La controversia en medicina sobre el omeprazol y demás inhibidores de la bomba de protones está servida. Estos medicamentos son una auténtica bomba H en el estómago por sus múltiples efectos secundarios. Sin embargo, el omeprazol es el medicamento más dispensado en farmacias.

En los tiempos que corren – agitados, revueltos, estresantes -, es fácil dejarse llevar por el ritmo que marcan nuestros horarios de trabajo. Para cumplir tareas y entregas comúnmente dedicamos menos tiempo del necesario a comer cualquier cosa. Lo cómodo es comprar comida precocinada que nos llene el estómago tras tres minutos de microondas o encargar algo para llevar.

Así como la comida en sí es importante, también lo es el tiempo que le dediquemos a comerla. Como es sabido, toda digestión empieza en la boca. Gracias a los dientes, la comida se tritura y gracias a moléculas (enzimas) que hay en la saliva, se degrada parcialmente. A veces pasamos por alto lo importante que es este primer paso digestivo. Las consecuencias pueden ser más graves de lo que pensamos.

La comida bien masticada y parcialmente digerida que llega al estómago es completamente degradada gracias a los ácidos estomacales. Tras esto, pasa al intestino como componentes de fácil asimilación (vitaminas, aminoácidos, ácidos grasos, etc.). Ello repercute en una buena absorción y aprovechamiento de todos sus nutrientes.

LA COMIDA SE TRITURA EN LA BOCA,

SE DIGIERE EN EL ESTÓMAGO

Y SE ABSORBE EN EL INTESTINO

Sin embargo, comida mal procesada en la boca llega al estómago casi intacta. Ello conlleva un sobreesfuerzo por parte del estómago. Este aumento de trabajo implica una mayor segregación de ácidos estomacales. Comúnmente llamamos a esto una mala digestión. Podemos sentir pesadez, acidez y reflujo. Ante esto es muy común tomarse un medicamento que palie los síntomas. Desde hace décadas, lo más recomendado desde las instituciones médicas son los genéricamente llamados inhibidores de la bomba de protones. Entre ellos, destacan el omeprazol, pantoprazol o lansoprazol.

Para entender cómo funcionan y por qué están dejando de recomendarse estos inhibidores vamos a hacer un inciso y explicar su mecanismo de acción. Las células que recubren el interior del estómago tienen una capa protectora frente a los ácidos. Este ambiente ácido se consigue mediante la liberación de protones al estómago gracias a las llamadas bombas de protones. Cuanto mayor número de protones se liberan al estómago, más ácido se vuelve éste. Una forma obvia de evitar la acidificación es impidiendo que funcionen las bombas de protones. Esto es lo que hacen este tipo de medicamentos. El problema que acarrea el uso (especialmente si es crónico) de estos medicamentos es una disfunción del aparato digestivo.

EL ESTÓMAGO NECESITA

BOMBAS DE PROTONES FUNCIONALES

PARA DEGRADAR LA COMIDA

Y ASIMILAR SUS NUTRIENTES

El primer paso de este problema ha sido comer mal, masticando poco como hablábamos al principio. El siguiente paso se ha dado en el estómago, que ha necesitado una gran cantidad de ácidos para degradar la comida que llegó poco triturada desde la boca. Este exceso de ácidos hace que la capa protectora de las células del estómago desaparezca. A causa de esto, el ácido daña a nuestro propio estómago directamente.

Pero el problema no acaba ahí. Ante los síntomas de una mala digestión, decidimos tomar omeprazol, algún otro inhibidor de la bomba de protones o sales tamponantes (bicarbonato). El estómago deja de ser ácido y, por lo tanto, la comida que ya venía mal digerida de la boca, pasa al intestino sin haber sido procesada por el estómago. Esta comida, durante los más de 10 metros de intestino sufre un proceso de putrefacción. Además, los nutrientes no se absorben adecuadamente y podemos sufrimos avitaminosis (falta de alguna vitamina esencial).

Píldoras

Mientras tanto, el medicamento deja de hacer efecto. Las bombas de protones vuelven a estar activas y el estómago nota que está lejos de su estado normal de acidez. Ante esto, comienza a producir ácido en el llamado efecto rebote a pesar de no tener comida que digerir. Como la capa protectora del estómago se ha deteriorado, el ácido atacará de nuevo a nuestro estómago produciéndonos otra vez sensación de acidez. Lo mismo ocurre cuando usamos un omeprazol como “protector de estómago” acompañando a otros medicamentos, como los llamados AINES (antiinflamatorios no esteroideos) como el ibuprofeno, que merecen un capítulo aparte.

Ante esta acidez, volvemos a entrar en el círculo vicioso tomándonos otro omeprazol. Paulatinamente, la pared protectora del estómago se irá perdiendo, lo que agravará exponencialmente la propensión a infecciones. Un estómago enfermo es susceptible de ser infectado por Helicobacter pylori, lo que puede derivar en úlceras gástricas. Además, se ha demostrado una relación entre descalcificación ósea y abuso crónico de omeprazol. Esto conlleva una debilidad de los huesos, que se fracturan más fácilmente.

Ante la disyuntiva es recomendable evitar o, al menos, vigilar el consumo descontrolado de omeprazol. Es aconsejable preguntar en nuestra farmacia de confianza por otras alternativas saludables que actúan sobre esta patología sin modificar la acidez del estómago. Recordemos que esa acidez es la que vuelve al estómago funcional. Y en cualquier caso, siempre hay que procurar alimentarse correctamente en la medida que podamos.

 

Bibliografía

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