La figura del privado ha sido siempre objeto de estudio y curiosidad. Ese fue el caso del conde-duque de Olivares, al cual se le llegó a acusar de tener contacto con el diablo. En este artículo se pretende indagar aun más en la vida de este enigmático personaje.

¿Quién fue el conde-duque de Olivares?

Don Gaspar de Guzmán y Pimentel Ribera y Velasco de Tovar, más conocido como el conde-duque de Olivares, nació el 6 de enero de 1587 en Roma, donde su padre era embajador de España, por lo que formaba parte de una familia ilustre.

Don Gaspar vivió en Italia hasta que cumplió los doce años. Su padre se encargó de guiar su educación con el fin de que terminara logrando lo que se propusiera. Por ello, le envió a la Universidad de Salamanca donde pudo estudiar con parte de la casa de la nobleza. Se convirtió en el heredero debido a que, a pesar de ser el tercer hijo de la familia, sus dos hermanos mayores murieron. Esto provocó que dejara la sotana, cogiera la espada y se casara con Doña Isabel de Zúñiga que, a pesar de ser su prima, era la dama de la reina. Gracias a esto pudo obtener una posibilidad de acción en el palacio.

En poco tiempo se convirtió en el ayo del futuro Felipe IV. Este puesto al lado del joven rey hizo que el conde-duque se ganara su confianza y afecto. Así, pronto tuvo su privanza asegurada. La llegada de un nuevo rey al trono prometía soñar con reformas y, ciertamente, las primeras acciones del joven monarca no defraudaron a los que las esperaban.

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El conde-duque de Olivares, Museo del Prado

El conde-duque de Olivares en la Corte

Los numerosos enemigos de Olivares no entendían aquella confianza que el rey tenía con él y siguiendo una vieja costumbre sobre el poder de los privados, atribuían esta buena relación a algún influjo maléfico logrado mediante artes de brujería. El «valido» o «privado» era la persona que conseguía ganarse el favor del rey utilizando, según se daba por supuesto, medios siniestros.

De la mano del conde-duque de Olivares, Felipe IV restituyó en los cargos correspondientes a aquellos personajes desplazados por el gobierno anterior. Fijó (desde el principio) como meta que su Monarquía se debía parecer a la de su abuelo Felipe II. El primer acto del nuevo gobierno fue la creación de una Junta de Reformación, formada por diez miembros que debían reunirse todos los domingos. No obstante, esta Junta resultó un fracaso. Se requería de un organismo nuevo y más llamativo que reflejara en toda su extensión el profundo compromiso del rey y de sus nuevos ministros por la reforma proclamada. Este organismo fue la llamada Junta Grande, instituida en agosto de 1622.

Todo el programa político que Olivares llevó a cabo puede ser encontrado en El Gran Memorial, el cual presentaría al rey en el año 1624. Así, en este se contienen un conjunto de medidas que se destinaban al refuerzo del poder real y a la unidad de los territorios en los que ejerciera dicho poder. Con esto se pretendía que los recursos destinados a política exterior se aprovecharan dela mejor manera. Se creó la Unión de Armas (acuerdo por el cual los reinos de España aumentaban su compromiso para compartir con Castilla los costes humanos y financieros de carácter bélico).

El Gran Memorial del Conde-Duque de Olivares. | UNA HISTORIA CURIOSA
Estudios del Reinado de Felipe IV, obra de Cánovas del Castillo

Sin embargo, las constantes necesidades de dinero para el mantenimiento de la guerra paralizaron los diferentes proyectos de reforma. Las resistencias a estas nuevas reformas fueron múltiples en toda la Monarquía.

Todo esto condujo a una hostilidad hacia el conde-duque que empezaría en 1623. La oposición hay que situarla en la Corte, donde el descontento surgió por el discriminado reparto de mercedes y privilegios.

Las críticas fueron creciendo en las décadas siguientes. Sin embargo, sería el impuesto sobre el papel sellado el centro de la mayor parte de dichas críticas.

En este ambiente, muchos contemplaban la posibilidad de que el valido hechizase al rey para captar su voluntad y ejercer el gobierno a su libre albedrío.

El conde-duque era presentado como una especie de hechicero, con tratos demoníacos y contactos con judíos. Esto suponía que los fracasos y situaciones críticas por las que atravesaba la Monarquía fuesen culpa del valido. La cólera divina se encontraba por ello justificada.

Algunos autores del siglo XVII, críticos con el valido, no dudaban en tratar al conde-duque como un mago o alguien dispuesto a codearse con hechiceros. Así, Quevedo, en 1640, escribió La cueva de Meliso, mago. En esta obra se transforma en literatura a este político que tenía un gusto y afición por la magia. Después, habla acerca del futuro que le espera al conde-duque y aquí pasa casi todo el poema repasando los acontecimientos que se desarrollaron durante la etapa en la que ejerció como valido, relacionándolos con la magia.

