Todo lo que nos rodea, está hecho de compuestos químicos. Desde la estrella más lejana y antigua del universo hasta cada electrón de nuestro cuerpo, así que el mundo químico existe desde el primer momento que podamos imaginarnos.

Sin embargo, la química, como ciencia que estudia la materia y los cambios que esta experimenta, es relativamente reciente, pues, aunque se ha determinado que desde hace mucho tiempo el ser humano manipula materiales y consigue a partir de ellos, otros, no se puede deducir que este haya sido el resultado del proceso consciente de la realización de una reacción química.

Para que esto se entienda mejor, podemos remontarnos a 1921, cuando un grupo del Museo Estadounidense de Historia Natural, halló en un lugar de excavación a unos 55 km al sureste de Beijing, China, restos fósiles del que después se bautizaría como Homo erectus pekinensis (conocido comúnmente como el Hombre de Pekín). Con esta especie se pudo determinar que hace, por lo menos, quinientos mil años, el hombre ha manipulado la roca para obtener herramientas de trabajo y ha usado la combustión para procesar sus alimentos, pero, no se puede establecer que esto sea química, sin saber si se dio bajo un proceso controlado y consciente o, solamente, por hallazgos fortuitos que posteriormente se replicaron.

Por otra parte, el control de procesos de transformación de la materia, se remonta a hace al menos doce mil años, con la transformación de la cebada en cerveza y hace unos seis mil, con la metalurgia y la extracción del cobre metálico a través del calentamiento de la malaquita. Pero, todo esto se hacía sin comprender verdaderamente los procesos químicos que se llevaban a cabo, por tanto, no se podría hablar aún de química.

Los filósofos griegos entre los siglos VI y III a.C. procuraron la construcción de un modelo teórico para la comprensión del mundo natural y el comportamiento de los materiales, determinando que estos estaban compuestos por sustancias elementales: agua, aire, fuego y tierra, cada una con combinaciones especiales de humedad y temperatura (frío, caliente, seco y húmedo); todo esto se convertiría en las bases para el estudio de las propiedades de los materiales, aunque no se buscara demostrar a través del método científico que eran o no resultados reproducibles.

La etimología del término química, es un poco controversial, pues se conoce que la palabra alquimia es europea y deriva de otra arábiga, pero del radical kēme, se desconoce su origen. Por su parte, el árabe al-kimia, según varios autores, se deriva del griego khemeia (χημεία), alquimia y, significa “fundir en conjunto”, “soldar”, “alear”, lo que le daría a Química el concepto de “ciencia de la materia a las escalas atómica y molecular”.

Lo que sí se sabe es que fue Georgius Agricola (famoso mineralogista y humanista) la primera persona en sustituir los términos  “alchymia” y “alchymista” en sus trabajos en latín (desde 1530), por “chymia” y “chymista“, dado su interés en retornar a las palabras sus raíces clásicas, no porque le importara diferenciar la ciencia racional (chymia) de la oculta (alchymia), lo que sucedió a principios del siglo XVIII. Esta nueva denominación se hizo lentamente común durante el resto del siglo XVI.

Tanto es así, que a pesar de que la química se remonta a ancestros lejanos, sus fundamentos modernos fueron instituidos durante el siglo XIX, a partir del momento en que los científicos fueron capaces, gracias a los avances tecnológicos de dividir sustancias en otras más pequeñas (a través de computadoras y microscopios electrónicos, por ejemplo), explicando muchas de sus propiedades características y, posteriormente, diseñando nuevas sustancias con nuevas propiedades.

 

Bibliografía

  • Alchemy – Dictionary of Ideas.
  • Alchemy – Online Etymology Dictionary
  • Encyclopedia Britannica, 2002 Edition, CD-ROM
  • Chang, R.; “Química”. Mc-Graw-Hill. México, 2002.
  • Spencer, J., Boner, G., Rickard, L.; “Química. Estructura y dinámica”. Compañía Editorial Continental. México, 2000.

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