Que nadie se lleve a engaños: el LSD fue sintetizado en 1938 por Albert Hofmann; sin embargo las experiencias psicodélicas podrían estar conectadas con los misterios eleusinos, uno de los ritos de culto religioso más importantes de la Antigua Grecia.

En la ciudad griega de Eleusis se encontraba un santuario destinado al culto de la diosa Deméter y su hija Perséfone. Este santuario eleusino era un centro espiritual de especial relevancia en la civilización griega. En este sitio se realizaban rituales y los asistentes debían mantener en secreto aquello que se experimentaba en las ceremonias. Es por esto por lo que se los denomina misterios eleusinos. Existían los misterios pequeños y los misterios mayores. En los mayores se celebraba la ceremonia iniciática en la que los peregrinos se introducían en una cámara y bebían un brebaje: el kykeón (de la que sólo se conoce que tenía agua con harina y menta). Los aspirantes tenían experiencias intensas, pero lo que ocurría sigue siendo un secreto.

Antonio Escohotado en Historia General de las Drogas resalta la cantidad de personalidades que peregrinaron  a Eleusis como “Platón, Aristóteles, Pausanias, Píndaro, Esquilo, Sófocles y Cicerón —por no mencionar emperadores como Adriano o Marco Aurelio—, individuos todos de indiscutible sobriedad y penetración intelectual”. Además, afirma que los efectos de las ceremonias estaban ligados a una sustancia psicoactiva, relacionada con el hongo cornezuelo (Claviceps purpurea), que causaba un éxtasis visionario. La experiencia de la iniciación consistiría en una purificación de la concepción de la realidad, mediante la introducción del aspirante al final y al principio de su vida. Es un rito iniciático de renacimiento. Según Escohotado, se experimentaba una iluminación y una visión de lo trascendente que se presenciaba directamente. La experiencia aumentaba y se percibía el misterio sin mediación conceptual.

Hongo ‘cornezuelo’ (claviceps purpurea) en el centeno.

Escohotado sigue al propio Hofmann que, en El Camino a Eleusis, mantiene la hipótesis por la cual el kykeón contendría una mezcla de alcaloides hidrosolubles que producían las sensaciones extremas y el contacto con el misterio. Pues no sería extraño que la pócima sagrada se preparase con gravillas del cereal afectados por el hongo. Esto estaría relacionado con el mito, según el cual Deméter es la diosa de la agricultura y en ocasiones se la representa con espigas de trigo. Asimismo, Eleusis se dedicaba principalmente a producir trigo y cebada. Hace años en El Mundo por Montera, programa que dirigió Fernando Sánchez Dragó, se entrevistó a Hofmann y explicaron estas sugerentes hipótesis.

Hay que recordar que el LSD (RAE: Del al. LSD, sigla de Lysergsäurediäthylamiddietilamida de ácido lisérgico’.) lo obtuvo Hofmann de la ergotamina, la cual es un alcaloide  que se encuentra en el cornezuelo del centeno. Produce efectos psicológicos alucinógenos y de alteración de la percepción. Es una droga psicodélica que intensifica la estimulación de la percepción sensible.

Es importante señalar que la hipótesis de Hofmann no se restringe a la posible confirmación de un dato historiográfico, sino que pretende revelar una relación entre las experiencias inducidas por sustancias, como las psicodélicas, con el acceso a ciertos estados de la realidad que algunas tradiciones religiosas predican. Esto enlaza con las experiencias descritas por Aldous Huxley en Las Puertas de la Percepción, por virtud de las cuales la percepción en el estado normal se encuentra filtrada y cerrada a ciertas dimensiones de lo real. Las drogas alucinógenas abrirían la percepción posibilitando el acceso a tales dimensiones y estados de la realidad supuestamente ocultos.

