Entre el 21 de febrero y el 18 de diciembre de 1916, tuvo lugar la batalla de Verdún, la más larga y una de las más sangrientas de la Primera Guerra Mundial. En pleno apogeo de la guerra de trincheras en el frente occidental, el general alemán Erich von Falkenhayn había planificado una gran operación de desgaste cerca de la ciudad-fortaleza de Verdún. El objetivo principal consistía en ‘desangrar a Francia hasta la muerte’. No obstante, las acciones del carismático general francés Philippe Pétain junto con la ofensiva aliada del Somme lograron frenar al ejército alemán.

Campo de batalla de Verdún hoy.

Antecedentes

En el año 1871, Francia tuvo que ceder sus territorios de Alsacia y Lorena al recién creado Imperio alemán tras su derrota en la guerra franco-prusiana. Este vergonzoso revés permanecerá en la memoria de Francia por varias décadas. Nunca se entendió cómo la nación francesa había podido caer derrotada a manos de un nuevo estado en el panorama europeo. Después de vencer a Francia, el Imperio Alemán inició su carrera para subirse al podio de potencias europeas, en aquel entonces liderado por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda. Tras finalizar la guerra franco-prusiana, empezó la llamada ‘paz armada’ comprendida entre 1871-1914. Durante este período tuvo lugar un gran desarrollo de la industria bélica por parte de las potencias europeas, que permitió la invención de nuevas y mejores armas.

Por otro lado, se produjo un deterioro palpable en las relaciones diplomáticas como consecuencia de la agresiva política imperialista. El ansiado reparto de África llevado a cabo durante la Conferencia de Berlín (1884-85) no convenció ni al Imperio Alemán ni a Italia, pues pensaban que Francia y Reino Unido habían salido demasiado beneficiados. Este desigual reparto provocó fricciones que estuvieron a punto de llevar a un enfrentamiento armado. A su vez, un peligroso sistema de alianzas militares empezó a establecerse en Europa. El Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro e Italia habían creado la Triple Alianza en 1882 (más tarde Italia abandonaría esta alianza cambiándose de bando). Por su parte, Francia y Reino Unido pusieron fin a sus viejas disputas para unirse en la Entente Cordial en 1904, a la que se sumó Rusia tres años después. La esplendorosa ‘Belle Époque’ estaba llegando a su triste final. Tambores de guerra resonaban peligrosamente en todo el continente.

Sistema de alianzas. En azul: la ‘Entente Cordial’. En rojo: la ‘Triple Alianza’.

El complejo territorio de los Balcanes, mosaico de diferentes pueblos, culturas y religiones, fue el polvorín que encendió la mecha de la guerra. Las guerras balcánicas (1912-1913) fueron el preludio de un conflicto muchísimo mayor que se avecinaba entre las potencias europeas. El 28 de junio de 1914, se produjo en Sarajevo el asesinato del heredero al trono austrohúngaro el archiduque Francisco Fernando junto a su esposa la duquesa Sofía Chotek, a manos del nacionalista serbio Gavrilo Princip. Este hecho acabó propiciando una reacción en cadena que llevaría a la Primera Guerra Mundial (1914-1918). El complejo sistema de alianzas desembocó con medio mundo en guerra con el otro medio en tan sólo un abrir y cerrar de ojos.

El 28 de julio de 1914, el Imperio Austrohúngaro emprendió acciones militares contra el estado de Serbia. Como respuesta a esta declaración de guerra, Rusia movilizó a su ejército para ayudar a Serbia. El Imperio alemán lanzó un ultimátum a Rusia en el día 31, que fue seguido de una declaración de guerra el 1 de agosto. Por si fuera poco, el Imperio alemán invadió Luxemburgo el 2 de agosto y declaró la guerra a Francia al día siguiente. El día 4 el Imperio alemán inició sus hostilidades contra Bélgica, ante la negativa de dejar pasar a su ejército para llegar a Francia. La ciudad fortificada de Lieja constituyó el primer objetivo de los alemanes. El mismo día 4 de agosto, ante la agresión alemana a Bélgica, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda declaró la guerra al Imperio alemán. El frente occidental había comenzado. En ese momento, todos los países beligerantes apostaban por una victoria rápida y sencilla. Por el contrario, no supieron ver que se acabarían empantanando en un cruel conflicto de cuatro largos años que marcaría para siempre los designios de Europa.

