El 19 de noviembre de 1863, en el marco de la Guerra de Secesión o Guerra civil estadounidense (1861-1865), el presidente estadounidense Abraham Lincoln pronunció un breve pero emotivo discurso con motivo de la inauguración del Cementerio Nacional en honor a los soldados caídos durante la cruenta batalla de Gettysburg. Sus emblemáticas palabras son hoy en día tan recordadas como aquellas que alumbraron la Declaración de Independencia de 1776 o la Constitución de 1787.

Abraham Lincoln

Contexto del discurso: Guerra de Secesión

A mediados del siglo XIX, la incipiente nación de Estados Unidos se había expandido por el oeste y el sur de América del norte conquistando grandes extensiones de territorio bien por acciones militares, bien por la compra a otras naciones como Francia (Luisiana) o España (Florida). Los llamados ‘pueblos originarios‘ (sioux, apache, pueblo, navajo, etc) sufrirán una devastadora persecución sin límites durante ese proceso de expansión. Una de las mayores adquisiciones de Estados Unidos fue a raíz de su victoria en la guerra mexicano-estadounidense (1846-1848). Más del 50% del territorio de México pasó a manos de Estados Unidos a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo, incluyendo los actuales estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma.

No obstante, esta suculenta ganancial territorial a costa de México fue fruto de numerosos recelos y tensiones. A pesar de los ideales de libertad e igualdad que inspiraron la Revolución Americana y la Declaración de Independencia de 1776, la esclavitud estaba presente en muchos territorios de Estados Unidos, especialmente en el sur. Sin embargo, en los estados del norte más industrializados la situación era muy diferente. Tras el Compromiso de 1850, las diferencias entre esclavistas y abolicionistas quedaron aparcadas por un tiempo. Siempre se trató de que ambos grupos tuvieran el mismo peso en las instituciones. Mientras que Texas se convirtió en un estado esclavista, California fue abolicionista. Pero quedaba poco tiempo para que estallase el conflicto definitivo.

En 1854 se fundó el nuevo Partido Republicano con un carácter totalmente abolicionista y con una fuerte presencia en los estados del norte y la costa oeste. Esto chocaba abruptamente con la mentalidad de los estados sureños fundamentalmente agrarios, donde una minoría de poderosos terratenientes blancos poseía esclavos afroamericanos que trabajaban de sol a sol en sus rentables plantaciones de algodón, maíz, tabaco, caña de azúcar o arroz. Por otro lado, cada vez existía una mayor división entre abolicionistas y esclavistas en el Partido Demócrata (fundado en 1828), que controlaba todos los aspectos de la política sureña. Pero las diferencias entre el norte y el sur de Estados Unidos iban más allá de lo meramente económico, existiendo también desavenencias en lo cultural y social.

Finalmente, el fatídico choque se produjo a raíz de la proclamación de Abraham Lincoln como presidente de Estados Unidos tras la victoria del Partido Republicano en las elecciones de 1860. Como respuesta, el estado de Carolina del Sur declaró su escisión de la Unión el 20 de diciembre de 1860. Le siguieron los estados de Mississippi, Florida, Alabama, Georgia, Luisiana y Texas. El 4 de febrero de 1861, representantes de estos siete estados se reunieron en la ciudad de Montgomery (Alabama) para proclamar los Estados Confederados de América (la Confederación). A su vez, redactaron una constitución paralela que permitía la esclavitud y eligieron a Jefferson Davis como su presidente. El idílico país norteamericano se había fragmentado en dos polos opuestos.

División de Estados Unidos tras el estallido de la Guerra de Secesión. En rojo intenso, los estados que abandonaron la Unión antes del 15 de abril de 1861. En rojo claro, los estados que la abandonaron después del 15 de abril de 1861. En azul, los estados leales a la Unión y en amarillo, los estados esclavistas que apoyaron a la Unión.

El 12 de abril de 1861, estalló el enfrentamiento civil entre el norte y el sur mediante el ataque confederado a Fort Sumer (Carolina del Sur). En el mes de mayo, el estado de Virginia se unió a los rebeldes y la ciudad de Richmond quedó fijada como la nueva capital de la Confederación como recompensa a su adhesión. No obstante, esta decisión acabaría por pasarle factura a los confederados. Ahora el territorio enemigo de la Unión se encontraba a escasos kilómetros de su principal centro de operaciones. El veterano militar Robert E. Lee quiso mantenerse fiel a los ideales de su estado originario de Virginia, aunque le habían ofrecido un merecido puesto en la Unión. A Virginia le siguieron los estados de Arkansas, Carolina del Norte y Tennessee. Los territorios de Kentucky y Missouri quedaron repartidos entre los dos bandos sin lograr ninguno de ellos un control totalmente efectivo.

