Hércules, Heracles para los griegos, es el héroe más famoso y popular de toda la mitología clásica. La sociedad, la empresa, la heráldica, los cómics, las series de televisión, las películas o los clubes de fútbol se han hecho eco de su fama. Pero ¿por qué interesa tanto este héroe mítico? Sin duda lo tiene todo: una divina madrasta mala, malísima; un villano envidioso y mezquino; una historia trágica que acaba bien; mucha acción… Y lo más importante: el héroe nos enseña que el ser humano puede superar cualquier circunstancia adversa, incluso aquellas que parecen imposibles.

Los orígenes del héroe

Heracles realmente se llamaba Alcides, nombre relacionado con su abuelo Alceo y con la palabra griega ἀλκή, que significa ‘fuerza’. Entre sus antepasados más famosos destaca Perseo, el héroe que decapitó a Medusa.

Aunque fue criado como hijo suyo por Anfitrión, su verdadero padre fue Zeus (Júpiter para los romanos), el principal dios del Olimpo, muy famoso por sus conquistas amorosas tanto divinas como humanas. Entre estas últimas está la de Alcmena, hija de Electrión –rey de Micenas– y esposa de Anfitrión. Zeus, aprovechando la ausencia de su marido que estaba guerreando, tomó su forma y se unió a Alcmena. Cuando Anfitrión regresó, también pasó la noche con ella y de esa forma, Alcmena quedó embarazada de ambos.

El trono de Argos

A la diosa Hera (Juno para los romanos), la sufrida esposa de Zeus, no le hizo mucha gracia esta nueva aventura de su marido. Así que nuestro héroe sintió su ira incluso antes de nacer. Cuando Zeus anunció que el próximo nacido de la estirpe de Perseo gobernaría sobre Argos, Hera comenzó su campaña para acabar con Alcides. Lo primero que hizo fue alargar el embarazo de Alcmena y adelantar el parto de Nícipe, esposa de Esténelo –un hijo de Perseo–, que dio a luz a un niño sietemesino llamado Euristeo. Como fue el primero en nacer, se convirtió en rey de Tirinto y, con ello, de Argos.

Mapa de la Grecia Antigua.

El nacimiento de la Vía Láctea

Después de diez meses Alcmena pudo dar a luz. Tuvo dos niños gemelos: primero nació Alcides, hijo de Zeus, y después Ificles, hijo de Anfitrión. Zeus le pidió a Hermes (Mercurio para los romanos) que colocara a Alcides junto a Hera cuando estuviera dormida para que tomara leche de su pecho y así hacerle inmortal. La leyenda dice que cuando Hera se despertó y vio al niño mamando de su seno lo arrojó lejos de sí. Este se asió tan fuerte a su pecho que al separarlo emanó un chorro de leche que dejó en el cielo una estela, la Vía Láctea.

El episodio de las serpientes

La segunda acción vengativa de Hera fue cuando Alcides tenía unos ocho meses de vida. La diosa puso dos enormes serpientes en su cuna para que lo mataran. Su hermano Ificles comenzó a llorar, pero Alcides agarró a las dos serpientes y las asfixió con sus manos. En este momento Anfitrión se dio cuenta de que Alcides era el hijo de Zeus.

Hércules y las serpientes.

La locura del héroe

Pasó el tiempo y Alcides se casó con Mégara, hija de Creonte –rey de Tebas–, con la que tuvo varios hijos. Pero Hera no había olvidado su rencor y le infundió al héroe un terrible ataque de locura que le llevó a matar a su familia creyendo que eran enemigos. Cuando Alcides recuperó la cordura, horrorizado por el acto que había cometido, acudió al oráculo de Delfos para saber cómo expiar su crimen. La Pitia, sacerdotisa y voz de Apolo en la tierra, le comunicó que debía cambiar el nombre de Alcides por el de Heracles –que significa “la gloria de Hera”– para aplacar la ira de la diosa y ponerse al servicio de Euristeo durante doce años.

Los doce trabajos

Euristeo aceptó por obligación a Heracles (Hércules para los romanos) en su corte. Temeroso por perder su trono, que por derecho le correspondía al héroe, decidió deshacerse de su molesto pariente encomendándole doce trabajos, cada uno más complicado y peligroso que el anterior.

1. El león de Nemea

El primer trabajo fue la caza del león de Nemea. Esta bestia, enorme y feroz, asolaba la Argólida y devoraba a sus habitantes y rebaños. Como era invulnerable a las armas de los hombres, Heracles primero lo acorraló en su cueva bloqueando con una red una de las dos entradas. Después lo aturdió con su maza y, finalmente, lo mató en una pelea cuerpo a cuerpo estrangulándolo. Lo despellejó con las propias zarpas del animal y con su gruesa piel se hizo una capa y con su cabeza un casco, a modo de armadura protectora.

El león de Nemea.

