La práctica de la esclavitud ha constituido una constante a lo largo de la Historia de la Humanidad. Dicha práctica estuvo presente en multitud de civilizaciones e imperios pasados, llegando a establecerse como institución jurídica en la Antigua Roma. La trata o el comercio de seres humanos tuvo su máximo apogeo en el continente africano, epicentro de los intereses geopolíticos de diversas potencias, hasta su definitiva abolición en el siglo XIX.

Terminología

Esclavitud: situación por la cual una persona pasa a ser propiedad de otra, establecida como institución jurídica.

Trata: es el tráfico o comercio de seres humanos ligado a la esclavitud.

La trata fue la primera práctica en ser abolida a lo largo del siglo XIX. Posteriormente, se promulgó la ‘ley de vientre libre’, por la cual los hijos de mujer esclava dejaban de tener la condición de esclavos. Finalmente, se abolió la esclavitud aunque ello no significaría el final de los abusos.

Esclavitud en época antigua y medieval

Las primeras referencias a la esclavitud las encontramos en textos sumerios en la región conocida como Mesopotamia, siendo una constante en los sucesivos imperios que le siguieron (acadios, babilonios, asirios, entre otros). En el Antiguo Egipto, el número de esclavos fue más importante durante el Imperio Nuevo. Sin embargo, en esta época no existía todavía una regulación jurídica para la condición de esclavitud, siendo la guerra la principal fuente de adquisición. Otro motivo para caer en la esclavitud era el impago de deudas.

La esclavitud tuvo su fundamento económico y social en la sociedad greco-romana. Dicha práctica fue defendida abiertamente en la Antigua Grecia de la mano de filósofos como Aristóteles, quien afirmaba que la esclavitud permitía a los hombres libres poder dedicar su tiempo a la política, entre otras cosas. Los esclavos eran utilizados principalmente en la agricultura aunque podían desempeñar cualquier tipo de trabajo, a excepción de la política. No obstante, sería en época romana donde la esclavitud alcanzó una mayor importancia.

En época de la Antigua Roma, las guerras llevadas a cabo para extender su territorio por el Mediterráneo supusieron la adquisición de numerosa mano de obra esclava. Como consecuencia de esta práctica estallaron numerosos conflictos, siendo la rebelión más conocida la llevada a cabo por Espartaco, sofocada en el 71 a.C. Los esclavos romanos podían desempeñar numerosos oficios, desde la explotación de minas o el cultivo de tierras a trabajos domésticos como cocineros, peluqueros, mayordomos o secretarios. Algunos esclavos se encargaron incluso de gestionar las finanzas de sus amos y aquellos con mayor formación podían desempeñar profesiones tales como contables, médicos o maestros. Sin embargo, los esclavos carecían de personalidad jurídica, sin derecho al matrimonio (hasta el siglo II d. C.) o a la propiedad. En este período histórico se estableció la manumisión como la fórmula de liberación de los esclavos, los cuales pasaban a ser libertos.

Durante la Edad Media la práctica de la esclavitud se redujo considerablemente aunque persistió en zonas marginales como Escandinavia. Un nuevo tipo relación entre siervo y señor se estableció a través del feudalismo. Los siervos gozaban de más derechos que los antiguos esclavos, aunque éstos se encontraban ligados a la tierra y a los señores feudales, siendo a menudo víctimas de sus abusos. Por otro lado, en el Imperio Bizantino se mantuvo la tradición romana de la esclavitud, siendo muy rara a partir del siglo VII.

Era de los descubrimientos

Tras el final de su Reconquista a mediados del siglo XIII, Portugal buscó nuevos territorios sobre los cuales poder expandirse. Bajo el patrocinio de Enrique el Navegante (1394-1460) hijo de Juan I de Portugal, se llevaron a cabo diversas expediciones con el fin de explorar la costa atlántica africana y buscar nuevas rutas hacia la India. La ciudad de Ceuta caería bajo poder portugués en 1415. Más tarde, Portugal se expandió por las islas Madeira (1418) y las islas Azores (1427) situadas en el océano Atlántico. Poco después, navegantes portugueses se embarcaron hacia el sur siguiendo la costa africana alcanzaron el cabo Bojador (1434), el cabo Blanco (1441), las islas de Cabo Verde (1444) y la desembocadura del río Gambia (1446). El navegante Bartolomé Díaz llegó hasta el Cabo de Buena Esperanza en 1487 abriendo una nueva ruta comercial hacia Asia. En 1498 Vasco de Gama alcanzó Calicut (India) adelantándose al resto de potencias europeas en su carrera por llegar a Asia.

