La batalla de Iwo Jima supuso uno de los combates más sangrientos librados entre los ejércitos de Estados Unidos y del Imperio Japonés durante la Segunda Guerra Mundial por el control de la isla de Iwo Jima. Dicha batalla tuvo lugar entre el 19 febrero y el 26 de marzo de 1945. La famosa fotografía de Joe Rosenthal en la cima del monte Suribachi (‘Raising the flag on Iwo Jima’), en la que varios marines estadounidenses erigieron su bandera durante la batalla, se convertiría en uno de los más reconocidos iconos de la contienda.

Fotografía de Joe Rosenthal en la cima del monte Suribachi (‘Raising the flag on Iwo Jima’)

Antecedentes

A mediados de 1944, en pleno Frente del Pacífico, Estados Unidos se había hecho con el control de las Islas Marianas, situadas a 2.500 km de Tokyo. Los bombarderos estadounidenses B-29 eran capaces de recorrer 6.000 km sin necesidad de repostar combustible, por lo que podían llevan a cabo misiones desde las Islas Marianas hasta Japón. Sin embargo, los modernos cazas P-51 Mustang, los encargados de escoltar a los bombarderos B-29 solo tenían autonomía para recorrer 3.000 km. Además, en su recorrido hasta Japón existía un gran obstáculo: la isla japonesa de Iwo Jima.

Dicha isla de origen volcánico era sumamente estratégica para el Imperio Japonés, pues al situarse entre las Islas Marianas y su archipiélago, dificultaba extraordinariamente la misión de los bombarderos estadounidenses B-29. El ejército japonés poseía dos aeródromos (más un tercero en construcción) y una estación de radar en dicha isla. Esto ocasionaba que se detectara fácilmente a los bombarderos B-29 antes de que pudiesen llegar a Japón y cumplir con su misión.

Debido a este contratiempo, el 9 de octubre de 1944 el Alto Mando estadounidense tomó la decisión de conquistar la isla de Iwo Jima. Con la isla en su poder, Estados Unidos pretendía eliminar la estación de radar japonesa y disponer de su base aérea para que los cazas P-51 Mustang pudieron escoltar sin problemas a los bombarderos B-29 en su recorrido hasta Japón.

Estrategia japonesa

Tras la victoria estadounidense en la batalla del Golfo de Leyte (la mayor batalla naval de la Historia) en octubre de 1944, la Armada Imperial Japonesa había perdido casi toda su capacidad operativa. Japón ya no podía atacar a la flota enemiga o abastecer a sus tropas situadas fuera del archipiélago japonés. Una parte del Alto Mando Japonés ya era consciente de la inminente derrota japonesa. Para ello, se reorientaría la estrategia para conseguir una paz honrosa con Estados Unidos que al menos preservase el carácter divino del emperador Hirohito.

Para llevar a cabo esta estrategia, se pretendía reforzar al máximo la resistencia japonesa en territorios insulares concretos. Con ello, querían hacer ver al ejército estadounidense el desmesurado coste de conseguir una rendición incondicional de Japón. La isla de Iwo Jima sería la elegida para llevar a cabo dicha estrategia, cuyo valor residía en sus pistas de aterrizaje y su estación de radar, además de ofrecer una geografía hostil (grietas, gargantas, depresiones, barrancos y vapores de azufre) para el enemigo.

Bajo el mando del general Tadamichi Kuribayashi, se procedió a la evacuación de 1.000 civiles y se reforzó la isla con 21.000 soldados, equipados con granadas de mano, fusiles, ametralladoras, morteros y algunos tanques ligeros. No obstante, el suministro de municiones, víveres y agua era sumamente ineficiente en una isla que carecía de fuentes naturales de agua dulce. A pesar de ello, Kuribayashi tenía la firme determinación de sacrificar hasta el último soldado con vida para defender Iwo Jima. Para ello, prepararía un complejo sistema de fortificaciones y una red de túneles subterráneos conectados entre sí tanto en las zonas llanas como montañosas de la isla.

Fotograma de la película de Clint Eastwood

Plan de Estados Unidos

El general estadounidense Holland Smith fue el encargado de dirigir la conquista de Iwo Jima. Para ello, se habían movilizado cerca de 500 navíos con 12 portaaviones y 8 acorazados, junto con 250.000 hombres. Entre ellos, unos 70.000 eran marines estadounidenses veteranos del Frente del Pacífico.

Los acorazados estadounidenses empezaron el bombardeo a la isla el 16 de febrero de 1945, prolongándose durante los días siguientes. El 19 de febrero, los dragaminas hicieron un último barrido frente a las costas de Iwo Jima ante la mejoría de las condiciones meteorológicas.

