Serie: Érase una vez España

Capítulo 09: La lista de los Reyes Godos

Los visigodos eran un pueblo guerrero acostumbrado a la lucha y la muerte. Solo hay que echar un vistazo a las biografías de sus regentes para darse cuenta. De los 35 reyes godos que rigieron nuestras tierras la mitad acabó cayéndose sobre una espada. La otra mitad consiguió que dicha enfermedad acaeciese a sus detractores, contendientes, familiares y amigos. Para contar todas las sangrientas luchas de poder y líos de faldas que se sucedieron en cuatro siglos habríamos necesitado al Shakespeare que nunca tuvimos. Esas historias sí que darían para hacer temporadas de Juego de Tronos.

Los elegidos, por si algún curioso quiere darle un vistazo a la vieja lista de los reyes godos, y porque el saber no ocupa lugar, fueron: Ataúlfo, Sigerico, Walia, Teodorico I, Turismundo, Teodorico II, Eurico, Alarico II, Gesaleico, Teodorico III, Amalarico, Teudis, Teudiselo, Ágila, Atanagildo, Liuva I, Leovigildo, Recaredo, Liuva II, Witerico, Gundermaro, Sisebuto, Recaredo II, Suintila, Sisenando, Khintila, Tulga, Chindasvinto, Recesvinto, Wamba, Ervigio, Égica, Witiza, Ágila II y Rodrigo.

El rey Don Rodrigo arengando a sus tropas en la batalla de Guadalete. Pintado por Bernardo Blanco.

Que la monarquía visigoda fuera electiva no ayudaba mucho a la paz. El rey tenía que ser de estirpe goda pero como eran los ricos, los nobles y los obispos los que elegían al sucesor ya se cuidaban ellos mismos de que el siguiente estuviera bastante emparentado en sangre. Aunque los reyes muchas veces conseguían dejar en el trono a sus descendientes a base de comprar o hacer desaparecer nobles, otras tantas las guerras civiles y la lucha fratricida estaban servidas.

Sería una  de esas guerras regicidas la que provocaría que los visigodos perdieran todas sus prebendas, tierras y privilegios. En el 709, cuando murió Witiza, el penúltimo rey godo, a muy temprana edad, sus familiares y amigos, que no tenían mucha gana de dejar el poder, intentaron perpetuarse haciendo recaer la corona en un hijo de Witiza, un niño llamado Ágila. En el otro bando, otros nobles que estaban hartos de no poder untar ellos mismos en todas las salsas, impusieron a su propio candidato, el duque Rodrigo.

El rey Don Rodrigo espiando desde los arbustos a Florinda la Cava bañándose. Pintado por Franz Xaver Winterhalter.

El partido agilano, herido en su orgullo, dirigió la vista hacia oriente en busca de aliados, hacia un oriente donde otros bárbaros habían empezado a unirse y conquistar a sangre y fuego, primero en vida de su profeta y más tarde con sus sucesores, todas las tribus de Arabia y el norte de África, empezando ya a tocarle las castañas al Imperio Bizantino. Lo cierto es que, los agilanos, deseosos de volver a conseguir sus viejos sillones, enviaron mensajeros al otro lado del Estrecho de Gibraltar que fueron contestados con un grito que iba a cambiar para siempre nuestra historia: “No hay más Dios que Alá y Mahoma es su profeta”.