Johann Wolfgang von Goethe, un alemán nacido hace 270 años, dedicó su vida a la poesía, la novela, la filosofía y la ciencia. Una de sus obras más importantes es Fausto, tragedia en forma de diálogo considerada una obra clave en la literatura universal.

 

La naturaleza de los colores y la percepción humana

Goethe no solo estaba maravillado con el uso de las palabras, sino también con los fenómenos naturales que le rodeaban. Del mismo modo que los colores nos siguen hipnotizando hoy en día, en el siglo XIX cautivaron a este intelectual de tal manera que lo impulsaron a escribir la que consideró su mejor aportación científica: La Teoría de los Colores.

Retrato de Johann Wolfgang von Goethe en 1828, por el famoso retratista de la corte bávara Karl Stieler.

En la actualidad, muchos de los enunciados de Goethe parecen obvios y lógicos, pero hace dos siglos supusieron un aporte significativo desde el punto de vista filosófico e, incluso, físico y fisiológico.

Este trabajo fue publicado en 1810 y describe en seis partes los colores desde una perspectiva fisicoquímica, los efectos que estos producen en las emociones y su relación con disciplinas tales como las matemáticas, la filosofía, la música o la historia natural.

La obra nunca fue completamente aceptada por los científicos de la época, aunque sí ha fascinado a muchos autores, incluyendo a Arthur Schopenhauer y a Ludwig Wittgenstein, entre otras cosas, por romper completamente con las teorías ópticas de Isaac Newton.

Colores fisiológicos

La primera parte, Colores Fisiológicos, explica que los colores pertenecen al ojo y que son un componente necesario para la visión (hoy sabemos de la existencia de las células fotosensibles responsables de la percepción del color: los conos). Goethe describe en esta sección los dos estados opuestos de la retina. En la absoluta oscuridad, la retina se encuentra relajada, mientras que con la luz, ésta aparece hipertensa (o excitada) y susceptible a todo.

En esta parte del libro, el autor señala que cuando el ojo pasa de la oscuridad a la luz, necesita un tiempo para adaptarse a la nueva situación, y aclara que la retina no puede percibir algo luminoso en un contexto aún más luminoso. Pone como ejemplo la ausencia de estrellas en el cielo durante el día: no podemos ver las estrellas porque la luz de una estrella más brillante, el Sol, lo impide, y no porque verdaderamente no estén ahí.

Blanco y negro

Goethe también detectó que un objeto blanco se verá más grande que uno negro siendo ambos del mismo tamaño. De ahí que la ropa oscura nos haga parecer más delgados, explicó el alemán.

Otro aspecto que notó Goethe es que si miramos los barrotes de una ventana durante la mañana y, después, miramos hacia una zona oscura de la habitación, seguiremos viendo la silueta de los barrotes durante algún tiempo. Claramente hablaba, sin saberlo, del proceso de recuperación y adaptación de la rodopsina (proteína presente en los bastones de la retina).

Es muy interesante leer las argumentaciones que Goethe da a los procesos físicos y fisiológicos de la visión, muchas veces puramente imaginativos y carentes de fundamento científico, pues para este intelectual, la metodología científica debía incluir la intuición y la imaginación.

Los colores

En cuanto a los objetos con color, ocurre lo mismo, pero de forma más evidente. Goethe interpreta que cuando miramos fijamente un objeto de color durante un tiempo determinado, posteriormente podremos percibir en la retina dicho objeto pero en otro color. Aquí vuelve a hablar de la fatiga de los fotorreceptores. Es decir, cuando exponemos la retina a un color determinado, el fotorreceptor correspondiente termina por cansarse y necesita un período de recuperación. Período durante el cual aquellos fotorreceptores que no han sido excitados responden con más intensidad. Si quieres comprobarlo, prueba este experimento de la Universidad de Nueva Gales del Sur.

En su libro, el autor nos cuenta vivencias suyas que corroboran su argumentación, como cuando quedó encandilado por una chica morena con un vestido rojo. Ésta, al marcharse, dejó un rastro aguamarina (color opuesto al rojo) en la pared blanca. En otras palabras, los fotorreceptores de rojo de las retinas de Goethe estaban fatigados, mientras que los fotorreceptores azules y verdes, no.

Las sombras de los colores también aparecen descritas en la Teoría de los Colores. Goethe escribió que la sombra de un objeto de color es negra o gris, y que son necesarias dos condiciones para que dicha sombra esté coloreada: (1) que la luz principal tiña una superficie blanca con algún matiz, y (2) que una luz contraria ilumine el objeto que proyecta la sombra.

Como se puede observar, el autor alemán trata muchos aspectos en la primera parte de su obra relacionados con la visión de los colores desde el punto de vista fisiológico. Considera, además de lo anterior, la luz tenue, los halos subjetivos (aquella luz neblinosa que rodea los objetos luminosos y que, según él, se debe al conflicto existente entre la luz y la superficie del objeto) y los colores patológicos.

Patologías

El tema de los colores patológicos merece una especial mención, pues Goethe notó que algunas personas tenían problemas a la hora de percibir y diferenciar ciertos colores. Utilizó la rueda cromática de los colores y la relación existente entre ellos para explicar por qué una persona que no percibe el color azul, ve los objetos violetas como si fueran rojos: el violeta está compuesto por pigmentos rojos y azules, y al suprimir el segundo, nos queda solamente el rojo.

Círculo cromático simétrico de Goethe. Le da importancia al magenta, en contraposición a la teoría de Newton. El científico alemán asignó cualidades a los colores: bonito (schön) para el rosa, útil (nützlich) para el verde, innecesario (unnötig) para el violeta, precioso o noble (edel) para el rojo, bueno (gut) para el amarillo y común (gemein) para el azul.

Además, hipotetizó que la altitud a la que volaban los aviadores producía ciertos cambios en la retina responsables de percibir más rojizos tanto la luna como el sol. Según Goethe, el sistema nervioso quedaba en un estado inerte cuando era expuesto a esa gran altitud.

La Teoría de los Colores de Goethe es una obra muy amplia que, como se ha mencionado, está compuesta por seis partes. En este artículo he tratado de mencionar los puntos más importantes, y tal vez curiosos, de la parte I, Colores Fisiológicos. No obstante, el resto de secciones de su teoría son tanto o más interesantes y merecen también una lectura y análisis.

Referencias

  • Goethe, J. W. v., & Eastlake, C. L. (2006). Theory of colours Dover