En este sentido, Luis Racionero en Filosofías del Underground sostiene que las experiencias impulsadas por sustancias psicodélicas, tales como el LSD, concuerdan con la cosmovisión e imágenes del mundo sobre las que, según él, el misticismo hace referencia. Racionero conecta las representaciones de la psicodelia, químicamente inducidas, con la percepción de la realidad de un Todo interrelacionado. Lo que se quiere decir es, por tanto, que el consumo de estas sustancias va más allá de la mera alucinación o falsa percepción, excediendo la racionalidad analítica mediante una expansión de la experiencia que enlaza con el conocimiento de una cosmología unificada sin mediación alguna. Lo que se experimenta es la disolución de las fronteras que separan al individuo de la naturaleza y del contexto social, revelando una percepción holista y homogénea de la realidad.

“Si las puertas de la percepción se purificaran todo se le aparecería al hombre como es, infinito” (WILLIAM BLAKE)

Racionero considera al viaje psicodélico como un auténtico método de conocimiento situado al margen de la tradición racionalista. El viaje y la integración que se experimenta en la realidad-Todo se constituyen como prácticas inefables que exceden la conceptualización racional y desvelan la totalidad del ser en su realidad no fragmentada. La reivindicación de tales experiencias se erige de forma crítica respecto a la hegemonía gnoseológica de la mecánica conceptual racionalista y sus resortes analítico-deductivos de rigor y exactitud. En suma, se trata de un estado de conciencia no sólo alterado, sino ampliado, como vía lúcida de conocimiento de la realidad. Se siente la realidad tal como verdaderamente es, sin pasar por la categorización racional de tales experiencias supuestamente potenciadas químicamente; y lo que se estaría experimentando es la unidad de la realidad en su integridad, la anulación de los límites de la conciencia y del cuerpo.

El anciano de los días (The Ancient of Days) es el título de un grabado de William Blake, coloreado a la acuarela,​ originalmente publicado como frontispicio de su libro ilustrado de 1794, Europe a Prophecy.

Por consiguiente, las condiciones perceptuales del estado alterado de conciencia exigen la renovación de los fundamentos de las cosmovisiones tradicionales. Racionero hace una invitación al viaje psicodélico teniendo presente que la adecuada interpretación de la experiencia supone la comprensión de tales condiciones sensoriales. Dichas condiciones las sintetiza en tres formas de experiencia:

  • La experiencia de unidad, por la cual el cuerpo se debilita y progresivamente la inactividad fisiológica desemboca en un proceso mental de anulación del ego y de la personalidad particular. Lo que se experimenta es una realidad más amplia en la que se diluye el propio ser. En ese momento la percepción del cuerpo excede el organismo y se hace uno con el ambiente que lo circunda.
  • La experiencia de cambio, en la que esta totalidad indiferenciada se percibe en constante fluidez y transformación. Se toman unas cosas por otras y se tornan en su contrario. Asimismo, los sentidos se entremezclan causando una sensación sinestésica y modificada.
  • Experiencia de detención del tiempo, por la que se pierde la linealidad temporal. El instante es lo que se percibe y la inmediatez borra la ligazón de la sensación a la memoria.

En este contexto psicodélico, el uso que se hace de las sustancias se lleva a cabo según ciertas convicciones. De este modo, el viaje propiciado por el ácido no es considerado como una ilusión, sino como una agudización de los sentidos. Asimismo, no se trata de una evasión de la vida hacia una construcción artificial, sino de una intensificación de la misma mediante la potenciación de la conciencia. Según Racionero, los efectos perniciosos para la salud psicológica de las sustancias psicodélicas pueden ser controlados y mitigados si se administran “con la escrupulosidad de un tratamiento médico y la ritualidad de un sacramento”. A su vez, llama la atención sobre el carácter no adictivo ni destructivo de estas drogas, a diferencia de la cocaína, la heroína, el café, el tabaco o el alcohol.

La psicodelia formaría parte de los movimientos culturales que Racionero denomina el underground. Se trata de un tipo de prácticas -que califica de filosóficas- no racionalistas que pretenden evidenciar su objeto mostrándolo empíricamente sin recurrir a demostraciones axiomáticas y rigurosas. Su interés radica en la exploración tanto de estados mentales alternativos a los regidos por la lógica, como en la práctica de relaciones sociales no autoritarias ni instrumentalizadas. Su expresión como movimiento cultural adquirió su fuerza en la década de 1960. Sin embargo, dicho momento no sería más que la explosión de una tradición heterodoxa irracionalista de largo recorrido.