Estos descubrimientos permitieron a Portugal convertirse en una emergente potencia marítima y comercial. El control de estas tierras constituía una prioridad para Portugal para asegurarse el control de las nuevas rutas comerciales. El papa Nicolás V (1447-1455), introductor del Renacimiento en la península italiana, emitió la bula Dum Diversas en 1452 por la que autorizaba al rey Alfonso V de Portugal (1438-1481) a reducir sarracenos o paganos a la esclavitud. Esta aprobación de la esclavitud fue ampliada por las bulas papales Romanus Pontifex (1455) y la Inter Caetera (1456). Por otro lado, en 1479 se firmó el Tratado de Alcaçovas entre los reinos de Castilla y Aragón y el reino de Portugal. A través de dicho tratado Portugal obtuvo el dominio sobre la costa occidental africana así como sobre las islas atlánticas, a excepción de las Islas Canarias que quedaron bajo el control de Castilla. Además, Portugal se aseguró el monopolio sobre el comercio de esclavos, marfil y oro en el territorio de Guinea.

El primer asentamiento europeo en la costa africana fue San Jorge de la Mina (actual Ghana), fundado por Juan II de Portugal (1481-1495) en 1482. De esta forma, el reino de Portugal sentó las bases para el comercio a gran escala de seres humanos en la costa occidental africana, dando lugar a la trata occidental. Más tarde se apuntaron otras potencias europeas como Inglaterra, Francia, Holanda o España. El continente africano jugaría un papel geopolítico fundamental en los siglos siguientes. A su vez, el descubrimiento de América en 1492 por Cristóbal Colón transformó radicalmente el mundo hasta entonces conocido, abriendo nuevas posibilidades comerciales para Europa. En 1494 se firmó el Tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos (reyes de Castilla y Aragón) y Juan II de Portugal, con el fin de repartirse el Nuevo Mundo. En este tratado se fijó una zona exclusiva para Portugal a 370 leguas al oeste de Cabo Verde (futuro Brasil), además de quedar la costa africana bajo su dominio.

La trata atlántica u occidental

Antes de la llegada de los europeos existían florecientes imperios africanos como el imperio de Malí, el imperio de Songhay o el reino del Congo, entre muchos otros. El más antiguo comercio de esclavos africanos era el transahariano, atravesando el desierto del Sáhara de sur a norte. Dicho comercio adquirió gran importancia a partir de la introducción de camellos en el siglo X. Sin embargo, los reinos europeos llevarían a cabo un tráfico de esclavos a mayor escala e intensidad: la trata atlántica u occidental. Este comercio se extendió en un amplio territorio de la costa occidental africana que abarcaba desde la actual Mauritania hasta Angola, así como las islas de Cabo Verde y Santo Tomé y Príncipe. Otras zonas del interior del continente quedaron afectadas como la cuenca de los ríos Níger o Congo, entre otras. Como característica de este comercio se recuperó el concepto romano de esclavo (considerado como bien mueble) y se justificó alegando motivos raciales. La base de esta práctica se sustentaba sobre el llamado ‘comercio triangular’.

