Entre los años 1647 y 1651, uno de los pintores más destacados del Siglo de Oro español daba sus últimas pinceladas sobre el lienzo. De esta forma, Diego Velázquez daba por finalizada la obra que comúnmente conocemos como La Venus del espejo. La diosa romana de la fertilidad, el amor y la belleza descansa dándonos la espalda sobre una cama, totalmente despreocupada mientras su hijo, Cupido, sostiene un espejo en el cual se refleja el rostro de su madre. Lo que la humanizada diosa no supo, a pesar de su condición divina, es que sería apuñalada unos tres siglos después a manos de una simple mortal.

Corría el año 1914, un miércoles 10 de marzo. La canadiense Mary Richardson, periodista y socia sufragista que había comenzado su andadura en el feminismo en Reino Unido, se había levantado ese día con la firme intención de perpetrar un acto atroz en respuesta al encarcelamiento de su líder Emily Pankhurst, cabeza del movimiento Women’s Social and Political Union.

Mary Richardson en la National Gallery de Londres.

Aprovechando el pase gratuito al público de todos los miércoles, Mary Richardson accedió a la National Gallery como una visitante entusiasta del arte más; pero lo que la diferenciaba del resto de visitantes del museo era que, en vez de llevar un folleto sobre las obras que allí se encontraban expuestas, ocultaba entre sus pertenencias un pequeño hacha de mano. Aprovechando la hora del almuerzo, dirigió sus pasos con firmeza y determinación hacia donde se encontraba la Venus del espejo y sin dudarlo ni un instante rompió el cristal que protegía la obra de arte y asestó hasta siete puñaladas a la diosa, acto por el cual se ganaría el apodo de la navajera, antes de ser detenida por los guardias del museo.

La Venus del Espejo, de Diego Velázquez.

Según sus propias declaraciones una vez fue detenida, manifestó: “He intentado destrozar la pintura de la mujer más bella del pasado mitológico como protesta contra los actos de gobierno que están destrozando a la persona más bella de la historia moderna, Mrs. Pankhurst“. A lo que más tarde añadió: “Mrs. Pankhurst tan solo busca justicia para las mujeres y está siendo lentamente asesinada por unos políticos iscariotes. La destrucción de esta imagen solo pone en evidencia lo que ellos están haciendo, además del embaucamiento moral y la hipocresía política”.

A pesar del fatídico incidente, la obra de arte pudo ser restaurada sin serias complicaciones. Rápidamente, fue llevada al taller de la National Gallery donde el restaurador jefe Helmut Ruhemann pudo salvarla con notable éxito. Desde entonces, la diosa Venus está más pendiente de ver a través del espejo que sostiene su hijo si se acerca alguien con dudosas intenciones.

BIBLIOGRAFÍA:

-Gamboni, D.: The Destruction of Art: Iconoclasm and Vandalism since the French Revolution. Londres. Reaktion Books, 2007.

-Moran Turina, M.: Estudios sobre Velázquez. Akal. Madrid, 2006.

-Prater, A.: Venus at Her Mirror: Velázquez and the Art of Nude Painting. Prestel, 2002.

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