Pese a la proliferación de literatura relacionada al Antiguo Egipto y de textos académicos que desmienten el carácter esclavista de la economía y la sociedad egipcia, sigue siendo un mito el que la economía en el Antiguo Egipto se rigiera por mano de obra esclava y comercio de esclavos.

En términos económicos, convendría hacer una diferencia entre lo que implica esclavismo y esclavitud. El esclavismo fue una forma de producción con origen en el Mediterráneo, concretamente en Estados mediterráneos como Roma, Cártago o las polis griegas. La producción recaía en los esclavos, hombres reducidos jurídicamente al estatus de cosa (o mercancía) y que, por lo general, se les sustraía de otros pueblos y nacionalidades por medio de la rapiña, el saqueo y la ocupación militar. Los esclavos, en la producción esclavista romana, eran trasladados a fincas donde los hacendados romanos se servían de ellos, algunos se destinaban a las canteras y otros a oficios como el de gladiador o parte de la servidumbre de alguna familia distinguida.

Asiáticos levantinos haciendo bloques. Ilustración de N. D. G. Davies, Dibujos de la Tumba de Rekh-Mi-Rēˁ [New York: Museo Metropolitano de Arte, 1935], pl. 17)
Pero, a simple vista, puede parecer que no hay ninguna diferencia con la esclavitud en sí misma. Es cierto que el esclavismo implica esclavitud pero si el esclavismo es la producción, la esclavitud puede ser la condición o el status que surge a partir de la apropiación y que puede, o no puede, fundamentarse en una situación jurídica. La esclavitud romana era, efectivamente, legal. De hecho, había situaciones jurídicas extraordinarias como la imposición de la esclavitud por morosidad así como, en determinada época, el esclavo podía adquirir el estado de liberto.

Godelier llama la atención al respecto e insta a no confundir ambos conceptos, de manera que la diferenciación entre ambos términos nos lleva a concluir que puede haber esclavitud sin una producción esclavista como lo demuestra el comercio de esclavos europeo desde el siglo XV hasta el siglo XIX. Dicho esto, podemos entrar en la materia delimitada al Antiguo Egipto y en Estados vecinos, también de características fluviales y despóticas, donde hubo un «estado general de esclavitud» como decía Marx al referirse a los «despotismos asiáticos». Por supuesto, esto último no implica que no hubiese diferencias entre el campesino egipcio con el esclavo; el campesino no poseía, los excedentes iban dirigidos a la burocracia o casta tributaria (una élite) y lo que inicialmente surgió como una propiedad comunal o colectiva era, en realidad, la propiedad del déspota. Así como ya no era trabajo en el sentido moderno, sino trabajo obligatorio. En ese sentido, se hace referencia a una esclavitud general puesto que ni siquiera existía la propiedad privada propiamente dicha. El esclavo, como es de imaginarse, carecía de cualquier derecho o reivindicación pero no tenía el mismo origen que el de esclavo que servía a un patricio romano o a un hacendado ateniense. El esclavo egipcio, y en general asiático, provenía de una situación jurídicamente impura, según sostiene Anderson, estando siempre ligada a la servidumbre y a trabajos mixtos, siendo además una categoría muy reducida. Si bien esto mismo sucedía en Roma, incluso como una forma de proteger al acreedor del deudor, era una excepción frente a la regla que podemos resumir en los prisioneros de guerra. La esclavitud en Egipto era, sin duda alguna, un régimen secundario y poco relevante para su producción económica.

Huelga decir que los símbolos de la otrora y temprana majestuosidad egipcia, las pirámides, tampoco fueron construidos por mano de obra esclava, sino por trabajadores egipcios. Sostienen egiptólogos, de acuerdo a evidencia arqueológica, que existían grupos rotativos de trabajadores que tenían sus propias acampadas cerca de las construcciones y, como consta gracias a Reisner, adoptaban pseudónimos como los «Amigos de Khufu» u otros por el estilo.

