Las formas kársticas han causado interés en el hombre desde los tiempos más remotos. Los impresionantes paisajes kársticos se pueden ver en diversas regiones del planeta. El karst es una fascinante forma topográfica configurada por la disolución de ciertas rocas compuestas por minerales solubles. La acción sobre estas rocas genera extraordinarias formas de relieve. Es frecuente que en estos terrenos se formen sistemas de drenaje subterráneos dando lugar a sumideros y cuevas.

Un paisaje kárstico es un paisaje de relieve accidentado con agudas crestas y grietas o cavernas. Lo característico de estos terrenos reside en que se producen por un particular proceso de meteorización de terrenos compuestos por materiales solubles como la caliza, el yeso o la dolomía. También se forman cavidades en rocas silíceas como las cuarcitas pero en muy específicas condiciones topográficas y litológicas.

La meteorización es la alteración y disgregación de las rocas. Esta descomposición de rocas y minerales son de dos tipos: meteorización física o mecánica y meteorización química. En la primera se produce una ruptura en las rocas y la segunda consiste en una transformación química de las rocas causando la alteración de la misma y su pérdida de cohesión. Los procesos más importantes son la laterización, la oxidación, la hidratación, la carbonatación, la meteorización bioquímica, la hidrólisis y la disolución. La disolución es lo fundamental en el modelado kárstico, puesto que los compuestos de las rocas de estos terrenos reaccionan con el agua disolviéndose de formas diversas.

La masa rocosa es alterada por la acción química del agua circulante. En el desarrollo intervienen procesos hidrogeológicos y las condiciones morfogenéticas de la zona. Las distintas formas generadas dependen de las distintas acciones del agua por los equilibrios químicos de la disolución, la acidez del agua, la velocidad y las características de la circulación, el tiempo de contacto o la temperatura. Por este motivo no se puede asociar al karst un solo tipo de morfología resultante del proceso o a un único tipo de rocas más o menos solubles.

Se ha definido el karst de una forma tan genérica como “un sistema de drenaje jerarquizado (y generalmente integrado) con flujo hídrico por conductos, que se forma por la disolución de rocas solubles (predominantemente carbonatos y evaporitas) y que generan unas características morfológicas y sedimentológicas subterráneas y superficiales (o solamente subterráneas) distintivas.” (Andreu Rodes, et all. 2016a). No obstante, se pueden identificar tres elementos mínimos: un sistema de drenaje jerarquizado, un proceso de disolución que genera el sistema de drenaje, y el establecimiento de ciertos rasgos morfológicos y sedimentológicos subterráneos y superficiales.

Esquema de las principales morfologías kársticas (Andreu Rodes, et all. (2016a)

Un caudal de agua de un río puede disolver las rocas de manera progresiva con su paso generando acentuadas gargantas es un ejemplo de karst. Otro ejemplo claro es la dolina, la cual no es más que una depresión geológica propia de los relieves kársticos. La karstificación también puede generar una red de drenaje subterráneo produciendo sobrecogedoras cuevas kársticas que causan la desaparición del drenaje superficial.

Existen otros fascinantes accidentes kársticos. Un lapiaz (o lenar) se produce por la disolución superficial de la caliza al rebasar el agua su cauce natural. Esto ocasiona la formación de un surco delineado por paredes de rocas que pueden llegar a tener largas aristas afiladas. Una sima es una cavidad que tiene una abertura en el techo en forma de conducto vertical y conecta la superficie con las galerías internas. Un poljé es un valle alargado y cerrado de grandes dimensiones por la depresión de un macizo de roca. Un pónor es una apertura por la que fluye una corriente superficial hacia un sistema subterráneo. Un sumidero es un accidente kárstico que consiste en un tipo de dolina que funciona como desagüe natural para el agua de arroyos, ríos o lluvia. Las estalactitas y estalagmitas también pueden formarse (aunque no exclusivamente) en cavernas kársticas.

A continuación, presentamos ejemplos de espectaculares paisajes kársticos en los que se aprecian las asombrosas formas de sus relieves.

1. Torcal de Antequera

2. Lapiaz en Tsingy de Bemaraha, Madagascar

3. Interior de una cueva en el norte de Alabama, EEUU.
Fotografía de MacPherson. Se puede observar el interior de la cueva y la sima.
4. Poljé de Vega de Comeya en los Picos de Europa

5. Cueva Domica del karst eslovaco

6. Sima de San Pedro

7. Bahía de Ha-Long, Vietnam
En la bahía de Ha-Long destacan los elementos kársticos
8. Manantial kárstico en el macizo del Jura

9. Cueva en Phong Nha, Vietnam

10. Río Li
Río Li. En sus riberas hay muchos elementos kársticos.

 

 

Bibliografía

Andreu Rodes, J M. et all. (2016a). Karst. Un concepto muy diverso. Enseñanza de las ciencias de la tierra: Revista de la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. Vol. 24, N. 1, pp.6-20.

Andreu Rodes, J M. et all. (2016b). Los manantiales kársticos. Enseñanza de las ciencias de la tierra: Revista de la Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra. Vol. 24, N. 1, pp.74-87.

Custodio Gimena, E. (1986). Hidroquímica del karst. Jornadas sobre el Karst en Euskadi. Pp. 131-180.

Ginés, A. y Ginés, J. (1987). Características espeleológicas del karst de Mallorca. Endins: publicació d’espeleologia. N. 13, pp. 3-19.

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