Sobre la Segunda Guerra Mundial se han escrito infinidad de historias de todo tipo. Una de ellas trata sobre el teniente Hiroo Onoda, el que fuera el último soldado japonés en hacer efectiva su rendición. Esta tuvo lugar concretamente el 9 de marzo de 1974, casi treinta años después de finalizar la guerra en 1945.

El soldado japonés Hiroo Onoda. Fuente: TodayinHistory.blog

Rendición japonesa en la Segunda Guerra Mundial

Japón había iniciado un período de expansión territorial sin igual desde finales del siglo XIX. Durante este proceso, el Imperio del Sol Naciente invadió numerosas naciones asiáticas imponiendo su voluntad a sangre y fuego. A partir de 1937, empezó la segunda guerra sino-japonesa con episodios sumamente crueles como la masacre de Nankín. En diciembre de 1941, entró en escena Estados Unidos tras el ataque sorpresa de Pearl Harbor. Comenzó entonces una cruenta campaña entre los dos países por el control del océano Pacífico. Después de algunas victorias iniciales y sucesivas derrotas, para 1945 el Imperio nipón se encontraba totalmente exhausto.

Tras el impacto de dos bombas atómicas, la declaración de guerra de la Unión Soviética y la pérdida de millones de vidas, el Imperio japonés aceptó su rendición incondicional de acuerdo a los postulados de la declaración de Potsdam. El 15 de agosto de 1945, el emperador Hirohito dio un emotivo discurso por radio a la nación japonesa para anunciar lo que ya era inevitable. Después de haber sido educados bajo un fuerte patriotismo, a muchos ciudadanos y militares japoneses les resultó muy difícil aceptar las vergonzosas palabras de su divino mandatario. En los casos más extremos, incluso se optó por el seppuku (técnica ritual de suicidio japonés) con tal de salvaguardar el honor.

Explosión de la bomba atómica sobre la ciudad de Hiroshima

Finalmente, el 2 de septiembre se firmaron los términos de la capitulación japonesa en la bahía de Tokio a bordo del USS Missouri. La Segunda Guerra Mundial había concluido. Sin embargo, en la sociedad japonesa no todos se resignaron a aceptar el discurso triunfalista de los vencedores. La rendición en la Segunda Guerra Mundial a manos de Estados Unidos y sus aliados sigue siendo a día de hoy un tema muy delicado de tratar en el País del Sol Naciente. La humillación que supuso para la población y la resistencia a asumir la derrota han ocasionado que existan ciertas teorías revisionistas que abogan por recuperar el honor y la dignidad japonesas olvidados, todo ello impregnado de un renovado nacionalismo y orgullo nacional.

A su vez, esta postura también cuestiona el actual papel de las Fuerzas de Autodefensa de Japón, al estar supeditado a las directrices estadounidenses reflejadas en la constitución japonesa. Por otro lado, los crímenes de guerra perpetrados por el ejercito nipón continúan siendo motivo de discordia entre Japón y sus vecinos asiáticos (China, Corea, Vietnam, etc). Estos países consideran que las muestras de arrepentimiento por parte de los sucesivos gobiernos japoneses no han sido del todo sinceras. Algunos casos, tales como las denominadas “mujeres de consuelo” (esclavas sexuales al servicio de militares japoneses en los países ocupados), han sido objeto de polémica al tratar de restarle importancia por parte de algunos gobernantes japoneses.

El ministro de asuntos exteriores japonés, Mamoru Shigemitsu, firmando el acta de rendición de Japón, a 2 de septiembre de 1945

La lucha de Onoda persiste hasta 1974

A finales de 1944, el joven Hiroo Onoda fue enviado junto a un destacamento japonés a la isla de Lúbang en el archipiélago de las Filipinas. El objetivo de su misión era llevar a cabo una resistencia numantina para hostigar al máximo posible a las fuerzas estadounidenses del Pacífico. A pesar de la rendición de su nación en 1945, Hiroo Onoda siguió cumpliendo con su deber en la jungla de la isla de Lúbang (Filipinas) hasta pasados casi treinta años. Durante parte de ese tiempo le acompañaron tres compañeros: Yuichi Akatsu (rendido en 1951), Shoichi Shimada (muerto en 1954) y Kinshichi Kozuka (muerto en 1972). Ya en los años 70, un aventurero llamado Norio Suzuki quiso conocer en persona al legendario soldado japonés del que todo el mundo hablaba y que algunos daban por muerto.

Aunque Suzuki le animó a volver a su patria pues la guerra había terminado en 1945, Onoda solo aceptaría la rendición si la orden provenía de su superior. Por esta razón, Suzuki regresó a Japón para buscar a su antiguo oficial de mando, el anciano Yoshimi Taniguchi, el cual había dejado de ser militar para regentar una tienda de libros. Posteriormente Taniguchi acompañado por Suzuki, viajó hasta la isla de Lúbang para leerle a Onoda los términos del cese de las hostilidades. Era el 9 de marzo de 1974, casi 30 años después de la rendición incondicional de Japón. Este día fue, sin duda alguna, todo un acontecimiento para el emblemático militar japonés. Onoda entregó ceremonialmente su espada, su viejo fusil junto con varios paquetes de munición y algunas granadas que todavía se hallaban en su poder.

