La Carrera de Indias siempre estuvo ligada a la piratería. Corsarios de toda Europa acosaron las rutas atlánticas por las que discurría la plata del Imperio español. Pero, ¿y el Mediterráneo? ¿Acaso el Turco no se intereso por el metal precioso? ¿Cómo reaccionó Felipe II?

En el verano de 1560 la laureada flota otomana asestó una terrible derrota a las fuerzas cristianas apostadas en Djerba (Túnez), se calcula que entre los defensores murieron unos 18.000 hombres y 9.000 fueron hechos cautivos y condenados a bogar en la armada del Turco. De esta guisa, el maestre de campo Álvaro de Sande fue hecho prisionero y el mismísimo Juan Andrea Doria estuvo a punto de correr el mismo destino. La hegemonía naval otomana era más que patente en el Mediterráneo y aún se habría de prolongar una década más hasta el decisivo encuentro en Lepanto.

La batalla de Djerba supuso el culmen de la superioridad naval turca en el Mediterráneo.

Ante aquel desastre y previendo las consecuencias que podría conllevar, Felipe II decidió encabezar un ambicioso proyecto naval capaz de disuadir y poner freno al expansionismo turco en el Mare Nostrum. A esta premura vino a sumarse otra de tanto o mayor calado como era la amenaza a la supremacía atlántica y al comercio con las Indias por parte de los corsarios y piratas ingleses, franceses, escoceses… ¡Y turco-berberiscos! Que, aprovechando su situación, la “armada turquesca” también se las gastaba en las cercanías de las costas andaluzas a la espera de hazer alguna presa en las naos que vienen de Yndias. La conexión entre los asuntos del Mediterráneo y el Atlántico era más patente de lo que tradicionalmente hemos imaginado, los mares no eran seguros y así lo denunciaban los comerciantes a través del Consulado de Sevilla cuando decían que está esta Carrera de las Yndias, así a la yda como a la venida, mui peligrosa y llena de corsarios.

La Carrera de Indias siempre estuvo acosada por corsarios de todas las nacionalidades: ingleses, franceses, escoceses… ¡Y turco-berberiscos!

A la sazón de este último pormenor atlántico, el rey de las Españas convino blindar la arteria principal de su imperio: la Carrera de Indias. El oro y la plata bien lo merecían. Fue así cómo para el año 1561 Felipe II dictó una real provisión que obligaba a todas las naves con destino a América viajar en conserva y en dos flotas anuales de manera que los dichos nauíos pudiessen nauegar con seguridad. Con propósito de completar esta medida, el Consulado propuso al monarca la creación de una armada de galeras con el fin específico de proteger a las naves de la Carrera de la piratería norteafricana. Así lo exponía la institución sevillana al rey cuando recibió informes de la amenaza berberisca proyectada desde Vélez y Argel, a donde el sultán turco había destinado una nueva flota para que ande en estas costas del Andaluzía a rrobar y esperar las naos de Yndias que van y vienen, para las tomar.

El Consulado de mercaderes solicitó a Felipe II una armada de galeras para proteger el comercio indiano en las costas andaluzas.

Felipe II accedió a la formación de dicha flota de guerra mediante una real provisión despachada el 26 de abril de 1562, aunque, al parecer de expertos como Esteban Mira Caballos, Eufemio Lorenzo Sanz y José Manuel Díaz Blanco, lo que en realidad hizo el monarca Prudente fue prolongar y reutilizar la ya existente Armada de Guardacostas de Andalucía. Ahora bien, ¿quién costearía esta flota de galeras? Como era de esperar, Felipe II escurrió el bulto, demasiados gastos en su Hacienda como para aprobar otra derrama, de modo que, siguiendo la línea marcada por la Armada de Guardacostas, el monarca decretó que había de ser sufragada por los supuestos beneficiados, los comerciantes y los pueblos de la costa mediante el pago de un nuevo derecho de avería. Y cuando digo comerciantes no me refiero únicamente a los indianos, sino también a los de levante y poniente (J.M. Díaz Blanco 2013). No es de extrañar que, como apunta Mira Caballos, al igual que sucedió con la Armada de Guardacostas, todos los afectados se quejaran amargamente del nuevo impuesto y otras eçesivas costas, en que se consume la mayor parte de las haziendas (Queja del Consulado a Felipe II por el nuevo cargo de avería).

Felipe II rehusó sufragar la nueva armada de galeras, por lo que fue costeada por los comerciantes y poblaciones costeras de Andalucía.

¿Cómo se conformaba la nueva armada de galeras indianas? En un principio, Felipe II, el Consejo de Guerra y el de Indias, convinieron que don Álvaro de Bazán, con el cargo de Capitán General, estuviera al mando de las primeras 5 galeras que se contaban en el año 1562: la Capitana, la Patrona, la Española, la Francesa y la San Pablo; en el año 1565 se sumaron la Porfiada y la San Juan, y, andado el tiempo, la Soberana y la Mendoza. Su base de operaciones se situaría en el Puerto de Santa María y, en los veranos más calurosos, en Cataluña. Bajo el mando del futuro héroe de “las Terceras” se contaban varios miles de hombres que abarcaban chusma condenada a bogar, marineros, hombres de intendencia, soldados, alguaciles, escribanos, capellanes, patrones, cuerpo de oficiales… En su gran mayoría los componentes de la armada de galeras de Indias estaban bien curtidos, incluidas las naves, las cuales no eran de nueva construcción, sino reaprovechadas, pero, a pesar de todo, según narran las fuentes, parece ser que fueron sobradamente competentes y se desempeñaron tan bien en su labor que mantuvieron a raya a la piratería norteafricana y también pudieron ser movilizadas como flota auxiliar en campañas tan importantes como la de Orán, Vélez de la Gomera y Malta.

Las galeras de Indias quedaron bajo el mando de Álvaro de Bazán y en general se desempeñaron con asombrosa efectividad.

A pesar de su buen funcionamiento, la flota no pudo soportar las diferencias entre la monarquía y el comercio sevillano referentes al costo de su mantenimiento. Y es que aquello no era baladí, pues en 2 años, aproximadamente, cuenta José Manuel Díaz Blanco, se recaudó en concepto de avería un total de 51.913.483 maravedíes. El coste de la armada era inasumible para los pecheros: No es justo […] pagar dos auerías, una de las galeras y otra de la armada. Lo mismo apuntaba el Consulado cuando decía: Todo el pueblo y nauegantes contradizen la dicha cobrança con grandes querellas y […] les sobra rrazón. Las querellas contra los impuestos y los dolores de cabeza de Felipe II y sus Consejos culminaron en la disolución armada de galeras de Indias en 1568, 6 años después de su creación.

A pesar de su buen funcionamiento, la armada de galeras fue disuelta por los problemas referentes a su coste.

A pesar de este traspiés, Felipe II continuó con su mayestático proyecto marítimo que tres años después pondría freno al expansionismo turco en el Mediterráneo y pretendía hacer de España la ama, dueña y señora del Atlántico. Por medidas como la emprendida con la armada de galeras indianas y estas otras de mayor envergadura, el historiador David Goodman habla de una espectacular transformación de España en una potencia naval a fines del siglo XVI.

Bibliografía:

  • José Manuel Díaz Blanco. Una armada de galeras para la Carrera de Indias: el Mediterráneo y el comercio colonial en tiempos de Felipe II. Revista de Indias.
  • Esteban Mira Caballos, Controversias sobre el sistema naval con América a mediados del siglo XVI: los proyectos de Álvaro de Bazán.
  • David Goodman, El poderío naval español. Historia de la armada española del siglo XVII.