En el verano de 1410, en torno a una aldea en la actual Polonia, se produjo un gran choque cuyas consecuencias trastocaron la Europa central del siglo XV. Fue la batalla de Grunwald (conocida en alemán como Tannenberg y como Žalgiris en lituano) entre el reino de Polonia y el gran ducado de Lituania contra los caballeros de la Orden Teutónica, dirigidos por su gran maestre, Ulrich von Jungingen. Al frente de sus tropas, el rey polaco Vladislao II Jagellón y el gran duque lituano Vitautas, llamado el Grande, vencieron a los caballeros germanos. Terminaba así su hegemonía como potencia militar.

Batalla de Grunwald. Obra de Jan Matejko (1878).

Antecedentes históricos

La batalla de Grunwald supuso un choque decisivo para esta remota zona de Europa, pero para entender su importancia, primero debemos volver la vista atrás. Entre los siglos XII y XIII tuvieron lugar las cruzadas bálticas, para la cristianización de los muchos pueblos paganos que poblaban las costas surorientales del Báltico. Auspiciadas por la Santa Sede, las monarquías de Dinamarca y Suecia comenzaron un lento pero continuado proceso cristianizador.

En su ayuda se unieron varias órdenes militares nacidas durante las Cruzadas en Tierra Santa. Destacó la Orden de los Caballeros Teutones. Fundada como orden religiosa en San Juan de Acre (Palestina) en 1190 por cruzados alemanes de la Tercera Cruzada, rápidamente se convirtió en una de las órdenes militares más destacadas, a la par de las ordenes templaria y hospitalaria. Aunque la Orden Teutónica tomaba parte en las campañas del Báltico desde 1230, la caída de Acre, último reducto cristiano en Tierra Santa, en 1291, obligó a un cambio. Decidieron centrarse definitivamente en el norte de Europa.

Territorios del Estado de la Orden Teutónica (siglos XIII-XV).

Así nació el Estado de la Orden Teutónica, una entidad política teocrática que llegó a extenderse por toda la costa suroriental del Báltico: desde el golfo de Gdansk (en la actual Polonia), hasta la ciudad estonia de Narva, en el golfo de Finlandia. Comprendía la casi totalidad de las actuales Estonia, Letonia y Lituania, el óblast ruso de Kaliningrado y la costa polaca. Desde sus imponentes castillos, los caballeros combatieron a los paganos y fortalecieron su estado. Necesariamente tenían que chocar con sus vecinos: el reino de Polonia y el gran ducado de Lituania.

Tras establecer el cristianismo, Polonia se configuró primero en ducado electivo, más adelante en reino hereditario. Lentamente iría creciendo en torno a las llanuras del Vístula, manteniendo su independencia frente al Sacro Imperio Romano Germánico en el oeste, y otros pueblos eslavos en el este. Aun siendo derrotada, pudo contener con éxito la invasión de los mongoles a mediados del siglo XIII, aunque el estado mongol establecido en las estepas euroasiáticas, la Horda de Oro, sería una amenaza constante.

Territorios de Polonia, Lituania y la Orden Teutónica a comienzos del siglo XV.

En esa la lucha contra los mongoles (o tártaros) y otras monarquías rusas se forjó el gran ducado de Lituania. En torno a su capital, Vilna, Lituania fue poco a poco ensanchando su territorio por el este, reduciendo la presión tártara. A diferencia de Polonia, su cristianización fue lenta, dependiendo de los beneficios que pudiera conllevar a sus soberanos. Para finales del siglo XIV, Lituania era un gran estado, extendido por la llanura europea oriental desde el mar Negro hasta el Báltico.

Durante mucho tiempo, las relaciones entre la Orden Teutónica y sus dos grandes vecinos fueron tensas. Pesaba la labor cruzada de los caballeros frente a la reciente o escasa cristianización de los dos reinos. A esto había que unir la intención expansionista de los caballeros alemanes. Aun así, no llegó a darse una guerra formal. Sería a partir de 1385 cuando una serie de sucesos alterasen el equilibrio de poder.

Vladislao II Jagellón, rey de Polonia. Obra de Jan Matejko (1878).

Ese año (1385) el gran duque lituano Jogaila, pagano, accedió a convertirse al cristianismo y desposarse con Eduviges, reina de Polonia, mediante un acuerdo, la Unión de Krewo. Tras su bautizo, adoptando el nombre de Vladislao, y su matrimonio con la reina polaca, Jogalia se convirtió en rey de Polonia (1386) con el nombre de Vladislao II, uniendo así ambos estados en torno a un mismo soberano. Gran parte de la nobleza lituana rechazaría este hecho, rebelándose bajo el liderazgo de Vitautas, primo de Vladislao.

Vitautas el Grande, gran duque de Lituania. Detalle de la Batalla de Grunwald. Obra de Jon Matejko (1878).

