que asegurarse que la flota estadounidense del Pacífico no interferiría en sus planes. De una forma bastante temeraria, se ideó un ataque preventivo a la flota naval de Pearl Harbor en las islas Hawái el 7 de diciembre de 1941. El objetivo de esta acción era forzar a Estados Unidos a entablar una negociación con Japón. Pero la respuesta de Roosevelt fue clara y contundente: declaración de guerra al Imperio nipón. El gigante americano por fin entraba en la Segunda Guerra Mundial.

Preparativos de la operación

La conmoción producida por el ataque sorpresa a Pearl Harbor fue demoledora, creándose un sentimiento de venganza contra los japoneses. Por ello, en enero de 1942 el capitán estadounidense James Low estudió los posibles efectos de un ataque al territorio metropolitano de Japón. Tras evaluar concienzudamente las ventajas e inconvenientes, Roosevelt dio el visto bueno al plan. Para ello se organizó un escuadrón de 16 bombarderos del modelo bimotor B-25 Mitchell, que a bordo del portaaviones USS Hornet navegarían hasta las aguas de Japón para atacar diversos objetivos. Posteriormente, los B-25 realizarían un aterrizaje en las provincias chinas de Zhejian y Guangxi, mientras que la escuadra naval emprendería el regreso a Hawái. La misión se apodó con el nombre de ‘Raid Doolittle’, en honor al coronel James Harold Doolittle, comandante de la operación. Los 16 bombarderos B-25 Mitchell quedaron bajo la dirección del comandante Henry ‘Hap’ Arnold. En total se reunieron 18 navíos, incluidos 2 portaaviones, 4 cruceros, 8 destructores, 2 submarinos y 2 petroleros junto con el apoyo de 74 aviones: 22 cazas Wildcat, 18 bombarderos en picado Dauntles SBD Douglas, 18 torpederos Devastator y los 16 B-25 Mitchell.

Coronel James Doolittle

La defensa antiaérea del territorio metropolitano de Japón estaba a cargo de un dispositivo del Mando Tierra-Mar-Aire. Éste integraba al Ejército Imperial Japonés, a la Marina Imperial Japonesa y a la Fuerza Aérea Imperial Japonesa. El área de alerta comprendía las islas japonesas de Honshû, Kyûshû, Shikoku, Hokkaido, junto con las Islas Ryûkyû, Kuriles, Sajalín, Formosa, la península de Corea y el sur de Manchuria. No obstante, esta supuesta defensa antiaérea era solo un espejismo. En ese momento, a las autoridades japonesas ni se les pasaba por la cabeza que los estadounidenses pudiesen bombardear su territorio. Además, su marina les había infringido una derrota detrás de otra. Por esta razón, la vigilancia en la costa se había relajado hasta unos niveles que prácticamente rozaban la negligencia. En este caso, el factor sorpresa corría a favor de Estados Unidos.

A las 10 horas del 2 de abril de 1942, el portaaviones USS Hornet zarpó desde la bahía de San Francisco con los bombarderos B-25 Mitchell a bordo. Le acompañaban en su viaje 2 cruceros, 4 destructores y un petrolero. Esta imponente flota pudo pasar inadvertida por la espesa niebla que reinaba en la bahía. Posteriormente a las 12:32 del 8 de abril, la segunda escuadra de la operación abandonaba la isla Oahu en Hawái, con el USS Enterprise a la cabeza seguido por otros 2 cruceros, 4 destructores y un petrolero. En la tarde del 12 de abril de 1942, las dos escuadras de los portaaviones USS Hornet y USS Enterprise se reunieron para conformar una única unidad llamada Fuerza Operativa 16. Cinco días más tarde, a tan solo 48 horas antes del ataque, la Fuerza Operativa 16 se encontraba a solo 1000 millas náuticas del territorio de Japón. El coronel James Doolittle decidió atar a los aviones con las medallas de paz que Japón había regalado a Estados Unidos antes del ataque a Pearl Harbor. Sus palabras fueron las siguientes: ‘Se las devolveremos con intereses’.

“Raid Doolittle”

A las 3:10 de la mañana del 18 de abril de 1942, el oficial Robert Boettcher a cargo del portaaviones USS Enterprise descubrió una luz sospechosa situada a 18 km de distancia. En torno a las 7:44, se descubrió que se trataba del pesquero armado japonés Nitto Maru, quien informó de la existencia de dos portaaviones estadounidenses en las inmediaciones. Este contratiempo ocasionó que se adelantase la misión 24 horas antes de los previsto, cuando se hallaban a 1200 km de distancia del archipiélago japonés. Esto ponía en riesgo a toda la operación ya que los 80 pilotos implicados tendrían más dificultades para llevar a cabo el aterrizaje en China. No obstante, los ingenieros y técnicos trabajaron a contrarreloj para aligerar el peso de los aviones y dotarlos de mayor combustible. Se trató en la medida de lo posible de alargar las horas de vuelo. A las 8:20 el primer B-25 Mitchell al mando de James Doolittle, despegaba del USS Hornet rumbo a Japón, al que le siguieron los 15 restantes. Simultáneamente, la Fuerza Operativa 16 se encargó de hundir al pesquero Nitto Maru.