Usermaatra-Meriamón Ramsés-Heqaiunu o Ramsés III

No está de más decir que el primer paro de trabajadores del que se tiene constancia en la historia aconteció en el 1152 a.C durante el reinado de Ramsés III y se tiene evidencia de ello gracias a un antiquísimo papiro que hoy día reposa en el «Museo delle Antichità Egizie» en Turín, Italia. Según cuenta el papiro los trabajadores cruzaron los muros de la necrópolis exigiendo alimento, vestido, agua y pidiendo que fuera dirigido al faraón y, concretamente, al visir que era el administrador real de la corte del faraón. Si bien se tiene conocimiento de esto por un papiro (es decir, por un relato) y no porque constara realmente que así fue, no se sabe que sucedió tras las repetidas «huelgas» de los trabajadores y si el faraón intercedió por ellos, supliéndole sus necesidades.

Estos trabajadores egipcios que, además, comprendían escultores y artesanos no estaban, aún así, exentos de las penurias del trabajo duro y obligatorio. La baja productividad del trabajo, sumado a esta obligatoriedad, hacían del trabajo un desafío y esto si tomamos en cuenta el árido e inclemente desierto. De acuerdo a un interesante estudio dirigido por Anne Austin, de la Universidad de Stanford, donde organizó y separó los incontables huesos mezclados tras miles de años de robo y saqueo, los hombres de Deir el-Medina mostraron las tasas más altas de osteoartritis en las rodillas y en los tobillos, en contraposición a las mujeres. Aunque ya se trata de una enfermedad, en los casos de lesiones corporales se ha conseguido evidencia que apunta a que muchos trabajadores tenían huesos curados. Es decir, que probablemente había atención médica disponible.

En el caso de los constructores de pirámides de Giza, según estimaciones de los arqueólogos de acuerdo a datos nutricionales y hallazgos de huesos de animales, puede que se hayan sacrificado al menos 4.000 libras de carnes de vacas, ovejas y cabras cada día con el propósito de alimentar a los trabajadores. Redding, arqueozoologo por la Universidad de Michigan, estima haber identificado al menos 25.000 ovejas y cabras, 8.000 vacas y 1.000 huesos de bovinos. Evidentemente el trabajador y artesano egipcio, carente de cualquier libertad económica, podía alimentarse mucho mejor que un esclavo romano y, sin duda alguna, tenía beneficios que un esclavo romano (o un esclavo africano del siglo XIX) jamás hubieran imaginado. Los datos desmienten de sobra que se tratare de un régimen de esclavitud como el que padecían en la parte mediterránea, por desgracia, los pueblos más desafortunados.

Lehner, quien tiene una larga trayectoria en egiptología, considera que la producción egipcia tenía similitudes con la producción feudal europea donde había que servir a un señor, a esta servidumbre se le denomina «bak». A propósito de los sistemas orientales, ya Marx comentaba que si bien no siguieron la misma línea de desarrollo de los Estados mediterráneos estos, de alguna manera, desarrollaron rasgos feudales sin necesidad de pasar por un previo estado de producción esclavista. Aquí se infiere la diferencia geográfica y económica (en relación a los recursos) de ambas regiones, en tanto que los europeos mediterráneos vieron la necesidad de valerse de la mano de obra esclava y desarrollaron toda una producción dirigida a la esclavitud. El desmembramiento del Imperio Romano en Occidente y el surgimiento de monarquías germánicas cristianas, en sucesión de la parte occidental, dio como resultado el feudalismo y este alcanzó, digamos, su perfección con la dinastía carolingia. En cambio, el desarrollo histórico en Asia es mucho más complejo. Muchas de las producciones asiáticas pasan inalteradas hasta la llegada de la presencia europea.

Egipto sigue siendo un cúmulo de grandes descubrimientos, un desierto que esconde una gran amplitud de conocimientos que el arqueólogo aún espera desentrañar. Una vez habló la piedra Rosetta, se hizo difícil saciar la sed de conocimiento antiguo del hombre moderno. Hoy día es común que se difundan tantos mitos en torno a la sociedad egipcia por simple ignorancia pero, para fortuna nuestra, siguen creciendo los avances académicos y científicos relacionados al pasado de una de las primeras civilizaciones de las que se tiene data.

Bibliografía: