EL REINO ANTIGUO | Siglo XVIII – 1500 a. C.

Puerta de los Leones, una de las entradas a Hattusa.

Para un mejor seguimiento de la expansión del Imperio Hitita, recomiendo seguir este mapa de alta resolución.

 

EL REINADO DE PITHANA | Segunda mitad del siglo XVIII a. C.

Pithana era rey de Kussara. Una noche, asaltó la ciudad de Nesa (o Kanes) y la conquistó junto a su hijo Anitta. Una vez tomada, la convirtió en la capital de su Reino en detrimento de Kussara. A partir de este momento se autodenominarán Reyes de Nesa. A su muerte, legó el trono a su hijo Anitta.

EL REINADO DE ANITTA | Finales del siglo XVIII a. C.

Este joven rey conquistó un enorme imperio: desde Zalpa (en el extremo Norte, a orillas del Ponto o Mar Muerto) hasta Ulma (al Sur del río Marrassantiya).

Durante su reinado sufrió una rebelión en el Norte dirigida por los reyes de Hattusa y Zalpa. Ante este desafío, Anitta conquistó Zalpa, llevando atado a su rey hasta Nesa; y destruyó y maldijo Hatussa. Sus Anales lo narran de esta forma: “¡Que el Dios Tormenta golpee a cualquiera que llegue a ser rey después de mí y se reasiente en Hatussa!“. Después conquistó Salatiwara (ciudad que se encuentra al Oeste de Anatolia, en la cuenca del río Sahiriya), la cual, tras un levantamiento, incendió y saqueó. Finalmente, marchó con sus ejércitos contra Purushanda, al Sur del río Marrsantiya.

Siendo consciente de sus numerosas victorias, se otorgó el título de Gran Rey, en referencia al antiguo rey Sargón I de Akkad, considerado uno de los mayores reyes de la historia en Próximo Oriente. Anitta se hacía llamar el representante del Dios Tormenta en la Tierra.

Su imperio abarcaba desde Zalpa en el Norte hasta Ulma y Purushanda al Sur, y por el Este hasta su imponente capital Nesa.

A la muerte de Anitta se abrió un período de decadencia generalizado con guerras internas que desangrarán y destruirán el Imperio de Anitta.

EL REINADO DE LABARNA | 1680 – 1650 a. C.

El término Labarna probablemente fue un título real hereditario como lo era César en Roma. Conocemos su historia por el Rescripto de Telepinu, un documento posterior que habla de su reinado.

Fue una etapa de gran expansión para los hititas: Conquistó toda la zona Sur del río Marrasantiya hasta el Mediterráneo. También tomó los territorios de las llanuras de Konya al Oeste y la zona al Noreste de Hattusa, asediando ciudades como Sanahuitta, Ishtaar, Hakmis o Arinna, siendo esta última santuario de la principal divinidad femenina del panteón hitita: la Diosa Sol de Arinna. Este santuario estaba controlado por un sacerdote de origen noble emparentado con la familia real y poseía un gran poder.

Para controlar estos territorios, Labarna estableció a sus hijos como gobernadores de las provincias de su Imperio. Sin embargo, estalló una rebelión en Sanahuitta liderada por Papahdilma, uno de estos gobernadores provinciales, perdiéndose los territorios del Norte.

Tarhún el Dios Tormenta y la Diosa Sol de Arinna, principales divinidades hititas.

EL REINADO DE HATTUSILI I | 1650 – 1620 a. C.

Su historia ha llegado a nosotros a través de sus Anales. Estableció la capital en las ruinas de Hattusa (algunos historiadores apuntan que pudo adquirir su nombre de este hecho), desde donde pudo reunir un ejército para dirigirlo a la rebelde Sanahuitta. Sin embargo, no atacó la ciudad, solo sus territorios circundantes, pues sabía que sería un largo asedio y podía esperar… por ahora.

Reconquistó Zalpa, antigua ciudad del imperio de Anitta en el extremo Norte de Anatolia, cerca de la desembocadura del río Marrasantiya.

