En muchas ocasiones la historia nos da un baño de realidad cuando creemos que la sociedad actual es la responsable del reconocimiento de algunos derechos o pionera de ciertos logros sociales, cuando la realidad se están recuperando derechos ya adquiridos en el pasado y que el paso del tiempo los ha hecho caer en el olvido o, peor aún, han sido debidamente “olvidados” por el interés de algunos. Estas uniones civiles todavía son una utopía en muchos países en pleno siglo XXI.

Durante la Edad Media se acuñó el término affrèrement, en Francia, y brotherment, en Inglaterra, para hacer referencia a la unión civil de dos hombres. Mediante un contrato legal, dos hombres se comprometían a vivir juntos. Y aunque el modelo de esta nueva “unidad familiar” era el de dos hermanos que heredaban las propiedades de sus padres y que decidían seguir viviendo juntos, tal y como habían hecho desde niños, compartiendo sus posesiones, el affrèrement/brotherment también fue utilizado por hombres sin ninguna relación de parentesco. Al igual que cualquier otro tipo de contrato legal, debía ser jurado y ratificado ante un “notario” y era necesaria la presencia de testigos. Bajo dicha figura jurídica, las posesiones de ambos pasaban a ser de propiedad conjunta y, en caso de fallecimiento de una de las partes, el sobreviviente se convertía en su heredero legal. Este ritual se conocía como adelfopoiesis. Proviene del griego  ἀδελφός (adelfós): “hermano”, y ποιῶ (poió): “hacer”.―conocida en latín como fraternitas iurata y ordo ad fratres faciendum― era una ceremonia practicada por varias iglesias cristianas durante la Edad Media e inicios de la Epoca Moderna en Europa para unir a dos personas del mismo sexo (habitualmente hombres).

Parece lógico pensar que los hermanos solteros, y sin intención de contraer matrimonio, utilizasen esta unión civil, pero también que las parejas de homosexuales se sirviesen de esta especie de matrimonio civil para “legalizar” su situación y casi normalizar una relación otrora platónico o furtiva. Lamentablemente, y como ha ocurrido en demasiadas ocasiones a lo largo de la historia, no existen contratos de este tipo que hagan relación a la unión de dos mujeres.

Otros, como el historiador de la Universidad de Yale John Boswell (1947-1994), dedicaron muchos esfuerzos a probar estos hechos. Boswell fue un medievalista y filólogo que hablaba fluidamente varios idiomas, recibió su doctorado en la Universidad de Harvard en 1975. Posteriormente se unió a la facultad de historia de la Universidad de Yale y se convirtió en profesor de tiempo completo en 1982.

Boswell recorrió todas las grandes bibliotecas de Europa, incluida la Biblioteca Apostólica Vaticana, donde encontró muchos manuscritos: en total 80 originales de las ceremonias de bodas de carácter homosexual, a las que posteriormente se agregaron otras 60 publicadas en The Marriage of Likeness: Same-Sex Union in Premodern Europe (1994), donde se bendicen y santifican los amores homosexuales. Sus trabajos y estudios sobre historia medieval fueron reconocidos por su organización y métodos.
Son rituales de adelphopoiesis, literalmente del griego «hermanar, hacer hermanos». Boswell, precisó que el ritual de adelphopoiesis debía ser considerado como una unión similar al matrimonio. Según Boswell, la Iglesia replanteó la idea del matrimonio en el siglo XIII como una institución cuyo fin era la procreación. De esta forma, se cerró la puerta a los matrimonios homosexuales. La Iglesia y sus funcionarios a sueldo pusieron a trabajar la maquinaria del olvido para justificar este nuevo enfoque y hacer desaparecer de la historia este tipo de matrimonios.

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