Muchos hablan de las barbaridades que supuestamente perpetró España en América. Otros, menos que los primeros, reconocen las matanzas de indios por los norteamericanos, aunque las películas de vaqueros son bastante épicas y los cowboys salen muy simpáticos en ellas. Por supuesto es bien conocido el Holocausto Nazi y algunos todavía recuerdan el genocidio de Ruanda, mucho más cercano al siglo XXI. Pero, ¿alguna vez has escuchado hablar del genocidio llevado a cabo por los ingleses en Irlanda?

Los irlandeses han sido un pueblo perseguido a lo largo de la historia por los anglosajones.

Los hijos de la Gran Bretaña siempre se han cuidado de que no se hable mal de su nación y para ello, durante siglos, han desarrollado una gran capacidad política y publicitaria. Quien conozca un poco de la historia inglesa se dará cuenta de cómo tratan de ocultar aquello que no les da buena prensa, ensalzan sus grandes gestas, incluso las que no son tan grandes, y muchas veces disfrazan sus derrotas como victorias.

Una de estas penosas historias ocultadas durante siglos son las acciones que llevaron a cabo en Irlanda. Esta isla fue ocupada en el s. XII por los ingleses, quienes la dominaron durante 700 años, no sin resistencia de los propios lugareños, que siempre han luchado por su independencia. La última gran rebelión, antes de los sucesos con los que lograron liberarse en el s. XX, fue en 1641, aplacada por Oliver Cromwell, quien acabó ocupando la isla definitivamente.

Así quedó el reparto de tierras después de la conquista de Cromwell. Los irlandeses católicos solo tuvieron como propias las tierras coloreadas en marrón verdoso, las peores para el cultivo.

Los irlandeses eran despreciados por dos cosas: por ser irlandeses (celtas), puesto que Inglaterra (sajones) siempre se ha considerado superior racialmente, y por ser católicos, a partir de la ruptura de Enrique VIII. Los ingleses, ya durante la Edad Moderna, se asentaron mayoritariamente en la provincia del Ulster, lo que hoy en día es Irlanda del Norte, todavía bajo dominio inglés, puesto que eran las mejores tierras para cultivar. El resto de la isla también la dominaron y la utilizaron como fuente de recursos, expoliando las pocas materias primas que posee la isla y reclamando parte de los cultivos, que importaban forzosamente a Gran Bretaña.

Inglaterra no sólo ocupó la isla, sino que impuso grandes obstáculos a los católicos irlandeses. Éstos no podían adquirir, heredar o arrendar tierras. Tampoco tenían derechos civiles, no podían votar, ocupar cargos públicos o vivir dentro o alrededor de las ciudades. Incluso la educación o el acceso a muchas profesiones les estaba limitado. Solamente podían trabajar como inquilinos en las tierras de los propietarios ingleses, quienes los explotaban. A los pobres irlandeses sólo les quedaban pequeñas parcelas donde cultivaban patatas para subsistir.

Hambrientos irlandeses
Irlandeses agolpándose en la oficina de trabajo durante la Gran Hambruna.

Entre 1845 y 1849 una plaga de parásitos atacaron los cultivos de patata, lo que dejó a la mayor parte de la población sin alimento. El gobierno inglés se negó a prestar ayuda a sus vecinos de la isla esmeralda, los protestantes aseguraban que era un castigo divino por seguir siendo fieles al Papa, otros pretendían aplicar las teorías malthusianas para reducir la población de la isla… La cuestión es que los pobres cultivos de las familias irlandesas se vieron perjudicados por esta plaga, sin embargo no fue así en los cultivos de trigo y otros alimentos, al que los lugareños no podían acudir porque pertenecía a los terratenientes ingleses. Así, mientras se seguían enviando comida a Gran Bretaña y en el Parlamento se debatía la solución (o la no solución) de la situación, los irlandeses morían de hambre. Ahora sí, se reforzaron los almacenes de alimentos con guardias armadas para evitar el saqueo por parte de los hambrientos, medida del todo necesaria para “combatir” el hambre.

Los resultados de todo ello fueron más de 1 millón de muertos (200 mil más que el genocidio de Ruanda) y otro millón de emigrantes que marcharon a América hacinados en barcos y habiéndose dejado todos sus ahorros en los billetes al Nuevo Mundo. La población de la Isla pasó de 8,5 millones de habitantes a 6,5 en cuatro años. 

Emigrantes Irlandeses a punto de embarcar con destino a EEUU. También allí sufrieron la discriminación racial y religiosa.

Los ingleses nunca han querido hablar de ello. Después de la independencia de la actual República de Irlanda, se han conocido mejor los hechos de aquella gran hambruna que a día de hoy se considera como un genocidio perpetrado por parte del Gobierno Británico de la época. 

 

Bibliografía y referencias:

Cosgrave, Marianne “Sources in the National Archives for researching the Great Famine” Journal of the Irish Society for Archives, Spring 1995: https://www.nationalarchives.ie/topics/famine/Great_Famine.pdf

Enciclopedia Británica: https://www.britannica.com/event/Great-Famine-Irish-history

Ó Gráda, Cormac The great irish famine. Gill & Macmillan, Dublin, 1989.