Primera campaña en Siria: Los amorritas controlaban la zona que abarca desde el Este del río Eufrates hasta el Centro y Norte de Siria. Esta última región estaba gobernada por el Reino amorrita de Yamhad, con capital en Halpa, actual Alepo, y tenía una red de ciudades-Estado como Karkémish, Alálah, Emar, Ursu o Ebla, que le rendían vasallaje.

Hatusili I marcha con sus ejércitos y toma la ciudad de Alalah. En su regreso por el Norte hacia Hatussa, asedia otras ciudades como Ursu, que se integra dentro del poderoso Imperio de Mitanni, un conglomerado de principados hurritas que se extendía desde la Alta Mesopotamia hasta Babilonia y que se habían fusionado en el siglo XVII a. C. Tras un largo asedio, Ursu finalmente cayó ante los ejércitos hititas.

Carro de combate hitita

Una vez en la capital, dirige su mirada a Arzawa, zona occidental anatólica bañada por el mar Egeo y controlada por tribus luvitas apenas unificadas. Hattusili I ocasiona varios saqueos en la zona pero no llega a conquistarla.

Estas rapiñas fueron detenidas debido a un gran ataque hurrita en el otro lado del reino en venganza por la toma de Ursu, que desencadenó una ola de rebeliones en las distintas ciudades hititas, quedando tan sólo Hattusa leal al rey.

Los hurritas se retiraron a la llegada de los hititas, pero las ciudades permanecieron sublevadas. La primera a la que atacó Hattusili fue Nenassa, al sur del río Marrassantiya, la cual abrió sus puertas y no opuso resistencia. Pero cuando llegó a la ciudad de Ulma no tuvo tanta suerte. Tras ser derrotado en hasta dos ocasiones, Hattusili I destruyó la ciudad hasta sus cimientos para dar ejemplo al resto de ciudades rebeldes. Tan solo quedaba una última ciudad sublevada: Sallahsuwa, al sur de Nesa. La ciudad fue finalmente destruida y conquistada por Hattusili I.

Con la pacificación del sur, Hattusili I dirigió su mirada por fin a la ciudad rebelde de Sanahuitta, sublevada en el Norte años atrás. Llevó a cabo un largo asedio de seis meses que le llevó a la victoria. Al terminar, ajustició a los líderes rebeldes. El Norte volvía a ser suyo.

Hattusa, capital del Imperio Hitita.

Segunda campaña en Siria: Con la caída de Sanahuitta, el resto de ciudades se rindieron a Hattusili a excepción de Alalah, la cual también conquistó y destruyó.

Hattusili I emprendió entonces una serie de conquistas en territorio hurrita. Tomó en su avance la ciudad de Zaruna, cerca del río Paruma. Más tardé, continuó conquistado Hassuwa, al sur de Ursu. Después marchó contra Hahha, a orillas del Éufrates (río Mala, en hitita), y tras un feroz combate, la ciudad fue destruida e incendiada. La ciudad fue saqueada y tanto el botín de Hassuwa como el de Hahha, fue llevado por ambos reyes a Hattusa. La destrucción de las ciudades se las ofrendó a la divinidad principal hitita, Tarhún, el Dios Tormenta.

Las campañas en Siria le dieron el prestigio de considerarse el mejor rey hitita hasta el momento. Se comparó a si mismo con Sargón de Akkad, como ya lo había hecho antes Anitta, incluso superándolo, ya que mientras que Sargón había tomado Hahha dejándola intacta, Hatussili I la había destruido e incendiado.

La última etapa de su reinado está peor documentada, ya que no está incluida en los Anales, pero parece ser que retoma la guerra contra Halpa (o Alepo) aunque sin llegar a derrotarlo y se embarca de nuevo en una campaña en Arzawa.

Al igual que su antecesor Labarna, nombró a sus hijos gobernadores provinciales de su vasto imperio. Pero, según su Testamento, todos ellos le traicionaron y provocaron rebeliones en sus respectivos territorios, incluido en la propia capital del Imperio, Hatussa. Una a una fueron sofocadas por Hattusili I, el cual les privó de la sucesión al trono por su deslealtad y los desterró. Proclamó a su sobrino como heredero al trono, al cual había guiado personalmente su educación y adoptado como hijo. Pero, para decepción de Hattusili, también le traicionó y acabó desterrándolo. Finalmente, el anciano rey eligió en la ciudad de Kussara, sede de los primeros reyes hititas, a su nieto Mursili como heredero.