En la primera batalla de Bull Run en julio de 1861, el ejército unionista cayó de forma abrumadora ante el enemigo. A pesar de esta victoria, los estados del norte disponían de mayores recursos demográficos que el atrasado sur. Por contra, el ejército confederado supo aprovecharse de la amplia experiencia de sus altos mandos, forjada en el anterior conflicto contra México. Tras la siguiente victoria confederada de Seven Pines (31 de mayo-1 de junio de 1862), Robert E. Lee tomó el control del ejército de Virginia del Norte. Posteriormente, este brillante militar logró expulsar a los unionistas de la península de Virginia después de la batalla de los Siete Días (25 de junio-1 de julio de 1862). En el mes de agosto, la segunda batalla de Bull Run terminaba con otra humillante derrota unionista. Por ello, el ejército confederado decidió invadir el estratégico territorio unionista de Maryland. La posterior batalla de Antietam el 17 de septiembre de 1862, significó el día más sangriento de toda la historia de Estados Unidos (unas 23.000 bajas). A pesar de esta carnicería, Lincoln dictó la ‘Proclama de Emancipación‘, vigente desde el 1 de enero de 1863, por la cual liberaba a todos los esclavos del sur (alrededor de 3 millones). No obstante, la esclavitud permaneció en algunos estados limítrofes fieles a la Unión, como Missouri o Kentucky.

En diciembre de 1862, un nuevo intento unionista de tomar Richmond se estrelló de bruces durante la ofensiva de Fredericksburg. Parecía que el curso de la guerra estaba beneficiando a la Confederación, pues Lee consiguió otro resonante triunfo en Chancellorsville en mayo de 1863. Con Richmond bajo su control, Lee planeó otra invasión del territorio de la Unión. Ante estas circunstancias tan adversas, Abraham Lincoln tomó la decisión de cambiar el mando del ejército unionista del Potomac que había estado en manos de Joseph Hooker. En su lugar, escogió al gaditano George Meade para tratar de darle un vuelco a la contienda. Los dos ejércitos se encontraron el 1 de julio de 1863, a la altura del pequeño pueblo de Gettysburg (Pensilvania). En esta localidad tuvieron lugar durante tres días los más crueles enfrentamientos hasta la fecha entre los dos bandos. Algunos de los episodios más emblemáticos de esta batalla fueron la heroica defensa de Round Top por parte del pelotón de Joshua Chamberlain o la inútil carga final de las tropas confederadas de George Pickett. El tremendo descalabro sufrido por Lee motivó su retirada el 5 de julio. Por fin la Unión había aplastado a la insurrecta Confederación, lo que unido a la simultánea caída de Vicksburg a orillas del río Mississippi, motivaba el camino hacia la inexorable victoria final.

Discurso de Gettysburg por Abraham Lincoln

Discurso de Gettysburg. Obra del ilustrador Álvaro Samaniego basado en la ilustración de A.T. Keller

El 19 de noviembre de 1863, el gobernador de Massachusetts Edward Everett considerado como el mejor orador de su época, dio un discurso de unas dos horas de duración con motivo de la inauguración del gran Cementerio Nacional en honor a los soldados caídos en Gettysburg. A continuación, Abraham Lincoln se encargó de añadir unas cuantas frases más por espacio de unos dos o tres minutos. Dichas palabras fueron las siguientes:

«Hace ochenta y siete años nuestros padres dieron vida en este continente a una joven nación concebida sobre la base de la libertad y obediente al principio de que todos los hombres nacen iguales. Ahora nos hallamos empeñados en una dura guerra civil que decidirá si ésta o cualquier otra nación así concebida puede o no subsistir mucho tiempo. Estamos reunidos en uno de los campos de guerra donde se ha librado esta contienda. Hemos venido aquí para dedicar una parte de este campo como lugar de reposo eterno de los que dieron sus vidas para que subsista nuestra nación. Es muy natural y muy justo que así lo hagamos.

Pero, en un sentido más amplio, hablando con toda exactitud, no somos nosotros quienes pueden consagrar, dedicar y bendecir este campo ya bendito. Son los mismos soldados heroicos que lucharon en él –así los caídos como los sobrevivientes quienes ya lo han consagrado con su conducta, mucho mejor que pudiéramos hacerlo nosotros. Nuestra pobre aportación nada puede añadir o quitar. EI mundo no hará gran caso de lo que aquí digamos, ni retendrá por mucho tiempo la memoria del homenaje nuestro. Pero, en cambio, jamás podrá olvidar lo que hicieron los bravos soldados que se batieron aquí, en Gettysburg.

