Aunque pueda parecer magia o ciencia ficción, existió un arma incendiaria que logró salvar Constantinopla de la expansión islámica. Y su potencia era tal que, tras incendiar todo aquello que encontraba a su paso, resultaba toda una proeza apagar su fuego.

El llamado fuego griego ha sido, sin duda, el secreto militar mejor guardado hasta la fecha. Aún hoy hay químicos e historiadores dedicándose a la tarea de desgranar la lista completa de posibles ingredientes de esta materia viscosa capaz de arder en el agua.

Pero, ¿cuál es el origen de esta poderosa arma?

Es bien sabido el uso que el imperio bizantino hizo del fuego griego, sin embargo, su origen no data de este consabido hecho.

Representación de un ataque naval con fuego griego.

Remontándonos al año 214 a.C., durante el asedio de la ciudad de Siracusa cuando Marco Claudio Marcelo y su poderosa flota trataron de asediar la ciudad griega, encontramos a una mente brillante que logró ofrecer la mayor resistencia. Arquímedes destruyó gran parte de la flota invasora usando un fuego similar en comportamiento al que hoy conocemos como “fuego griego”.

Sin embargo, el fuego griego que hoy conocemos data de muchos siglos después. Un refugiado cristiano de origen sirio llamado Calinico llegaba a la ciudad de Constantinopla poco tiempo antes del gran asedio por parte de los árabes. Es a él a quien se le atribuye el mérito del desarrollo de la composición.

Las crónicas dicen que este habilidoso ingeniero pudo basar su mezcla en composiciones desarrolladas por otros alquimistas a lo largo de la historia.

La fórmula secreta

Aún hoy se desconocen con exactitud las proporciones y los ingredientes exactos de esta fórmula mortal.

El secreto se protegió con tanto celo que los técnicos que se dedicaban a su desarrollo tenían prohibido tomar contacto con el mundo exterior.

De hecho, y aunque no se puede poner en duda su existencia, el fuego griego supone el mayor secreto jamás guardado a nivel militar.

Uso del fuego griego, ilustración de una crónica bizantina.

Investigaciones recientes hablan de una composición basada en nafta (una parte del petróleo), azufre, puede que amoniaco, y algún tipo de resina.

Otros estudios van un paso más allá y afirman que podría incluso llevas sustancias como la cal viva o el nitrato.

Gracias a algunos documentos de la antigüedad, sabemos que durante el ataque con fuego griego se experimentaba un clima colmado de humo y truenos. Esto se debe a la reacción explosiva que provocaba la gran cantidad de gases derivados del fuego. Lo que en aquella época no se sabía era que aquellos gases presentes en el humo del fuego desprendían elementos altamente tóxicos, como el azufre o el amoníaco.

Fue un arma usada en tierra y mar, pero su capacidad para avivarse en contacto con el agua la convertía en la elección perfecta cuando la batalla se libraba en barco.

Dado que el agua no podía emplearse para apagar las llamas, las crónicas relatan el uso de arena, vinagre e incluso orín para acabar con el ataque.

Su uso en las batallas navales estaba rodeado de un halo de misterio y brujería. Para aquellos hombres, conocedores del mito del fuego griego, era realmente un acto de gallardía quedarse y no huir al ver aparecer los sifones desde los que se lanzaba la mezcla.

Una vez ésta tocaba el agua y comenzaba a prender, incendiaba todo aquello que encontrara a su paso.

Un grupo de vikingos rus intenta abordar un dromon bizantino que suelta llamaradas de fuego griego.

Los sifones instalados en las naves no fueron los únicos elementos empleados para atacar con fuego griego. Los marineros bizantinos iban pertrechados con un tipo de recipiente cerámico de pequeño tamaño rellenado con la mezcla incendiaria. Se trata de un primer boceto de lo que hoy conocemos como granada de mano, y a menudo se usaban para lanzar la fórmula a un punto concreto de la embarcación enemiga.

El salto a la fama

Aunque como hemos visto, existen varios periodos en la historia en los que el fuego griego se convirtió en protagonista, hay un hecho histórico de tal magnitud que le hizo saltar a la fama y servir de inspiración a numerosas referencias culturales posteriores.

Durante los dos grandes asedios árabes de Constantinopla (674-678, y 717-718), el fuego griego fue esencial y determinó, en el más puro sentido de la palabra, el futuro de la historia universal. Según José Soto, historiador experto en la época medieval, de haber triunfado los árabes, la Europa tribal del siglo VII no habría logrado resistir, y habría sido el Islam la civilización hegemónica en los días que nos ha tocado vivir.

Además, el fuego griego fue usado por el imperio para repeler otros asedios, como en la guerra ruso-bizantina del año 941, en las que 15 dromones bizantinos repelieron con fuego griego a los vikingos rus embarcados en miles de drakkars.

De las crónicas de historia a la cultura popular

Hoy son muchas las representaciones culturales que hacen referencia al tan conocido fuego griego, concebido en ocasiones desde una perspectiva casi mágica. Desde novelas, hasta series de televisión, pasando por videojuegos.

Quizá su representación más popular sea el fuego valyrio, arma de importancia decisiva en varias ocasiones en la serie de novelas Canción de hielo y fuego, cuya representación televisiva es más conocida como Juego de Tronos.

Tyrion Lannister es la mente estratégica que idea el uso de fuego valyrio para proteger la Bahía del Aguasnegras.

También hace una aparición estelar en el conocido best seller El Último Catón, de Matilde Asensi. Sus protagonistas también hacen uso del fuego griego.

Y para todos los amantes de los videojuegos, el fuego griego también aparece en Assassin’s Creed: Revelations, cuando Ezio Auditore utiliza un cañón similar a los que utilizaron los bizantinos para incendiar un puerto de Constantinopla. Además, en Age of Empires II aparecen unos barcos bizantinos que lanzan fuego a las naves enemigas.

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