Las naumaquias fueron vistosas representaciones romanas de batallas navales, que se efectuaron fundamentalmente basándose en episodios náuticos bélicos de importancia que acontecieron realmente en el mar. Algunas de las naves involucradas en el espectáculo normalmente eran de tamaño inferior a las propiamente de combate, pero su equipamiento y las personas que las maniobraban y luchaban hacían que el combate se igualase al de las batallas auténticas.

El término naumaquia procede del latín naumachĭa, que a su vez viene del griego ναυμαχία o naumachía. Etimológicamente quiere decir “combate naval” y en la Antigua Roma hacía referencia al tipo de espectáculo que representaba una batalla náutica. El vocablo también se empleaba para designar al emplazamiento destinado a dichas exhibiciones.

Ilustración de Jean-Claude Golvin.

Lo normal en las naumaquias era la representación romana de temáticas históricas (o pretendidamente históricas), con los añadidos que el espectáculo requería. Las batallas navales eran simulaciones que realzaban los aspectos de la ficción dramática para estimular la diversión pública o la ceremonia celebrada. Algunos participantes se disfrazaban para la representación y se recreaban escenarios. Es menester aclarar que no se trataba de espectáculos frecuentes, puesto que al exigir medios y trabajos monumentales se realizaban en ocasiones puntuales vinculadas a los acontecimientos y circunstancias más relevantes. Las tres primeras naumaquias se deben a César, a Augusto y a Claudio.

Julio César ordenó realizar la primera naumaquia en el año 46 a. C. Esta es la primera representación de combate entre barcos de la que se tiene constancia. César ofreció al pueblo este espectáculo con el fin de impulsar su carrera política, y para conseguirlo tuvo que desviar el curso del río Tíber y conducir las aguas a una piscina edificada cerca del mismo. Lo que César celebraba era sus triunfos —las ceremonias por las victorias militares de un general en campañas extranjeras— por la guerra de las Galias, la batalla del Nilo, la batalla de Zela y la batalla de Tapso. En la naumaquia cabían los famosos birremes, naves de guerra con dos hileras de remos en los laterales que evolucionaron de las galeras. Podían incluso navegar trirremes y cuatrirremes. La celebración de César no escatimó en gastos: en el espectáculo llegaron a participar dos mil guerreros y cuatro mil remeros, que procedían principalmente de los prisioneros capturados en las guerras. El lago artificial se hizo mediante la excavación de un foso circular en la ribera del Tíber.

Naumachia. Ilustración de flaviobolla.

Augusto ofreció otra naumaquia al finalizar la construcción del Foro de Augusto con el templo de Mars Ultor en el año 2 a. C. Augusto siguió el camino de César, según él mismo relata en Res Gestae Divi Augusti, y también construyó una piscina de grandes proporciones en el margen del Tíber. En la batalla que Augusto ordenó representar se congregaron tres mil combatientes repartidos en treinta grandes buques de guerra de tamaño real equipados con un espolón, esto es, una prolongación de la proa cuya función es golpear a las embarcaciones enemigas y romperles el casco. El espolón funciona como un ariete ubicado normalmente a la altura de la línea de flotación. Cabe recordar que en estas contiendas navales, a diferencia del duelo de artillería posterior, lo importante era el abordaje y la lucha cuerpo a cuerpo, de ahí la importancia del espolón, que en Roma se denominaban rostrum.

La naumaquia que construyó Augusto fue la primera de carácter estable con unas medidas aproximadas de 533 por 355 metros. Se construyó un conducto de agua cuya finalidad exclusiva era abastecer la naumaquia. Pero el caudal era tan abundante que el excedente se destinaba al riego de los jardines de César que se encontraban cerca. La construcción era tan fastuosa que Plinio dijo que incluso había una isla en el centro del lago de piedra. La batalla que se representó fue la que mantuvieron las ciudades griegas contra el Imperio aqueménida en Salamina en el año 480 a. C., la cual fue el encuentro determinante de la Segunda Guerra Médica.

Naumaquia de Augusto. Ilustración de Jean-Claude Golvin.

Hay que mencionar que si se tienen en cuenta las dimensiones de los trirremes y las proporciones del lago, entonces se puede deducir que la maniobrabilidad de las embarcaciones no era lo que primaba. Además, para llegar a la suma de tres mil hombres habría sido necesario que cada nave llevase más soldados de lo que era común, lo cual lleva a pensar que lo principal era más bien el combate cuerpo a cuerpo.