El soldado japonés Hiroo Onoda siendo recibido por una comitiva. Fuente: culturairapuato

Después de su esperado regreso a Japón, a Onoda no le agradó excesivamente la sociedad con la que se encontró. En su opinión, las sucesivas generaciones japonesas de posguerra se habían “ablandado” demasiado. Tiempo después, Onoda se mudó a Brasil y se empleó en la ganadería. Más tarde volvió a Japón donde se dedicó a enseñar técnicas de supervivencia en condiciones extremas. Finalmente, el que había sido el último soldado japonés en rendirse, falleció el 16 de enero de 2014 a los 91 años de edad. El portavoz del ex-primer ministro Shinzo Abe fue muy elocuente al valorar la figura de Hiroo Onoda, destacándolo como un auténtico héroe japonés aunque sin hacer mención a los civiles filipinos que mató durante su llamada “guerra solitaria“. Este reconocimiento puede generar en parte cierta controversia. Pero, ¿porqué Onoda decidió resistir durante tanto tiempo en condiciones tan extraordinarias?

Su actitud de cumplir con su deber hasta las últimas consecuencias quizá pueda resultar algo fanática para la mentalidad occidental. No obstante, es de destacar que en la sociedad militarista japonesa de la Segunda Guerra Mundial, el honor era considerado un valor irrenunciable, incluso más que la propia vida. Por otro lado, Onoda esperaba que algún día alguien procedente del ejército fuera a recogerle. Al no producirse este hecho y debido a su profundo aislamiento, a Onoda no le quedó más remedio que continuar con su misión hasta 1974 cuando recibió la orden directa de Yoshimi Taniguchi. Más recientemente en el año 2021, se estrenó la película Odona, 10.000 noches en la jungla del director francés Arthur Harari. En ella se relata la trayectoria del irredento soldado japonés desde su estricta formación hasta que es traído de vuelta a Japón, tras haber pasado casi tres décadas oculto en la selva de Filipinas.

Cartel promocional de la película Onoda, 10.000 noches en la jungla

Casos similares

Aunque el caso de Hiroo Onoda fue el más conocido, no constituyó el único ni tampoco el último soldado que estuvo en activo hasta un tiempo posterior al finalizar la Segunda Guerra Mundial. A continuación se enumeran los militares que rehusaron rendirse en septiembre de 1945, prologando su lucha meses, años o incluso décadas más tarde:

  • El capitán Sakae Oba se rindió varios meses después del final de la Segunda Guerra Mundial.
  • El soldado Yuichi Akatsu permaneció en Lúbang desde 1944 hasta su entrega en el pueblo filipino de Looc en 1951.
  • El cabo Shoichi Shimada aguantó en Lúbang hasta su muerte en 1954.
  • Bunzo Minagawa se ocultó en la isla de Guam desde 1944 hasta mayo de 1960.
  • El sargento Tadashi Ito se entregó en Guam tres días después de la rendición de Minagawa.
  • El cabo Shoichi Yokoi fue capturado en Guam a principios de 1972 tras haber pasado 28 años viviendo en una caverna por miedo a ser descubierto por los estadounidenses.
  • Kinshichi Kozuka vivió oculto junto con Onoda en la isla de Lúbang hasta su muerte en 1972, debida a un altercado con filipinos.
  • El taiwanés Teruo Nakamura se rindió oficialmente el 18 de diciembre de 1974, después de haber sido encontrado por las Fuerzas Aéreas de Indonesia en la isla de Morotai.
  • Ishinosuke Uwano fue el último soldado rezagado, si bien este vivió en sociedad creando una familia en Ucrania. Viajó a Japón para visitar a sus allegados en 2006.

Bibliografía:

Amaral, M; Jones D. (2020). El mundo en llamas. Desperta Ferro Ediciones.

Galán E. J. (2015). La Segunda Guerra Mundial contada para escépticos. Editorial Planeta, Barcelona.

Hayes-Wingfield R. (2020). ‘Fin de la Segunda Guerra Mundial: el soldado de Japón que tardó 29 años en rendirse tras la contienda (y por qué para ese país ha sido tan difícil aceptar la derrota)’. BBC News Mundo. https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-53790724#:~:text=El%20lugarteniente%20Hiroo%20Onoda%20fue,9%20de%20marzo%20de%201974.

Navalpotro, D. F.; Núñez de Prado, C. S.; Ruiz, R. R. (2017). Historia de Asia Contemporánea y Actual. Editorial Universitas, S.A.

Redacción cultural. (2021). ‘Conoce la historia de Hiroo Onoda el último soldado japones en rendirse en la IIGM’. Culturairapuato. https://culturairapuato.com/conoce-la-historia-de-hiroo-onoda-el-ultimo-soldado-japones-en-rendirse-en-la-iigm-parte-1/

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