Tras varios años de una terrible guerra civil en Lituania, con la que los caballeros teutones aprovecharon el conflicto para ampliar su estado conquistando territorio lituano fronterizo, ambos primos firmaron la paz en 1392. Vitautas se convirtió en gran duque, pero aceptó la soberanía suprema de Vladislao como soberano, así como la cristianización definitiva de Lituania. Solucionadas las diferencias y fortalecida la unión polaco-lituana, ambos reinos podrían ahora volcar sus fuerzas y recursos contra su enemigo común. La guerra contra los caballeros sería cuestión de tiempo.

1409. Estalla la Gran Guerra.

En mayo de 1409 se produjo un levantamiento contra los teutones en la región fronteriza de Samogitia, recientemente anexionada por la Orden. El rey Vladislao anunció que declararía la guerra ante una posible incursión teutona. En respuesta, el 14 de agosto el gran maestre de la orden, Ulrich von Jungingen, declaró la guerra. Las fuerzas teutónicas iniciaron las hostilidades, invadiendo la frontera polaca. Siendo repelidos, solicitaron un armisticio para reorganizarse. El término de este acuerdo se estableció para finales de junio del año siguiente. Vladislao y Vitautas harían lo propio, acumulando en sus fronteras durante ese año de alto al fuego dos grandes ejércitos que confluirían juntos en una ofensiva a gran escala contra los territorios de la Orden.

El día 2 de julio de 1410, terminado el armisticio y tras haber cruzado la frontera, ambos primos se reunieron con sus fuerzas, marchando juntos hacia la capital teutónica, Mariemburg. A pesar de su actitud defensiva, los caballeros no esperaban un ataque conjunto inminente, viéndose sorprendidos por el avance. Aún así, dispusieron toda su capacidad bélica y marcharon a su encuentro.

Grabado de la batalla de Grunwald en la Crónica Berner (siglo XV).

Los números exactos en torno a ambos ejércitos han sido discutidos por los especialistas durante mucho tiempo, dada la disparidad de fuentes y la enorme diversidad de tropas. Ambas fuerzas contaban, además de con soldados propios, con hombres de otros estados, tanto vasallos como aliados (bohemios, checos, valacos, rusos, tártaros, etc.), así como una gran cantidad de mercenarios. Las cifras más comúnmente aceptadas rondan los 39.000 hombres por parte de la alianza polaco-lituana, frente a 27.000 por el lado teutón. Se trataban de dos ejércitos ciertamente grandes. Al amanecer del 15 de julio ambas fuerzas se alcanzaron cerca de la aldea de Grunwald. La batalla era inminente.

Desarrollo de la batalla

A pesar de su inferioridad numérica, los caballeros teutones, feroces, disciplinados y orgullosos guerreros, no estaban dispuestos a amedrentarse. Ya dispuestas las fuerzas en formación, en vista de la demora del ataque aliado, Jungingen se permitió una frivolidad: envió al campamento enemigo mensajeros con dos espadas destinadas a Vladislao II y a Vitautas para que las usasen en la batalla, animándoles a superar su cobardía. La entrega de estas espadas fue un insulto y una provocación a los polacos y lituanos. Conocidas como las «espadas Grunwald», se convertirían en un símbolo nacional de Polonia.

Espadas de Grunwald. Obra de Wojciech Kossak (1931).

La batalla comenzó con un ataque de las fuerzas de caballería lituanas al mando de Vitautas por el flanco izquierdo de la formación teutona. Tras varias horas, y pese a haber mantenido de forma eficaz el combate, los lituanos se replegaron. Todavía no está muy claro el porque de esta retirada ante una situación favorable. Si se trató de una maniobra de distracción para reagruparse más atrás y contraatacar (una estrategia común entre los pueblos esteparios), o fue ciertamente una retirada desorganizada, lo cierto es que los teutones, en lugar de mantener la formación, persiguieron al enemigo en retirada. Con ello el flanco izquierdo se desintegró.

Grunwald. Obra de Wojciech Kossak (1931).

Mientras los lituanos retrocedían, los teutones iniciaron un ataque masivo por el centro y flanco derecho, formados por las tropas polacas al mando de Vladislao II. La lucha fue encarnizada pero parejos de armamento pesado, la balanza no se decantaba hacía ningún bando. Un objetivo simbólico importante era apoderarse del estandarte real, pues en las luchas medievales la captura de la enseña del comandante enemigo significaba su muerte o su rendición. El pendón polaco cayó brevemente en manos de la Orden, pero fue rápidamente recuperado. La lucha continuó.

Llegados a este punto, el gran maestre Jungingen decidió jugarse el todo por el todo. Al frente de sus reservas se lanzó al ataque del flanco polaco, buscando aniquilarlo definitivamente. A punto de la ruptura de la formación, en la que el propio Vladislao estuvo cerca de caer en la lucha, la decisiva participación de la guardia real en defensa de su rey equilibró el choque.