Se le llegó a acusar, además, de haber puesto al servicio de la reina a la figura de Andrés de León (clérigo menor y hechicero) y, junto a él, a otros muchos hechiceros. Se hablaba, incluso, de que tenía un pacto con el diablo y, para crear un ambiente de nigromante completo, se le relacionaba con la hechicería desde su juventud en Salamanca. Esto suponía, por tanto, su contacto con hechiceras y hechiceros de la peor calaña, ya que era en esta ciudad donde se encontraba la conocida cueva en la que el diablo enseñaba todo tipo de trucos y artes a aquellos alumnos que él consideraba lo suficientemente capacitados para ello. Con esto, se deducía que el privado habría aprendido estas artes en Salamanca.

Finalmente y, para proceder al cierre del círculo, se sumaba el hecho de que se rumoreaba que la muleta que llevaba como consecuencia de su enfermedad de gota se mantenía viva por un demonio.

Además de ser visto como un nigromante, se decía que el conde-duque de Olivares poseía poderes hechiceros que eran usados como una estrategia política que tendría como fin controlar las pretensiones del monarca. Muchos años más tarde, aparecía el libro Carta sobre los hechizos que el Conde Duque de Olivares dio al rey Felipe IV. Obra, que, sin duda, tuvo una gran influencia en los años posteriores. Fue escrita por Casaval.

Con todo, en general, el conde-duque de Olivares puede ser definido como un hombre de enorme audacia e inteligencia, trabajador sin descanso, necesario en todo lo referente al servicio del rey, sencillo y amable dentro de las audiencias, amante de todo lo que fueran novedades y que contaba con una enorme ambición. El ejercicio de la privanza le supuso una fiebre por el poder que fue capaz de ir devorándolo poco a poco.

Caída y destierro del conde-duque de Olivares

El declive del conde-duque de Olivares se iniciaría con la victoria de Fuenterrabía (asedio por parte de las tropas francesas de la plaza española de Fuenterrabía en el año 1638). No obstante, la caída definitiva se produjo en el año 1643. Las causas que la provocaron han sido estudiadas por multitud de historiadores y aún no están completamente identificadas. Pero, en general, se deberían a los desdichados sucesos que ocurrieron en la monarquía de Felipe IV durante la época de gobierno de este privado. Así, estos fueron la pérdida de territorios tales como Brasil, el reino de Portugal, las sublevaciones de Cataluña y Andalucía además de la pérdida de la flota, un total de ciento dieciséis millones de reales en impuestos que se gastaron en guerras y una fuerte inestabilidad social por las medidas económicas tomadas.

Tras marcharse, el lugar de destierro de Olivares sería Loeches (municipio que actualmente se encuentra en la Comunidad de Madrid). El poder recayó en su sobrino, Don Luis de Haro, con quien, el 24 de mayo de 1643, el conde-duque se reunió en las afueras de Loeches. Allí Haro comunicó a su tío que el monarca quería que abandonase esta ciudad y se refugiase en Sevilla, más alejada de la corte. A don Gaspar le dolió mucho esa decisión del rey y pidió su traslado a Toro o a León. Se terminó eligiendo la primera de esas dos ciudades debido a razones familiares.

En Toro viviría durante dos años, en los cuales perdería la cordura y se le debilitaría la memoria, confundiría sus razonamientos y su expresión llegando, así, a sus últimos escritos los cuales eran imposibles tanto de leer como de entender. No comía, tenía delirios, decía barbaridades y su mente volvió a sus años de estudiante. Finalmente, fallecería en Madrid, en el año 1645. Fue enterrado junto a su esposa en el Monasterio de Loeches, que había sido fundado por ellos.

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Monasterio de Loeches

Bibliografía

Elliott, J.H. (1991). El conde-duque de Olivares, el político en una época de decadencia, Barcelona: Crítica

Negredo del Cerro, F. (2006), Los predicadores de Felipe IV. Corte, intrigas y religión en la España del Siglo de Oro. Madrid: Actas

Caro Baroja, J. (1972). Inquisición, brujería y criptojudaismo, Barcelona: Ariel.

Lara Alberola. E. (2015). El conde-duque de Olivares: magia y política en la corte de Felipe IV. Valencia: Universidad Católica de Valencia «San Vicente Mártir».

De Quevedo, Francisco (atribuido), “La cueva de Meliso, mago”, Obras de Francisco de Quevedo (poesías), colección ordenada y corregida por don Florencio Janer, Madrid, Sucesores de Hernando (Biblioteca de Autores Españoles, LXIX).