Incluir en una serie de grandes desconocidos de nuestra historia al primer compatriota que se tomó un café puede sonar a chiste, pero no lo es. Como también puede sonar a chiste el nombre del pueblecito de Madrid, Olmeda de la Cebolla, donde nació nuestro protagonista en 1564. Y, sin embargo, la vida de Pedro Páez, el primer español que probó el café, no fue una vida de chiste, en todo caso de novela o de película.

Era tanta su inteligencia que bien pudo Pedro Páez pasar a la historia como uno de los grandes sabios de su tiempo y, sin embargo, eligió vivir peligrosamente, seducido como tantos jóvenes de su época por las hazañas de un compatriota, san Francisco Javier, que había prendido fuego al Oriente hasta consumirse él en el empeño. En su deseo de imitar al héroe, y una vez ordenado jesuita, Páez solicitó a sus superiores ser enviado a una de las regiones más peligrosas del planeta entonces para ejercer el sacerdocio: Etiopía, un islote cristiano en mitad de un océano musulmán, y hablamos en términos políticos, no geográficos.

Es una obviedad señalar que viajar a finales del siglo XVI no era lo mismo que hacerlo hoy, pues entonces podían tardarse meses, incluso años, en llegar al destino que fuera, y eso cuando se llegaba vivo o cuando uno no iba a parar a la otra punta del mundo, que es lo que casi le sucedió a Páez.

De ésta y otras cosas hablamos con Telmo Aldaz de la Quadra-Salcedo, director de Rumbo al Sur.

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