El político y dictador comunista Nicolae Ceausescu ha sido y sigue siendo una figura polémica para la historia de Rumania. De 1967 a 1989, fue el máximo dirigente de la República Socialista de Rumania. Pese a las esperanzas iniciales, a medida que pasaban los años se fue instaurando un régimen de culto a su personalidad acompañado de un nacionalismo llevado al extremo y de un grave deterioro en las relaciones internacionales con Occidente.

Nicolae Ceausescu. Fuente: lavanguardia

Inicios

Nicolae Ceausescu nació el 26 de enero de 1918 en la ciudad de Scornicești, situada en la región de Oltenia. A una edad muy joven, se trasladó a Bucarest para trabajar en la industria. En la década de los 30 se afilió al Partido Comunista de Rumania, en aquel entonces ilegal, destacándose como un miembro muy activo. Debido a sus acciones dentro de esta organización, fue arrestado en varias ocasiones. Siendo ya un viejo conocido por las autoridades rumanas, en 1936 fue capturado y encerrado en la prisión de Doftana. Durante este tiempo encarcelado aprovechó para conocer a Elena, la que sería posteriormente su futura esposa y mano derecha. En 1943, fue llevado al campo de concentración de Târgu Jiu donde compartió celda con Gheorghe Gheorghiu-Dej, otro destacado líder comunista. Entre los años 1944-1945 Nicolae fue secretario de la Unión de la Juventud Comunista.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y tras negociar los aliados sus zonas preferentes, Rumanía quedó bajo la influencia de la Unión Soviética. Este hecho sería aprovechado hábilmente por el joven Nicolae para ir acaparando poder e influencia. Tras la llegada al poder de los comunistas en 1947, Nicolae pasó a escalar sucesivos puestos dentro del Partido Comunista Rumano. Algunos de sus cargos más importantes fueron ministro de Agricultura, viceministro de las Fuerzas Armadas y viceministro de Defensa bajo el gobierno de Gheorghe Gheorghiu-Dej. En 1952, entró a formar parte del Comité Central del Partido Comunista Rumano. Finalmente, en 1965 se convirtió en el líder de este partido tras la muerte de Gheorghe Gheorghiu-Dej y dos años después, alcanzó la Presidencia del Consejo de Estado (máximo cargo del gobierno). Había empezado una nueva etapa en la historia de Rumanía, con sus luces y sus sombras.

Política exterior y gobierno

La trayectoria política de Ceausescu no estuvo exenta de controversia tanto dentro como fuera del Pacto de Varsovia (alianza militar creada en 1955 por la URSS y sus aliados). Su labor como gobernante estuvo íntimamente ligada al papel que ejerció su mujer Elena, compartiendo ambos una desmedida ambición por el poder. Pese a pertenecer Rumanía teóricamente a la órbita de la Unión Soviética, Ceausescu marcó su propio camino criticando la actuación de su aliado durante la Primavera de Praga de 1968. Durante muchos años, fue considerado como el ‘tercer rupturista‘ junto con el yugoslavo Tito y el albano Enver Hoxha. Desde el bloque soviético, a Nicolae Ceausescu se le llegó a considerar como una ‘oveja descarriada‘.

Aunque nunca rompió formalmente relaciones con la URSS, estas desavenencias le sirvieron como pretexto para un aparente acercamiento hacia el bloque occidental. Prueba de ello, fueron las frecuentes visitas de importantes mandatarios como la del francés De Gaulle en 1968 o la del presidente estadounidense Jimmy Carter en 1978. También es destacable la visita del dirigente comunista español Santiago Carrillo, persona muy cercana a Ceausescu. Por otro lado, Rumanía fue uno de los escasos países comunistas en participar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984, donde consiguió un envidiable medallero. Por estas razones, muchos veían al líder rumano como un decidido aperturista. Pero a pesar de todos estos gestos tan amistosos, dentro de la propia Rumanía sus verdaderas intenciones eran más bien otras.

