El movimiento expresionista se manifestó sobre todo en Alemania, un fenómeno nacional reflejo de la situación que se vivía en el imperio a comienzos del siglo XX, donde bajo el gobierno de Guillermo II las diferencias sociales se acentuaban en contradicción con la modernidad y los ideales de gloria, individualidad y supremacía propios de la nación teutona. Es pues una reacción ante la situación de los años que preceden a la Primera Guerra Mundial, un arrebato contra el orden establecido, una corriente que responde a las cargas sociales pero también a las inquietudes propias del artista como individuo, pues si bien hay características compartidas, cada quien tendrá un sentido propio para su producción.

Ernst Ludwig Kirchner. Calle de Dresde, 1908

Los artistas se aproximan al objeto de forma libre e intuitiva, yendo más allá de la descripción fisonómica rompen con las estructuras establecidas, se rescata al objeto desde la visión del propio sujeto. El instinto creativo como factor inicial genera un sistema de pensamiento, el artista debe tener la capacidad de mostrar lo interior de las cosas a través de su exterior; tiene la libertad de deformar (o formar) su apariencia natural porque lo que le interesa es expresar sentimientos.

Estéticamente el expresionismo alemán se guiará básicamente por una búsqueda de la esencia de las cosas, viendo en la materia una envoltura que cubre e incluso engaña. Por lo mismo había que desconfiar de las apariencias y mostrar –si bien valiéndose del exterior– el interior.

Franz Marc. Los pequeños caballos azules, 1911

Más que una serie de características comunes entre los artistas, el expresionismo se manifiesta mucho más como la expresión de la percepción de un grupo de jóvenes cuya generación negaba las estructuras sociales, políticas y económicas imperantes en el sistema gubernamental de Guillermo II. Estéticamente se sentían atraídos por la llamada moderna pintura francesa; las obras de Vincent Van Gogh, Edward Munch y James Ensor; admiración que hermana a los diversos grupos expresionistas.

“Van Gogh fue para ellos figura central y decisiva y casi todos sucumbieron a su influjo”

Si bien hubo algunos esfuerzos por propiciar un acercamiento entre grupos –por parte de Erich Heckel y Franz Marc– las contradicciones artísticas internas lo impidieron. Y es que, a pesar de poseer contextos similares, las diferencias entre grupos no pueden ser ignoradas.

Únicamente en el caso de El Puente (Die Brücke) podría hablarse de una unión de artistas que trabajaron y temporalmente vivieron juntos. El Jinete Azul (Der Blaue Reiter), por el contrario, no fue un nombre escogido por los propios artistas, se trata más bien del título de un almanaque editado por Kandinsky y por Franz Marc en 1912. El origen de tal término es al mismo tiempo característico del Expresionismo del sur de Alemania, mucho más intelectual y plagado de manifiestos y declaraciones escritas. Los artistas de El Puente, por el contrario, no reflexionaban tanto sobre su propio quehacer o sobre sus metas artísticas; se trataba solamente de plasmar por medio de imágenes las experiencias sensoriales y las impresiones visuales.

Max Beckmann. Autorretrato como enfermero de guerra, 1915

El estallido de la Primera Guerra Mundial significó para los artistas expresionistas una experiencia decisiva. Mientras que los años anteriores a esta vieron el surgimiento y florecimiento de los movimientos de vanguardia, la producción posterior al conflicto bélico estuvo fuertemente marcada por dicha experiencia, no solo como mero tema sino como un suceso que puso de manifiesto la realidad.

El período inmediatamente anterior al comienzo de la guerra coincidió con el de máxima vitalidad de los movimientos de vanguardia, en cuya voluntad de insurrección se anticipaba la militancia belicista por la que se pronunciaron la mayoría de los artistas. Por otro lado, la experiencia de la guerra incidió poderosamente sobre el trabajo de los artistas, no sólo como tema de sus obras, sino como una realidad que puso de relieve las contradicciones internas en el ideario de la modernidad.

Otto Dix. Tropas de asalto avanzando bajo un ataque de gas, 1924

Pocos acontecimientos históricos tuvieron una capacidad de determinación tan fuerte sobre la trayectoria de las primeras vanguardias artísticas como la guerra de 1914. Acogida inicialmente en Alemania con gran entusiasmo patriótico, la lucha armada se tradujo en una tragedia de alcances catastróficos. En un inicio fue vista como una catarsis que destruiría el orden anterior y propiciaría el surgimiento de una nueva y mejor sociedad, inclusive artistas como Max Beckmann, Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, August Macke, Franz Marc, Oskar Kokoschka, Otto Dix se enrolaron como voluntarios.

Los artistas se asumieron como combatientes y muchos de ellos se representaron en su papel de soldados, una condición que se antojaba provocadora y encajaba con su identificación combativa se tradujo en cambio en imágenes donde se ven como víctimas y figuras malogradas. Antes entusiastas y deseosos de encontrar nuevas emociones que plasmar en su obra, los artistas poco a poco cambiaron de parecer. Conforme la guerra en las trincheras se encrudecía más cambiaba la opinión y el sentir de los jóvenes pintores: la pintura de Dix se convirtió en una acusación contra el horror de la guerra y el militarismo, Kirchner, Beckmann y Kokoschka no soportaron, se derrumbaron física y psicológicamente y fueron dados de baja, mientras que Marc y Macke murieron en el combate.

El atroz y sanguinario aspecto de la guerra determinaría la posición de los artistas y la actitud cuasi entusiasta y de empatía hacia el conflicto armado se traduciría en una visión de pavor, de negatividad ante la penuria experimentada al frente, a la degradación humana, una denuncia hacia la crisis de posguerra.

La exposición Entartete Kunst (Arte Degenerado), 1938

Tras el fin de la Gran Guerra, el surgimiento del nazismo significó para los artistas expresionistas otro duro golpe. Su arte –junto con las otras vanguardias– fue considerado degenerado e inmoral, se lo vinculó al comunismo y se lo tachó de feo e inferior, un reflejo de la decadencia que imperaba en el arte moderno.

En 1937, luego de cuatro años en el poder, el Partido Nazi organizó una exposición a la que llamó precisamente Entartete Kunst (Arte Degenerado) que reunía la obra de artistas como Klee, Kandinsky, Kokoschka, Nolde, Kirchner y Beckman y cuyo objetivo era, según el propio catálogo, revelar las intenciones detrás de este movimiento y las fuerzas de corrupción que le motivaban. El propio Presidente de la Cámara de las Bellas Artes declaró en la inauguración cómo la obra exhibida era una muestra de los engendros de la locura, la incompetencia y la degeneración. Después de presentarse en Múnich la muestra itineró por varias ciudades alemanas y fue vista por miles de personas. Finalmente muchas de las obras fueron vendidas a galerías en el extranjero y otras simplemente destruidas.

Entartete Kunst Póster. Berlin, 1938

Los artistas cuya obra fue expuesta sufrieron el desprestigio, la burla y la calumnia por parte de sus compatriotas, incluso cuando algunos de ellos habían sido partidarios del nazismo como Emil Nolde. Muchos salieron del país mientras que para otros la situación fue demasiado que soportar, Ernst Ludwig Kirchner, quien ya había sufrido una crisis nerviosa a raíz de su participación el la Primera Guerra Mundial, fue expulsado de la Academia de Arte de Prusia y se suicidó en 1938.

Emil Nolde. La Última Cena, 1909

Bibliografía

De Micheli, Mario (2002). Las vanguardias artísticas del siglo XX. Madrid: Alianza Forma

Elger, Dietmar (2002). Expresionismo. Una revolución artística alemana. Italia: Taschen

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