El viaje de los B-25 Mitchell estuvo lleno de dificultades debido a las turbulencias y al clima brumoso que ocasionaron una ralentización de la velocidad. A medida que se iban acercando a la costa japonesa, los tripulantes de los B-25 pudieron observar multitud de pesqueros, patrulleros, cargueros y transportes japoneses. Después de tres horas de vuelo, los pilotos de los B-25 divisaron el litoral de Honshû, la isla principal de Japón. En cuanto tuvieron a tiro la línea de las costas japonesas, la formación se separó para bombardear diversos objetivos: 10 aviones partieron hacia la capital Tokio, 2 más se encargarían de Yokohama, otros 2 se dirigieron a Nagoya, 1 a Kobe y el último de ellos atacaría Yokosuka. Los tranquilos ciudadanos japoneses de las zonas afectadas no tuvieron manera de prever lo que les aguardaba.

A pesar del aviso del pesquero Nitto Maru, las autoridades japonesas nunca imaginaron un ataque directo sobre su territorio. Por esta razón, la defensa antiaérea solo advirtió a la flota enemiga una vez iniciado el bombardeo. Gracias a la inacción de los vigilantes nipones, el factor sorpresa cumplió ampliamente sus objetivos. Al mismo tiempo que se producía el ‘Raid Doolittle’ sobre las ciudades japonesas, la Fuerza Operativa 16 emprendió su regreso a las islas Hawái. La operación fue todo un éxito pues se lograron alcanzar los objetivos militares sobre el archipiélago japonés, sin sufrir graves daños en los aviones. En el arriesgado aterrizaje, los pilotos fueron ayudados por civiles chinos y por las fuerzas nacionalistas del Kuomintang. No obstante, tres de los 16 B-25 Mitchell no pudieron aterrizar en la China nacionalista debido a una serie de percances. Dos de estas tripulaciones fueron capturadas por el ejército japonés y la otra aterrizó en la Unión Soviética.

Bombardero B-25 Mitchell

Consecuencias del ataque

El impacto psicológico tras el ataque del Raid Doolittle fue espantoso para la moral japonesa, a pesar de que el bombardeo sobre Tokio y otras poblaciones no afectó en lo más mínimo al curso de la guerra. El aura de invencibilidad del que se suponía que gozaba el Imperio del Sol Naciente se había esfumado en un instante. En total, se destruyeron 30 instalaciones militares, fábricas de armamento, industrias bélicas, fábricas de aviación, plantas químicas o metalúrgicas además de la destrucción de 90 edificios. Además durante dicho ataque se perdieron 4 cazas japoneses, 6 embarcaciones y se dejó fuera de juego al portaaviones Ryûhô. En cuanto a las bajas civiles, 50 tokiotas murieron junto con 250 heridos de diversa índole. Por el lado estadounidense, se perdieron todos los B-25 Mitchell, un bombardero en picado Dauntless SBD Douglas, además de 17 bajas (5 muertos, 1 herido, 6 prisioneros y otros 5 internados en la URSS).

Por otro lado, la venganza japonesa sobre las provincias chinas donde se produjeron los aterrizajes de los aviones estadounidenses fue salvaje y totalmente desproporcionada. La ofensiva de Zhejiang-Jiangxi tenía como objetivo castigar a la población civil china que había proporcionado ayuda a los pilotos estadounidenses y asegurarse de que no volvieran a utilizarse nunca más los aeropuertos de estas zonas por la Fuerza Aérea Estadounidense. Entre las prácticas cometidas por los militares japoneses se incluyeron numerosas violaciones, matanzas colectivas y el empleo de armas químicas que produjeron un total de 250.000 muertes. Los diez prisioneros estadounidenses del Raid Doolittle’ fueron condenados a muerte aunque finalmente sólo se ejecutó a tres de ellos en octubre de 1942. El resto cumplió cadena perpetua, falleciendo un prisionero por malnutrición a finales de 1943. Los seis supervivientes que quedaron fueron liberados al finalizar la Segunda Guerra Mundial.

Una de las decisiones más trascendentales que tomó el Estado Mayor Imperial Japonés y el almirante Yamamoto posteriormente, fue la conquista del atolón de Midway. Ello se debía al hecho de que pensaron erróneamente que los bombarderos estadounidenses habían despegado desde esa zona. El 4 de junio de 1942 tuvo lugar una batalla crucial en dicho atolón. La victoria estadounidense fue aplastante: se destruyeron 4 portaaviones japoneses frente a uno sólo de Estados Unidos. En este enfrentamiento, el Imperio japonés perdió definitivamente la iniciativa frente a la pujante marina estadounidense. Una vez terminada la guerra, el ‘Raid Doolittle’ se convirtió en un mito de la historia de la aviación. Al coronel James Doolittle se le ascendió a brigadier general y se le concedió la Medalla de Honor del Congreso por el liderazgo ejercido durante la arriesgada operación.

Bibliografía

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Ramírez Ruiz, R.; de Prado Clavell Nuñez, S.; Debasa Navalpotro, F. (2017). Historia de Asia Contemporánea y Actual. Editorial. Universitas S.A., Madrid.

Villamor, R. (2021). Eso no estaba en mi libro sobre la Guerra del Pacífico. Almazura, S.L. Colección Historia.