Nosotros, los que vivimos, tenemos la obligación sagrada de continuar y terminar noblemente la obra que comenzaron los que aquí sucumbieron. Ahora nos corresponde a nosotros dedicarnos por entero a la gran empresa que todavía está inconclusa, para que seamos dignos de los venerados muertos, para que tomemos de ellos la misma devoción a la causa por la que dieron la suprema prueba de afecto, para demostrar que no entregaron en vano sus vidas, que nuestra nación, colocada bajo el amparo de Dios, conocerá siempre la libertad tras este nuevo bautismo de sangre, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo jamás desaparezca de la Tierra».

Única imagen que se conserva del discurso de Gettysburg

Importancia histórica del discurso y asesinato de Lincoln

A pesar de que el protagonista durante el acto de inauguración era el gobernador Edward Everett, Lincoln le eclipsó de forma arrolladora. En contra de lo que pudiera parecer, en el momento mismo de los hechos a Lincoln nunca le convencieron sus propias palabras. Más magnánimo fue el propio Everett, a quien le hubiese gustado condensar en aquellos dos minutos lo que él había pronunciado en dos horas. La importancia histórica del discurso de Gettysburg es significativamente notoria, ya que en él Lincoln realizó varias alocuciones a los padres fundadores de la nación estadounidense reflejados en el preámbulo de la Declaración de Independencia, por encima incluso de la propia Constitución. Esto cobraba una especial significado, pues Lincoln trató de buscar mayores apoyos para la causa unionista, aun cuando los confederados no habían estado de acuerdo con ciertos aspectos de la Constitución. En su emotivo discurso, Lincoln invocó a la sentencia inapelable de que todos los hombres habían sido creados iguales, incluyendo también a la población afroamericana. Esta constituía la promesa histórica de la Revolución Americana. Por esta razón, realizó una encendida defensa a favor de su proyecto de la emancipación. Otro aspecto clave de su discurso, dentro de la filosofía política de Lincoln, es la propia supervivencia del gobierno republicano y de la democracia como respuesta al gran desafío de una minoría hostil dispuesta a hacer pedazos la nación tras una derrota electoral. En esto último fue muy criticado por diversos medios confederados.

Cuadro de Mort Künstler en el que se representa a Lincoln durante el discurso de Gettysburg

Pese a la victoria unionista en Gettysburg, todavía quedaban dos largos años de contienda hasta la derrota definitiva de la Confederación mediante la rendición de Lee en Appomattox (Virginia) el 9 de abril de 1865, aunque todavía permanecieron algunos generales sureños insurrectos. Tan solo cinco días más tarde, mientras Lincoln disfrutaba de una aparentemente inofensiva velada de teatro en Washington, el actor John Wilkes Booth (simpatizante de la Confederación) se le acercó por detrás acribillándole en la nuca, dejando al desafortunado presidente herido de muerte. Tras nueve horas de lenta agonía, el gran Abraham Lincoln falleció. Su cruel asesinato orquestado de una forma tan cobarde sin posibilidad de defenderse, ayudó a engrandecer todavía más su leyenda y por ende su recordado discurso de Gettysburg. Después de su trágica muerte, todavía quedaba la larga tarea de la reconstrucción del país, pues sobre todo el sur había quedado prácticamente arrasado debido al Plan Anaconda. Mediante este plan se habían bloqueado los ríos Mississippi y Tennessee con el fin de estrangular a la Confederación. Los sucesos de Lincoln, Andrew Jackson y Ulysses S. Grant, promovieron el llamado plan de Reconstrucción que se prolongó de 1865 a 1877 con el fin de cerrar las heridas todavía sangrantes de la guerra. La figura de Abraham Lincoln es hoy en día una de las más veneradas por la historia estadounidense, considerado como el gran protagonista en la lucha contra la ruptura del país y la esclavitud a través de la ratificación de la Decimotercera Enmienda a la Constitución de Estados Unidos en 1865.

Asesinato de Lincoln. De izquierda a derecha: Henry Rathbone, Clara Harris, Mary Todd Lincoln, Abraham Lincoln y John Wilkes Booth.

Bibliografía:

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AA. VV. (2015). The American Civil War: A Visual History. Penguin Books, London.

Grant, G. R. (2017). 1001 batallas que cambiaron el curso de la Historia. Penguin Random House Grupo Editorial S.A.U, Barcelona.

Keegan, J. (2009). The American Civil War. Random House Group UK, London. 

McPherson, M. J. (1988). Battle Cry of Freedom. The American Civil War. Penguin Books UK, London.
Cozzens P. , Guelzo C. A., Hartwig S., Martin D., Quarstein J., Wert D. J., (2016). Gettysburg 1863. Nº 20 Despertaferro Ediciones.

Foto de portada del ilustrador Álvaro Samaniego basado en la ilustración de A. T. Keller