2. La hidra de Lerna

Su segundo trabajo fue matar a la hidra de Lerna. Este monstruo era una serpiente de agua terrible. Tenía nueve cabezas que se regeneraban y duplican cuando eran cortadas, además de un aliento mortal. Heracles pidió ayuda a su sobrino Yolao para superar esta prueba. Una a una fue cortando las cabezas del monstruo mientras Yolao cauterizaba los muñones para que no volviesen a nacer. Muerta la hidra, Heracles mojó sus flechas en su sangre para dotarlas de un poderoso veneno.

La hidra de Lerna.

3. La cierva de Cerinea

El tercer trabajo que le encomendó Euristeo fue que le llevase viva la cierva que vivía en los montes de Cerinea. Este animal estaba consagrado a Artemisa (Diana para los romanos), diosa de la caza y de los bosques. Poseía pezuñas de bronce, cuernos de oro y era muy veloz, por lo que nadie había podido cazarla.

Heracles la persiguió durante todo un año hasta que la cierva, ya muy agotada, intentó atravesar un río. El héroe aprovechó ese momento para capturarla disparándole una flecha entre las patas delanteras, sin herirla.

La cierva de Cerinea.

4. El jabalí de Erimanto

El cuarto trabajo fue la captura del jabalí de Erimanto. Este animal, enorme y feroz, saqueaba los sembrados de la Arcadia y atormentaba a sus habitantes. Heracles tuvo que perseguirlo durante mucho tiempo hasta lograr acorralarlo en un desfiladero sin salida. Allí, gracias a su gran fuerza, logró reducirlo. Ató sus patas y lo cargó hasta el palacio del rey Euristeo. Cuando este vio al héroe con semejante bestia, se asustó tanto que se escondió dentro de una gran jarra de bronce fabricada por él mismo como refugio en caso de peligro.

El jabalí de Erimanto.

5. Los establos del rey Augías

El quinto trabajo era limpiar los establos de Augías, rey de la Élide, que hereda de su padre un enorme rebaño de bueyes divinos. Fácil, ¿verdad? Pues no. Las instalaciones llevaban sin limpiarse más de treinta años y la condición impuesta por Euristeo era hacerlo en un solo día. Para superar el reto, Heracles cambió el curso de los ríos Alfeo y Peneo y de esta forma limpió los establos.

Los establos del rey Augías.

6. Los pájaros del lago Estínfalo

El sexto trabajo impuesto por Euristeo fue acabar con los pájaros del lago Estínfalo. Estas míticas aves tenían el pico, las alas y las patas de bronce y se alimentaban de carne humana. Eran muy numerosas porque se multiplicaban de forma extraordinaria. Además, cuando remontaban el vuelo, descargaban excrementos venenosos y plumas a modo de dardos sobre los hombres, los animales y los campos. Heracles se sentía cansado y superado por la situación; pero Atenea (Minerva para los romanos), diosa de la guerra y la sabiduría, acudió en su ayuda. Le dio un címbalo de bronce para asustar a los pájaros. De esta forma el héroe consiguió que salieran de sus escondrijos y, una vez en el aire, los abatió con sus flechas envenenadas.

Los pájaros del lago Estínfalo.

7. El toro de Creta

Euristeo estaba desesperado porque no conseguía acabar con su molesto pariente. Por eso decidió mandarlo más allá del Peloponeso para que le trajese vivo el toro de Creta. Este animal fue un regalo de Poseidón (Neptuno para los romanos) al rey Minos, como signo de reconocimiento a su derecho a gobernar sobre la isla. La condición impuesta por el dios de los mares fue que el rey debía sacrificarlo como muestra de lealtad divina. Pero Minos, admirado por tan bello y noble animal, decidió quedárselo y sacrificó a otro. Como castigo, Poseidón enloqueció al toro. Heracles consiguió apresarlo lanzándose desde un árbol. Pero el animal se reveló e inició una larga lucha para domarlo. Finalmente, el héroe lo consiguió amansar y le colocó una anilla en la nariz.

El toro de Creta.

8. Las yeguas de Diomedes

El octavo trabajo que le encomendó Euristeo fue que le llevase vivas a su corte las yeguas de Diomedes, rey de una belicosa tribu que habitaba en Tracia. Este alimentaba a sus fieros animales con la carne de sus confiados huéspedes. Heracles fue a esta misión con un grupo de héroes voluntarios. Consiguió vencer a Diomedes y a su ejército y tomó como botín a las yeguas. Para amansarlas, les dio de comer la carne de su propio amo. Después las trasladó hasta la corte de Euristeo, donde fueron ofrecidas como regalo a Hera.

Las yeguas de Diomedes.