Nicolae Ceausescu junto al presidente estadounidense Jimmy Carter. Fuente: lavanguardia

Culto a la personalidad y deterioro del régimen

Nicolae Ceausescu instauró un férreo culto a su personalidad, denominándose a sí mismo como el “Conducător” (conductor del pueblo) e incluso con un cetro hecho a su medida. Otros calificativos igualmente significativos fueron “Genio de los Cárpatos”, “Danubio del pensamiento“, “Héroe del trabajo social”, “Personalidad excepcional del mundo contemporáneo”… Elena no fue menos que su marido, pues tampoco dudó en otorgarse a sí misma numerosísimos premios y condecoraciones, algunos inexistentes y otros comprados. Esta emblemática pareja manejaba todos los hilos del país como si se tratara de un asunto doméstico, aunque cada vez con un mayor despotismo e intransigencia.

Dentro de Rumanía no se permitía la más mínima crítica hacia los Ceausescu a través del establecimiento de un sistema represivo con la ayuda de la Securitate, una policía implacable. La opinión pública y los medios de comunicación estaban fuertemente controlados por el gobierno. Por otro lado, Nicolae había llevado a cabo un intenso programa de industrialización que acabó derivando en una espiral de fuerte endeudamiento externo. Para tratar de mitigar esta deuda, se ordenó la exportación de la mayor parte de la producción agrícola e industrial del país. Esta medida tan drástica empeoró sobremanera las condiciones de vida para la población rumana. Como contraste, se dice que Ceausescu estrenaba un traje todos los días por miedo a ser envenenado.

Pero posiblemente el mayor de los delirios de Ceausescu lo encontremos en un emblemático edificio situado en pleno centro de la capital. Después del trágico terremoto de Vrancea ocurrido en 1977, la ciudad de Bucarest había quedado seriamente dañada. Esta fue la oportunidad perfecta para remodelar la capital de la nación al gusto y antojo del dictador rumano. La megalomanía de Ceausescu llegó a tal extremo que ideó el que posteriormente se convertiría en el segundo edificio más grande del mundo, solo por detrás del Pentágono: el Palacio del Pueblo (irónicamente Ceausescu lo había bautizado como la Casa del Pueblo a pesar de que era para su uso exclusivo).

La extensión de este edificio ocupó un área total de unos 340.000 m2 y fue necesario demoler buena parte del centro urbano incluyendo doce iglesias, dos sinagogas, tres monasterios y más de 7.000 viviendas. Toda una muestra de su poder absoluto. Esta exagerada ostentación por el lujo mientras que su pueblo pasaba severas estrecheces económicas (racionamiento de comida, cortes de electricidad, agua caliente una vez a la semana, etc), allanó el camino hacia el descontento social. Actualmente este singular edificio es la sede del Parlamento de Rumanía. A modo de anécdota y debido a la enormidad de esta obra arquitectónica, la mayoría de sus habitaciones se hallan todavía vacías (un 70%) en espera de poder darles un uso en el futuro.

Vista del Palacio del Pueblo. Fuente: secretworld

Decreto 770

Una de las medidas más desconocidas pero contundentes dictadas por Nicolae Ceausescu fue el llamado ‘decreto 770‘. A través de este decreto, se prohibió el aborto y la contracepción en mujeres menores de 40 años. El objetivo final de esta medida era aumentar la población de Rumania en un 50% en el transcurso de una década, algo que traería consecuencias nefastas. Pese a las dificultades económicas de la mayoría de la población, el gobierno rumano motivó a todas las parejas jóvenes a tener cuantos más hijos mejor. A los niños nacidos durante este período se les conoció popularmente como los ‘Niños del Decreto‘.

Como consecuencia de este siniestro plan de Ceausescu, muchas familias rumanas tuvieron más hijos de los que realmente podían mantener, acabando muchos de ellos en orfanatos estatales en condiciones deplorables. En muchos casos estos niños fueron víctimas de todo tipo de abusos, sin poder hacerse nada al respecto puesto que las autoridades rumanas impusieron el silencio. También provocó que muchas mujeres recurrieran al aborto clandestino, encontrando la muerte muchas de ellas. Para el grueso de la población rumana, la propia vida sexual se transformó en una auténtica pesadilla.