Frente occidental

En el frente occidental, el jefe del Estado mayor alemán Alfred Graf von Schlieffen, había contemplado una invasión de Francia atravesando Bélgica a través del llamado ‘Plan Schlieffen’. Empezaba la guerra de movimientos. A pesar de la férrea resistencia belga, el Imperio alemán logró ocupar la mayor parte del país. El siguiente paso era derrotar a Francia y Reino Unido a través de una serie de operaciones militares. Una vez aplastada Francia, el Imperio alemán esperaba poder centrarse en el frente oriental contra la Rusia zarista. No obstante, las cosas se empezaron a complicar. En la primera batalla del Marne, el ejército franco-británico logró repeler el avance alemán. A finales de 1914, durante la primera batalla de Ypres, el ejército alemán tampoco logró romper las líneas aliadas. Después de esta batalla, se instaló un frente estático formado por una larga línea de trincheras fortificadas con alambre de espino desde el Mar del Norte hasta la frontera suiza. En esta guerra de trincheras los soldados no sólo debían enfrentarse al fuego enemigo sino también al hambre, el frío y las epidemias en un entorno sumamente hostil.

Frente occidental

A pesar de estos contratiempos, el Imperio alemán no se daba por vencido. Tampoco Francia ni el Reino Unido, para desgracia de los alemanes. Tras la segunda ofensiva frustrada sobre Ypres en abril de 1915 donde se utilizó por primera vez el gas venenoso, el ejército alemán decidió adoptar una posición defensiva en el frente occidental. A pesar de su nueva arma, los alemanes seguían sin realizar grandes avances. Sin embargo, en febrero de 1916 el jefe del Estado Mayor Alemán Erich von Falkenhayn ideó la ‘Operación Gericht’. Mediante esta operación, se planeó asestar un contundente golpe de efecto al ejército francés causándole el mayor número de bajas posible. La táctica de Falkenhayn no era romper el frente como tal, sino realizar una operación de desgaste atacando la fortaleza de Verdún. Dicha fortaleza poseía un gran valor simbólico para los franceses y se encontraba defendida por varios fuertes como Fort Douaumont o Fort Vaux. Según la opinión de Falkenhayn, el ejército francés no dudaría en defender Verdún hasta caer el último hombre. Con este objetivo, el ejército alemán esperaba concentrar en dicho lugar la mayor cantidad de artillería posible con el fin de ‘desangrar a Francia hasta la muerte’.

Desarrollo de la batalla

Las malas condiciones meteorológicas obligaron a retrasar las operaciones alemanas. Tras estos pequeños contratiempos, el 21 de febrero de 1916 dio comienzo el ataque dirigido por el 5º Ejército alemán con más de 150.000 hombres y 1200 piezas de artillería. Este ataque pilló totalmente por sorpresa al Alto Mando francés, llevando la iniciativa en todo momento el ejército invasor alemán. Durante los días siguientes, las líneas alemanas avanzaron con éxito sobre las maltratadas trincheras francesas hasta alcanzar Fort Douaumont el 25 de febrero.

Soldados franceses aguantando la artillería alemana

El mismo día de la caída de Fort Douaumont, el carismático general Philippe Pétain quedó a cargo del 2º Ejército francés cuyo objetivo era defender Verdún. El hábil general Pétain se encargó de reorganizar los suministros y de relevar a las agotadas tropas. La ruta hacia Verdún se hallaba en estado precario tras sufrir el castigo de la artillería enemiga. La línea ferroviaria había quedado inutilizada. Aun así, cerca de 3.000 camiones abastecían las líneas francesas diariamente, aportando hombres y munición muy necesarios para continuar la batalla. Debido a su importancia, esta línea de abastecimiento se apodaría como la ‘Vía Sagrada’. A su vez, Pétain creó la primera división de caza aérea con el fin de contrarrestar el poderío alemán en el aire.

Durante los meses de marzo, abril y mayo la batalla se recrudeció hasta límites inimaginables. En un nuevo curso de los acontecimientos, en el mes de abril Pétain fue sustituido por el general Robert Nivelle al mando del Ejército francés. A primeros de mayo, Nivelle tomó el control definitivo de las tropas. La famosa frase ‘No pasarán’ cuya autoría se disputan Pétain y Nivelle, sirvió para elevar la moral francesa ante las fieras acometidas del ejército alemán. Al contrario que Pétain, a Nivelle no le importaba sacrificar cuantos soldados fueran necesarios para lograr sus objetivos. En este período, el general alemán Erich von Falkenhayn amplió el ámbito de la operación, desarrollándose durísimos combates contra el ejército francés por el control de las colinas en la orilla izquierda del río Mosa. El campo de batalla de Verdún, donde la guerra de trincheras alcanzó su máxima hostilidad, se convirtió en un auténtico infierno para ambos bandos sufriendo innumerables bajas. En el mes de junio, Fort Vaux cayó bajo poder del ejército alemán. A pesar de este triunfo, los alemanes no previeron la conjunción de fuerzas franco-británicas en el territorio del río Somme, al norte de Francia.