El comercio triangular involucraba al mismo tiempo tres continentes: Europa, África y América. Desde Europa se exportaban productos manufacturados (telas, cerámica, vidrio, armas de fuego, etc) a África donde eran intercambiados por esclavos por intermediación de las autoridades africanas. Dichos esclavos eran obtenidos a través de las guerras libradas por reyes africanos contra tribus locales más débiles. En otras ocasiones, los europeos organizaban sus propias cacerías de esclavos, aunque sin adentrarse demasiado en el interior del continente. Desde las costas occidentales africanas, se embarcaba a los esclavos rumbo al continente americano. Los principales destinos eran las Antillas, las Guayanas, Brasil y el sur de Estados Unidos. En estos territorios, la utilización de esclavos africanos era debida a la escasez de mano de obra indígena como consecuencia de las epidemias de viruela, gripe o sarampión que provocaron una gran mortalidad. Una vez llegados a América, estos esclavos eran empleados para trabajar en las plantaciones de caña de azúcar, ron, café, cacao, tabaco, algodón o en las minas de oro y plata. Estos productos se exportaban posteriormente al continente europeo para el beneficio de las clases adineradas.

Se calcula que cerca de 12 millones de esclavos salieron de las costas occidentales africanas en más de 35.000 viajes rumbo a América durante los siglos XVI-XVIII. Alrededor de un 12% moriría durante la travesía. Otra consecuencia de la trata occidental fue la introducción de más de 20 millones de armas de fuego en el continente africano. El Imperio británico fue la potencia europea más beneficiada de este comercio. No obstante, con el paso del tiempo dicha práctica acabó siendo objeto de fuertes críticas.

La trata de esclavos fue abolida durante el siglo XIX en diferentes períodos en función de cada país. Algunos reyes africanos se opusieron a dicha abolición. El primer país del continente americano en abolir la esclavitud fue Haití en 1803. Una vez perdidas sus 13 colonias en la costa este norteamericana (germen de los Estados Unidos), el Imperio Británico prohibió la trata de esclavos en 1807 y 26 años más tarde la esclavitud quedó abolida en sus territorios.

En 1822, la Sociedad Americana de Colonización fijó el territorio de Liberia como el lugar para enviar esclavos afroamericanos liberados procedentes de Estados Unidos. 25 años más tarde se fundó la república de Liberia. En Francia, la Convención Nacional decretó el fin de la esclavitud en 1794. Sin embargo, Napoleón Bonaparte la restauraría en 1802. Finalmente, en 1848 la 2º República Francesa abolió la esclavitud en sus colonias. Estados Unidos prohibió la trata en 1808 aunque el fin de la esclavitud llegó tras la victoria en 1865 de la Unión sobre los territorios confederados en la Guerra de Secesión (1861-1865). Tras numerosas luchas y debates, en España la esclavitud se abolió completamente en 1886. En 1888 se promulgó el fin de la esclavitud en Brasil, siendo el último país en América Latina en abolirla.

A pesar de la abolición de la trata y la esclavitud, las potencias europeas siguieron ejerciendo su dominio sobre el continente africano. Diversos países europeos (Reino Unido, Francia, Portugal, Alemania, Italia, Bélgica y España) trazaron el reparto de África durante la Conferencia de Berlín organizada por Otto Van Bismarck entre 1884-1885. Este acontecimiento dio lugar a un nuevo episodio de control y explotación en el continente. Las disputas coloniales entre los diferentes bloques, llevaría entre otras muchas causas, a su enfrentamiento en la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

La trata oriental

Tras la muerte de Mahoma en el 632, el islam se expandió rápidamente por tres continentes: África, Asia y Europa. Una de las actividades económicas más importantes en el mundo musulmán fue el comercio de esclavos. Dichos esclavos procedían de zonas tan dispares como el África subsahariana, el Cáucaso, Asia central y Europa central y oriental.

A mediados del siglo XV, el Imperio otomano se convirtió en la gran potencia hegemónica musulmana tras la incorporación de Constantinopla, la antigua capital del Imperio Bizantino. A través de esta conquista, los otomanos establecieron un puente entre Asia y Europa haciéndose con el control de la principales rutas comerciales hacia Asia. Poco tiempo después entre los siglos XVI y XVII, el Imperio otomano se expandió por el norte de África, Oriente Medio y Europa oriental. En los territorios conquistados, era habitual la adquisición de esclavos desde niños procedentes de familias cristianas con el fin de educarles en la fe islámica. Muchos de ellos pasaban a integrar las filas de los jenízaros, el cuerpo de élite del sultán. Otros esclavos llegaron a ocupar puestos de gran relevancia como el caso del famoso arquitecto Sinan o Roxelana, la esposa favorita del sultán Solimán el Magnífico (1520-1566).