Caída del régimen y ejecución sumaria

El fin de la ‘doctrina Breznev‘ por la cual la Unión Soviética se arrogaba el derecho de intervención en cualquier país perteneciente a su órbita de influencia tras la llegada de Mijaíl Gorbachov, propició que los países de Europa del Este fueran abandonando la doctrina comunista. La caída del muro de Berlín en 1989 marcó un antes y un después durante este proceso. El 16 de diciembre de 1989, empezaron las protestas en Timisoara contra Nicolae Ceausescu desencadenadas por el desahucio del pastor luterano Lászlo Tőkés. Más tarde, dichas protestas se extendieron a otras ciudades hasta llegar a la capital Bucarest. Ceausescu trató de contrarrestar estos desencuentros mediante un discurso que tuvo que ser interrumpido por los constantes abucheos a su persona.

Posteriormente se empleó la represión violenta contra los manifestantes con la ayuda de la policía política y del ejército. Esta medida solo consiguió acrecentar todavía más las protestas y avivar el sentimiento de rechazo hacia Nicolae y Elena Ceausescu. Las acciones del dictador rumano y su mujer dieron como resultado más de 1.100 muertos y 3.400 heridos, aunque las cifras varían enormemente según la fuente consultada. Ante este baño de sangre, el propio ejército se rebeló contra los principales dirigentes de Rumanía ordenando su detención y siendo trasladados en secreto a una base militar a 80 km de la capital.

Nicolae Ceausescu fue sumariamente juzgado y ejecutado junto con su esposa Elena en la base de Târgoviște en circunstancias poco aclaradas el 25 de diciembre, curiosamente el día de Navidad (ambos eran ateos). Mientras era conducido al patíbulo, exclamó con gran elocuencia y patriotismo: “¡Viva la República Socialista de Rumanía! ¡La historia me vengará!” (en esto se pareció al famoso alegato de Fidel Castro en 1953, “la historia me absolverá”). Murió fusilado mientras entonaba La Internacional, aunque de esto existen diferentes versiones. A su esposa Elena hubo que rematarla. Tras estas dos muertes tan dramáticas, Rumanía inició el camino hacia la democracia y la economía de libre mercado no sin encontrar serias dificultades.

Más adelante, en el año 2004 Rumanía se integró en la OTAN y tres años después en la Unión Europea junto con su vecina Bulgaria. Pese a esta apertura hacia Occidente, no han sido pocos los desafíos a los que se ha tenido que enfrentar la población rumana. La compleja situación económica unido a la fuerte emigración hacia los países de Europa occidental en busca de mejores oportunidades, ha provocado paradójicamente que muchos rumanos miren con cierta nostalgia los tiempos de su antiguo dictador y faro luminoso. Por otra parte, también se encuentran aquellas víctimas del régimen que siguen reclamando justicia a día de hoy. El debate, no obstante, sigue abierto entre los habitantes de Rumanía.

Tumba actual de Nicolae y Elena Ceausescu

Bibliografía:

Carcedo, D. (2018). ‘Nicolae Ceausescu: los delirios de un tirano’. Lavanguardia. https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20180118/47313235631/nicolae-ceausescu-los-delirios-de-un-tirano.html

Mateo-García, C. (2019). ‘Nicolae y Elena Ceaucescu, la ejecución navideña del ‘conducator’ y de su odiada mujer’. Elmundo. https://www.elmundo.es/loc/celebrities/2019/12/21/5dfa57b6fdddff76748b45ba.html

Motos S., E. M. (2021). Historia del comunismo. Editorial Sekotia, S. L.

Redacción BBC Mundo. (2015) ‘El horror de los niños huérfanos de Rumania: “Fuimos aniquilados como seres humanos”. https://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/12/151230_rumania_ninos_orfanatos_huerfanos_mr