Trincheras de Verdún

El 1 de julio de 1916, el ejército franco-británico preparó la ofensiva del Somme, que acabaría derivando en la batalla más sangrienta de la Primera Guerra Mundial. A finales de julio, la situación en el frente dio un vuelco pasando el ejército francés a la ofensiva en Verdún. Debido al fracaso de la operación, Falkenhayn fue sustituido por los generales Paul von Hinderburg y Erich Ludendorff, recién condecorados por sus triunfos en el frente oriental contra Rusia. La simultánea batalla del Somme donde se utilizaron los primeros tanques de la historia, obligó al ejército alemán a suspender sus acciones en Verdún a principios de septiembre. Para el 23 de octubre de 1916, Fort Douaumont fue reconquistado por las tropas francesas y el 2 de noviembre le tocó el turno a Fort Vaux. Tras el fiasco alemán, Francia logró recuperar la mayor parte del territorio perdido a principios de 1917 gracias a una serie de decididos contraataques.

Consecuencias

La batalla de Verdún significó uno de los enfrentamientos más recordados y sangrientos de la Primera Guerra Mundial. El osado plan de Falkenhayn para desgastar al ejército francés en la fortaleza de Verdún había fracasado estrepitosamente, dejando a sus tropas maltrechas y exhaustas. Por otro  lado, el papel del general Philipe Pétain fue clave para la victoria francesa, el cual fue reconocido posteriormente como el ‘héroe de Verdún’ (siendo su hazaña ensombrecida a causa de su posterior papel durante el régimen colaboracionista de Vichy décadas más tarde). La extraordinaria crueldad desatada en Verdún, acabaría convirtiendo la lucha francesa en un símbolo de resistencia frente al invasor alemán. No obstante, el impacto psicológico de la guerra de trincheras acabó siendo demoledor para la moral de ambos ejércitos, teniendo que combatir en un lodazal lleno de restos humanos en descomposición.

Algunos analistas apuntan a Verdún como el punto de inflexión del frente occidental en la Primera Guerra Mundial. Tras las sendas derrotas en las batallas de Verdún y el Somme, el ejército alemán ya sería incapaz de seguir avanzando en el frente occidental. El Alto Mando alemán subestimó la conjunción de fuerzas combinadas entre británicos y franceses. A principios de 1917, el Imperio Alemán empezó a mostrar claros signos de debilitamiento al verse obligado a combatir en dos frentes principales al mismo tiempo: el occidental y el oriental. Paradójicamente, este error acabó siendo repetido años más tarde por Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial.

En cuanto al número de bajas de esta batalla, el ejército francés tuvo cerca de 500.000 por otras 425.000 por parte del bando alemán, entre muertos y heridos. En recuerdo a los soldados caídos en Verdún, se erigió el osario de Douaumont por el presidente francés Albert Lebrun en 1932. Los restos de 130.000 hombres de ambos bandos sin identificar descansan en este camposanto. Delante del osario, se encuentra un cementerio militar con 16.142 tumbas de soldados que sí pudieron ser identificados. Otro recuerdo de este enfrentamiento es el propio campo de batalla de Verdún, el cual quedó horriblemente devastado debido a la altísima concentración de combates en un área tan pequeña. Se calcula que en total fueron lanzados más de 40 millones de obuses. A día de hoy, todavía es posible observar las cicatrices del enfrentamiento en este rincón de Francia, como muestra de los horrores de la guerra.

Bibliografía:

Buckingham, W. F. (2016). Verdun 1916: The deadliest battle of First World War. Amberley Publishing, The Hill, Stroud Gloucestershire.

Grant, G. R. (2012). 1001 Battles That Changed The Course Of History. Penguin Random House Grupo Editorial, S.A.U. Barcelona.

Horne, A.(2007). The Price of Glory: Verdun 1916. London.

Jankowski, P. (2014). Verdun: The Longest Battle of the Great War. Oxford: Oxford University Press.

MacKenzie, D. A. (1920). The Story of the Great War. Glasgow: Blackie & Son.