EL REINADO DE MURSILI I | 1620 – 1590 a. C.

Su reinado comienza relativamente pacífico, pese a lo que se pudiera esperar, ya que Hattisili eligió a su heredero a dedo y sin la aprobación de la Consejo de Nobles hititas, llamado Panku. Esto solía derivar en conflictos sucesorios muy violentos en la mayoría de los casos, como se verá posteriormente. Pero Mursili I, contra todo pronóstico, consiguió afianzar su posición y consolidó su poder en los distintos territorios que conformaban el emergente Imperio Hitita.

Mursili I sabía que su legitimidad dependía, sobre todo, de sus dotes como rey, que se traducían principalmente en sus conquistas militares. Por ello, decidió ir más allá que cualquier otro rey hitita al decidir tomar la flamante ciudad amorrita de Babilonia, en la Baja Mesopotamia, a orillas del río Éufrates.

Pero para ello, debía concluir una de las tareas pendientes de Hattusili: la conquista completa de la zona de Siria. La campaña se había visto frustrada al no poder tomar la capital del Reino de Yamhad, Halpa (Alepo). Mursili no podía atravesar el Éufrates dejando a sus espaldas a un enemigo tan poderoso.

El Reino de Yamhad.

Por ello, ideó una estrategia para conquistar y destruir Halpa: tomaría primero Adaniya, ciudad al Sureste (en la futura zona de Kizzuwadna), que estaba bañada por el golfo de Issos (actual Alejandreta). Desde ese punto partirían sus ejércitos para asediar Halpa (Alepo).

Una vez allí y tras un fuerte asedio, la capital del Reino de Yamhad se rinde ante Mursili I y sus huestes, y todos sus tesoros son llevados a Hattusa. Por fin tenía el camino libre hacia Babilonia.

En 1595 a.C., los ejércitos hititas entraban en la ciudad de Babilonia, acabando con el último miembro de la dinastía amorrita de Hammurabi, el rey Samsuditana. Pero, como es natural, una ciudad a 2.000 km de Hattusa era imposible de mantener. Unas décadas más tarde al saqueo hitita, Babilonia pasó a manos de los casitas, un pueblo procedente de los Montes Zagros. Se piensa que la conquista de Babilonia pudo ser una coalición entre hititas y casitas, con la cual los hititas ganarían un poderoso aliado en el Este para combatir a su gran enemigo, los hurritas; y los casitas instaurarían su propia dinastía en Babilonia.

Mursili I entrando en Babilonia, 1595 a. C.

Sea como fuere, lo que es seguro es que Mursili I llegó a Hatussa triunfante y con grandes botines procedentes de Halpa y Babilonia. Había conseguido alcanzar e incluso superar el prestigio de su abuelo Hattusili I. Pero, aunque todo pareciese idílico, la Historia es tan traicionera como impredecible, y una confabulación palaciega llevada a cabo por su cuñado Hantili junto con Zidanta acabará con la vida del rey Mursili I.

 

– ETAPA DE DECADENCIA –

EL REINADO DE HANTILI I | 1590 – 1560 a. C.

Hantili continuó las andaduras de sus predecesores en tierras sirias para consolidar su mandato, tomando la poderosa ciudad de Karkemish, a orillas del Éufrates. También continuó haciendo la guerra contra los hurritas del Imperio de Mitanni, los cuales estaban asolando con rapiñas y saqueos el Este de Imperio Hitita. Pero, aunque consiguió hacerles retroceder, las desdichas no cesarían en su reinado. En los textos aparecen como una venganza de los dioses por el asesinato de Mursili.

Una noche, su esposa la reina y sus hijos fueron secuestrados y asesinados por los hurritas. Destrozado por el dolor, Hantili I pone sus esperanzas en el único hijo varón vivo que le quedaba. Pero, para su mayor desgracia, también fue asesinado por nada menos que su antiguo colaborador, Zidanta, el que le había ayudado a arrebatar el trono a Mursili décadas atrás.