9. El cinturón de Hipólita

El noveno trabajo fue conseguir el cinturón de Hipólita, la reina de las amazonas, para Admete, la hija de Euristeo. Dicho cinturón era el símbolo del poder de la reina y se lo había dado Ares (Marte para los romanos), el dios de la guerra. Las amazonas, cuyo reino estaba en Asia Menor, eran una raza de guerreras que dominaban la equitación y el combate con arcos y flechas. Heracles consiguió con gran esfuerzo la amistad de la reina. Pero la diosa Hera, disfrazada de amazona, hizo correr el rumor de que el héroe realmente quería raptarla. Las amazonas se sintieron engañadas y atacaron al héroe y a sus soldados. El combate finalizó con la muerte de Hipólita, por lo que Heracles pudo hacerse con el ansiado cinturón como botín.

El cinturón de Hipólita.

10. Los bueyes de Gerión

Euristeo siguió encargándole trabajos cada vez más difíciles y más lejanos con la esperanza de acabar con Heracles. El décimo fue enviarle a los confines del mundo conocido. Le mandó a Eriteia para que se hiciera con el maravilloso rebaño de toros rojos de Gerión. Este era un gigante terrible de tres cuerpos, por lo que tenía tres cabezas, seis brazos y seis piernas. Custodiaba su rebaño Euritión, un temible pastor, y Orto, un perro de dos cabezas con cola de serpiente.

Heracles logró llegar a la isla de Eriteia en la copa de oro de Helios, representación divina del Sol, que este usaba para poder trasladarse por el firmamento. Se hizo con el rebaño tras vencer en dura batalla a Gerión y matar a Euritión y a Orto.

Los bueyes de Gerión.

11. Las manzanas de las Hespérides

Como undécimo trabajo, Euristeo le volvió a mandar al fin del mundo porque quería las manzanas del jardín de las Hespérides. Dichos frutos eran de oro y fueron el regalo de bodas de Gea, la diosa de la Tierra, para Zeus y Hera. Además, se decía que otorgaban a los dioses la eterna juventud. El mítico jardín estaba custodiado por un dragón-serpiente y por las tres ninfas Hespérides, hijas de Atlas, el titán condenado por Zeus a sujetar la bóveda celeste sobre sus espaldas. Para conseguir las manzanas, el héroe tuvo que pactar con Atlas: Heracles le sostendría la carga y el titán iría a buscar los frutos. Cuando regresó con las manzanas, Atlas le propuso llevarlas él mismo al rey Euristeo, pero Heracles lo engañó. Le pidió que le sostuviera un momento la bóveda celeste mientras se ponía una almohada para sujetarla mejor. Una vez liberado, huyó rápidamente a Grecia con el trofeo.

Las manzanas de las Hespérides.

12. El perro Cerbero

Como duodécimo y último trabajo, Euristeo le encargó enfrentarse a la mismísima muerte: le pidió traer al perro Cerbero a su corte. Este era un temible y fabuloso perro de tres cabezas y cola de serpiente que se encargaba de custodiar la entrada al Inframundo. Para ello debía reducir al animal únicamente con la fuerza, sin arma alguna. Heracles acudió al dios Hermes para que le ayudase a bajar al Inframundo. Una vez allí le pidió a Perséfone y a su esposo el dios Hades (Plutón para los romanos) que le prestasen a Cerbero, a lo que accedieron. Euristeo, atemorizado y viendo que era capaz de todo, decidió finalmente conceder la libertad al héroe tebano.

El perro Cerbero.

Muerte del héroe

Heracles vivió sus últimos días con Deyanira, hija del rey de Calidón, con la que también tuvo varios hijos. En una de sus muchas batallas venció al rey Éurito y se apoderó de su hija Yole. Esto despertó los celos de Deyanira y su miedo a perder el amor de su esposo. Cuando Heracles pidió una vestimenta adecuada para agradecer a Zeus la victoria, ella mojó una túnica con la sangre del centauro Neso (porque creía que tenía propiedades amorosas) y la hizo llegar a su marido. Heracles se la puso y durante el sacrificio se revelaron los verdaderos poderes de dicha sangre: quemaba como un ácido la piel del héroe.

Apoteosis de Heracles

Heracles llegó moribundo a su casa. Deyanira comprobó horrorizada que había causado la muerte de su amado esposo y se suicidó. A Heracles aún le quedaron fuerzas para ascender al monte Eta y levantar su propia pira funeraria. Se colocó sobre ella y Filoctetes le prendió fuego, por lo que obtuvo el arco y las flechas del héroe. Mientras la hoguera ardía se oyó un trueno en medio de la humareda y Zeus se llevó a Heracles a los cielos. Fue aceptado por los dioses como uno más de ellos. Incluso se reconcilió Hera. En el Olimpo disfrutó de la inmortalidad y se casó con Hebe, la diosa de la juventud.

 

Referencias bibliográficas:

  • Apolodoro de Atenas, Biblioteca mitológica. Alianza
  • Apolodoro de Atenas, Biblioteca. Editorial
  • Bernardo Souviron, Las aventuras de Hércules. RBA
  • Bernardo Souviron, Los trabajos de Hércules. Editorial
  • Pierre Grimal, Diccionario de mitología griega y romana. Editorial Paidós.
  • Robin Hard, El gran libro de la mitología griega. Editorial La esfera de los