La naumaquia más importante fue la llevada a cabo por el emperador Claudio en el año 52 d. C. en el lago Fucino. En esta ocasión no se mandó a construir un lago artificial, sino que realizó el espectáculo en una extensión natural de agua. Con la naumaquia se celebraba la inauguración de los trabajos de drenaje del propio lago en al que se organizó la exhibición. Para la desecación se confeccionó una colosal labor de ingeniería.

En la naumaquia de Claudio participaron cien naves y diecinueve mil personas, principalmente rodios y sicilianos, que combatieron en dos flotas cuyas embarcaciones estaban completamente equipadas para la guerra. El lago era tan extenso que se delimitó la zona de combate, no obstante, había suficiente espacio para que los barcos realizaran maniobras y los pilotos pudieran mostrar su habilidad ante el público. En esta naumaquia se podía ver la fuerza de los remeros y se presentaban la lucha y las embestidas con mayor realismo. Muchos de los naumachiarii eran reos condenados a muerte. Suetonio recoge en De vita Caesarum (que contiene la biografía de los regentes romanos desde César hasta Domiciano) que los guerreros saludaron al emperador antes de la batalla con la famosa sentencia Morituri te salutant (“Los que van a morir te saludan”). La batalla, según se cuenta, fue cruenta y sanguinaria. El historiador Tácito describió la batalla naval en sus Annales.

Con el gobierno del emperador Nerón (a partir del 54 d C.) las naumaquias empezaron a ser representadas en los anfiteatros. Estos edificios romanos eran recintos públicos con forma circular construidos para celebrar juegos y espectáculos, y ser observados desde las gradas. Un ejemplo claro es el famoso Coliseo de Roma o Amphitheatrum Flavium. En esta etapa, el nivel de efectismo de las naumaquias aumentó extraordinariamente en lo que concierne a los aspectos de la ficción dramática y del componente artístico. Dion Casio en su Historia Romana y Suetonio en la parte dedicada a Nerón de su De vita Caesarum mencionan la existencia de una naumaquia en el 5 d. C. que se realizó en un anfiteatro erigido en el Campo de Marte para tal propósito.

La naumaquia. Pintado por Ulpiano Checa.

Tito Flavio Vespasiano (padre), conocido como Vespasiano, ordenó la construcción del anfiteatro que hoy conocemos como Coliseo, cuya construcción dio inicio entre los años 70 y 72 d. C. Este anfiteatro se llamó Amphitheatrum Flavium por honra de la dinastía Flavia (compuesta por Vespasiano, Tito y Domiciano, que gobernaron sucesivamente a partir de los años 69, 79 y 81, respectivamente) y se terminó de construir en la regencia de Tito Flavio Vespasiano (hijo), conocido como Tito, en el año 80 d. C. Posteriormente, el Coliseo fue modificado hasta llegar a la forma conocida en el reinado del emperador Tito Flavio Domiciano (hijo de Vespasiano y hermano de Tito). El Coliseo contaba con un sistema de drenaje que estaba conectado a cuatro conductos de alcantarillado.

El emperador Tito (quien, sin ser aún emperador, conquistó Jerusalén en el 70 en la primera guerra judeo-romana) celebró una naumaquia en el año 80 en el lago artificial que Augusto construyó y otra en el mismo año en el Anfiteatro Flavio. Su hermano, el emperador Domiciano, organizó dos naumaquias en los años 85 y 89: la primera en el Coliseo y la segunda en un nuevo estanque construido también cerca del Tíber.

Ilustración de Jean-Claude Golvin.

Cabe decir que las naumaquias del Coliseo no tuvieron el realismo de las otras naumaquias por las dimensiones de la arena y por la dificultad de su inundación. Es posible que se tratase más bien de un decorado para representar barcos en el agua pero que en realidad no podían maniobrar o incluso navegar, siendo lo principal el combate de los guerreros. No obstante, no se tiene constancia precisa de la forma exacta en la que se lograba inundar el anfiteatro. Asimismo, el subsuelo del Coliseo sufrió diversas transformaciones.

Las dos últimas naumaquias romanas documentadas son la de Trajano en el año 109 y la de Marco Julio Filipo (o Filipo el Árabe) en el año 248, en la que reconstruyó la naumaquia de Augusto. La naumaquia de Filipo se ofreció en el contexto del milenario de la fundación de Roma, conforme al cómputo de Marco Terencio Varrón.

 

 

Bibliografía

Dion Casio (2004). Historia romana. Madrid: Gredos.

Roldán Hervás, J. M. (2002).Naumaquia, el mayor espectáculo de Roma. La Aventura de la historia. N. 40, pp. 64-67.

Suetonio Tranquilo, C. (2010). Vida de los césares. Madrid: Alianza Editorial.

Tácito, C. C. (2008). Anales. Madrid: Alianza.