Muerte del gran maestre Ulrich von Jungingen. Detalle de la Batalla de Grunwald. Obra de Jan Matejka (1878).

Fue en ese momento cuando volvieron los lituanos. Tras conseguir reagrupar a sus hombres, Vitautas se lanzó al ataque desde la retaguardia, rodeando al ejército teutón y cogiéndole entre dos fuegos. El desconcierto fue total cuando el propio Jungingen, que de forma temeraria pero propia de un caballero, se encontraba en primera línea, fue alcanzado por una lanzada, perdiendo la vida. Sin líder y completamente superados, los teutones se replegaron a su campamento. Allí se intentó una última e improvisada defensa final que fue rápidamente barrida por la caballería aliada, masacrando a muchos caballeros. Tras diez horas de lucha, la batalla de Grunwald había terminado.

Después de la batalla de Grunwald. Obra de Alfons Mucha (1924).

Consecuencias: el final de la hegemonía teutona

Finalizada la batalla, los restos del ejército teutónico se dispersaron hacia sus castillos y fortalezas. Habían sufrido una derrota total, rondando los 8.000 muertos, entre los que había que destacar 270 miembros de la propia Orden, incluido el propio gran maestre Jungingen. Estas fueron una pérdida prácticamente irremplazable para este cuerpo de élite, a lo que hubo que sumarse otros tantos miles de prisioneros y heridos.

Aunque las bajas polaco-lituanas también fueron altas, unas 5.000, esto no evitó que Vladislao II y Vitautas continuaran la campaña. Tres días después de la batalla, tras recuperarse de las heridas y enterrar dignamente a los muertos (incluidos Jungingen y sus caballeros), el ejército aliado prosiguió el avance hacia la capital de la Orden, el imponente castillo de Mariemburg, comenzando el asedio de la fortaleza. Sin embargo, la breve demora de los aliados permitió al nuevo gran maestre, Heinrich von Plauen, organizar una defensa eficaz con los restos del ejército derrotado.

Castillo de Mariemburg (actual Malbork, Polonia).

Tras dos meses de infructuoso sitio, diezmados por los combates y las epidemias, la llegada de refuerzos teutónicos de otras regiones y próxima la llegada del otoño, Vitautas decidió retirarse a Lituania con sus tropas. Disuelta la alianza y presionado por la nobleza polaca, Vladislao II no tardaría en hacer lo propio. El 19 de septiembre de 1410 se levanto el asedio de Mariemburg.

Tras varios meses de negociaciones y combates menores, finalmente se llegó a la paz, firmada en la ciudad de Thorn (actual Toruń), situada en el Vístula y fronteriza con Polonia, el 11 de febrero de 1411. Aun con la gran derrota infringida a la Orden, Polonia y Lituania no pudieron sacarle el máximo provecho a la victoria de Grunwald, ya que territorialmente la Orden sólo perdió la región fronteriza de Samogitia, ocupada por Lituania, y con la que conseguía así acceso al Báltico. Por contra, los polacos y lituanos lograron fijar costosas indemnizaciones de reparación de guerra y el pago del rescate de los prisioneros, lo que significó para la Orden un golpe tan duro como las posibles pérdidas territoriales.

Monumento del quinto centenario de la batalla de Grunwald en Cracovia (Polonia). Obra de Antoni Wiwulski (1910).

La batalla de Grunwald marcó el final de la hegemonía teutónica en el Báltico en detrimento de la unión de Polonia y Lituania. Esta se consolidó y prosiguió con su expansión territorial. Durante los dos siglos siguientes, hasta el surgimiento de la emergente Rusia, la mancomunidad de Polonia-Lituania sería la potencia hegemónica de la zona, un punto intermedio entre las Europas occidental y oriental. Por su parte, aún habiendo sobrevivido a la catástrofe, la derrota militar sumió a la Orden Teutónica en una época de constante anarquía y enfrentamientos internos, sumados a la pésima situación económica por las deudas contraídas y a las guerras futuras contra Polonia. Inevitablemente comenzaría a menguar hasta su desaparición, ya en el siglo XVI, terminando con este genuino estado cruzado del Báltico.

Bibliografía

-Contreras Martín, A. (2017). Las cruzadas bálticas y del Norte de Europa (1100-1562): la expansión de la Latinitas en Revista Universitaria de Historia Militar, vol. 6, nº12, págs. 272-312.

-Johnson, L. (1996). Central Europe: enemies, neighbors, friends. Oxford. Oxford University Press.

-Turnbull, S. (2012). 1410: la batalla de Tannenberg, Grunwald en Desperta Ferro: Antigua y medieval, nº9, págs. 40-46.

-Turnbull, S. (2003). Tannenberg 1410: disaster for the Teutonic Knights. Londres. Osprey Publishing.