LOS REINADOS DE ZIDANTA I, AMMUNA I Y HUZZIYA I | 1560 – 1525 a. C.

Son años de oscuridad con respecto a la información. Apenas encontramos restos arqueológicos que nos informen de sus reinados. Se cree que Zidanta pretendió ser rey después de la muerte de Hantili. Pero el nacimiento de un hijo varón heredero al trono truncó sus planes, por lo que finalmente decidiría asesinarlos a los dos.

Como vemos, lejos quedan las pacíficas sucesiones al trono en pro de otras manchadas de continua sangre real. El caso de Zidanta no sería diferente. Su corto reinado fue abruptamente interrumpido al ser asesinado por su hijo Ammuna, antes de que éste le usurpase el trono.

Pese al ahínco de Ammuna por reafirmar su poder, el Imperio Hitita estaba al borde de su extinción: sus enemigos estaban por doquier. Aprovechando las debilidades internas, le habían declarado la guerra por todos los confines del Imperio. Arzawa se levantó en armas por el Oeste y los hurritas de Mitanni asolaban los territorios del Este. Los kaskas, unas aguerridas tribus asentadas a orillas del Mar Negro, atacaron por el Norte y las ciudades del Sur se habían rebelado todas al mismo tiempo contra el Imperio Hittita. Es en este momento cuando se pierden además los territorios sureños de Adaniya y Hahha, privándoles a los hititas de las rutas comerciales sirias. Ante la ausencia del poder hitita en esta zona, emergió un nuevo poder: el Reino de Kizzuwadna, en la cuenca del río Samura y que tendrá gran importancia estratégica posteriormente.

Ammuna marchó con sus tropas de Este a Oeste y de Norte a Sur del Imperio, combatiendo a todos sus enemigos sin descanso. Hubieron campañas en las cosechó éxitos, pero también sufrió grandes derrotas que le impidieron revertir la situación.

Esta atmósfera de caos también hizo mella en las capas internas del Imperio Hitita. El punto culminante llegó cuando los hijos varones de Ammuna fueron asesinados por Huzziya, casado con una de sus hijas, y se autoproclamó Rey.

Pero uno de sus hijos consiguió sobrevivir a la matanza de Huzziya. Su nombre era Telepinu. Huzziya, temeroso de perder su poder mientras él viviera, conspiró de nuevo para acabar con la vida de Telepinu pero, afortunadamente para el joven príncipe, éste la descubrió a tiempo y emprendió un contragolpe que acabó con el sangriento el reinado de Huzziya.

EL REINADO DE TELEPINU | 1525 – 1500 a. C.

Telepinu estaba convencido de que el continuo derramamiento de sangre era una de las razones por las que el Imperio había estado al borde de su desintegración. Huzziya y a su colaborador Tuhurwaili (tendrá relevancia posteriormente) fueron condenados a muerte, pero Telepinu, seguido por sus principios morales, les conmutó las penas y les envío al exilio. Con esto quería acabar con la ya arraigada tradición del derramamiento de sangre para llegar a trono.

Pero la determinación de Telepinu fue más allá: Estableció una serie de normas de sucesión conocidas como el Rescripto de Telepinu. Esta tablilla hace un recorrido por los reinados anteriores para legitimar sus medidas y ha sido de vital importancia para reconstruir la genealogía de los reyes hititas. El Rescripto establece que el legítimo sucesor al trono de Hatti debía ser, en primer lugar, un hijo fruto del matrimonio entre el rey y su esposa, la reina. Si ella no pudiese tener hijos o éstos morían, la corona pasaría al hijo que tuviese con la esertu o segunda esposa. Si ninguna de las dos concibiera un hijo que pudiera sucederle, el trono recaería en el yerno del rey, es decir, el marido de una de sus hijas.

Resuelto el endémico problema sucesorio hitita, Telepinu dedicó el resto de su reinado a intentar recuperar los territorios perdidos por sus antecesores: en el Sudeste, reconquistó las ciudades de Hassuwa y Lawazantiya, cerca del Éufrates y al Norte de Karkemish. En el Sur, puso bajo asedio las ciudades rebeldes de la cuenca del Marrasantiya, como Purushanda, las cuales logró doblegar.