Los jenízaros eran esclavos criados desde su juventud para ser un arma letal

Un episodio menos conocido pero no menos importante que afectó al continente africano, fue la trata oriental. Dicho comercio de esclavos tuvo lugar en la costa oriental africana, desde los territorios de la actual Eritrea hasta Mozambique entre los siglos VII-XIX. También se vieron afectados territorios del interior como Sudán, Etiopía, Uganda, la parte oriental del Congo o el lago Tanganika así como las islas Comores, Madagascar, Reunión y Mauricio. Como consecuencia de la trata oriental, cerca de 17 millones de seres humanos fueron vendidos como esclavos atravesando el océano Índico en dirección a Arabia, Persia, la India, Pakistán o Indonesia. Estos esclavos eran intercambiados a cambio de productos como tabaco, alcohol, conchas cauri y especias del Índico. Otros destinos fueron los países del Magreb por medio de rutas terrestres atravesando el desierto del Sáhara.

El sultanato de Omán desplazó a los portugueses en 1840 convirtiendo a Zanzíbar en el mercado de esclavos más importante de toda África oriental durante el siglo XIX. Estados Unidos y Francia disponían de compañías en esta región, beneficiándose de este comercio. En 1847, el Imperio otomano prohibió el comercio de esclavos bajo presión británica. En 1861, Zanzíbar se independizó del Sultanato de Omán y Tippu Tip constituyó el comerciante de esclavos más importante de toda la región. Finalmente la abolición de la trata en Zanzíbar tuvo lugar en 1876, otra vez bajo presión británica, aunque la esclavitud se mantuvo hasta 1897.

Como balance global la trata oriental fue menos intensa que la occidental, aunque se mantuvo durante mucho más tiempo siendo ésta más rentable para sus comerciantes. A lo largo del tiempo en que estuvo vigente, el Imperio otomano constituyó el principal beneficiado.

Reacciones a la trata y la esclavitud

Fueron numerosas las voces que se alzaron contra la trata y la esclavitud de la época, aunque otras lo tratarían de justificar. Olaudah Equiano (1745-1797) fue un esclavo africano nacido en Nigeria trasladado a Norteamérica en el siglo XVIII. Olaudah fue un firme defensor del movimiento abolicionista y autor de la famosa obra ‘La interesante narración de la vida de Olaudah Equiano, el africano’ (1789), donde narra sus propias experiencias. El explorador y médico escocés David Livingstone (1813-1873) se distinguió en su lucha contra la esclavitud, siendo reconocido con numerosas distinciones en Gran Bretaña.

El 20 de noviembre de 1890, el papa León XIII (1878-1903) escribió la ‘Catholicae Ecclesiae‘ donde denunciaba la persistencia de la esclavitud en tierras de misión. Otra voz que se alzó contra esta práctica fue la del arzobispo de Argel, Charles Lavigerie (1825-1892). Dicho arzobispo fundó la Sociedad de los Misioneros de África (Padres Blancos) y las Misioneras de Nuestra Señora de África (Hermanas Blancas). Durante los años 1888 y 1889 emprendió una feroz campaña en Europa en contra de la esclavitud.

Emilie Ruete (1844-1924), también conocida como la princesa Sayyida Salme, vivió durante años en Zanzíbar hasta emigrar a Alemania y convertirse posteriormente al cristianismo. A la muerte de su marido en 1870, Emilie participó en los planes coloniales de Otto van Bismarck. En 1886 publicó la obra autobiográfica ‘Memorias de una princesa de Zanzíbar’, donde describió la cultura y sociedad de Zanzíbar a través de los ojos de una mujer musulmana. En dicha obra mencionó entre otros temas, el profundo desconocimiento de Occidente con respecto a la cultura islámica.

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