¿QUÉ ES EL MINDFULNESS?

El Mindfulness o “Conciencia Plena” es una técnica empleada en psicoterapia cuyo objetivo es enseñar a focalizar la atención en una tarea concreta.

Deriva de la conciencia plena de la meditación budista, y en Occidente se ha popularizado gracias al profesor emérito de medicina Jon Kabat-Zinn. No obstante, actualmente esta técnica se enseña completamente desprovista de tintes y preceptos religiosos.

El Mindfulness se impone como solución al estrés provocado por el comportamiento multitasking tan propio del hombre moderno. Pretende simplificar el pensamiento, dividiéndolo en pequeños focos, para facilitar la autoconciencia y el modo de enfrentarnos al mundo. Se busca que el cerebro se centre en lo que esté viviendo en el momento, por pequeño que sea, y se aleje del insalubre hábito de establecerse en el pasado o en el futuro.

Esta técnica ha ido adoptándose y adaptándose, tanto por profesionales del sector de la salud, como por particulares interesados en los beneficios de la meditación. Se emplea en psicoterapia como parte del tratamiento del estrés y la gestión de las emociones.

El Mindfulness está en pleno desarrollo y asentamiento, tras pasar una etapa en occidente de irrupción desmedida.

Entre los beneficios científicamente demostrados que aporta la aplicación del Mindfulness se encuentran:

  • Reducción del insomnio y equilibrio de las fases de sueño.
  • Reducción progresiva del estrés.
  • Potenciación de la concentración y mejora en la atención.
  • Protección del cerebro gracias al desarrollo de telómeros.
  • Desarrollo de la inteligencia emocional.

 

3 PRÁCTICAS PARA INICIARSE EN EL MINDFULNESS

Un minuto de atención plena:

Una de las ideas básicas más defendidas por los precursores del Mindfulness es la importancia de incorporar pequeños lapsos de tiempo en la rutina que nos sirvan para redirigir la atención. Solo necesitas un momento para practicar este ejercicio. Concéntrate en la respiración, mantén los ojos abiertos, respira con el abdomen, inhala por la nariz y exhala por la boca. La mente tenderá a divagar por otros pensamientos, no te frustres y, sin emitir juicios ni valoraciones, esfuérzate en devolver la atención a la respiración.

Puedes realizar este ejercicio tantas veces como lo necesites. Este es el inicio de una meditación correcta y completa.

Observación consciente:

Escoge un objeto cualquiera para iniciar esta práctica. Debe ser un objeto que, en la medida de lo posible, puedas coger y sujetar. Centra tu atención en él, en su forma, textura, color… ¿Qué emociones te transmite? Debes ser consciente de que focalizar tu atención en él te mantiene despierto. Por un momento, desaparecen de la mente todos los demás elementos que la perturban o inquietan. La capacidad de retirar del espacio atencional todas las distracciones, y focalizar en una sola cosa de forma consciente mejora la productividad, aunque es una actividad que mejora con la práctica.

Esta práctica se puede llevar a cabo con el oído, en lugar de la vista y el tacto. Cierra los ojos y concéntrate en un sonido determinado.

Atención al pensamiento:

Hay personas que, bien por cómo se enfrentan al mundo, o bien por la carga o el nivel de estrés que tienen que gestionar, no puede aplicar desde el principio cualquiera de las técnicas anteriores. De hecho, cuando lo intentan, lejos de sentir cualquier tipo de liberación, sienten una angustia mayor. Esto se debe a que el mero hecho de plantearse una relajación consciente, les provoca ansiedad.

En estos casos, es recomendable que no aparten la atención de sus pensamientos. Se trata de  observar pausadamente los pensamientos, pero sin involucrarse en ellos ni juzgarlos, simplemente tomando conciencia de ellos.

 

(*) Todas las imágenes que aparecen en este post pertenecen a la ilustradora gráfica Jeannie Phan.

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