Telepinu firmó un tratado de paz con el emergente Reino de Kizzuwadna, establecido al Sudeste, en los antaño territorios hititas de Adaniya. Lo hizo por dos razones principalmente: Por riesgo de que, en caso de que Kizzuwadna se viera atacado, se aliase con los hurritas de Mitanni; y por la falta de recursos disponibles debido a las sucesivas crisis en el Imperio.

Telepinu murió sin descendencia y, tal como indicaba en el Rescripto, fue el marido de una de sus hijas, Alluwamna, quien le sucedió en el trono.

Documento hitita en tablilla del s. XVI a. C.

 

– EL REINO MEDIO | 1500 – 1430 a.C.

El REINADO DE ALLUWAMNA i | Siglo XV a. C.

De Alluwamna I apenas se sabe nada aparte de que fue el sucesor de Telepinu. Ahora seremos testigos de que las buenas intenciones de cambio no son siempre acompañadas por tiempos mejores. Pese los esfuerzos de Telepinu por establecer unas normas sucesoria que evitasen más derramamiento de sangre y a pesar de que la sucesión en Alluwamna I había sido pacífica, éste encontraría la muerte en un viejo conocido que le usurpará el trono de Hatti.

EL REINADO DE TUHURWAILI I | Siglo XV a. C.

¿Recordáis cuando Telepinu conmutó las penas de muerte a Huzziya y su colaborador Tuhurwaili por haber conspirado contra él y los mandó al exilio? Pues en este caso, la clemencia —o la ingenuidad— del monarca pasarán factura al nuevo rey de Hatti. Uno de ellos, Tuhurwaili, regresó a Hatti a la muerte de Telepinu y comenzó a instigar para derrocar al recién proclamado rey. Asesinó a Alluwamna y usurpó la corona del Imperio Hitita.

Lo único que sabemos de su reinado es que renovó el acuerdo de paz con Kizzuwadna en aras de evitar un conflicto con el Imperio de Mitanni.

La usurpación del trono por parte de Tuhurwaili no duró mucho, hasta que uno de los hijos de Alluwamna I, llamado Hantili, consiguió derrotarle y recuperar el trono de su padre.

EL REINADO DE HANTILI II | Siglo XV a. C.

Si nos retrotraemos a la línea sucesoria de la que proviene Hantili II, observamos que se remonta a los tiempos de Zidanta I, por lo que es un linaje relativamente extenso para la genealogía hitita.

Tras ser proclamado rey, Hantili II renovó una vez más el ventajoso acuerdo con Kizzuwadna para frenar al hostil Mitanni. Sabemos por los escasos testimonios que han llegado hasta nuestros días, que durante su reinado Hatti sufrió un gran ataque de las tribus kaskas, provenientes de la zona Norte de Anatolia bañada por el Ponto o Mar Negro. Estas belicosas tribus atacaron y destruyeron varias ciudades hititas antes de que el rey consiguiera frenar su avance. Al final de su reinado será sucedido por Zidanta II.

LOS REINADOS DE ZIDANTA II, HUZZIYA II Y MUWATALI I | Siglo XV a. C. – 1430 a. C.)

Al igual que el resto del brumoso Reino Medio, sus reinados son caracterizados por la casi total omisión de fuentes documentales que nos informen sobre ellos.

Sabemos que Zidanta II renovó el acuerdo de paz con el Reino de Kizzuwadna, pero de su sucesor Huzziya II no nos ha llegado nada más que fue asesinado violentamente y sucedido por un usurpador, llamado Muwatali.

Pese al asesinato, el nuevo rey Muwatali I colocó en primera línea de su gobierno a los hijos de Huzziya II como signo de reconciliación. Pero para su desdicha, éste gesto de bondad interesada sólo le llevo a su propia muerte.

Se abre a partir de este momento un periodo de luchas internas que paradójicamente iniciarán la etapa de mayor esplendor y conquistas territoriales del Imperio Hitita: el Reino Nuevo.

The Hittites. Ilustración de Ron Embleton.

Bibliografía

Bryce, T. (2001). El reino de los hititas. Ediciones Cátedra. Madrid.