A las 9:00 empezó el desembarco de las primeras lanchas sin sufrir el ataque de la artillería japonesa. El plan japonés consistía en concentrar su ataque desde el monte Suribachi, una vez que las tropas estadounidenses se hallasen en el interior de la isla. Una hora después del desembarco, se produjo un enorme atasco entre vehículos, cajas de artillería y marines debido a las dificultades del terreno. La artillería japonesa aprovechó esta oportunidad para descargar sus obuses sobre el ejército estadounidense retrasando su avance.

Asalto al monte Suribachi

A pesar del hostigamiento japonés, tropas estadounidenses consiguieron recorrer los 900 m que separaban la playa de Iwo Jima de los pies del monte Suribachi, defendido por 2.000 soldados japoneses. Los estadounidenses veían como los japoneses les atacaban desde sus escondites excavados a través de la extensa galería de túneles, provocándoles numerosas bajas.

Finalmente, el 23 de febrero de 1945, los marines estadounidenses se hicieron con el control del monte Suribachi. Un soldado que portaba la bandera estadounidense, junto con otros seis compañeros, la izaron en la cima de dicho monte. La fotografía del corresponsal de guerra Joe Rosenthal se convirtió posteriormente en un icono de la Segunda Guerra Mundial recibiendo el premio Pulitzer.

Sin embargo, la famosa fotografía de Joe Rosenthal se trataba de una segunda bandera más grande que se había colocado allí, quedando la fotografía de la primera bandera en el olvido. De los seis protagonistas de este episodio, sólo tres lograron sobrevivir a la batalla (John Bradley, Rene Gagnon e Ira Hayes).

A pesar de este icónico gesto, todavía faltaría un mes para que el ejército estadounidense se hiciera con el control total de la isla. La resistencia extrema japonesa y la abrupta orografía del terreno dificultaron enormemente la tarea. Sin embargo, después de durísimos combates y cuantiosas bajas, la conquista definitiva culminaría el 26 de marzo de 1945. El día anterior, Kuribayashi junto con 200 hombres supervivientes, habían lanzado una última carga banzai en un violento cuerpo a cuerpo contra el 5º batallón de marines, saldándose con la completa destrucción del ejército japonés.

Balance de víctimas

Estados Unidos sufrió 24.480 bajas, entre muertos, heridos y desaparecidos. Por primera vez desde que comenzara la campaña del Pacífico contra el Imperio Japonés, se habían registrado más bajas estadounidenses que japonesas en una batalla.

El Imperio Japonés tuvo 20.703 combatientes fallecidos, la práctica totalidad de sus efectivos (entre ellos el propio Kurabayashi). Tan sólo sobrevivieron 216 soldados, los cuales serían hechos prisioneros por las tropas estadounidenses. Esta cantidad de bajas fue debida al deshonor que suponía para los soldados japoneses rendirse ante el enemigo, prefiriendo la lucha hasta la muerte o en última instancia el suicidio.

Consecuencias de la batalla

De manera oficial, el presidente estadounidense Truman y el primer ministro británico Churchill, tenían la opinión de que debido a la extraordinaria resistencia japonesa encontrada en la isla de Iwo Jima, se hacía necesario el empleo de bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. El objetivo consistía en evitar una invasión anfibia convencional de todo el archipiélago japonés y así forzar su rendición mediante un contundente golpe de efecto. Sin embargo, el general Dwight Eisenhower afirmaba que para entonces Japón ya se hallaba derrotado y que tan sólo buscaba salvar mínimamente su honor y la figura divina del emperador, por lo que las bombas atómicas se antojaban innecesarias.

Después de la batalla, los supervivientes del episodio del monte Suribachi emprendieron una gira por los Estados Unidos con el fin de recaudar fondos para terminar con la guerra. Sin embargo, para cuando terminó su gira, la guerra ya había concluido. La simbólica batalla de Iwo Jima junto con la fotografía de Rosenthal, se acabarían convirtiendo en uno de los grandes mitos estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial, llevado posteriormente al cine de la mano de directores como Clint Eastwood, entre otros.

Bibliografía:

Bradley, J., R. (2003). Iwo Jima el infierno de la Guerra del Pacífico. Barcelona: Editorial Ariel S.A.

Kumiko, K. (2007). Cartas desde Iwo Jima del general Kuribayashi. Barcelona: Ediciones El Andén, S.L.

Murray, W., Allan R. (2004). La guerra que había que ganar. Barcelona: Crítica, S.L.

Wright, D. (2005). La batalla de Iwo Jima. Barcelona: Inédita Editores, S.L.