Aragón y Cataluña, son, estrictamente hablando, productos de la Edad Media; productos de la confrontación entre el islam y el cristianismo, entre la montaña y la llanura, donde la primera resistió a la segunda y prevaleció. Sin embargo, como todo el norte de la Península, este proceso tomó diferentes formas y ritmos, y tuvo diferentes resultados en los Pirineos orientales y centrales.

Ramón y Petronila
Retratos de la reina Petronila de Aragón y el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona. Anónimo 1634

En Aragón, la huella musulmana fue más profunda. La mayor parte del reino del siglo XII eran tierras abruptas conquistadas tardíamente y asimiladas de forma incompleta. El abismo cultural entre el Ebro y Aragón correspondía al contraste geográfico, y esta era una situación que no existía en los condados orientales. En 1137, el reino de Aragón era una confederación real-baronial de tierras unidas por poco más que el nombre. La situación en los condados catalanes, en Cataluña, cuyo nombre no sería común hasta el s. XIV, era muy diferente. El dominio feudal de los condes, y en particular el del conde de Barcelona, era indiscutible y al norte del Llobregat había conseguido expulsar completamente la población musulmana.

En el reino de Aragón, la muerte en 1134 del rey Alfonso el Batallador, el brillante conquistador de Zaragoza, sin sucesión directa y su última voluntad de dejar el reino a las órdenes militares del Temple, del Hospital y del Santo Sepulcro, provoca una grave crisis sucesoria. En el sorprendente testamento, el Batallador deshacía de un solo golpe la obra conquistadora y organizadora iniciada por su abuelo Ramiro I, continuada por su padre Sancho Ramírez y por su hermano Pedro I y culminada por él mismo. Las razones de una disposición así, expresadas en el mismo testamento, eran de carácter religioso. Se trataba de convertir todo el reino de Aragón en milicia de Dios como prenda para la salvación del alma de los reyes de la casa real de Aragón antecesores suyos y por el perdón de los pecados propios. Huelga decir que esta disposición testamentaria contradecía la tradición y que, en consecuencia, villas, nobles y eclesiásticos se resistieron a acatarla. El problema se planteó con toda crudeza cuando los navarros, unidos a Aragón desde 1076, aprovecharon el testamento del Batallador para separarse y elegir un rey propio en la persona del señor de Tudela, García VI de Pamplona. Ante el temor de verse gobernados por un soberano navarro, los aragoneses eligieron rey a un hermano del difunto, obispo de Roda-Barbastro, conocido con el nombre de Ramiro II el Monje, famoso por la leyenda de la Campana de Huesca. Mientras, el rey de Castilla, Alfonso VII, reivindicaba la herencia aragonesa, por razones de lejano parentesco con el bisabuelo del Batallador, invadía Zaragoza y tomaba posesión del territorio aragonés del Valle del Ebro.

Pero si la sucesión aragonesa no se presentaba bastante compleja, la Santa Sede intervino a favor de las órdenes militares y en contra de la elección de Ramiro II, que había osado cambiar la mitra por la corona. Mientras tanto, Ramiro se casó a finales de 1135 con Agnès de Poitiers, de la que tuvo a la infanta Petronila, enseguida convertida en heredera codiciada por todas las casas reinantes de la Península, sobre todo por Alonso VII, que pretendió casarla, cuando tendría la edad suficiente, con su heredero Sancho. Pero los nobles de Aragón, que temían la hegemonía castellana, frustraron este proyecto que había suscrito el rey Ramiro. Para la nobleza la perspectiva de unión con pequeños territorios feudales como los condados catalanes, donde el conde compartía poder y riquezas con los magnates, podía resultar más atractiva que la vinculación con el reino de Castilla, más grande, más absorbente y dotado de una estructura monárquica fuertemente autoritaria. Así, tras negociaciones laboriosas, el 11 de agosto de 1137, en Barbastro, el rey de Aragón entregó a su hija Petronila, que debía de tener un año, al conde de Barcelona, ​​que tenía más de veinte. Después, Ramiro se retiró al monasterio de San Pedro el Viejo de Huesca y, aunque hasta su muerte (1157) continuó empleando el título real, de hecho abandonó la totalidad de las tareas de gobierno en manos de su futuro yerno que, respetuoso con la legalidad, se conformó titularse princeps de Aragón. El matrimonio de Ramón y Petronila, por la edad de la princesa aragonesa, no se pudo realizar hasta el 1151 .

Mapa Corona Aragón
Mapa Corona Aragón

La unión de Aragón y los condados catalanes, de la que resultó la Corona de Aragón, entidad que dentro de la Península venía a reequilibrar la balanza de poder hasta ahora decantada hacia Castilla, fue el resultado de una unión dinástica pactada, no de una fusión o de una conquista. Por ello dentro de la Corona de Aragón los miembros componentes guardaron siempre la propia identidad, es decir, la integridad territorial, las leyes, las costumbres, las instituciones y los gobernantes propios.

El reconocimiento de Ramón Berenguer IV no fue fácil. Hubo que compensar a las órdenes militares desposeídas. También consiguió un acuerdo con el Papa, por el que le reconocía el señorío sobre sus tierras. Respecto de Castilla también se mostró conciliador, y así concedió a Alfonso el señorío sobre Zaragoza y le dio a su hermana en matrimonio, y llegó a participar en la efímera conquista de Almería en 1147. Esta política de entendimiento con los vecinos le valió ayudas para las campañas contra Tortosa y Lérida, que cayeron en 1148 y 1449 respectivamente.

Las victorias sobre los musulmanes también fortalecieron la imagen exterior de Ramón Berenguer IV. Volvió a cobrar el tributo de Valencia que se había perdido a principios del siglo XII, y recuperó el protagonismo político en los territorios occitanos. Por el tratado de Tudillén (1151) obtuvo por parte de Alfonso VII el reconocimiento de un espacio de futura conquista que comprendía Valencia y Murcia. Estas victorias políticas y militares, junto con el hundimiento de la hegemonía castellana a la muerte de Alfonso VII en 1157, hicieron de Ramón Berenguer IV el soberano más poderoso de la Península. En sus condados ancestrales se esforzó para reconstruir el orden público que se había debilitado el siglo XI, esfuerzos que se plasmaron con la creación de los Usos de Barcelona (Usatges de Barcelona), un código que acentuaba la autoridad real.

Genealogía Corona de Aragón
Genealogía Corona de Aragón. Ramón, Petronila y su descendiente Alfonso II

Sus sucesores, Alfonso II (1162-1196) y Pedro el Católico (1196-1213), bajaron aún más la frontera hacia el sur, hasta Teruel y Albarracín, y con algunas pequeñas incursiones por Valencia. Ahora bien, si los avances no fueron tan espectaculares como en tiempos de Ramón Berenguer IV fue, primero, por las presiones castellanas, que llevaron a pactar otro tratado, el de Cassola (1179), que ahora reservaba el reino de Murcia para Castilla, y sobre todo por los problemas occitanos, que ocuparon buena parte de las energías de Alfonso el Casto y Pedro el Católico.

SARASA SÁNCHEZ, Esteban, La Corona de Aragón en la Edad Media, Zaragoza, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 2001

SESMA MUÑOZ, José Ángel, La Corona de Aragón, Zaragoza, CAI (Colección Mariano de Pano y Ruata, 18), 2000