En esta tradición underground confluyen la percepción propiciada por las drogas psicodélicas, formas de pensamiento oriental, el hermetismo esotérico y un individualismo romántico. Todo lo cual entronca con expresiones culturales como el movimiento hippie y la generación beat. Así pues, conectan el uso de las drogas con las representaciones místicas y religiosas rechazadas por el pensamiento racionalista: no reduciendo la experiencia religiosa a la alucinación producida por la sustancia, sino considerando a la percepción inducida por el estado alterado de conciencia como una dimensión verdadera de la realidad, no accesible mediante la percepción habitual. Es por eso por lo que la hipótesis de Hofmann sobre lo que ocurría en los misterios eleusinos adquiere especial relevancia en la cultura psicodélica.

La cosmovisión psicodélica requiere, para su comprensión, prácticas y formas de relacionarse con el entorno distintas de las del control instrumental del mundo. Por tanto, no es casual que estas tendencias dieran lugar a un movimiento cuya mayor expresión fueron las protestas del 68, que tenían por detrás estilos de vida alternativos a los imperantes en ese momento. Según la interpretación de Racionero, la oposición a la sociedad industrial avanzada concuerda con la oposición a las formas del pensamiento racionalista. Esto es, las condiciones culturales anteceden y fundamentan a las formas sociales, de modo que una revolución cultural abriría a prácticas vitales distintas y, para él, liberadoras.

Para este autor, dichas condiciones culturales radican en estados mentales, de tal manera que apoya cierta tesis idealista por la que el cambio social depende de las circunstancias espirituales del momento histórico. Asimismo, lleva a cabo una reducción en la comprensión del fenómeno, dado que identifica la unidimensionalidad de la racionalidad de la sociedad industrial avanzada -históricamente situada- con la rección de la razón en los procesos cognoscitivos en general. La simplificación va más allá, pues concibe de modo homogéneo todas las formas de pensamiento racional. Así pues, entiende el platonismo, el cartesianismo, la metafísica racionalista y el neopositivismo como iguales formas de “actitud mental” que constituyen modos de autoritarismo cultural y fundamentan el  autoritarismo social. Por tanto, lo único emancipador serían formas irracionales de actividad desligados de procedimientos inferenciales, quedando únicamente la percepción, la cual se pretende aumentar.

Hay que, cuanto menos, mencionar algunas observaciones críticas usuales sobre este tipo de discurso de acceso a una sabiduría oculta. A este respecto, cabe señalar que el irracionalismo que se exhibe no es más que una construcción racional de una cosmovisión alternativa. No se trata de un uso provisional de mecanismos conceptuales comunes, sino que lo que se propone sólo es pensable racionalmente. Además, en lo concerniente a la legitimidad racional de esta cosmovisión hay que resaltar problemas como el  error categorial del dualismo mente-cuerpo, y la dificultad analítica de mantener un mentalismo sustancialista. A su vez, resulta problemático el mantenimiento de pseudoproblemas como aquellos que se preguntan por la Totalidad, así como el carácter esotérico que restringe la “interpretación adecuada” sólo a individuos “preparados” para las experiencias.

En conclusión, hay que destacar que la potencia contracultural no se anula frente a las críticas que inciden en la legitimidad de la consistencia y la coherencia del discurso que posiciona a la psicodelia como conocimiento de la realidad. Lo movimientos culturales, los estilos de vida alternativos y las prácticas vitales heterodoxas que se forjaron  a partir de tradiciones como la psicodélica, enriquecieron la llamada civilización occidental y abrieron el camino a formas de experiencia hasta ese momento desconocidas y marginadas.

 

 

Bibliografía:

Escohotado, A. Historia General de las Drogas. Ed. Espasa. 1998.

Hofmann, A., Gordon, R. y Ruck, C. El Camino a Eleusis: una solución al enigma de los misterios. Ed. Fonde de Cultura Económica. 1985.

Huxley, A. Las Puertas de la Percepción. Ed. DEBOLSILLO. 2017.

Racionero, L. Filosofías del Underground. Ed. Anagrama. 2002.

Racionero, L. Memorias de un Liberal Psicodélico. Ed. RBA. 2012.